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Retropost: Historia de una geisha

Retropost #845 (6 de abril de 2006): Historia de una geisha

 

A quien no le ponga enfermo la recreación punto por punto de este mundo donde las mujeres son seres entrenados y diseñados para entretener los ratos perdidos del hombre de negocios... (se puede crear toda una existencia, plan de vida, ideales, competitividad, autosuperación, en ese estrecho marco, e ignorando todo el ancho mundo)... le gustará la película; en especial las imágenes y la música.

Eso si no le irritan las historias de amor como ésta entre el humilde objeto decorativo y el admirado presidente de empresa que un día le dio una palmadita en la cara y ya cayó rendida a sus pies de por vida; digo, si no le irrita que se le intente vender al espectador (occidental) como una tierna historia, llegar a amante oficial y devota del empresario-presidente después de largos años de esfuerzo y silenciosa admiración echándole el té.


Pero mí es que me pone enfermo y me irrita, lo siento. Como el harakiri o la devoción feudal a la empresa. Será el choque cultural, o será la Ilustración, que me tiene mal acostumbrado, pero creo que la vida de las geishas (tal como se presenta aquí, que no la conozco más) es un insulto a la dignidad humana de las mujeres, aquí y en Japón, y que hace falta mucha mala conciencia para presentarla como una existencia aceptable y un marco poético para una historia de amor que da sentido a la vida, y de autorrealización personal.

Match Point

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45 años

45 años— una película memorable, impresionante y dura, a ver con precaución,  aunque quizá haya quien no vea nada en ella. En parte va sobre ver o no ver—sobre la apofenia, exceso de información percibida allí donde aparentemente no hay nada, donde todo se vuelve significativo por la manera en que se alteran infinitesimalmente las viejas rutinas. Es una tragedia doméstica casi invisible—sobre el envejecimiento, los recuerdos y la vida en pareja, sobre la tragedia de los viejos matrimonios sin hijos, y sobre los antiguos amores y la juventud perdida (pero que allí está congelada). Sobre el trayecto que va tomando la vida que y al final ha tomado irreversiblemente. Sobre los celos, y sobre los disimulos y cesiones cotidianas, necesarios para sobrevivir y para convivir. Es también la tragedia de la devastación y la profanación de la misma sustancia de la identidad, de lo sagrado, y de los recuerdos más queridos. Una película impresionante y tremenda, dentro de su inexpresividad aparente. No recomiendo verla en general, no de cualquier manera. De hecho quien no la entienda no la verá siquiera, aunque lo intente; quien la entienda quizá no agradezca haberla visto—aunque seguramente tendrá también su valor catártico. Bendito sea lo que nos endurece, decía Nietzsche; y al final todo nos endurece a medida que la vida va dando cuenta de nosotros. Aquí hay una buena reseña de Alonso Duralde.


45Years_Rampling

45 Years. Dir. Andrew Haigh. Screenplay by Andrew Haigh, based on David Constantine's story "In Another Country." Cast: Charlotte Rampling, Tom Courtenay, Geraldine James, Dolly Wells, David Sibley, Sam Alexander, Richard Cunningham, Rufus Wright, Hannah Chalmers, Camille Ucan. UK, 2015.* IMDb:   http://www.imdb.com/title/tt3544082/



La vie est brève et le désir sans fin


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Retropost #792 (2 de marzo de 2066): Capote

martes, 29 de marzo de 2016

Retropost #792 (2 de marzo de 2066): Capote


Jo, no puede uno echarles un capote a las víctimas del terrorismo sin que se metan contigo los sectarios de a piñón fijo, como puede verse en este post de Por la boca muere el pez. Pasan a presuponer que eres del PP, que crees que caben 30 personas en un metro cuadrado, y poco menos que fuiste directamente a invadir Irak.

