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Dilettantismo y andante caballería

domingo, 18 de agosto de 2013

Dilettantismo y andante caballería

Y discordia concors. En este artículo sobre Vannevar Bush y su Memex encuentro la siguiente reflexión de Fritz Mauthner (a quien leía Beckett) justificándose por hablar de cosas en las que no era especialista:

Sin duda no soy profesional en muchas ciencias… No soy profesional en las ramas de la lógica, matemáticas, mecánica, acústica, óptica, astronomía, biología de las plantas, fisiología animal, historia, psicología, gramática, ciencia lingüística india, románica, germánica, eslava… Hace muchos años hice un cálculo. Yo necesito para mi trabajo conocimientos de 50 hasta 60 disciplinas… Para cada una de estas disciplinas precisa una cabeza acondicionada lo menos cinco años para asimilarse solamente los fundamentos de un saber profesional. Yo necesitaría, pues, unos trescientos años de incesante trabajo antes de poder comenzar a escribir mis propios pensamientos… No soy tímido ante el trabajo. Yo hubiera ocupado en ello gustoso los trescientos años, no introduciendo en juego, como se acostumbra, ante un problema de tal magnitud, la medida de la vida humana. Pero yo me decía: suerte de las disciplinas científicas, excluidas algunas pocas, es que sus leyes no duren trescientos años; que yo, pues, tras los trescientos años de trabajo hubiera sido siempre y únicamente profesional en la última y estudiada disciplina, un diletante en las disciplinas cuyos estudios quedarán unos diez o veinte años atrás y un ignorante en las demás.


Es el dilettantismo interdisciplinar (en todo menos en la Filología) el destino del filólogo, si atendemos a la definición del Diccionario de Autoridades: don quijote doré

PHILOLOGIA. s.f. Ciencia compuesta y adornada de la Gramática, Rhetórica, Historia, Poesía, Antigüedades, Interpretación de Autores, y generalmente de la Crítica, con especulación general de todas las demás Ciencias. Es voz Griega. Lat. Philologia.


Quizá la Filología así entendida sea interdisciplinar por necesidad teórica, dilettante por necesidad práctica, y omnisciente por imperativo categórico, ofreciendo una mezcla imprevisible de omnisciencia, interdisciplinariedad y dilettantismo.


Y quizá toda empresa bien emprendida requiera semejante interdiscipinariedad total, un empeño imposible, o posible por su misma imposibilidad, que le pone límites inherentes. Así definía Don Quijote los conocimientos necesarios para practicar la ciencia de la caballería andante:

—Es una ciencia—replicó Don Quijote—que encierra en sí todaso las más ciencias del mundo, a causa que el que la profesa ha de ser jurisperito, y saber las leyes de la justicia distributiva y comutativa, para dar a cada uno lo que es suyo y lo que le conviene; ha de ser teólogo, para saber dar razón de la cristiana ley que profesa, clara y distintamente, adondequiera le fuera pedido; ha de ser médico, y principalmente herbolario, para conocer en mitad de los despoblados y desiertos las yerbas que tienen virtud de sanar las heridas; que no ha de andar el caballero andante a cada triquete buscando quien se las cure; ha de ser astrólogo, para conocer por las estrellas cuántas horas son pasadas de la noche, y en qué parte y en qué clima del mundo se halla; ha de saber las matemáticas, porque a cada paso se le ofrecerá tener necesidad dellas; y dejando aparte que ha de estar adornado de todas las virtudes teologales y cardinales, decendiendo a otras menudencias, digo que ha de saber nadar como dicen que nadaba el peje Nicolás, o Nicolao; ha de saber herrar un caballo y aderezar la silla y el freno; y volviendo a lo de arriba, ha de guardar la fe a Dios y a su dama; ha de ser casto en los pensamientos, honesto en las palabras, liberal en las obras, valiente en los hechos, sufrido en los trabajos, caritativo con los menesterosos, y, finalmente, mantenedor de la verdad, aunque le cueste la vida el defenderla. De todas estas grandes y mínimas partes se compone un buen caballero andante; por que vea vuesa merced, señor don Lorenzo, si es ciencia mocosa lo que aprende el caballero que la estudia y la profesa, y si se puede igualar a las más estiradas que en los ginasios y escuelas se enseñan. (II.xviii)


