Blogia
Vanity Fea

Cómo somos

Blindness to the Future, Kindly Given

martes, 4 de junio de 2013

Blindness to the Future, Kindly Given

Fábula de "El cerdo, el carnero y la cabra" de Samaniego:



Poco antes de morir el corderillo
Lame alegre la mano y el cuchillo
Que han de ser de su muerte el instrumento,
Y es feliz hasta el último momento.
Así, cuando es el mal inevitable,
Es quien menos prevé más envidiable.
Bien oportunamente mi memoria
Me presenta al Lechón de cierta historia.
Al mercado llevaba un carretero
Un Marrano, una Cabra y un Carnero.
Con perdón, el Cochino
Clamaba sin cesar en el camino:
«¡Ésta sí que es miseria!
Perdido soy, me llevan a la feria.»
Así gritaba; mas ¡con qué gruñidos!
No dio en su esclavitud tales gemidos
Hécuba la infelice.
El carretero al gruñidor le dice:
«¿No miras al Carnero y a la Cabra,
Que vienen sin hablar una palabra?»
«¡Ay, señor, le responde, ya lo veo!
Son tontos y no piensan.Yo preveo 
Nuestra muerte cercana.
A los dos por la leche y por la lana
Quizá no matarán tan prontamente;
Pero a mí, que soy bueno solamente
Para pasto del hombre... no lo dudo:
Mañana comerán de mi menudo.
Adiós, pocilga; adiós, gamella mía.»
Sutilmente su muerte preveía.
Mas ¿qué lograba el pensador Marrano?
Nada, sino sentirla de antemano.
El dolor ni los ayes es seguro
Que no remediarán el mal futuro.

(Samaniego, Fábulas)

Aparte del tema común con el Essay on Man de Pope, participa la fábula de ciertos motivos compartidos con la canción yiddish "Dana dana". Allí la golondrina tiene previsión, pero también alas para escapar a su destino.



Evolución del infanticidio

martes, 19 de marzo de 2013

 

Evolución del infanticidio

Según Darwin (Charles). Un pasaje de su libro sobre la selección sexual; en concreto sobre los factores que modifican la selección sexual entre los salvajes y los bárbaros. Hoy en día hemos adelantado mucho, hemos cambiado el infanticidio por la anticoncepción—y por el aborto, claro.

Infanticidio. Esta práctica es ahora muy común en todo el mundo, y hay razones para creer que estaba mucho más extendida en épocas anteriores. Los bárbaros encuentran difícil sostenerse a ellos y a sus hijos, y un método sencillo es matar a los niños. En América del Sur algunas tribus, según Azara, destruían antaño a tantos niños de ambos sexos que estuvieron al borde de la extinción. Se sabe que en las islas de la Polinesia las mujeres han matado desde cuatro o cinco hasta diez de sus hijos, y Ellis no pudo encontrar ni una sola mujer que no hubiera matado al menos uno. En una aldea de la frontera oriental de la India, el coronoel MacCulloch no encontró ni una sola niña. Allí donde el infanticidio domina, la lucha por la existencia será menos grave, y todos los miembros de la tribu tendrán una oportunidad casi igualmente buena de criar a los pocos hijos supervivientes. En la mayoría de los casos se elimina un número mayor de niñas que de niños, porque es evidente que éstos son de mayor valor para la tribu puesto que, cuando sean mayores, ayudarán a defenderla y pueden mantenerse. Pero las dificultades que las mujeres padecen cuando crían a los hijos, la consiguiente pérdida de su belleza, la mayor estima que se deposita en ellos cuando son pocos y su destino más halagüeño, son motivos adicionales para el infanticidio, según reconocen las mismas mujeres y diversos observadores.

