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La red social

zuckerberg A algunos decepcionará la película dirigida por David Fincher, porque no es una película sobre el papel de Facebook como red social, sino una película sobre intrigas empresariales y demandas judiciales, en torno al origen y crecimiento de la empresa Facebook. Pero está muy bien llevada y desde luego yo recomiendo verla a todo el que tenga un Facebook (que a fecha de la salida de la película eran más de 500 millones de personas, y vete a saber si ya serán el doble).  

 

On a fall night in 2003, Harvard undergrad and computer programming genius Mark Zuckerberg sits down at his computer and heatedly begins working on a new idea. In a fury of blogging and programming, what begins in his dorm room soon becomes a global social network and a revolution in communication. A mere six years and 500 million friends later, Mark Zuckerberg is the youngest billionaire in history... but for this entrepreneur, success leads to both personal and legal complications. (Resumen en IMDb).

Recomiento continuar con la reseña de Roger Ebert.

Termina éste llamando la atención sobre lo absorto que parecía el público mirando esta película—que con una historia no especialmente trepidante nos da una experiencia trepidante. Y es que seguramente todo el que la va a ver tiene un interés directo, porque tiene un Facebook. También lo tienen, seguro, los actores de la película, y los protagonistas, empezando por Mark Zuckerberg. Que por cierto no se hace eco de la película en su Facebook.

Siendo una película sobre personajes reales (al menos la mayoría de ellos), ha creado inevitablemente polémica—pues no es una película "oficial" de Facebook, más bien todo lo contrario. El propio director se manifestó diciendo que no le gusta Facebook porque crea relaciones falsas entre las personas. Zuckerberg declaró que la película es exacta en algunos detalles insignificantes y falsa en su perspectiva general—pues básicamente le presenta a él como un  geek inadaptado que no consigue ligar compensa sus frustraciones con un gigantesco montaje de una red social que le permita ser popular entre las chicas. Y rico y famoso.

Se presenta a Zuckerberg como frustrado por no pertenecer a la élite social de Harvard, sin poder obtener acceso a sus clubs de contactos exclusivos—y su triunfo empresarial es la venganza de un judío despechado. La película termina sin embargo con un tono sarcástico, con Zuckerberg intentando que lo acepte como amigo en Facebook la chica que lo llama jilipollas en la primera escena (por su obsesión con el exclusivismo social). Mientras, suena la canción de los Beatles Baby You're a Rich Man:

How does it feel to be

One of the beautiful people?

Now that you know who you are

What do you want to be?

And have you travelled very far?

Far as the eye can see.

How does it feel to be

One of the beautiful people?

How often have you been there?

Often enough to know.

What did you see, when you were there?

Nothing that doesn't show.

Baby you're a rich man,

Baby you're a rich man,

Baby you're a rich man too.

You keep all your money in a big brown bag

inside a zoo. What a thing to do.

Baby you're a rich man,

Baby you're a rich man,

Baby you're a rich man too.

How does it feel to be

One of the beautiful people?

Tuned to a natural E

Happy to be that way.

Now that you've found another key

What are you going to play?

Baby you're a rich man,

Baby you're a rich man,

Baby you're a rich man too.

You keep all your money in a big brown bag

inside a zoo. What a thing to do.

Baby you're a rich man...

 

La respuesta de Zuckerberg a sus críticos insistía en que sus móviles principales al diseñar Facebook eran un deseo creativo—el de desarrollar una herramienta que permitiese mejorar la comunicación entre las personas—y en la película ciertamente se ven ambas cosas, las frustraciones personales del personaje y su motivación creativa para hacer cosas que no se habían hecho antes, cosas que le fascinan y que tiran de él y adquieren su propia dinámica; Facebook explota como fenómeno haciéndole a su autor llevar un camino que por una parte quizá colme sus aspiraciones, pero que por otra lo arrastra y le hace escapar a su propio control, transforma sus prioridades, y le lleva a dejarse atrás a sí mismo y a sus viejos amigos y a sus viejos planteamientos.

La película está estructurada en torno a ese contraste entre el presente (Zuckerberg forrado y rodeado de abogados) y el pasado reciente, hace tan poco, cuando era un friki de mal asiento en Harvard. De hecho, siendo una película medianamente hostil hacia Zuckerberg, su fuente parece estar en los documentos de las demandas judiciales, y por tanto en el punto de vista de sus demandantes. 

Los flashbacks zumban adelante y atrás, entre el desarrollo de la idea de la red social, antes, y después—el momento unas reuniones previas a la vista judicial, reuniones en las que Zuckerberg acabará pactando con sus demandantes. Hay dos demandas con las que vérselas, de antiguos asociados suyos: una, la demanda de los gemelos posh Winklevoss, que lo habían contratado para desarrollar una red social en Harvard—se puede decir que Zuckerberg les robó parte de la idea, o no, porque los gemelos querían precisamente restringir el acceso, lo contrario de lo que hace Facebook—era una idea elitista en una universidad elitista. La película presenta en parte el logro de Zuckerberg como una manera de volar por los aires ese elitismo. Zuckerberg podrá quizá entrar en sus clubs exclusivos, pero no es eso lo relevante, sino el hecho de la revolución en las comunicaciones que ha tenido lugar. La película termina con una nota irónica, con Zuckerberg reducido al papel de un mero usuario de Facebook, intentando ver si la chica que cortó con él lo acepta como amigo de Facebook. Si creemos a los rumores, esta escena sería imposible porque Zuckerberg se ha autoreservado un lugar especial de modo que nadie pueda rechazarlo como amigo. Bueno, puede que no sean rumores sino malas lenguas.

La historia de esta chica en la película es reveladora: corta con Zuckerberg al principio llamándolo gilipollas por su obsesión con las élites, y luego reaparece como becaria del despacho de abogados de la parte contraria. Le aconseja a Zuckerberg pactar, cosa que hará, y se despide diciéncole "no eres un gilipollas, aunque lo intentas mucho". Lo tiene rendido, parece, pero este episodio, siendo ficticio, es uno de esos en los que la película se separa de los hechos para dar una interpretación algo tendenciosa. También es de los que ayudan a crear clausura narrativa y un argumento más peliculero, con ida y vuelta. La ironía sería que Zuckerberg tiene ahora todos los amigos de Facebook que quiere, pero sigue sin acceder a las auténticas amistades y al amor—y he ahí la lectura del director, al efecto de que Facebook crea una ilusión de relaciones. 

Lo que sucede para Zuckerberg es que falsifica la única relación realmente amistosa que tenía, con su compañero Eduardo, que comienza como inversor y asesor financiero, y es pronto desbordado por el crecimiento de la compañía, y expulsado de ella. Su lugar lo ocupa Sean Parker (el otro golden kid que había pasado ya por el triunfo súbito, creando Napster)—que aquí aparece como un desaprensivo yuppie dispuesto a trepar y a inflar la empresa por encima de toda consideración ética.

La otra demanda a la que se enfrenta Zuckerberg es la interpuesta por Eduardo, a quien se dejó atrás con malas artes. Es la historia con más "interés humano" de la película, porque es allí donde se confrontan éxito y fidelidad a uno mismo.