En Filología (o al menos en la filología que a mí me gusta, quizá un tanto filosófica o especulativa, quizá mejor diga ensayística) interesa especialmente la capacidad de sintetizar y analizar, y ello para poder hallar elementos comunes y diferencias relevantes entre los fenómenos estudiados. Enlazar una idea con otra—y así Janet Murray, en The New Media Reader, relaciona a Borges con los hipertextos. La filosofía del enlace y la asociación es crucial en el pensamiento, y en el pensamiento sobre el pensamiento, y sobre eso escribí algo en Training the Train of Ideas. Si no es reflexiva la Filología—como regreso retrospectivo, cum differentia, a unos textos que de por sí son ya interpretación y reflexión... ¿qué podria serlo?

En el excurso de hoy quería comentar, y analizar y relacionar, este fragmento de Kenneth Burke. Viene de A Grammar of Motives (192) y lo cita Stephen Bygrave en Kenneth Burke: Rhetoric and Ideology, p. 98:

The great departures in human thought can be eventually reduced to a moment when the thinker treats as opposite, key terms formerly considered apposite, or v.v. So we are admonished to be on the look-out for those moments when strategic synonymizings or desynonymizings occur. And, in accordance with the logic of our ratios, when they do occur, we are further admonished to be on the look-out for a shift in the source of derivation, as terms formally derived from different sources are now derived from a common source, or v.v.


Se observará que enfatiza Kenneth Burke el carácter estratégico o heurístico podríamos decir de estas investigaciones, interesantes no sólo o no tanto por lo que descubren, sino más bien por lo que posibilitan, las nuevas rutas que abren.

Me hace pensar la reflexión de Burke en la contraposición entre síntesis y análisis, tal como se encuentra por ejemplo en la oposición entre pensamiento sintético y pensamiento analítico tal como la apuntaba Hobbes en su comentario sobre la fantasía y el juicio racional. Para Hobbes (en el prefacio al Gondibert de Davenant), la fantasía ve similaridades entre cosas disimilares—la metáfora sería un buen ejemplo de este proceder—mientras que el juicio racional es una operación analítica, encuentra diferencias entre cosas superficialmente similares. La identificación de estos dos principios analítico y sintético con la racionalidad y la fantasía es desde luego una simplificación, pero (una vez más) debemos apreciar lo que posibilita en su momento, en tanto que un primer intento de una teoría psicológica de la imaginación y de la poesía.

También en la tradición crítica inglesa, Wordsworth y Coleridge (en parte caracteres similares, y opuestos) teorizaron esta dialéctica entre identidad y diferencia en el pensamiento poético. La imaginación, para Coleridge, es una fuerza integradora de opuestos, buscando un equilibrio de contrarios. Según Wordsworth (en su prólogo a Lyrical Ballads) hace extraño lo que es familiar y familiariza lo que es extraño—todo un precedente de la teoría de la desfamiliarización de Shklovsky y los formalistas rusos. Esta dialéctica de familiarización y desfamiliarización (identidad de opuestos, y diferencia de una cosa consigo misma o con su imagen habitual) iba a ser el plan de la colaboración de los dos poetas en las Lyrical Ballads que iban a escribir conjuntamente. Wordsworth había de tratar con temas de la vida cotidiana, con un realce imaginativo que llevase a intuir una presencia de un elemento sobrenatural o desconocido; Coleridge habría de desarrollar temas fantásticos (como hace en "The Ancient Mariner") infundiéndoles imaginativamente el barniz de lo cotidiano, para producir un efecto de credibilidad, o lo que él llamaba the willing suspension of disbelief. Sea como sea, señala Coleridge, el poeta ha de unir a una capacidad de observación exacta el poder modificador de la imaginacióin, mezclando lo viejo y lo nuevo de tal manera que la frescura de las sensaciones esté siempre presente en el poema (sigo aquí la exposición de Wimsatt y Brooks en Literary Criticism). Otras derivaciones de esta noción de la imaginación como una integración de opuestos se encuentra en otras conceptualizaciones críticas de Coleridge; será tal vez el mayor inspirador decimonónico de los nuevos críticos. La tensión dialéctica de los opuestos, como en el arco y en la lira que diría Octavio Paz, es crucial en esta poética de la creatividad. La expresión sobre el arco y la lira viene de Heráclito—en Conectando con Heráclito el Oscuro divago un poco más sobre la inspiración en Heráclito de esta harmonía que viene de conectar lo inconexo.