En cuanto a la película Capote, por robarle una cita al autor, "francamente no entiendo a qué viene tanto revuelo". La película bien hecha pero un tanto mezquina por su concentración exclusiva en la ruin relación de Capote con el "material" que le inspiró A Sangre fría. Y luego nos da a entender que el escritor quedó tocado o invalidado por haber jugado con fuego... francamente, el personaje que presentan no tenía pinta de quemarse por dentro con nada. Así que no me resulta convincente. Me pregunto, por otra parte, si se podría hacer una película que haga a un personaje tan mezquino y desagradable, de tener éste descendientes o herederos. Los heterosexuales como Ray Charles o Johnny Cash han salido mejor parados, con redención final, y familia que les cuida la imagen. Aquí lo tratan a Capote un poco a sangre fría, con su misma moneda. No da para gran literatura, ni para gran cine.

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Retropost: Etnicidades

lunes, 28 de marzo de 2016

Retropost #789 (27 de febrero de 2006): Etnicidades



Este fin de semana han caído visto dos películas sobre etnicidades, Crash y La Pantera Rosa. Bueno, vale, una más que otra.

En Crash, el director saca a relucir las cosas que piensan y normalmente no dicen los americanos sobre las características étnicas y políticas de grupo de las distintas comunidades estadounidenses; bueno, lo que dicen entre ellos pero (in mi experiencia al menos) cuidan muy mucho normalmente de decir en presencia de nadie de otra etnia. La diferencia es que en esta película no se cortan, con lo cual vemos una realidad filmada de modo realista pero con comportamientos un poco surreales a veces. Algunos de ellos encasillados en sus actitudes e incapaces de cambiar; varios de los personajes cuyas vidas se entrecruzan aprenden sin embargo una lección, normalmente tras enfrentarse a una situación límite. Y uno de los personajes, el policía joven que creía no ser racista (o por lo menos creía ser menos racista que la mala bestia de su colega), descubre para horror suyo que era tan capaz como el que más de cometer un homicidio por sus prejuicios racistas. Recoge a un autoestopista negro y acaba dándole un tiro de puro miedo tras una discusión. (No sé si hay una historia gay mezclada aquí: ¿podría ser?). Así se cumple la profecía del colega borde, cuando le dice que no era mejor que él. Y se demuestra la tesis de la película: que el racismo y la suspicacia son inherentes a esta sociedad multiétnica, que van más allá de las buenas intenciones o malas de los personajes y de su "política" explícita -- aunque la grosería gratuita de muchos haga suponer lo contrario a primera vista. Por contra, se nos hace ver cómo el poli malo salva a la misma negra (bueno, negra por decir algo) a la que había humillado a conciencia. Eso tampoco lo convierte en poli bueno, claro, aunque la cámara lenta parezca querer sugerir algo en esa línea ("cerdo racista pero buen (a) gente en realidad"). Hay que consolarse con que un negro criminal no llegue (al recordar sus raíces) a vender a un grupo de asiáticos como esclavos cuando se le presenta la oportunidad. Por cierto, que el único blanco que lo trata como a un igual (en el crimen) es el mafioso que le intenta convencer para que se los venda: allí no hay lugar para sensiblerías, parece decirle. Pero ni aun queriendo lo puede tratar como un igual, porque el negro lleva su historia a cuestas, quiera que no, y se niega a vender esclavos. (Je, será que no es de la línea pro-africanista, porque andá que los antepasados africanos no vendían esclavos ni nada). Eso sí, los llama "jodidos chinos", la política verbal aquí desde luego no la cuida nadie mucho. Menos mal que en la América real no andamos a este nivel de indiscreción y hay un poquito más de hipocresía, que si no...

Y luego La Pantera Rosa, con sus fgansesés con acsentós... La solución final del caso viene para Clouseau cuando recuerda lo que el espectador había interpretado como una escena cómica, y lo era. Había salido Clouseau entrevistando a una abuela china que le habla en chino, y él finge entender; esto se retoma en flashback, y nos sale subtitulado lo que la china decía, y vemos que Clouseau en efecto entendía chino, como había proclamado. Esto si que es humorístico, claro, aún más que fingir, saber chino: que un occidental, en efecto, sepa chino. Humor surrealista. Pues acabamos de pasar en el mundo los seis mil quinientos millones de habitantes, y uno de cada cinco es chino. Pronto uno de cada cinco aquí.