Evidentemente Zuckerberg elige ser fiel al que va a ser, no al que ha sido—y con frecuencia luce una vena arrogante que no le va mal del todo al personaje. A Eduardo lo echa fuera presentándole un contrato con letra pequeña, como para demostrarle que es tan nulo como director financiero que no sabe ni cuidar sus propios intereses leyendo entre líneas el riesgo que había allí para él. Y en el juicio, aunque pactará, les espeta en la cara a sus demandantes que la situación es tautológica—"si alguna de estas personas hubiese sabido fundar Facebook, habría fundado Facebook", posición en la que está él... pero ay, toda idea consta de ingredientes, debe algo a alguien, y Zuckerberg encontrará prudente pactar por una "calderilla" de millones y cerrar las demandas. Otra salida buena es cuando le dice al abogado que en esta sala se está hablando de cosas que nadie más que yo entiende ni es capaz de hacer—y menos que nadie, sus dos clientes (refiriéndose a los gemelos de alto standing). Ese lado genial e insolente del personaje también se le hace justicia, aunque el énfasis queda un tanto injustamente en el frustradillo que quiere ligar por Facebook.

A lo largo de la película vemos cómo evoluciona la idea, a través del pequeño mundo obsesivo de Harvard, basado en los contactos, y la observación y vigilancia mutuas. De ahí tuvo que surgir Facebook—y allí estaban los "facebooks" originales, los álbumes de miembros de las distintas fraternidades y residencias, que utiliza Zuckerberg primero para hacer un programa machista (de "comparar qué tía está más buena"). Luego vemos cómo Parker sugiere reducir "The Facebook" a "Facebook", como aparece "el muro"... pero tampoco mucho más sobre aplicaciones y desarrollos. Es un historia de ética de los negocios, como digo, un poco lo contrario de In Good Company, más que una historia sobre redes sociales.

De hecho en algunas cosas de las más obvias Zuckerberg iba a tientas: es un hacha de la programación, y de las soluciones ingeniosas combinando órdenes de código, pero a veces le cuesta ver qué es lo que quiere la gente. La idea de los contactos y su valor se la inspiran los elitistas Winklevoss; la idea de incluir el "estado" libre o con pareja, sale en una conversación por casualidad.

En suma, que Facebook surge como conjunción del desarrollo tecnológico que lo pedía, de unas capacidades personales de su autor, y de un ambiente social muy concreto (los contactos entre universitarios), donde se mezcla la protección del pequeño mundo universitario con el deseo de darse a conocer y arriegarse un poco a enseñar la cara. Los blogs se habían popularizado desde hacía unos años, pero no habían llegado a arrancar al modo masivo en que lo hizo Facebook. Es en origen, básicamente, un blog con una plantilla muy rígida, un blog un poco para gente que si no no haría un blog—y pensado para constantes provocaciones al intercambio y a la comunicación en un pequeño círculo. Pensado también para crecer a modo de efecto dominó, con unos contactos llevando a otros, haciéndose el sistema publicidad a sí mismo y asegurándose el desarrollo a través de sus usuarios que enganchan a sus amistades.

La gente necesitaba un espacio fijo en la red donde presentarse, comentar su día a día con los amigos, etc., —un poco más cerrado que los blogs. En los blogs se había puesto de moda presentarse con un alias o identidad virtual, mientras que en Facebook la convención es poner el nombre propio o identidad auténtica. Y la gente hace lo que le dicen, o lo que hace Vicente. Sobre todo, necesitaba la gente una moda, quizá, y la moda acabó surgiendo explosivamente cuando la tecnología ya iba muy por delante del uso limitado que estaba haciendo la gente de ella. Había que acercarla a la gente, hacerla más usable (aún más usable que un blog, aún más fácil)—y eso es lo que ha logrado hasta ahora Facebook, con tres o cuatro aplicaciones más. Skype, sobre todo, que es lo que le falta integrar, el videochat, que parece que le gusta a la gente. Seguramente será en Facebook donde se haga la conjunción tecnológica final del espacio en red e instrumento comunicativo multimedia total, porque se ha extendido en el momento adecuado para convertirse en el estándar.

Y sin embargo quién sabe—porque quién sabía nada de Facebook hace cinco años. Yo me abrí uno ya hace años, de estos Facebooks, cuando sólo estaba de moda entre estudiantes americanos. Y me quedé durante años solo, esperando a que se uniese el resto del personal. Que mientras se unían a Tuenti y a otras historias. Hace poco más de un año fue la gran explosión de Facebooks en España, o al menos en mi círculo, y de repente todo el mundo tenía uno. Yo lo uso poco, sigo centrado en el blog, que da más cancha a la escritura por extenso, y menos a la interacción que por lo que se ve no me interesa tanto como parecía. Por cierto, este post ya dura demasiado.

Fincher, David, dir. The Social Network. Written by Aaron Sorkin, based on the book The Accidental Billionaires by Ben Mezrich. Cast: Jesse Eisenberg (Mark Zuckerberg), Rooney Mara (Erica Albright), Bryan Barter (Billy Olsen), Brenda Song (Christy Lee), Armie Hammer (Cameron Winklevoss / Tyler Winklevoss), Joseph Mazello (Dustin Moskovitz), Patrick Mapel (Chris Hughes), Max Minghella (Divya Narendra), Andrew Garfield (Eduardo Saverin), Calvin Dean (Mr Edwards), Cedric Sanders (Reggie), Justin Timberlake (Sean Parker), Dakota Johnson (Amelia Ritter).  Music by Trent Reznor and Atticus Ross. Cinemat. Jeff Cronenweth. Ed. Kirk Baxter and Angus Wall. Prod. des. Donald Graham Burt. Art dir. Curt Beech, Keith P. Cunningham and Robyn Paiba. Exec. prod. Aaron Sorkin and Kevin Spacey. Prod. Dana Brunetti, Ceán Chaffin, Michael De Luca and Scott Rudin. Columbia Pictures, 2010.

El curioso caso de Benjamin Button

Lacombe Lucien

Lacombe Lucien


Lacombe Lucien es una obra maestra del cine francés, de Louis Malle, ambientada en el sureste de Francia, durante la ocupación nazi. Es la historia de un infeliz paleto, con ínfulas de matoncillo, que se enrola como colaboracionista en la policía alemana. Los títulos de crédito finales, un tanto abruptos, nos dicen que fue arrestado y fusilado; la película sin embargo se centra en sus actividades como abusón, en el ambiente de los agentes colaboracionistas, y en la historia "de amor" de Lucien con una refugiada judía, a cuya familia chantajea.
Lacombe lucien

El título de esta película es el nombre del protagonista dicho al revés—así se presenta él, tras oír cómo en los informes policiales se leían los nombres empezando por el apellido. Es un rasgo muy característico de este personaje, que a veces parece actuar por mero instinto de imitación, en plan "a donde fueres haz lo que vieres". Así la película tiene toques muy sarcásticos, porque en la Francia de 1944 Lacombe Lucien ve más colaboracionismo con los nazis que resistencia. Y ve que los que medran son los colaboracionistas, así que no duda en subirse al carro. Sin mucho cálculo, porque como digo es un paleto abismalmente profundo, un chaval de pueblo sin inteligencia ni cultura ni don de gentes ni capacidades de expresión, excelentemente retratado. Los trabajos sucios de las guerras se hacen con el personal que hay a mano, y mucho de lo que se pone a mano parece ser como este Lacombe. Otros maulas vemos, en el hotel que les sirve como comisaría, sala de torturas y casa de citas: un psicópata antisemita, un ciclista venido a menos, un niño bien perdulario que vive la vida, etc. Todos dispuestos a las mayores crueldades sin pensarlo dos veces, y de hecho buscándolas como adrenalina sádica. Hay muchas escenas memorables, como cuando se hacen pasar por resistentes para cazar a quienes estén dispuestos a ayudarles, y disfrutan aterrorizando a sus víctimas, saqueando sus casas, abusando como los matones de siempre y de toda la vida, los que organizan novatadas en los colegios o en la mili, los voceras de taberna que te echan el brazo encima y te hablan a gritos, ese tipo de gente, que en las guerras sacan lo mejorcito de sí mismos, y pasan a hacer redadas, interrogatorios a golpes, y listas, muchas listas, les encantan de repente los listados y la revisión de documentos.  De ese mundo apestoso va Lucien Lacombe, un retrato del fascismo en acción que es memorable porque vemos quiénes son los canallas de toda la vida que son los que le han dado al fascismo su fama merecida—pero cuando los tiempos no prometen no van necesariamente de fascistas.