Cuando, debido al infanticidio femenino, las mujeres de una tribu eran pocas, el hábito de capturar esposas de ls tribus vecinas habría surgido de modo natural. Sin embargo, como hemos visto, sir John Lubbock atribuye la práctica en gran medida a la existencia previa de matrimonio comunal, y a que en consecuencia los hombres capturaban mujeres de otras tribus para tenerlas como propiedad única. Se podrían asignar causas adicionales, como que las comunidades eran muy pequeñas, en cuyo caso las mujeres en edad casadera serían a menudo deficitarias. El que esta costumbre se practicaba de manera muy gneeral en épocas pretéritas, incluso por los antepasados de los países civilizados, lo demuestra claramente la conservación de muchas costumbres y ceremonias curiosas, de las que mister M'Lennan ha ofrecido una interesante relación. En nuestros propios matrimonios, el "padrino de boda" parece haber sido originalmente el principal instigador del novio en el acto de la captura. Ahora bien, mientras los hombres se procuraban habitualmente las esposas mediante violencia y astucia, se habrían contentado con capturar a cualquier mujer y no habrían seleccionado a las más atractivas. Pero tan pronto como la práctica de procurarse esposas de una tribu distinta se consiguió mediante el trueque, tal como en la actualidad ocurre en muchos lugares, genralmente se habrían comprado las mujeres más atractivas. Sin embargo, el cruzamiento incesante entre tribu y tribu, que necesariamente se sigue de cualquier forma de dicha costumbre, habría tendido a mantener a todas las personas que vivieran en el mismo país casi uniformes en sus caracteres, y ello habría interferido con el poder de la selección sexual a la hora de diferenciar las tribus. 

La escasez de mujeres, consecuencia del infanticidio femenino, conduce asimismo a otra práctica, la de la poliandria, todavía común en diversas partes del mundo, y que antaño, según cree mister M'Lennan, predominaba de manera casi universal; pero esta última conclusión la ponen en duda mister Morgan y sir John Lubbock. Siempre que dos o más hombres se vean obligados a casarse con una mujere, es seguro que todas las mujeres de la tribu se casarán, y no habrá selección por parte de los hombres de las mujeres más atractivas. Pero en estas circunstancias, sin duda las mujeres tendrán la capacidad de elección, y preferirán a los hombres más atractivos. Azara, por ejemplo, describe cuán detenidamente una mujer guana regatea para obtener toda suerte de privilegios, antes de aceptar a uno o más maridos; y, en consecuencia, los hombres prestan un cuidado inusual a su aspecto personal. Asimismo, entre los toda de la India, que practican la poliandria, las muchachas pueden aceptar o rechazar a cualquier hombre. En estos casos, un hombre muy feo quizá no consiga nunca una esposa, o laa consiga a una edad avanzada, pero los hombres más hermosos, aunque tendrán más éxito a la hora de conseguir una esposa, no dejarán más descendientes, hasta donde sabemos, que hereden su belleza que los maridos menos bellos de las mismas mujeres. 

Compromismos tempranos y esclavitud de las mujeres. En muchos salvajes es costumbre comprometer en matrimonio a las mujeres cuando todavía son niñas, y ello impediría efectivamente que se ejerciera preferencia, por una y otra parte, en función del aspecto personal. Pero no impediría que las mujeres más atractivas fueran posteriormente raptadas o tomadas a la fuerza de sus maridos por los hombres más poderosos; esto es lo que ocurre con frecuencia en Australia, América y otros lugares. Las mismas consecuencias con referencia a la selección sexual se producirían en cierta medida cuando las mujeres son valoradas casi exclusivamente como esclavas o bestias de carga, como ocurre con muchos salvajes. Sin embargo, los hombres preferirán en todos los casos a las esclavas más hermossas según su patrón de belleza.

Vemos así que entre los salvajes predominan determinadas costumbres que han de interferir mucho con la acción de las selección sexual, o frenarla totalmente. Por otra parte, las condiciones de vida a las que se hallan sometidos los salvajes, y algunas de sus cosstumbres, son favorables a la selección natural; y ésta entra en juego al mismo tiempo que la selección sexual. Se sabe que los salvajes padecen mucho más de hambrunas recurrentes; no aumentan su comida por medios artificiales, raramente evitan casarse y por lo general se casan siendo jóvenes. En consecuencia, deben estar sometidos a fuertes pugnas ocasionales por la existencia, y sólo sobrevivirán los individuos favorecidos.