Aún me acuerdo de esos tiempos, no tan lejanos, en los que se decía que los españoles no somos racistas. Me parece que a nadie se le ocurre ya repetir esas cosas; en lugar de eso estamos aprendiendo la hipócrita y prudente discreción sobre etnicidades que tan ensayada tienen los americanos.



(PS: Vaya, observo que triunfa Crash en los oscars: debe ser el optimista mensaje de reconciliación que transmite tras un duro planteamiento inicial. Si ya lo decía Jameson --Fredric, no J.J.: la función ideológica de la narración es dar soluciones imaginarias a problemas reales...).


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Retropost: Walk the Line

Retropost #747 (4 de febrero de 2006): Walk the Line

 
Me gusta Johnny Cash, cantando, y sus camisas negras, pero qué cruz ir de gira con él, o casarse con él... Los traumas hipermasculinos de sus canciones los vivía mal que bien en la vida, más una buena dosis de pastillamen, combinación nada recomendable, sobre todo si se riega con bebercio. Geniales están tanto Joaquim Phoenix como June Carter, oops, Reese Witherspoon. La estructura, como bien se ha dicho por ahí, es básicamente la misma que la película de Taylor Hackford sobre Ray Charles, con trauma de infancia por la muerte del hermano, éxito de masas a la vez que desintegración personal, adulterios y broncas familiares adheridas a ellos, drogas y viaje al infierno, recuperación y regeneración. Esta vez no tras una aparición sobrenatural benéfica, como en Ray, sino gracias a la amistad primero y amor después de June Carter: es una película sobre segundas oportunidades, pues, y nos deja al final a Cash instalado no sólo en una buena cantidad de cash, sino también en un matrimonio feliz en lo personal y en lo profesional. Happy end, pues, aunque uno duda que las viriles crisis de Cash se terminasen allí, justo cuando entraba en la edad apta para las mejores crisis, I wonder whether he really did toe the line...

(Bueno, sobre la traducción en la cuerda floja... flojo de cuerda está el traductor).

El tema social de la película es más dudoso que en Ray. Allí iba la cosa del racismo, claro, y se potenciaba mucho lo más bien poco que pudo tener de emblema el frívolo Charles. Aquí la violencia interna más o menos reprimida de Cash se expresa en sus canciones de solidaridad con los presos, canciones que enfatizan su sentimiento de amargura y frustración pero a veces parecen también tener una poco recomendable apología del crimen, de la vida violenta en sí o más específicamente de la violencia contra las mujeres, tíos duros. Puede ser muy cristiano irles a cantar, pero alimentarles el ego y autojustificarlos pues ya no sé. Así queda bien retratado, eso sí, lo que se trasluce en las canciones de Cash, una mezcla de tendencias destructivas y carencia de control con una pasión de perro fiel hacia la mujer de tu vida... vamos, lumpencanciones que explican por qué el country éste se considera canción bastante barriobajera y de la América profunda. América profunda de la que venía Cash sin duda, aunque luego se nos lo muestra bastante más montado en el dólar, como su nombre indica, y más tipo drogota años sesenta que tanguero a la norteamericana. Menuda rivalidad con el padre, por cierto; llevaba a cuestas toda la frustración, incomunicación y desprecio que absorbió de él en la infancia, y si creció Johnny fue sobre todo en tamaño... En suma, una película muy visible, y un tipo poco recomendable. Me encantan sus canciones, sin embargo; just around the corner there’s heartache... esa la canto yo mucho.