Lucien es a la vez típico y diferente. No tiene iniciativas—de él no saldrían estas situaciones, si no se las encuentra. Es de los que siguen a los demás e imitan. La película tiene muchos planos de valoración (implícita, digo), y en algunos Lucien es simplemente, o podría ser, un muchacho más de su pueblo, si no hubiese guerra podría haberse casado con la pastorcilla de las ovejas. Le gusta matar pajarillos, sí, pero bueno, eso lo hacen muchos chavales de pueblo que no llegan a asesinos. Lucien está haciéndose hombre, está en su propia crisis: su padre se ha unido al maquis, y su madre se ha arrejuntado con el dueño de la finca que lo empleaba. Lucien limpia su escopeta, pero no va a matar al patrón, sólo caza conejos. Pero tiene confusión y rabia interna; quiere crecer, hacer algo que lo saque de su trabajo en el hospicio. Un buen trabajador honrado, como el caballo que ve sacar muerto, sólo consigue acabar deslomado. Y eso también enseña. Ve que unos se apuntan al maquis, como su padre, otros (y les va mejor) a la colaboración. La moneda cae del lado de la colaboración, un poco por casualidad también. Delata a la red de resistentes que conocía de oídas, un poco como todos, medio por miedo medio por deslenguado y por mero cateto. Un lado de Lucien sigue siendo ese chaval simple de su aldea, y cuando tenga que huir al campo al final de la película vuelve a ser el crío que cazaba pájaros y liebres. La inocencia sigue allí, pero ha sido pervertida irremediablemente, por sus elecciones, sí, pero también por las circunstancias, y por la historia. En otro ambiente Lucien no hubiera hecho nada reseñable, o bien poco, a pesar de su falta total de compasión y su estolidez moral. Una sociedad ordenada lo hubiera mantenido en orden, pero la guerra (la guerra civil especialmente) desordena profundamente el orden moral que hace ser a la gente lo que es.

Lo más reseñable que hace Lucien tras su elección inicial es cambiar de bando súbitamente. Gran parte de las escenas son las de la humillación del refugiado judío Hamm, que ve cómo Lucien y su mentor, el pijonauta psicópata, lo van atenazando, humillando, extorsionando, a él y a su hija. El otro quería dinero; Lucien es aún peor porque se enamora (dentro de sus posibilidades) de la chica judía, France, y la mete en problemas, y la seduce o viola, la putea en opinión de su padre, y se convierte en una pesadilla para la familia, el autoinvitado indeseable, que se impone por una mezcla de brutalidad, estupidez y de falta de mundo sin más. Un poco lo contrario de lo que pasa con los alemanes en novelas de la Ocupación como Le Silence de la mer de Vercors o la Suite française de Irène Némirovsky. Lo patético es que el mundo de Hamm y de su hija se ha reducido tanto (y esto está magistralmente llevado), tanto que acaban por doblegarse a su destino: el educadísimo Hamm, acorralado en su propia casa por la vulgaridad armada, va a entregarse al hotel-comisaría, en unas escenas de auténtico humor negro; France su hija acaba entendiéndose con Lucien y disfrutando de su compañía (alegoría alegoría... y placer), sobre todo cuando las salva a ella y a su abuela de ser internadas en un campo de concentración... Pero en ese momento Lucien estaba improvisando, venía a arrestarlas con un alemán, y de no ser porque el alemán le disputa el botín, hubiera llevado a France y a su abuela tan tranquilo a embarcarlas para el campo. Pero en un arrebato mata al alemán, y huyen... a España, pero no llegan. En el campo encuentran la tranquilidad, toman el sol, cazan pájaros y conejos, allí no hay guerra, casi son una familia vulgar, la vida sigue improvisadamente, hasta que irrumpen los títulos de crédito de la historia, a pasar factura.

En fin, una película de antihéroe, magistral, pero es que en las guerras abundan esos más que los héroes. También una película de guerra que pocos clasificarán como tal, y es que las guerras suelen estar mal filmadas. Esta no.

Lacombe Lucien. Dir. Louis Malle. Written by Louis Malle and Patrick Modiano. Cast: Pierre Blaise, Aurore Clément, Holgen Löwenadler. France, Germany, Italy, 1974.

Pío Baroja, Miserias de la guerra

He estado en una película



Ayer fui a la primera película de un ciclo de cine en el Paraninfo de la universidad, sobre "La ley de la masa". Empezaba con Furia, de Fritz Lang, una interesante película de 1936. Los años 30, años de crisis, de comunismos y de fascismos, son años de prominente acción multitudinaria y de movimientos de masas. Buen año para turbas enfurecidas, aquel 1936... Furia es la primera película americana de Fritz Lang. Venía el director espantado de la marea nazi en Alemania, y había emigrado hacía poco a EE.UU. Pero allí le llamó la atención al parecer una peculiaridad de la sociedad americana: la proclividad a los linchamientos y a la "justicia popular" impartida alegremente, un vicio propio de una sociedad democrática y populista. Esta es la tesis de la película—la desilusión ante los límites del sueño americano, pues la tierra donde la libertad y la justicia serían posibles se topa con la brutalidad y la estupidez de la opinión pública activa, cuyas emociones suben y bajan más rápido que la espuma del champán, en cuanto se dan las circunstancias adecuadas. Los políticos están aquí más atentos a las alzas y bajas de popularidad electoral que a la justicia de las decisiones, y así llega el desastre: la democracia tiene sus vicios propios, sus límites, y su nivel, que es el del pueblo que en ella gobierna y de sus prejuicios. Y, tras la desilusión, y la venganza imaginaria contra la plebe, se retoma otra vez la responsabilidad de mantener ese ideal necesario de justicia y libertad, con más resignación y menos ilusiones...  y con una cura de humildad: un reconocimiento de que la plebe volátil ésa de las democracias está hecha de todos nosotros—no la podemos ver desde fuera, por mucho que nos perjudiquen a veces sus arbitrariedades.

furyJoe Wilson (Spencer Tracy), un hombre honrado y trabajador, lleva mucho tiempo laborando humildemente para casarse con su prometida Katherine (Sylvia Sidney). Cuando por fin reúne dinero para la boda y para un coche, viaja para ir a recogerla y se encuentra, en una carretera local, con que le echan el alto y es arrestado de repente. Se trata de un sheriff suspicaz que intenta resolver un secuestro, y anda a la caza de forasteros sospechosos. El sheriff lo retiene en la cárcel, y la rumorología de la población se dispara. Pronto, una combinación de vecinas cotillas, malas cabezas, listillos de barra de bar, individuos resentidos con el sheriff, matones vocacionales, y justicieros aficionados, acaban por organizar un tumulto alrededor de la cárcel. El sheriff y sus hombres ya conocen el percal, y defienden al prisionero, manteniendo al público furioso a raya, pero pronto los ánimos se calientan más de lo debido. La guardia nacional no llega porque el gobernador no quiere hacerse impopular con sus ciudadanos. Llega la prensa, los rumores siguen creciendo, y la turba linchadora. Al final, hay disturbios violentos; asaltan la cárcel y acaban quemándola hasta los cimientos.