En un período muy temprano, antes de que el hombre alcanzara su actual situación en la escala, muchas de sus condiciones debían ser diferentes de las que en la actualidad prevalecen entre los salvajes. A juzgar por la analogía de los animales inferiores, entonces o bien vivía con una única hembra, o bien era polígamo. Los machos más vigorosos y capaces serían los que mejor obtuvieran hembras atractivas. También tendrían más éxito en la lucha general por la vida, y en defener a sus hembras, así como a sus descendientes ante toda clase de enemigos. En este período primitivo, los antepasados del hombre no debían estar lo bastante avanzados en intelecto como para prever contingencias distantes; no podían barruntar que criar a todos sus hijos, en especial a sus hijas, haría que la lucha por la existencia fuera más severa para la tribu. Estarían gobernados más por sus instintos y menos por la razón que los salvajes de la actualidad. En aquel período no habrían perdido parcialmente uno de los institos más poderosos, común a todos los animales inferiores, a saber, el amor por sus hijos pequeños, y en consecuencia no habrían practicado el infanticidio femenino. Así, las mujeres no se habrían hecho escasas y no se habría practicado la poliandria; porque apenas ninguna otra causa, excepto la escasez de mujeres, parece suficiente para quebrar el sentimiento natural y ampliamente dominante de los celos y el deseo de cada macho de poseer una hembra para sí. La poliandria sería un escalón natural para los matrimonios comunales o las uniones casi promiscuas, aunque las mejores autoridades creen que este último hábito precedió a la poliandria. Durante los tiempos primordiales no debía haber compromisos matrimoniales tempranos, porque ello implica previsióin. Tampoco las mujeres debían valorarse simplemente como esclavas útiles o bestias de carga. Ambos sexos, si a las hembras se les permitía igual que a los machos ejercer alguna selección, elegirían a sus parejas no por sus encantos mentales, o por la propiedad o la posición social, sino casi exclusivamente por su aspecto externo. Todos los adultos se casarían o se emparejarían, y todos los hijos, hasta donde fuera posible, se criarían, de modo que la lucha por la existencia sería periódicamente severísima. Así, durante estas épocas, todas las condiciones para la selección sexual habrían sido más favorables que en un período posterior, cuando el hombre había progresado en sus facultades intelectuales pero había retrocedido en sus instintos. Por lo tanto, sea cual fuere la influencia que la selección sexual tuviera en producir las diferencias entre las razas del hombre, y entre el hombre y los Cuadrumanos superiores, dicha influencia habría sido más poderosa en un período remoto que en el momento actual, aunque probablemente todavía no se ha perdido del todo.

La ostentación de inutilidad

domingo, 17 de marzo de 2013

La ostentación de inutilidad

Para hacer ostentación de nuestra distinción social, no sólo necesitamos hacer ostentación de nuestro ocio, y de lo inútil y caro de nuestras actividades y posesiones; también se requiere probar de diversas maneras que el tiempo que pasamos fuera de la observación de otros ociosos (o no ociosos) también lo dedicamos estrictamente al ocio, y no a nada productivo. Del prólogo de Carlos Mellizo a la Teoría de la Clase Ociosa de Thorstein Veblen:

Todos los seres humanos, impulsados por el estímulo de supervivencia, poseemos ese instinto creativo y ese congénito afán de emulación [referido al trabajo: el instinto de trabajo eficaz]. En una sociedad de "salvajismo pacífico"—como Veblen la llama—, previa a la etapa bárbaro-depredadora, el tipo de emulación, en especial el tipo de emulación económica que existía entre los miembros del grupo, era principalmente una emulación en punto a utilidad laboral. Se trataba, en definitiva, de probar el prójimo, mediante el establecimiento de comparaciones emulativas, que el trabajo propio era mejor y más útil que el ajeno. Pero en el proceso evolutivo de la especie sucede lo siguiente:

Cuando la comunidad pasa de un salvajismo pacífico a una fase depredadora de vida, las condiciones de emulación cambian. (...) Mas y más la actividad de los varones adopta un carácter de proeza. (...) La agresión se convierte en la forma acreditada de acción, y el botín sirve de evidencia prima facie de una agresión triunfal. (...) Por contraste, la obtención de bienes haciendo uso de otros métodos [es decir, trabajando] no se considera digna de un hombre que esté en pleno uso de sus facultades. Por la misma razón, la realización de un trabajo productivo o el empleo en un servicio personal caen bajo ese mismo odio.  (...) El trabajo adquiere un carácter irritante a causa de la indignidad que se le imputa.