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Retropost: Fargo

Retropost #736 (31 de enero de 2006): Fargo




Ayer me visioné Fargo, de los Hnos. Coen (1996), que aún la tenía sin ver, y es la mejor de ellos que he visto sin duda, excelente mezcla de Sam Peckinpah y Almodóvar, violencia insensata convertida en comedia de una manera que la hace todavía más patética e injustificable. Parece, desde luego, un alegato a favor de la pena de muerte si nos fijamos en los dos matones, y una defensa de la decencia y la honestidad si nos centramos en la jefa de policía Marge Gunderson, genial el papel de Frances McDormand, y le dieron el oscar, a ella y al guión, que parece (y está) extraído de las páginas de sucesos de los periódicos, tramposos con estafas familiares, falsos secuestros, matones contratados... hay un Fargo en potencia cada día en cada periódico. Si habíais hecho como yo y os la habíais dejado pasar, no os la perdáis. Por cierto, una nota sobre el título. Los matones son contratados en Fargo (Dakota del Norte) pero la película sucede mayormente en Brainerd (Minnesota). ¿Por qué entonces "Fargo"? Creo que por la expresión "far gone", que se aplica a tres tipos de cosas que coinciden aquí también: a gente que ya no tiene remedio, está gravemente enferma o es incapaz de cambiar, porque la cosa es lo que es y es inútil tratar de poner remedio o razonar con ellos (así los criminales de esta película); también se aplica a una situación que se escapa de las manos, fuera de control (como el falso/auténtico secuestro organizado por el patético Lundegaard / Macy), y también se aplica a avanzados estados de gestación, como el de la jefa de policía Marge Gunderson. Infalible, la jefa, aunque es una improbable heroína y podía haber acabado en la picadora de leña, el azar, nuestras simpatías y el guión la acompañan. En cuanto a los millones enterrados en la nieve sin que nadie sepa de su paradero, son un símbolo de otro elemento muy prominente en la película: la fragilidad de todos los planes urdidos, especialmente de los rocambolescos. Marge, excelente policía, no tiene planes: sólo sigue las pistas que dejan en la normalidad todas las personas con planes, como huellas en la nieve. Si hay alguien para verlas, claro: tantas veces no leemos las señales, que apenas se puede decir que existen.

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Retropost: Munich

Retropost #734 (30 de enero de 2006): Munich

 

Termina Munich con una imagen de Avner, ex-agente del Mosad volviendo a su casa de Brooklyn, tras un contacto (¿oficial?) con su antiguo jefe del servicio secreto. El East River, panorámica de rascacielos, entre ellos las Torres Gemelas-- estamos a mediados de los 70. El mensaje del director está muy claro: aquí tenéis, aquí tenemos, vuestro (nuestro) Septiembre Negro. No cometáis los mismos errores. Porque Munich se presenta como la historia de un error, de cómo la respuesta al terrorismo con el terrorismo no es solución, sino que engendra una espiral de violencia. No es solución, en todo caso, que adopten los poderes públicos, porque siempre se desentienden oficialmente de lo que les prohíben las leyes. Así se acaba encontrando este mercenario (¿o patriota?) en tierra de nadie, sin saber al final si ha hecho mal o bien, si ha trabajado por lo que daba sentido a su vida o lo ha destruido él mismo, porque lejos de exorcizar al terrorismo lo ha colocado en el centro de su vida y de sus temores. Al final, su relación con los poderes que le han encomendado la misión es ambigua, y ha visto el rostro más indeseable donde el poder legítimo pierde su honesto nombre y se codea con el crimen. En este sentido, y en muchos otros, la película se parece muchísimo a Lobo, la película de 2004 sobre un infiltrado en la ETA.

Se ha hablado mucho de la valentía de Spielberg y de las críticas que se ha atraído del ala dura sionista. Pero no puede decirse que no represente al discurso sionista en sus propios términos en la película, en boca de la madre del protagonista, por ejemplo, o de Golda Meir. Y el hecho mismo de escoger como protagonista al agente secreto éste es por supuesto una elección de bando: se nos presenta a Avner como una figura trágica, que siguiendo el destino que elige no sólo destruye el mal que quería destruir, sino que descubre la parte de bien que había en ese mal, contribuye a engendrar más mal, y envenena su propia vida. Eso es trágico, y si bien no llegamos a simpatizar totalmente con la siniestra banda de Mortadelos y Filemones del Mosad, sí es cierto que se nos invita a verlos como seres humanos normales haciendo su trabajo. Eso es una elección. Lo mismo se hace durante breves segundos con los terroristas palestinos, pero los segundos de pantalla, como bien sabe Berlusconi, suponen una gran diferencia. Así pues Spielberg no condena las actividades terroristas del estado israelí; más bien muestra sus causas, contexto y consecuencias, dudosas y envenenadas como dudosa y envenenada es toda opción que se tome en un ambiente envenenado.