Joe Wilson, sin embargo, ha escapado milagrosamente, aunque su novia Katherine llegó justo a tiempo de ver cómo lo apedreaban mientras pedía socorro asomado a la ventana de la cárcel en llamas. Visita a sus hermanos como un aparecido. Joe se ha transformado, y ahora no quiere sino venganza: mantener su muerte en secreto, y lograr que la justicia empapele a la chusma que intentó matarlo (y que según se cree lo ha matado efectivamente). A través de sus hermanos, y sin que nadie más lo sepa, ni siquiera Katherine, consigue que su abogado establezca la culpabilidad de veintitrés participantes en el linchamiento. La pena según las leyes del estado es la muerte, y Joe está decidido a llevarlos al patíbulo ("Si estoy vivo no es porque no hayan hecho todo para matarme"). Hay sus problemas por la ausencia de cadáver, pero se encuentra una prueba que el juez estima suficiente: un anillo que llevaba Joe y no se podía quitar, grabado por Katherine. El anillo es enviado por un anónimo ciudadano que lo encontró, dice, en los escombros calcinados—en realidad por el propio Joe, para dar la prueba final que vuelque la balanza.  Es entonces cuando Katherine descubre el pastel—estaba traumada por lo sucedido, pero ha observado detalles en el proceso que le llevan a espiar a los hermanos de Joe, y a descubrir que está vivo. Joe, sin embargo, prefiere renunciar a ella que a su venganza, a pesar de los ruegos de Katherine. Es allí donde expresa su desilusión con la justicia de su país, y se reafirma en su propósito de instrumentalizarla en su venganza.

Pero Joe también sufre trauma, y remordimientos. En un momento fílmicamente interesante de la película, mientras Joe mira un escaparate, aparecen en el cristal algo que no se sabe si son reflejos o imágenes mentales—las caras de la gente que él condena a morir. (Aquí la intensidad emocional de la escena se subraya con una toma subjetiva que superpone dos planos de realidad. Son interesantes en las películas los momentos en que las imágenes complican su status y se separan del objetivismo de la representación "fotográfica"). La conciencia le hace ir a Joe a presentarse al juez justo cuando se estaban leyendo las condenas de muerte de varios acusados. Allí frente al tribunal se abraza con Katherine, y vuelve al camino recto, aunque sabe que le tocará ahora pagar a él por sus delitos.
fury 5

¿Por qué digo que he estado en una película? Bueno, en la película ésta de la democracia pervertida y de las chusmas alienadas estamos todos, a un cierto nivel. Y desde luego la película de Fritz Lang es toda una película, excelente, un clásico, etc. Pero ahora me refiero a otra cosa. La frase "He estado en una película" la dice Joe Wilson, cuando se aparece a sus hermanos que lo creían abrasado.  Y es una clave o quizá un emblema para ciertas cosas que me interesaba subrayar a cuenta de esta película, o de una película cualquiera.

Ya me he referido a "momentos especiales" en la técnica de representación usada por una película. Pueden ser momentos especialmente discordantes con la técnica usada en el resto de la película, o quizá (por el contrario) momentos en los que se revela con especial claridad la poética cinematográfica de la película. O, quizá, las dos cosas a la vez: momentos especiales en los que la película es memorablemente lo que es, a la vez que parece romper sus reglas y no ser lo que parecía ser.

J. Hillis Miller, hablando de literatura, llamaba a esto "el momento lingüístico" de las obras literarias—episodios, fragmentos, en los que la técnica narrativa, poética, o dramática, de alguna manera se complica y se vuelve sobre sí misma—momentos reflexivos en los que la obra pone de manifiesto sus estrategias representativas, o las lleva un poquito más allá en un impulso de exceso o de búsqueda de sus límites. The linguistic moment. En la literatura escrita se hace con lenguaje, claro; en el cine sucede sobre todo con imágenes, pero también con el complejo de imágenes, diálogo y música que es en lo que consiste el cine. Bien, pues llamaremos a estos momentos los momentos reflexivos de la película, por no llamarlos los momentos fílmicos. Son momentos intensamente fílmicos, pero me refiero a la intensidad que da esa complicación de la representación, no a la intensidad emocional de las peleas, de los momentos de suspense, etc., —que pueden ser reflexivos o no serlo.

Un momento reflexivo ya hemos notado en Fury—el momento en que Joe Wilson reflexiona ante el escaparate. Y ante el escaparate aparece algo que parecen reflejos (los escaparates se prestan mucho a esta superposición natural de imágenes en la vida extrafílmica). Es decir, que el momento es doblemente o triplemente reflexivo: reflexión, reflejos y reflexividad, superpuestos en una imagen. Las figuras fantasmales del escaparate podríamos ser los espectadores reflejados en el cristal del escaparate, invisible, que ocupa el lugar de la pantalla cinematográfica o cuarta pared teatral en este caso. (Un poco a la manera en que en el Hamlet de Branagh, en el salón de los espejos, se superpone a la pantalla cinematográfica el cristal/espejo desde donde Claudio y Polonio espían el monólogo de Hamlet). Aquí, Joe, alienado de la sociedad americana, la contempla reflejada en el escaparate de su mente, y también la tiene ante sí—pues el espectador de esta película en 1936 es el ciudadano típico del país de los linchamientos, seguramente no mucho mejor ni mucho peor que los veintitrés acusados a quienes Joe quiere ver colgando de una cuerda. 

Otro momento reflexivo también he mencionado: cuando Joe dice "I've been in a film", "he estado en una película" (que es donde ha estado, claro). Se refiere al impacto de las imágenes traumáticas que han alterado su conciencia, y le han transformado en Joe el Vengador.  Usando el lenguaje del trauma, Joe cuenta a sus hermanos cómo las imágenes de la muchedumbre linchadora pasan ante su mente una y otra vez, no se puede librar de ellas.  La propia película que vemos repite en diversas ocasiones las imágenes del asalto a la cárcel y de la turba asesina, unos embarcados en la destrucción junto con sus vecinos, y otros contemplando fascinados el espectáculo—sí, como quien contempla el cine. Y Joe, hablando con sus hermanos, no deja de subrayar ese paralelismo entre el espectador de esta película y el de quienes disfrutan viendo un linchamiento, aunque no participen en él—ese ingrediente malsano que hay en la escopofilia dichosa, cuando lo que se muestra es violento, obsceno, erótico, atractivo... o todo a la vez.  Parece como si Joe quisiera colgarnos a todos, antes de volver a encauzar su indignación en términos razonables.