A lo que voy es que para que salgan a la luz conexiones interesantes, en poesía y en filosofía, en ciencia y en arte y en todo tipo de creación y pensamiento—hace falta tanto conocimiento experto como dilettantismo, u osadía tal vez... un poco de chifladura a lo Don Quijote, que unía entreveradamente razón y disparate. O quizá igualmente sirva el efecto eureka de lo inesperado, o de la serendipia, que crea una conexión donde no la había, y donde pedía estar. Y la conexión se crea en la cabeza, antes de estar en el mundo. En buena medida, nunca sale de la cabeza, y la mayoría de las conexiones y oposiciones del universo en que vivimos son objetos mayormente mentales, no más verdad que ficción, líneas imaginarias que trazamos entre los objetos para ordenar el mundo.

Algo parecido —la realidad como realidad virtual— sugería Kenneth Burke en su ensayo sobre "Las cosas significan palabras", en Language as Symbolic Action. Aquí lo comento. Y volviendo al texto de A Grammar of Motives sobre sinonimización o des-sinonimización (lumpers y splitters, podríamos llamarlos)—otra cosa que me trae a la cabeza (conecta conecta), con la que podría estar relacionado. Es el famoso dictum desconstructivista, derrideano, sobre la falaz naturaleza de las oposiciones polares o pares binarios—aunque Burke establece un par binario entre sinonimización y des-sinonimización, o síntesis y análisis, recordemos que ve en su acción una distinción operativa o estratégica, más que captadora de esencias inmutables.  El dictum a que me refiero lo glosaba Barbara Johnson (d.e.p.) en forma de máxima: the difference between is the difference within. Y esto lleva a ver la oposición polar de una cosa consigo misma, o su identidad o diferencia consigo misma, según se contemple. La diferencia entre el día y la noche, o el animal y el hombre. Como se ve la oposición polar es engañosa; el día no sólo se opone a la noche, sino que se opone a sí mismo, interiormente, en día-noche. Y el hombre es animal, además de ser lo contrario de los animales. De la misma manera, supongo, sería desconstruible la oposición entre análisis y síntesis. ¿El parecido con la tesis de Burke? Nada hay más sinónimo con algo, o más idéntico a algo, que ese algo mismo. Pero con un examen más detallado, surge la diferencia interior, y el juego de lo otro dentro de lo mismo.

Por cerrar la especulación, diré que tampoco hay diferencia tajante ni inamovible entre la especulación como razonamiento serio, y la especulación como vapores divagantes del pensamiento, ni entre la ciencia dura y la semiología blanda, ni entre el ensayo y la filosofía. Tampoco, en última instancia, entre la locura y la razón. Diferencias hay, claro, pero no están todas donde pensábamos que estaban. Ni ellas, ni los parecidos.

The Road to Xanadu 
 


El animal grupal y su identidad

miércoles, 14 de agosto de 2013


El animal grupal y su identidad

Dos interesantes entrevistas sobre sociología y sociobiología humana en La nueva ilustración evolucionista:

El animal grupal -
entrevista con Linnda Caporael. Y La identidad social - entrevista con José Francisco Morales.

Aparte, me estoy leyendo Behavior in Public Places, de Erving Goffman—no menos ilustrativo sobre lo que hacemos cuando dejamos de teclear, e incluso aquí mismo. Siempre estamos en sociedad—aunque sea sin llegar al extremo de Abby y Brittany.