Tan importante como lo que se muestra es lo que no se muestra: se nos habla de ataques aéreos contra los palestinos, de 50 o 200 muertos a cambio de los once muertos de Munich, de la escalada de venganza, pero poco de eso vemos, sólo lo que afecta directamente al protagonista. A Avner le parece caro matar palestinos, pero para la aviación israelí no es tan caro, seguramente. Avner, futuro padre de familia se convierte en un terrorista por invitación de la primera ministra sin pensárselo demasiado, y las preguntas obvias ("¿por qué no los juzgamos, etc?") se le ocurren sólo con varios años de retraso, vaya, hasta entonces estaba demasiado ocupado haciendo su trabajo, y algunos extras, una vez cogida la marcha. Ahora, la pasta la cobra puntualmente. Y esto se nos muestra también, pero no se enfatiza, haría desagradable al protagonista. Como si fuese un tío que no duda en poner en peligro a su familia, en comprometer la honorabilidad de su país y en entrar en tratos sucios con criminales de todo tipo, sólo por un beneficio tangible: la pasta, la pasta, que el banco suizo es muy fiable. "No trabajo para usted; trabajo para una cuenta bancaria", le dice a su (¿ex?)jefe, y es cierto, muy cierto. En una película más responsable, menos implicada emocionalmente (y ésta lo está, aunque lo disimule con la frialdad ambiental), la relación del hombre sensible con la pasta aparecería retratada de muy otra manera. Claro que también hay en la personalidad del héroe un cierto trauma edípico, de competencia con el padre, héroe nacional. Los flashbacks que nos remiten una y otra vez al Septiembre de Munich hacen vivir como una crisis personal del héroe aquellos días de septiembre, hasta un punto un tanto forzado, se ve la necesidad del protagonista, y del director, de justificarse por su elección ante el giro dudoso que están tomando los acontecimientos. Así pues, demasiado Munich, y por ahí se le ve el plumero...

Dicho esto, la película es muy buena, no hay que perdérsela. Es magistral presentando la dinámica del día a día del (contra)terrorista, y la ambigüedad y variedad de motivaciones y actitudes de una enorme gama de personas más o menos implicadas en la lucha terrorista y contraterrorista, y cómo el dinero del contribuyente acaba yendo inexorablemente a manos de criminales que sacan tajada a cuenta de los servicios secretos. Mantiene Spielberg la ecuanimidad hasta extremos poco frecuentes en estos casos, presentando al Otro como uno mismo (así en la conversación del protagonista con el terrorista palestino con el que comparte piso franco: si los judíos esperaron dos mil años para tener su nación, lo mismo harán los palestinos). Supongo que son estas cosas las que no le perdonan a Spielberg los fundamentalistas. Pero si lo piensan, no está tan mal, presentar como un héroe trágico a un asesino a sueldo de la caja negra de Suiza, un personaje con las prioridades muy mal puestas. Esa es la única certidumbre que a la que se atiene el protagonista a fin de cuentas: la cuenta. No es lo que dice, claro, ni él ni la película -- pero es lo que hace.