De hecho, todo estaba en una película, porque Fury contiene una película dentro de una película, cosa que no está mal para los años 30. Recordaremos que habían acudido reporteros ante la noticia de disturbios, mucho antes que la Guardia Nacional (ésta llega por fin cuando la cárcel ya ha ardido...). Bien, pues los reporteros van bien provistos de cámaras, y filman desde varios ángulos el asalto, el incendio, y a los linchadores más activos. El abogado contratado por los hermanos de Joe se hace con esas grabaciones y convierte la sala de juicios en cine improvisado (aquí los linchadores son literalmente los espectadores de sí mismos, reforzando la analogía entre la masa humana y el público de la otra sala). Las filmaciones cinematográficas son la prueba decisiva de la participación de los acusados en los hechos, pues los vecinos se encubrían unos a otros y hay una red de coartadas falsas que cae estrepitosamente ante la prueba de la cámara. Hay imágenes dentro de imágenes, una repetición de la escena del incendio que es a la vez trauma y cura... y hay, en suma, otro de esos momentos fílmicos por excelencia, en el visionado de la película filmada y en la congelación de la imagen de los acusados. Son momentos intensamente cinematográficos, momentos reflexivos en los que la poética del film se examina a sí misma con especial intensidad, en los que la película muestra lo que es, lo que vale, y lo que sabe hacer con las convenciones de la representación cinematográfica y con los materiales que tiene a su alcance.

Half Light

Scars Are the Roadmap to the Soul

Es una cita repetida en The Air I Breathe—en español, Cuatro vidas. Un bonito thriller de cuatro historias casi independientes pero que se cruzan en un determinado momento. Con uno de los malos más malos que ha dado el cine, "Dedos" (Andy García)—un mafioso que según lo pone Ronnie Scheib, es "a menacing, soft-spoken moneylender legendary for exacting his pound of flesh in digits". Satisfactoriamente, este Dedos no es castigado ni amenazado en ningún momento.  El malo controla el panorama, y la única salida es la huida, no siempre posible. Observo que las reseñas de esta película son extrañamente negativo-despectivas; la gente no parece apreciar su pesimismo. No hacer mucho caso, pues aunque la película no alegra la vida, se deja ver muy bien.  (Veo, por cierto, que ha cambiado de diseño el IMDb).

Es también película con aparición súbita de una mariposa, pero en este caso es una falsa esperanza. El futuro del oficinista negro Happiness, que se vuelve atracador, está más que cerrado. En cambio, se abre inesperadamente el futuro para Pleasure (Brendan Fraser), el matón sensible que trabaja para Dedos, y que tenía la capacidad de ver el futuro. Se abre, digo, en cuanto se cierra esa capacidad de visión premonitoria.  Un momento metafílmico: It's the wildest effort when you know what's going to happen. Will watching a person's fate give it purpose? Or is it just the muted feeling of watching a movie when you know how it ends? And then something happens that I will never forget - I'm wrong. For the first time ever, fate takes a detour and I glimpse something strange and new. A future where anything can happen. It's a beautiful thing. And the feeling it gives me is as close as I've ever felt... to pleasure. El flashforward no cumplido también libera un poquito al espectador, aunque nadie se puede librar de la lógica de la narratividad y de la clausura. Quizá embarcado en esta nueva sensación de apertura del futuro, Pleasure no ve venir su propia muerte (—dicen que nadie la ve). Tampoco la ve venir el espectador, curiosamente. Aunque nada es totalmente imprevisible, y menos en las películas. En todas es importante que vayan a parar a donde van a parar, auque haya alguna pequeña sorpresa por el camino—para eso está la ley del género. En lo tocante a la vida, nadie sabe a qué género fílmico pertenece—de todos se contagia, y a todos los contagia.

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The Air I Breathe. Dir. Jieho Lee. Written by Jieho Lee and Bob DeRosa. Cast: Kevin Bacon, Julie Delpy, Bendan Fraser, Andy Garcia, Sarah Michelle Gellar, Clark Gregg, Emile Hirsch, Forest Whitaker, Kelly Hu, Evan Parke, Taylor Nichols, Victor Rivers, Todd Stashwick. A NALA Films/Paul Schiff production. Produced by Emilio Diez Barroso, Darlene Caamano Loquet, Paul Schiff. Executive producers, Tai Duncan, Christopher Pratt.  Mexico / USA, 2007.
Still Walking  

Cada uno su ilusión

miércoles 29 de septiembre de 2010


Cada uno su ilusión


you will meet

Nos vemos You Will Meet A Tall Dark Stranger / Encontrarás al hombre de tus sueños. La última de Woody Allen, muy divertida a pesar de cierta justicia en esta reseña del Village Voice.

IMDb  summary: Follows a pair of married couples, Alfie (Hopkins) and Helena (Jones), and their daughter Sally (Watts) and husband Roy (Brolin), as their passions, ambitions, and anxieties lead them into trouble and out of their minds. After Alfie leaves Helena to pursue his lost youth and a free-spirited call girl named Charmaine (Punch), Helena abandons rationality and surrenders her life to the loopy advice of a charlatan fortune teller. Unhappy in her marriage, Sally develops a crush on her handsome art gallery owner boss, Greg (Banderas), while Roy, a novelist nervously awaiting the response to his latest manuscript, becomes moonstruck over Dia (Pinto), a mystery woman who catches his gaze through a nearby window.

Es como Match Point pero en clave de comedia de situación, en lugar de pseudo-tragedia pasional—y narrada por voz en off en tercera persona, no en primera, para mayor ironía y distancia. Woody Allen recreándose más que nunca en las incoherencias de los demás y en las propias—riéndose de cómo buscamos soluciones imaginarias a los problemas, nuevos amores, ilusiones nuevas, que ilusionan la vida, pero que al final resultan no ser sino ilusiones, o viceversa, que aunque resultan no ser sino ilusiones, dan ilusión a la vida.

Dos escenas características: Roy, escritor bloqueado, se obsesiona con la vecina de enfrente a la que ve desnudándose a través de la ventana. Cuando por fin la seduce, se separa, se muda allí, ¿qué hace? Mirar por la ventana a su ex mujer, enfrente, cómo se desnuda.

Ésta ex-posa es hija de una señora mayor, Helena, que está neurotizada porque la ha dejado su marido (Anthony Hopkins) por una furcia... así que busca consuelo en una médium, que le promete un futuro ideal y feliz, cuando es obvio que no la esperan sino la soledad y pronto la muerte. Su yerno (el escritor frustrado) la quiere desengañar, pero su hija le sigue la corriente y la anima en sus fantasías, entre otras cosas porque Helena les paga el alquiler. También quiere su hija que le haga un préstamo para montar un negocio, pero ay, la médium le dice a su madre que "los planetas no están bien conjuntados para eso"... y allí la hija de Helena se desmelena y se sube por las paredes:

—"Pero no ves que es una estafadora, una cuentista, ¡¡que no te cuenta la realidad sino sólo lo que quieres oír, para luego llevarse la pasta!!"

(Jeje...)

Roy supera su bloqueo creativo publicando como suya, y con éxito, la novela de un amigo que ha muerto en un accidente—roba el manuscrito que había leído. Pero ay, que no había muerto el amigo, que estaba en coma, se lo habían contado mal a Roy... y ahora parece que el amigo se despierta... mueve un ojo... sí...

La aventura de Alfie, el marido de Helena, con la furcia, la viagra y la vigorexia termina mal, ella es una descerebrada de antología, le funde la pasta y le pone los cuernos con el del gimnasio, pero... mira, está embarazada del hijo que quería él y que Helena no pudo tener. Le haremos la prueba del ADN a ver de quién es el niño. De momento el del gimnasio le ha partido la cara al viejo galán, pero igual acaba teniendo un niño como quería.