Equipos y sujetos... al equipo



Dancing Monkeys

lunes, 12 de agosto de 2013

Dancing Monkeys

Finished Gillian Flynn's Gone Girl, with the couple of Nick and Amy well on the way to becoming the happiest nuclear family, at least from the outside. A view on other couples when they were a happy New York couple, before "everything happened". The dancing monkeys passage, a recipe to marital bliss one way or the other:

Nick and I, we sometimes laugh, laugh out loud, at the horrible things women make their husbands do to prove their love. The pointless tasks, the myriad sacrifices, the endless small surrenders. We call these men the dancing monkeys.

Nick will come home, sweaty and salty and beer-loose from a day at the ballpark, and I'll curl up in his lap, ask him about the game, ask him if his friend Jack had a good time, and he'll say, "Oh, he came down with a case of the dancing monkeys—poor Jennifer was having a 'real stressful week' and really needed him at home."

Or his buddy at work, who can't go out for drinks because his girlfriend really needs him to stop by some bistro where she is having dinner with a friend from out of town. So they can finally meet. And so she can show how obedient her monkey is: He comes when I call, and look how well groomed!

 
 

Wear this, don't wear that. Do this chore now and do this chore when you get a chance and by that I mean now. And definitely, definitely, give up the things you love for me, so I will have proof that you love me best. It's the female pissing contest—as we swan around our book clubs and our cocktail hours, there are few things women love more than being able to detail the sacrifices our men do for us. A call-and-response, the response being: "Ohhh, that's so sweet."

I am happy not to be in that club. I don't partake, I don't get off on emotional coertion, on forcing Nick to play some happy-hubby role—the shrugging, cheerful, dutiful taking out the trash, honey! role. Every wife's dream man, the counterpart to every man's fantasy of the sweet, hot, laid-back woman who loves sex and a stiff drink.

I like to think I am confident and secure and mature enough to know Nick loves me without him constantly proving it. I don't need pathetic dancing-monkey scenarios to repeat to my friends; I am content with letting him be himself.

I don't know why women find that so hard.

desnudando a los clásicos


Second-hand Firsthand

Morir por parcelas

viernes, 26 de julio de 2013

Morir por parcelas

"Morir por parcelas" es una expresión de Ramón y Cajal; quejándose de la decadencia de la vejez, quería el viejo científico que muriésemos de una vez, y no por parcelas. Por aquí estábamos oyendo una bonita mañana esta conferencia de Victoria Camps sobre bioética y sobre el envejecimiento:

http://www.march.es/conferencias/anteriores/voz.aspx?id=2863&l=1

Propone Camps, a la vez, como Ramón y Cajal, que la ciencia nos ayude a envejecer mejor, a mantenernos mejor en edad avanzada, y que nos ayude también a morir. Un problema de equilibrio o ajuste fino irresoluble en última instancia, porque nadie que siga tirando tolerablemente quiere morir de una vez. La única manera en que nos podemos hacer agentes de nuestro envejecimiento (tal es el ideal propuesto por Camps) es siendo pacientes—agentes pacientes. Conociendo lo que hay y puede haber, y aceptando que nuestra capacidad de acción es limitada.

Me temo por tanto que más bien hay que resignarse a morir por parcelas. Aunque los accidentes ayuden a veces, llegado el caso—pero no puede uno fiarse de ellos. Igual que hay que aceptar la mortalidad y a la finitud, hay que aceptar su aplicación práctica, resignándose a pagar la muerte a plazos, cómodos primero y más incómodos luego.

Y en realidad empezamos a morir por parcelas desde bastante pronto, cuando nuestra vida toma una dirección determinada, o medimos nuestros límites, y vamos adquiriendo nuestra forma definitiva. Morir es caminar larga jornada.

 


(Malas noticias para el pequeño Oscar)

Second-hand firsthand

domingo, 21 de julio de 2013

Second-hand Firsthand

When life's just one big cliché. On a feeling of déjà-vu which we may have experienced before...