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Retropost: Caché

Retropost #727 (27 de enero de 2006): Caché



Esta película va de un esquizofrénico paranoico peligroso que se dedica a escenificar con su personalidad B toda una historia de persecución y angustia para inquietar a su personalidad A y a la vez regresar a sus traumas y dar satisfacción a sus represiones con un asesinato brutal. El neuras éste (Georges/Auteuil) es un presentador de televisión de éxito, y le parece tan normal a sus colegas y familia (bueno, a su mujer la va alterando un poco, pero si ella supiera...). A cuenta de la guerra de Bush contra el terror, se le despiertan unos traumillas familiares que tenía reprimidos desde la época de la guerra de Argelia (casi ná) y se dedica a orquestar un elaborado montaje. Se envía a sí mismo cintas vagamente amenazadoras con dibujos que aluden a su viejo trauma, y aterroriza a su mujer con la idea de que hay un chiflado que los persigue, que quiere vengarse de ellos. En realidad quien se venga es él: localiza al objeto en el que se han centrado sus obsesiones (era un niño árabe al cual estuvieron a punto de adoptar sus padres); primero lo desprecia e intimida, con ayuda de la policía por cierto; luego lo asesina fríamente cortándole el cuello de un navajazo. Previamente se había colado en su piso para (con su tecnología superior) hacer grabaciones que aparentemente comprometían a ese árabe, Majid (ahora cincuentón). El hijo de Majid se enfrenta pasmado a la evidencia de que no logrará enfrentar a Auteuil-Jekyll con su Hyde. Quizá se conozcan este joven árabe y el asesino Auteuil, es posible el hijo de Majid sea el monitor de natación del hijo de Georges/Auteuil, pero a Auteuil le da igual, y a mí también, "todos los árabes me parecen iguales". Total que Georges/Auteuil no es descubierto por nadie, ni por la policía, ni por su esposa, ni por el espectador (excepto por mí). Es un blanco demasiado retorcido y bien agazapado en un ambiente favorable. Hay sin embargo esperanza para la nueva generación, pues el hijo de Majid sabe separar a su colegui y pupilo de natación de las neuras y crímenes de su padre, ni lo secuestra ni nada en las escaleras del instituto cuando se encuentran. Claro que estos árabes son tan retorcidos que nunca se sabe, igual ha plantado él la cámara que los está enfocando al final...


Bueno, ésta podría ser una lectura tentativa, que utiliza dos premisas problemáticas para algunos: 1) El espectador occidental está implicado en la película, con su mala conciencia a cuestas; 2) No todo lo que vemos en la pantalla se corresponde con una realidad objetiva (de hecho, nada lo hace). Esto nos deja en realidad sin base para hacer una película coherente al modo Hollywood, con un culpable auténtico y una solución; de modo que habría que poner entre paréntesis todo el párrafo anterior, naturalmente. La primera secuencia, magistral, ya nos instala de entrada en una realidad problemática, y a fuerza de intensidad y simplicidad problematiza todo lo que veremos a continuación, infectándolo con diversos grados de hipótesis o probabilidad. (Je, aún recuerdo las críticas que se le hacían a Hitchcock por "tramposo" por haber presentado una mentira en imágenes disfrazándola de hecho objetivo... A algunos les irritará Caché de la misma manera).


Dicho esto, habría que avisar contra la alegorización fácil en esta línea: "Georges/Auteuil = la carga de crímenes del hombre blanco", "Majid/Bénichou = El Tercer Mundo, el Mundo Árabe". Un pequeño problema es que la película necesita también esta alegorización fácil para funcionar. De hecho es lo que es, un problemático constructo que se tiene en el aire sostenido por distintos traumas históricos y presuposiciones que no deberían hacerse pero se hacen. Si hay algo simplista en este mensaje político, descansa precisamente sobre el simplismo de la política internacional y de las actitudes xenófobas de andar por casa.  

Caché es una muy buena película sobre traumas (históricos, personales, aquí en relación problemática) y la manera en que alteran la percepción de la realidad. Poco a poco el espectador se contagia de apofenia y paranoia. No sabemos de qué elementos del trasfondo, o del primer plano siquiera, nos podemos fiar, cuáles encierran una amenaza o una clave para descifrar siniestras intenciones que tal vez estamos inventando. Podríamos colocarla entre las películas donde la realidad flojea. Tanto más flojea cuanto que en esta ocasión no sabemos si la realidad, o el guión, flojea o no, ni por dónde.
Lo que desde luego no flojea es ni la dirección ni el trabajo de los actores. Que salgan tres veces a saludar, por favor.