Algunos de los que mejor se engañan a sí mismos terminan felices en esta película, como la vieja Helena que liga con un viudo—feísimo, pero viven los dos en un mundo de ilusiones New Age, visiones, sesiones espiritistas y reencarnaciones imaginadas. Tampoco es que quede garantizado el éxito mediante el autoengaño sistemático, ah no no, que normalmente las ilusiones tienen ida y vuelta—sólo es que no se descarta, como a veces los placebos dan mejor resultado que las medicinas de verdad, o al menos dejan al usuario más contento. Si la cosa funciona... Quizá la película no signifique nada más que la vida, como nos dice Woody, y sea un cuento de ruido y furia, sobre la poca sustancia y la incoherencia de la gente, la irrelevancia de lo que se hace mientras esperamos el golpe de guadaña. Pero es un cuento muy divertido, y llevado como una seda por el cuentista.

El sueño de Casandra



Il y a longtemps que je t'aime

lunes 27 de septiembre de 2010

Il y a longtemps que je t’aime

Es una película muy recomendable. Una mujer llega tarde a recoger a otra en un aeropuerto.  Vamos descubriendo que no se han visto en mucho tiempo. Que son hermanas. Que una, Juliette (Kristin Scott Thomas) viene a pasar un tiempo con Léa (Elsa Zylberstein). Que no es bien recibida por el marido de Léa. Que hay irritabilidad ambiental, silencios extraños. Las niñas de Léa son adoptadas, vietnamitas—su marido no ha querido tener un hijo con ella, por alguna razón. Léa está silenciosa, huidiza, molesta, un poco de más, en el ambiente de su hermana. Vamos descubriendo a qué se debe la separación. El olvido de muchas cosas—porque Léa apenas se acuerda de su hermana mayor, a pesar de lo mucho que se trataron. Juliette ha estado quince años en la cárcel, y no conviene decirlo a los amigos. Pero aún peor es el trauma que arrastra—la razón por la cual estuvo tanto tiempo en la cárcel. Busca trabajo, y en una entrevista le pregunta un empresario, "¿Debió matar usted a alguien, o qué? ¿Su marido?" Y cuando Juliette se lo dice...—"Salga usted de aquí. Váyase." El marido de Juliette, por cierto, se divorció de ella por lo que hizo y no la volvió a mirar. Es difícil para Juliette adaptarse—inesperadamente, el policía ante quien tiene que presentarse cada semana simpatiza con ella, se caen bien... pero él mismo está un poco ido, o rarito, o desconsolado, o traumado, por su separación (es un memorable Frédéric Pierrot, pero es que casi ningún actor destaca aquí, por lo buenos). Juliette está dolida porque Léa no la visitaba en la cárcel, la olvidó—obligada por sus padres. Van saliendo recuerdos, sin embargo. Ahora es la madre de ellas, que aún vive en cierto modo, quien ha olvidado todo, tiene Alzheimer. Pero reconoce a Juliette, la abraza un momento, a Juliette esto le horroriza. Un colega de Léa, Michel, también se siente atraído por Juliette—como el policía amigo, entiende por lo que ha pasado ella, él dio clases en la cárcel, eso le hizo ver el mundo de otra manera. Cualquiera podría estar allí dentro, dice. La película es digna de Rohmer, rayo verdey hay una cena de profesores, en la que se habla de Rohmer, en la que Juliette se ve acosada con preguntas aparentemente juguetonas, pero en realidad dolorosas, sobre su pasado. Aquí cada cual arrastra su trauma y su silencio; la mujer de Michel murió en un accidente y él nunca habla de eso a nadie. También les cuesta a las dos hermanas hablar de por qué hizo Juliette lo que hizo, pero todo va saliendo. Fue un error lo que hizo, de esos que nunca se acaban de aceptar como tales porque convierten a alguien en lo que es. Pero se entiende en cierto modo—como se entiende en cierto modo, si te lo explican, el bolero aquél de "Nosotros, que nos queremos tanto, debemos separarnos... no me preguntes más". Está llevado de modo admirable cómo la película va sacando el trauma a la luz y a la vez mostrando cómo, si no se supera nunca, sí se sigue viviendo con lo que hay. Quizá un punto de inflexión para Juliette es el suicidio inesperado de su casi-amigo el policía, que soñaba con irse al Orinoco, lejos, nada lo ataba ya aquí, dice. Juliette se da cuenta quizá de que sigue estando en el presente, siempre en el presente, que su existencia no se acabó en aquel instante trágico que la llevó a la cárcel y aquí, sino que sigue teniendo efecto en los demás, y en sí misma, o podría tenerlo ("Sí, estoy aquí ahora", termina la película). Encuentra trabajo, se busca un piso, tal vez acabe emparejándose con Michel. Reanuda su intimidad con su hermana, sobre todo cuando ésta descubre sobre Juliette algo que le indica la medida de su dolor estos años, aunque no se sabe qué exactamente qué puede ser que no se pudiera suponer ya... es un defecto de la película, o quizá una expresión incoherente del trauma que sale a la luz, aunque estaba oculto a la vista. A veces cuesta ver esas cosas. El pasado, claro, continuará donde estaba, aquí, junto con el futuro fantasmal que genera, el que no habría de ser—ese hijo de Juliette que tanto la quería—el pasado siempre presente que acompaña como un punto de referencia ineludible a la vida que se torció. Termina la película con una canción de Barbara,


Dis, quand reviendras-tu
Dis, au moins le sais-tu
Que tout le temps qui passe
Ne se rattrape guère
Que tout le temps perdu
Ne se rattrape plus.



 

 



"I’ve Loved You So Long (2008)."
    http://www.imdb.com/title/tt1068649/
    2010
Taylor, Ella. "Kristin Scott Thomas Shines as a Child Killer in I’ve Loved You So Long." Rev. of Philippe Claudel’s film. Village Voice 22 Oct. 2008.*
    http://www.villagevoice.com/2008-10-22/film/kristin-scott-thomas-shines-as-a-child-killer-in-i-ve-loved-you-so-long/
    2010
Ebert, Roger. "I’ve Loved You So Long." Rev. of Philippe Claudel’s film. RogerEbert.com 29 Oct. 2008.*
    http://rogerebert.suntimes.com/apps/pbcs.dll/article?AID=/20081029/REVIEWS/810299988/1023
    2010

Il y a longtemps que je t’aime. Writer and dir. Philippe Claudel. Cast: Kristin Scott Thomas, Elsa Zylberstein, Serge Hazanavicius, Laurent Grévill, Frédéric Pierrot, Claire Johnston, Catherine Hosmalin, Jean-Claude Arnaud, Olivier Cruveiller, Lise Ségur, Mouss. Music by Jean-Louis Aubert. Cinemat. Jérôme Alméras. Ed. Virginie Bruant. Prod. des. Samuel Deshors. Art dir. Emmanuelle Cuillery. Exec. prod. Sylvestre Guarino. Prod. Yves Marmion. France: UGC / Canal + / Eurimages / France 3 Cinéma / Integral Film / Sofica / TPS Star, 2008.


