Zozobras completas
Zozobras completas
Me acabo de encargar Bardadrac, de Gérard Genette, un cajón de sastre de ideas y anécdotas, que es más o menos eso lo que significa el título. Y me acabo de leer lo que considero casi como el blog de Carmen Martín Gaite, Tirando del hilo (artículos 1949-2000) (Siruela, 2006)—reseñas de lo que iba leyendo, "a vuelapluma" que se decía, hoy supongo que a vuelateclado.
Me gustan las obras acabadas y diseñadas, preconcebidas y planificadas (con un argumento complejo, por ejemplo) pero también me gustan, y casi más, estas cosas hechas sin grandes pretensiones, improvisadamente, donde salen quizá más insistentemente y vuelven y vuelven las obsesiones de cada cual, las cosas a las que tiende de manera espontánea. A veces, claro,no se han hecho para publicarse—diarios, cuadernos de notas... o se han hecho para usar y tirar, en lugar de encuadernar juntas, como las reseñas de periódico. Es cierto que muchos diarios personales, la mayoría de los literarios, supongo, son como los blogs, que nacieron ya publicados avant la lettre. Algo de espontaneidad, improvisación y contingencia les quedará o se les pegará, sin embargo; y conversamente a los géneros efímeros algo de durabilidad, por el hecho mismo de que lo escrito permanece.
Muchos escritores tienen así su blog o sus papeluchos prescindibles que hemos guardado: el libro de notas de Coleridge que comenta John Livingston Lowes en The Road to Xanadu, el Libro de almohada de Sei Shonagon, los Ensayos de Montaigne... Hace poco hablábamos aquí por cierto del ensayo como modelo de esa forma precaria, abierta y un poco "a lo gitano" como dice Martín Gaite—para quien hay dos tipos de ensayos, a lo payo y a lo gitano:
(—a Savater, por cierto, o a su partido, espero votarlos en las próximas elecciones, aparte de que merezca estas loas como ensayista). Otro tipo menos exuberante y más precario de ensayo inestable lo comenta Martín Gaite en "La impotencia como pesquisa. Notas a El testamento de Rilke"—un comentario sobre las formas fragmentarias, divagantes o tentativas que salen en respuesta a una crisis, la de la inabarcabilidad del trabajo o la vida,
Tal es el origen de estos cuadernos (que unas veces se destruyen y otras no) donde el escritor, incapaz de otra cosa, al dejar testimonio de esa incapacidad la hace argumento subsidiario de su labor. Borradores marginales que oscilan entre el orden y el caos, entre el no ser y el pretender ser, textos de balbuceo, de zozobra. (...)
Texto contradictorio y truncado este de Rilke, puro fermento de su elaboración, alterna la incoherencia con la lucidez.
Sin meterme ahora en la discusión sobre si esta 'literatura de zozobra' tiene o no la suficiente entidad para ser editada como libro, lo que sí digo es que hay que enfrentarse con ella con un criterio de lectura distinto del habitual y no exigirle arraigo, conclusiones ni mucho menos consuelo. Creo que son textos absolutamente minoritarios. Y que sólo conseguirán clavar su aguijón en quienes hayan avanzado a duras penas por yermos de incertidumbre similares, donde no cabe otro recurso que el asirse a la impotencia—precaria tabla de salvación—y convertirla en material de pesquisa." (101-2).
Y por el valor, la liminalidad y carácter exploratorio de las pesquisas, estas zozobras impublicables pasan a ser con frecuencia el volumen Z de las Sobras Completas...
Otra perspectiva sobre la textualización de las zozobras cotidianas presenta Martín Gaite en "Cosa por cosa", donde compara la labor de tejer un texto a la de desenmarañar lo que se ha acumulado, y e ir dando puntadas pacientemente, ordenando el caos de la memoria y los afectos—esta vez con cuidado y con un diseño en mente, aunque el hecho mismo de tirar del hilo y hacer un texto (aunque sea uno de estos textos para nada que decimos) ya es poner un orden por el hecho de desenredar una maraña mental:
Precisamente, a medida que avanzamos en edad y, como diría Cervantes, 'las ansias crecen y las esperanzas menguan', es menor también el estímulo para luchar contra ese enmarañamiento en que yacen las cosas y para tirar (procurando que no se rompan ni se confundan) de los distintos hilos de la labor, cada uno de los cuales remite a su propio ovillo. Aislar los asuntos que estaban antes de los que estaban después supone, en definitiva, recuperar el hilo de la memoria. Y el del discurso que la investiga. Aquel hilo que nos mantiene en vida, porque cose nuestros orígenes con nuestra identidad fluyente y variable, estimulando en nosotros la querencia a superar el carácter efímero del lote de tiempo que nos ha tocado vivir. Día por día. Cosa por cosa." (482).
Si bien enfatizaría yo que no sólo es desenredar, ordenar y aislar lo que se hace al escribir, sino sobre todo combinar ordenadamente, crear dibujos y patrones, asociar, organizar. Organizar más, o menos... he ahí la cuestión: las obras de alto diseño (que añaden unas cosas y quitan otras) o las más happenstance, más respetuosas con el azar en que han caído las cosas, o las combinaciones extrañas que nos sugiere la intuición. Las combinaciones y los patrones posibles son muchos. (Algunos llevan a la palabrería, o worse, worse, worse... hay que admitirlo).
Termino con otra perspectiva más: una visión nihilista del narrador de las Memorias del subsuelo, de Dostoievski, "uno de los monólogos más sugerentes, densos y complejos de la literatura 'antiheroica' moderna, a la cual, sin embargo, abrió camino" (Martín Gaite 201)—en una reseña titulada "Debatirse en la madriguera: Memorias del subsuelo, de Dostoievski".
Es curioso, hace poco leía una reseña de un reciente libro sobre blogs de Michael Keren, Blogosphere: The New Political Arena, en el que Keren compara el espíritu que preside la actividad del bloguero (no de este bloguero en concreto, sino de la blogosfera en tanto que estructura comunicativa) a la melancolía de las Memorias del subsuelo de Dostoievski: un rechazo del mundo externo, una inhibición e indiferencia que lleva paradójicamente a sentimientos de culpa y delirios de castigo...
—Como Jill Walker, no estoy nada seguro de que las observaciones de Keren sean acertadas como un diagnóstico de la blogosfera en su conjunto, . Pero si Keren espera picar así a la blogosfera, debe ser que algún ajo le ha visto comer... El blog es ante todo un tipo de herramienta, pero eso le lleva a constituir una familia de géneros que conectan todos con el diario de experiencia personal, y es al blog-diario personal al que son más aplicables los diagnósticos de Keren y otros críticos escépticos de la blogosfera.
Termino pues con un comentario de Martín Gaite sobre el hombre del subterráneo, extendible para quien así lo desee a ciertas sensibilidades blogosféricas, y no miro a nadie por supuesto:
Con el hombre del subterráneo se implanta en la literatura moderna ese animal de madriguera, afrentado por la sociedad industrial, para quien el mundo se vuelve cada día más angosto" (202-3).
Dostoievski, claro, a juicio de Martín Gaite, no es el hombre subterráneo, sino que lo muestra o imita; otros lo son; y otros, las dos cosas.





Tengo que empezar a pensar en cumplir mi compromiso de escribir un artículo sobre narratología de los blogs que le prometí a mi cuñada. Así que empiezo hoy inaugurando una hoja en blanco (quizá ya no tan blanca cuando tú la leas) para irla rellenando con reflexiones sobre