I'm reading these days, courtesy of Random House, an excellent thriller by Gillian Flynn, Gone Girl. It's got among other virtues a keen sense of the contemporary and its feel. Being, among other things, a novel of bankrupt America and of the many crises triggered off or spin-dried by the Internet.  Watch this page spoken or thought or narrated by Nick, the protagonist with the killer smile, on a  sensation unique to our post-contemporary and hyper-mediated world. The sensation that you are (indeed) a gadget, and that your whole experience has been designed and archived and tagged elsewhere, a claustrophobic glass box mapping out all possible perceptions and feelings as intertextual nodes in a net which imprisons the mind. A malaise of over-information in a hypermediated environment, the world experienced as a Google Image Search or channel surfing through MTV, Al-Jazeera and Discovery Channel. Been there - Done that... or at least that's what we feel:secondhand firsthand


The bankruptcy matched my psyche perfectly. For several years, I had been bored. Not a whining, restless child's boredom (although I was not above that) but a dense-blanketing malaise. It seemed to me there was nothing new to be discovered ever again. Our society was utterly, ruinously derivative (although the word derivative as a criticism is itself derivative). We were the first human beings who would never see anything for the first time. We stare at the wonders of the world, dull-eyed, underwhelmed. Mona Lisa, the Pyramids, the Empire State Building. Jungle animals on attack, ancient icerbergs collapsing, volcanoes erupting. I can't recall a single amazing thing I have seen firsthand that I didn't immediately reference to a movie or TV show. A fucking commercial. You know the awful singsong of the blasé: Seeeen it. I've literally seen it all, and the worst thing, the thing that makes me want to blow my brains out, is: The secondhand experience is always better. The image is crisper, the view is keener, the camera angle and the soundtrack manipulate my emotions in a way reality can't anymore. I don't know that we are actually human at this point, those of us who are like most of us, who grew up with TV and movies and now the Internet. If we are betrayed, we know the words to say; when a loved one dies, we know the words to say. If we want to play the stud or the smart-ass or the fool, we know the words to say. We are all working from the same dog-eared script.
    It's a very difficult era in which to be a person, just a real, actual person, instead of a collection of personality traits selected from an endless Automat of characters.
    And if all of us are play-acting, there can be no such thing as a soul mate, because we don't have genuine souls.
    It had gotten to the point where it seemed like nothing matters, because I'm not a real person and neither is anyone else.
    I would have done anything to feel real again. (98-99)


Perhaps Nick might have vented his thirst for reality and authentic experience by writing fiction, or doing something creative, but although he's a narrator he is no novelist, the narration takes place from one of those virtual no-nowhere literary limbos. Anyway this complaint rings a bell. Which bell? This one:

The world is too much with us; late and soon,
  Getting and spending, we lay waste our powers;
  Little we see in Nature that is ours;
We have given our hearts away, a sordid boon!

This Sea that bares her bosom to the moon,
  The winds that will be howling at all hours
  And are up-gather'd now like sleeping flowers,
For this, for everything, we are out of tune;

It moves us not.- Great God!  I'd rather be
  A Pagan suckled in a creed outworn,
So might I, standing on this pleasant lea,

  Have glimpses that would make me less forlorn;
Have sight of Proteus rising from the sea;
  Or hear old Triton blow his wreathéd horn.


Nick's complaint about the damage to the soul from the revolution of electronic mass media echoes in a familiar way Wordsworth's complaint, two hundred years earlier, against the disenchantment of the world as a result of the commercial spirit fostered by the Industrial revolution. This internalization of "getting and spending" was to set the scene for a long time to come. We're still there. Indeed, perhaps we have always been there, alienated from an idea of ourselves, from the moment we grew up. But although the substance of our alienation may be much the same, the shape it takes is the shape of the container—always the present, always unforeseen the actual traps it sets for the soul, and never being what it was supposed to be. It's not just financial bankruptcies that catch expectations unawares.

Internet en 1908



SECOND-HAND FIRSTHAND at Ibercampus.