La boda de Rachel 
 


Still Walking

viernes 27 de agosto de 2010

Still Walking

Still Walking (Aruitemo aruitemo, 2008) es una excelente película japonesa, escrita y dirigida por Hirozaku Kore-eda. Recomiendo verla a todo el que tenga esa cosa llamada una familia, porque de relaciones familiares va la cosa, de las generaciones y el paso de los años, de las relaciones entre padres e hijos, cuando los padres ya se vuelven abuelos, de las miradas al pasado que se arrastra, y de la muerte que anda cerca, de la ausencia que ya se ha instalado de alguna manera entre los presentes. Me ha recordado mucho a mi propia familia, no tanto por coincidencias uncanny, sino por la maestría de Kore-eda, que encuentra aquí, en una familia muy concreta, con unas personalidades inconfundibles e irrepetibles, y excelentemente retratados todos, el elemento de universalidad que la une a todas las familias. Porque todos pasamos por el trance de hacernos mayores cuando somos niños, de hacernos mayores en el sentido políticamente correcto del término, luego—o sea, envejecer, ir perdiendo a los hijos de vista, excepto para visitas ocasionales, ir sobrellevando las desgracias y tragedias que aunque están en el pasado siguen muy presentes, y forman ya parte de los sobreentendidos familiares—en esta familia están todas las familias (y sí, también la mía). Recomiendo ver la película, desde luego, aunque puede ser una experiencia dura así entre líneas y como quien no quiere la cosa. No hay gore, ni desgracias, ni gritos ni escenas violentas, nada—todo es muy tranquilo, muy cotidiano, muy japonés y muy tradicional. Pero al poco rato de verla parece que estás con gente que has conocido toda la vida—esa gente precisamente que has conocido toda la vida. Es una obra maestra del detalle, de la penetración psicológica y de la sutileza. Y sí, en efecto se parece mucho a Tokyo Story de Ozu, pero es mucho más absorbente, intensa y ligera a la vez.still walking

Los abuelos viven cerca del mar, en un paisaje japonés que parece talmente Galicia, en la vieja casa de toda la vida, toda paneles corredizos, mobiliario viejo, y montones de chismes acumulados. La ocasión de la película es la visita a casa de los padres de un hijo y una hija con sus familias respectivas; el protagonismo mayor se lo lleva la familia de Ryo, el hijo segundo, que hace poco se ha casado con una joven viuda, Yukari. Ella y el hijo de ella lo acompañan en la visita un tanto problemática—habrá mucha ocasión para observar al detalle las relaciones a la vez cercanas y distantes entre familia carnal y política. La hija y yerno tienen una parejita; son todos simpáticos y tratables, el yerno discreto ha aprendido a quitarse de enmedio y se echa la siesta todo el día o se va de paseo con los chavales; la hija Chinami es un encanto (como Yukari por otra parte), cariñosas, atentas, despiertas y observadoras—hay planes de que Chinami y el yerno se muden a casa de los padres para ayudarlos ahora que son viejos, pero una de las cosas que se descubren a lo largo de la película es que después de todo ni el abuelo ni la abuela quieren volver a tener gente en casa. El abuelo es un viejo médico jubilado, extremadamente orgulloso, caprichoso, irritable e impaciente, hasta la mala educación con frecuencia. Son una vieja pareja que vamos conociendo poco poco, hasta que al final ni él parece tan malo ni ella tan buena: la abuela que está todo el día dedicada a la cocina y a la familia esconde una colección de resentimientos que la llevan a cometer pequeñas crueldades o venganzas casi invisibles, en realidad bastante inofensivas. Tanto el abuelo como la abuela viven colgados del pasado, del hijo mayor que perdieron, Junpei, el que iba a continuar la tradición del padre haciéndose médico—y más pendientes están de él hoy, que es el día de su aniversario, para lo cual se ha reunido la familia. Hay varias ceremonias shintoístas alrededor de un altarcillo con su foto, y el ausente está realmente muy presente. Murió salvando a un chaval vecino de ahogarse... y se ahogó él. Hoy les visita como cada año ese vecino, un hombre joven poco agraciado, gordo, nervioso y sudoroso, sin pareja ni perspectivas de trabajo. Les expresa como cada año su agradecimiento a su salvador Junpei... es una escena entre grotesca y sentimental, y el visitante provoca las risas de los niños. Sobre todo cuando el abuelo comenta que el mundo no es justo, visto que por este mierda se ahogó mi hijo. "Papá, aún es joven, aún puede encontrar trabajo", le dice su hijo Ryo (parado vergonzante él)... A Ryo, el hijo segundo, ahora el mayor, le da pena este ritual, pena por el superviviente—pero descubre que su madre piensa invitarlo todos los años precisamente para que sufra. La abuela también lo atormenta a él haciéndole que se bañe al estilo tradicional con su "hijo"—y es que no es su hijo, se ha casado el segundo con una viuda con niño, mantienen ante los padres la ficción de hacerse llamar "papá" e "hijo" cuando en realidad siempre se llaman por su nombre... y ni el abuelo ni la abuela los consideran de la familia, a la viuda Yukari y al niño, y se lo dejan ver entre líneas a Yukari en multitud de ocasiones. Este hijo Ryo, al contrario que la hija mayor, tiene una relación difícil con los padres: se siente fracasado, comparado con su hermano mayor difunto, que era el favorito—Ryo no está a la altura, no pudo hacerse médico, ahora mismo está en paro, su hijo no es hijo suyo, tiene esposa "de segunda mano"—es curioso lo extremadamente tradicionales que son para algunas cosas, estos japoneses de clase media. No está presente en el aniversario la viuda de Junpei el hijo mayor, a la que han perdido de vista desde hace años ("si hubiesen tenido niños podríamos invitarla"... etc.). Se ven fotos familiares, se hacen discretamente preguntas indiscretas, se estudian planes de futuro, se tantean momentos de familiaridad y de comunicación, que con frecuencia llegan a un callejón sin salida... por ejemplo, el tema de que Ryo está en paro no debe mencionarse ante sus padres, y va manteniendo la ficción bien que mal. Su cuñado le quiere vender un coche, un monovolumen "ahora que tiene familia", y debe fingir que no le interesa. Vaya, su madre quería que sus hijos la paseasen en coche, la visita al cementerio se le hace cuesta arriba. Allí van todos también a hacer más rituales. Todo esto le trae a la cabeza a la joven viuda casada al que fue su marido, parece que guarda algún secreto recuerdo de él que no airea mucho—a estas japonesas jóvenes les va mucho lo de suavizar las relaciones, que ya bastante difíciles son los hombres... Le dice a su niño que visitarán la tumba del padre muerto. La abuela había hecho una cosa muy rara que ha impresionado al chico: había entrado una mariposa por la noche, y la abuela se ha emocionado toda, diciendo que igual era el alma de su hijo que les visitaba, y en efecto se posa la mariposa en el retrato de Junpei el Ausente... Bah, tonterías, supersticiones, dice el abuelo, y Ryo el hijo mayor pero no primogénito coge la mariposa y la suelta a la noche, la ven irse... La abuela se va a dar un baño, también ella, emocionada. Ha tenido también una pequeña venganza contra su marido, sin que nadie se entere: hablando de recuerdos personales, les pone una canción "que le trae recuerdos", una de los sesenta... todos imaginan que de los tiempos en que el abuelo era rómántico, "Bah, no tiene nada que ver conmigo", dice él, siempre desaborío—pero luego nos enteramos los espectadores de que era la canción que le gustaba a una amante que tuvo el abuelo, y que la abuela le va dando recordatorios a veces, no olvida y perdona sólo a medias. Las viejas parejas afinan sus rituales comunicativos, y también las familias—muchos mensajes se envían de modo no explícito, signos y símbolos que sólo los avezados pueden leer bien. Los niños observan todo esto, especialmente el pequeño falso nieto—que encuentra un lugar ambiguo en la casa, con sus primos y sus abuelos. Los muertos nunca se van del todo, le dice al niño su madre Yukari, comentando la escena de la abuela y la mariposa. Tu padre está en tí, dentro de tí—le dice que está hecho mitad de él, mitad de ella. —¿Y Ryo?, pregunta el niño. Bueno, de él también, con el tiempo, también se irá haciendo de él, le dice su madre....