Pues bien, esa herencia proveniente de la cultura bárbara que sólo reconoce como honorable y digno el hábito de dominio triunfal y que desprecia la ocupación laboral productiva por ser tarea envilecedora y odiosa, reaparece atávicamente, en las comunidades más civilizadas de la época moderna. 
napoleon sarkoLa comparación odiosa que es propia de la cultura depredadora no va dirigida a probar que se trabaja mejor que el vecino y con resultados más beneficiosos y útiles; de hecho se trata de probar queno se trabaja, o que se trabaja menos que él, a pesar de tener más riqueza y poder. En la secuencia de la evolución cultural, esa clase neo-bárbara—antaño representada por el señor devoto, cazador y soldado— emerge una vez más bajo la forma de clase ociosa, cuyos rasgos, como pronto veremos, coinciden esencialmente con los de aquélla.

El surgir de la clase ociosa está vinculado, dice Veblen, al hecho de la propiedad. Lo mismo que en la cultura bárbara la apropiación fundamental del varón dominador consistía en tener mujeres y esclavos, la nueva cultura sigue una pauta semejante, con la única diferencia de que ahora la propiedad incluye una notable variedad de bienes; no se limita a la posesión de personas, sino que se extiende también a la de cosas. La riqueza se conveierte, así, en símbolo máximo de reputación honorífica. El proceso económico asume entonces el carácter de una lucha entre hombres—fundamentalmente entre varones—por la posesión de bienes dirigios a aumentar su buen nombre. Veblen mantiene que la acumulación de riqueza se busca, no tanto para mejorar el nivel de comodidades como para poder competir victoriosamente con los prójimos en punto a reputación y prestigio. "El móvil que subyace en la raíz de la propiedad es la emulación". "La posesión de riqueza confiere honor; da lugar a una distinción odiosa para el que no posee tal riqueza". 


Desde su origen mismo—insiste Veblen—, la propiedad no fue concebida en la cultura bárbara como conjunto de cosas útiles obtenidas con propósitos de mejora, sino como botín o trofeo capturado en el ataque victorioso. Se tienen cosas y personas para hacer alarde de ellas. Y es así como, gradualmente, con el crecimiento de la industria y el desarrollo económico, la acumulación de propiedades trae consigo el renacimiento del sistema valorativo arcaico. La posesión de riqueza por parte de la clase opulenta (como antes la posesión de trofeos de caza y botines de guerra por parte del señor feudal) deviene base acostumbrada de reputación y estima.


A Digression on Vanity

MARTES, 12 DE MARZO DE 2013

A Digression on Vanity

From Henry Fielding's Joseph Andrews (Vol. 1, ch. 15):

O Vanity! how little is thy force acknowledged, or thy operations discerned! How wantonly dost thou deceive mankind under different disguises! Sometimes thou dost wear the face of pity, sometimes of generosity: nay, thou hast the assurance even to put on those glorious ornaments which belong only to heroic virtue. Thou odious, deformed monster! whom priests have railed at, philosophers despised, and poets ridiculed; is there a wretch so abandoned as to own thee for an acquaintance in public?—yet, how few will refuse to enjoy thee in private? nay, thou art the pursuit of most men through their lives. The greatest villainies are daily practised to please thee; nor is the meanest thief below, or the greatest hero above, thy notice. Thy embraces are often the sole aim and sole reward of the private robbery and the plundered province. It is to pamper up thee, thou harlot, that we attempt to withdraw from others what we do not want, or to withhold from them what they do. All our passions are thy slaves. Avarice itself is often no more than thy handmaid, and even Lust thy pimp. The bully Fear, like a coward, flies before thee, and Joy and Grief hide their heads in thy presence.

I know thou wilt think that whilst I abuse thee I court thee, and that thy love hath inspired me to write this sarcastical panegyric on thee; but thou art deceived: I value thee not of a farthing; nor will it give me any pain if thou shouldst prevail on the reader to censure this digression as arrant nonsense; for know, to thy confusion, that I have introduced thee for no other purpose than to lengthen out a short chapter, and so I return to my history.