Estrategia vestimentaria y velado de información

lunes, 15 de julio de 2013

Estrategia vestimentaria y velado de información

El burka, el niqab, el hiyab y los velos varios son prendas islámicas casi uniformemente abucheadas en Occidente. Sin embargo, ha de haber debate, y así entre el coro de condenas e imprecaciones se oye alguna voz (mayormente islámica) a favor, y por ser ecuánimes, también hay quien reconoce elementos positivos en esta vestimenta, aun si son sobradamente contrapesados por los negativos. Dejaré de lado la cuestión de si ha de respetarse el derecho de la incumbente a llevar la indumentaria que le parezca, aun a costa de ir por ahí luciendo su opresión y su alienación a la par que su "derecho a decidir." En tanto que prendas que velan algo, y uniformizan, tienen cierta ventaja se dice a veces para las feas, y para las guapas, poniéndolas a todas en pie de igualdad y a salvo de  miradas valorativas, ya sean para bien y para mal. Es decir, le proporcionan a la usuaria una cierta capacidad de control sobre su presentación pública, paradójicamente en la misma medida en que se la quitan. No se ven obligadas a seguir la moda ni a lucir calidad, aunque no lo duden que hasta en burkas habrá calidades y modas. Y cuanto más se tapa una más se libera una de sí, para bien y para mal, es el lado zen del islam.

Esta dimensión de control informativo por parte de la usuaria se subestima a menudo, ante la cuestión más llamativa del control de las mujeres por parte de los hombres en el mundo musulmán. Pero tiene su intríngulis, visto que toda acción tiene su reacción y sus efectos imprevistos y toda cara su cruz. Tanto la opresión del velo como la liberación del mismo—liberación muy difícil en muchos contextos en los países musulmanes. Allí las mujeres pueden aspirar todo lo más a la dimensión de libertad que da la conformidad, y se les puede aplicar a sus estrategias vestimentarias esta reflexión de Goffman sobre la semiosis involuntaria del cuerpo:

Aunque un individuo puede parar de hablar, no puede parar de comunicarse con lenguaje corporal; debe decir lo correcto, o lo incorrecto. No puede no decir nada. Paradójicamente, la manera en que puede proporcionar la menor cantidad de información sobre sí—aunque todavía sea considerable—es amoldarse y actuar como se espera que actúen las personas de su clase. (El hecho de que la información sobre el propio sujeto pueda contenerse de esta manera es una de las razones para mantener las convenciones apropiadas). (Behavior in Public Places 35).


Lo mismo se aplica al traje de corbata, a las modas intemprales, a los pantalones vaqueros... y a los atuendos moros, cada cual en su ámbito. Un aspecto convencional da un mínimo de información al observador, y por tanto una cierta superioridad informativa al sujeto vestimentario. Otra cuestión es que sepa utilizarla en provecho propio.

Mírame a los ojos

Man Never Is

miércoles, 26 de junio de 2013

Man never Is

Otro comentario sobre la serie Evolución y Sociabilidad que aparece en Sapiens de Eudald Carbonell. Aquí manifiesto mi escepticismo hacia los sueños transhumanos de perfeccionamiento que expone el autor:

Una frase problemática del artículo de Carbonell: "aún no hemos encontrado el camino que nos permitirá ser verdaderamente humanos". Quizá debería decir "transhumanos", como apunta la última frase del artículo, o quizá alguna variante de lo que se llama posthumanos o del Superhombre de Nietzsche. A lo que voy es que no se puede decir que los seres humanos no sean "propiamente humanos" todavía; llevan siéndolo desde que aparecieron, si bien con las modalidades propias de su momento evolutivo e histórico. ¿Que hay cosas en esa naturaleza humana que no nos gustan, y que queremos cambiar? Eso es otra cosa. Las cambiaremos si podemos (nunca al gusto de un individuo particular ni según sus previsiones, me temo)— pero el caso es que en la definición de lo que es ser humano entran muchos ingredientes no por desagradables menos reales o definitorios para la constitución de lo que es ser humano realmente (no idealmente). Entre ellos, el tribalismo, el pensamiento lleno de falacias egocéntricas o antropocéntricas, el perspectivismo tendencioso que nos lleva a la percepción selectiva, al barrer para casa; las tendencias al nepotismo y al amiguismo.... No es que "no sea propiamente humano", más bien es "humano demasiado humano". Hay muchas cosas desagradables en los humanos, y no estaremos aquí nosotros ni nuestros nietos cuando desaparezcan estos ingredientes incómodos de la humanidad. De hecho sospecho que desaparecerán únicamente con la desaparición de la humanidad: ya somos, mayormente, como vamos a ser—siempre mejorando lo presente. Aunque no perdamos la esperanza, ya lo decía Pope:

“Hope springs eternal in the human breast;
Man never Is, but always To be blest.
The soul, uneasy, and confin'd from home,
Rests and expatiates in a life to come.”

(Como a veces se entiende mal, traduzco y parefraseo: "La esperanza brota eterna en el corazón humano; el hombre nunca alcanza la felicidad perfecta; antes bien está siempre por alcanzarla. El alma, inquieta y  encerrada fuera de su hogar, descansa y se explaya en una vida futura).

La perfección siempre está en el futuro imaginado, nunca estará en un presente. Quizá esta idea del transhumanismo sea la versión ilustrada del viejo sueño de transcendencia de las imperfecciones humanas en un porvenir ultraterrenal. No diré que no sea un sueño bonito, pero me lo ponen en el más allá.


Tesis sobre el autoengaño

La regla de oro de la lista académica

lunes, 24 de junio de 2013

La regla de oro de la lista académica

Por lo que vengo observando hasta ahora, la promoción no solicitada del propio trabajo en una lista académica sigue una norma implícita que casi podríamos llamar una regla de oro. Cualquier escrito propio anunciado en una lista de correo electrónico académica (la de AEDEAN, pongamos) debe ser ofrecido a los suscriptores de la lista sólo cobrando. Otra actitud ni es seria ni es académica. Anunciar un escrito propio a los suscriptores de la lista es en principio un ejercicio patético de egocentrismo. Salvo, claro está, si se pide dinero a cambio.  El acto mismo de ofrecer, adjunta al correo, una copia en PDF del libro o artículo publicado en sitio de pago sería de una presunción inaceptable—conviene no hacerlo para no caer en el descrédito que merecen las personas que buscan atraer la atención sobre sí mismas. Los trabajos en repositorios académicos cuidarán de sí mismos—últimamente ya va siendo aceptable subir las publicaciones a la red, mientras no se mencione demasiado la cuestión.

No puedo creer que la auri sacra fames esté detrás de estas actitudes. Parece más bien una cuestión de imagen. ¿No será todo esto señal de una inseguridad, un temor a la pérdida de la precaria aura académica? Además de evidenciar un conformismo ambiental, con la disciplina de la disciplina me refiero, de un nivel realmente notable, por no decir atroz.

Claro que tampoco sería habitable un mundo en el que todos anunciásemos todo lo que escribimos—igual no es mala solución lo de la regla de oro, que viene a querer decir, por otra parte, "esto que publico y que anuncio le ha gustado o parecido bien a un colega o dos, o por lo menos eso dicen que le han dicho a un tercero (aunque éste se ha comprometido a mantener sus nombres en secreto). Y hasta hay dinero, real o imaginario, de por medio, exigible por leer mis escritos". O, quizá, dicho de otro modo, "Mi modestia me impediría llamarles la atención sobre mis escritos, pero el caso es que hay gente que paga por leerlos, así que me he permitido llamarles la atención al respecto... por si les parece reseñable la cosa. O por si desean Vds. también pagar por leerlos, ya que lo que unos hacen, otros también suelen querer hacerlo, la atención crece como una bola de nieve, vous savez."


Es lo que se entiende por publicación realmente académica. Una gestión mínimamente aceptable de la atención. Hoy por tí, y mañana por mí—nos cubrimos las espaldas, y salvamos además la cara dignidad.

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La regla de oro de la lista académicaen Ibercampus.

Estamos por encima de la media