La familia de la hermana se volvieron para casa en el día mismo; los de Ryo su hermano se quedan a hacer noche en casa de los padres, con resultados agridulces. Los abuelos investigan si esta pareja van a tener hijos propios o no... la madre ni lo espera ni lo quiere, y se lo deja semiclaro a la nuera. Es más fácil divorciarse si no hay hijos de por medio. Los vemos pasear al día siguiente hasta el mar, al falso padre y al falso hijo, con el abuelo, y el viejo se ablanda un poco, le habla a su hijo de ir al estadio juntos, de llevar al chaval... como lo llevó a él cuando era niño. Pero no se dará el caso. Al final de la película vemos una visita años después de Ryo y familia: pero vienen en coche, han prosperado algo... y tienen una niña, además del chaval ya adolescente. Visitan el cementerio, a hacer los rituales familiares: el abuelo murió al poco, y la abuela pocos años después. Nunca fuimos al estadio juntos con mi padre, y por fin nunca paseé a mi madre en coche. (Siempre acaba pasando así, le digo a mi esposa).

Será casualidad, pero esta noche ha tenido lugar la primera visita o aparición de mi padre, tras su muerte. En un sueño, claro, ha sido—el hombre no tenía ninguna intención de asustarme. De hecho, acababa yo de hablar por teléfono con mi madre, dando por hecho que estaban lejos, los dos, en el pueblo seguramente—pero al poco rato entraba mi padre por el cuarto, trayendo unos papeles, a preguntarnos qué tal nos encontrábamos. Y estábamos bien, era una visita normal, sólo pasaba por allí, a saludar, aunque mi padre siempre se fija en las cosas más de lo que parece, con su fama de distraído. Bien, pues luego resulta que, más adelante en el sueño, no me casaban las fechas, y me entraba la sospecha de que cuando hablé con mi madre por teléfono mi padre ya estaba muerto—¿y entonces, esa visita? ¿Me había olvidado yo de que se había muerto, cuando vino, o no lo sabía aún? Era urgente examinar los papeles, ver si se me confundían las fechas, o si efectivamente había venido a vernos una aparición cotidiana—iba a decir y no mi padre, pero de eso nada, porque aparición o no, era mi padre el de siempre. Pero las fechas estaban confusas, no quedaba claro al examinar los papeles cuándo habían sido escritos, o quizá no se encontraban. Esa era la aparición de esta noche, a vision in a dream supongo que podría decirse. Otro tipo de apariciones no espero, pero ¿apariciones, así en general? Haberlas, claro que las hay, en Japón y aquí.still walking













Retrospección, prospección, eternidad

My Own Private Idaho

viernes 20 de agosto de 2010

My Own Private idaho

En el cineclub nos vemos esta película de Gus Van Sant, que la tenía yo atrasada. Película de cierto culto semifringe, tanto por su estética un tanto errática como por la temática marginal de chaperos, drogadictos y demás. Casi lo que más me gustó fueron los colores y la fotografía. private idahoEl protagonista, Mike (el malogrado River Phoenix) es un desvalido prostituto narcoléptico—vamos, que se cae dormido o desmayado constantemente en los momentos más inoportunos. Esto no le facilita la vida, aparte de que el muchacho no tiene ni muchas luces ni formación ni oficio ni beneficio ni talento visible aparte de vender el culo, y hasta eso se le da mal. No es sorprendente que siempre se encuentre en la vida como perdido en una carretera que va a ninguna parte (una imagen en concreto, la de esa carretera en Idaho, que se repite al principio, a mitad y a final de la película). Depende de quienes se apiadan de él o le cogen afición, para ir tirando unos metros más allá. Ahora, que el chaval no mueve nunca un dedo para superar su situación, no da para más—es tan inútil y de nivel tan bajo que en cierto modo está más allá de la moralidad. De hecho es un niño mal crecido que nunca llegará a madurar, y lo más proactivo que hace es de hecho regresivo—volver a intentar localizar a su familia, una mierda de familia que debió dejar en algún recodo de esa carretera. Su padre, o quizá no sea su padre, es un pintorzuelo dejado que vive en una caravana, y su madre, al parecer una destalentada que cometió un asesinato pasional, se pierde en el pasado en algún viejo super 8 que es la imagen inalcanzable de un cielo infantil, inalcanzable y más que dudoso. El futuro no promete más: la película acaba con River (que tampoco parecía tener mucho más criterio que su personaje) tumbado en la carretera, saqueado por dos malos samaritanos y rescatado por un buen samaritano que se lo lleva a un horizonte vaquero demasiado bonito en ese último fotograma. Es que las valoraciones de la película van un poco a voleo—el director (como algún otro personaje) parece encariñado en demasía con Mike, por una mezcla de pura piedad y de cara bonita, o por su pura indefensión— porque no da para más el chaval. Igual el director está más cerca de Scott Favor, uno de los buenos samaritanos de Mike—del cual éste se enamora, pero Scott no es homosexual y es chapero sólo por vicio, no por gusto. Scott está forrado, hijo de un alcalde, prohombre y magnate, y se mete en la mugre de la prostitución como forma de hiperreacción adolescente contra el mundo de su padre. Pero volverá a por la herencia. Esta parte de la película repite (literalmente a veces) la historia del príncipe Hal y su padre Enrique IV en la obra de Shakespeare. El personaje de Mike no pega mucho en esa historia, por cierto—no sabemos que nadie se enamorase de Hal, a no ser Falstaff. El papel de Falstaff aquí lo hace Bob Pigeon, un viejo ratero que es el jefe extraoficial de la banda de chaperos drogatas—entre Fagin y Falstaff está el hombre. El tema shakespeareano, teniendo su interés inherente (el hijo pródigo que vuelve al mundo del padre, se hace cargo de la herencia, rechaza a sus malas compañías.... etc.) rechina un tanto en varias ocasiones—sobre todo cuando caes en la cuenta de que ninguno de estos personajes tiene la menor noción de teatro clásico, pues si no se verían a sí mismos repitiendo paso por paso las escenas de Enrique IV, incluyendo el robo de Gadshill (dios mío, hasta con trajes de fraile). En fin, que la película toca muchos palos, y siempre tiene algo interesante, pero a veces no acaban de combinar bien los ingredientes del guiso. El director, como decía, parece colocarse más en el papel de Scott (Keanu Reeves), como alguien que ve ese mundo marginal desde dentro pero sabe que lo tiene superado, que madurará y saldrá de él en cuanto elija, o que ya ha salido—tiene topsight—mientras hay otros como Mike, o como River, que son desvalidos y no tienen la capacidad de abrirse camino en la vida. La de Mike, por mucho que se lo lleven al horizonte infinito de Idaho, va a ser corta, sin dirección, y vivida como en un sueño. Al fin toda vida viene a ser vivida como un sueño en una carretera infinita, igual viene de allí la fascinación que despierta el protagonista, aparte de ser delgadito y con buen peinado.

Una sombra, una ficción