A photo on Flickr

Multiphrenia

jueves, 7 de marzo de 2013

Multiphrenia

Multiphrenia: The condition, largely attributed to technologies that increase social contact, of being simultaneously drawn in multiple and conflicting directions. (Kenneth J. Gergen, The Saturated Self)

See Kenneth J. Gergen (Wikipedia)

From Publishers Weekly, on The Saturated Self:

"Social saturation" is Gergen's term for ordinary people living with constant change, bombarded by electronic messages, open to a vast range of personal relationships. Under this sensory assault, the self as a known entity breaks down and the post-modern woman or man, cast adrift in a world of limitless possibilities, advances from the "pastiche personality" to the energy vortex of the "relational self" ("the relationship replaces the individual as the center of human action"). This dizzying scenario is anchored by a discussion of "self-reflective" movies and TV shows (Woody Allen, David Letterman ) , coalescing artistic genres, anthropological comparisons, deconstructivism, with examples drawn from popular culture. Swarthmore psychology professor Gergen touches raw nerves, scrutinizing unmoored selves naked to experience in this highly stimulating, mind-expanding original work which dusts away the cliches surrounding that tiresome phrase, "the post-modern condition."

A review by H. A. Jones in Amazon:

The Saturated Self by Kenneth J. Gergen, Basic Books (Perseus); 1991; 2nd edn. 2000; 320 ff.

`The thesis of this book is that the process of social saturation is producing a profound change in our ways of understanding the self.' It is written by a psychologist who is Senior Research Professor at Swarthmore College, Pennsylvania.

Gergen's idea is that we are now being subjected to excessive social stimulation, both at work and in our `relaxation' hours by the demands of our work itself and work colleagues, who are continually making greater demands upon us for their satisfaction and professional advance; by our partners and children, who also want to lead full and active lives; and even in the time we set aside for relaxation because commercial enterprise has endeavoured, in its quest for profits, to tempt us with ever more exciting opportunities for enjoyment.

Our self-image is continually under review as new opportunities for work, play and belief present themselves. We are becoming overwhelmed even by the technologies provided for our benefit - telephones, computers, television, CDs, DVDs . . . Even some relatively recent inventions, such as video and tape recorders, are already obsolete. Instead of real relationships with actual people we have vicarious relationships with characters on our TV screens, or virtual relationships on-line with 'friends' on social networking sites.

We now have 24-hour radio and television channels and 24-hour shopping. Sunday used to be a day of rest in Christian countries but now is little different from any other day of the week. When the whole of society around you is immersed in such activity, it becomes more difficult to remove yourself from it. Marriages, close-knit families and lifelong friendships have now become replaceable by transient relationships. In the absence of meaningful human interaction, we are now increasingly attracted to relationships with these material things.

The result has been that many of us are experiencing social exhaustion. Gergen believes that this is a prime factor in the development of the New Age movement, where people are increasingly attracted to eastern mystical philosophies of quietude and reflection. Nostalgia for simpler past times is a feature of this same mind-set, because the dreamy ethos of Romanticism in the 19th century has been replaced by hard-edged scientific and technological realism in the 20th. For the romanticist conception of the self `is a perspective that lays central stress on unseen, even sacred forces that dwell deep within the person, forces that give life and relationships their meaning.' Depressingly, Gergen feels that this process of social saturation is far from complete.

This is a challenging and thought-provoking book. The author says his aim is `to offer insight into current academic debates to those outside the tower.' However, the breadth and depth of this monograph make it best suited to graduate students in a wide range of disciplines - philosophy, psychology, sociology. There are even perceptive comments on Romantic to postmodern art, music and literature. For the non-academic, this level of scholarship may prove intimidating. For those who stay the course, there are copious Notes and an Index at the end of the book. 


From The Saturated Self:

"As one casts out to sea in the contemporary world, moorings are slowly left behind" and "it becomes increasingly difficult to recall precisely to what core essence one must remain true" (1991: 150).

El yo relacional 

The Truth about Dishonesty

SÁBADO, 23 DE FEBRERO DE 2013

The truth about dishonesty

Dan Ariely sobre el autoengaño, las autojustificaciones, la ceguera selectiva... y la corrupción cotidiana.







Malthus and Malthusian Limits

DOMINGO, 17 DE FEBRERO DE 2013

Son los celos

VIERNES, 8 DE FEBRERO DE 2013