(Caché. Escrita y dirigida por Michael Haneke. Reparto: Daniel Auteuil, Juliette Binoche, Maurice Bénichou, Annie Girardot, Nathalie Richard, Lester Makedonsky. 2005. Aparte de las principales reseñas de la Internet Movie Database he leído una discusión entre diversas interpretaciones en Leftbehinds ).




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Bibliografía sobre cine e ideología

miércoles, 9 de marzo de 2016

Bibliografía sobre cine e ideología

Continúa la scribdización, por partes, de mi bibliografía. Aquí una lista sobre CINE E IDEOLOGÍA:

Ideology & Film by JOSE ANGEL GARCIA LANDA - Uploaded by  Marc Roca Vives



Hasta Pablemos sale. Una lista anterior que había subido alguien a Scribd ha desaparecido ya; ésta toma el relevo.

Maquiavelo frente a la gran pantalla



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Retropost: Brokeback Mountain

Retropost #712 (20 de enero de 2006): Brokeback Mountain


 

Acabo de verme Brokeback Mountain, de Ang Lee, basada en un relato de Annie Proulx. Es la famosa peli que marca un antes y después de la homofobia en América (hopefully), con esos dos cow-guys que se gustan. Muy recomendable, va de los obstáculos que hacen imposible la convivencia y  cuando hay problemas prácticos, de otras parejas, y de dinero, y con homofobia circundante por si había dudas, y de la distancia, aunque la distancia no es problema precisamente, más parece serlo la proximidad... en suma, que los vaqueros siguen siendo vaqueros toda la vida, aunque nunca hayan sido vaqueros (eran ovejeros), y uno se dedique a capar corderos y el otro a vender tractores, su corazoncito estaba en aquel verano de Brokeback Mountain, y en fin, que somos poca cosa, y cada cual cuelga sus ilusiones de plenitud y su identidad de donde puede; al final sólo nos queda alguna camisa vieja a la que agarrarnos como si estuviese allí la esencia de lo que hemos amado, y quizá esté. Muchas escenas de disfunciones causadas por los cabreos internos, la represión y la imposibilidad de decir la verdad; eso y las escenas finales de los ritos funerarios sin guión son lo mejor de la película. Les falta lenguaje a estos vaqueros, pero van creando sus rituales necesarios mal que bien; el ambiente no invitaba mucho hace cuarenta años. Ni ahora, vamos. Claro que pobres señoras las que los tienen que aguantar, tan desganados... Me parece entender que al vaquero Jack lo matan una pandilla de homófobos y que su señora prefiere no darse por aludida; pero igual lo de la señora me lo invento, queda ambiguo.



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Cine y mitología - M. Ángel Navarro Crego

Cine y mitología - M. Ángel Navarro Crego


Retropost: El hombre del tiempo

Retropost #704 (15 de enero de 2006): El hombre del tiempo



The Weather Man. Dir. Gore Verbinski. Written by Steve Conrad. Cast: Nicholas Cage, Michael Caine, Hope Davis, Gemmenne de la Peña, Nicholas Hoult, Michael Rispolli, Gil Bellows, Judith McConnell. 2005. (www.weathermanmovie.com)

Es una película perteneciente al género "película de crisis vital" -- me recuerda más que a ninguna otra a Wonder Boys. Trata del generation gap, de la incomunicación y distancia entre padres e hijos, del trabajo y sus servidumbres, y de cómo la vida requiere que nos adaptemos y maduremos y dejemos muchas ilusiones atrás. El protagonista Dave Spritz (Nicholas Cage), un hombre del tiempo de Chicago, está alienado, gana mucho dinero y aún quiere ganar más, pero mientras su familia se va desintegrando, él cree que la solución es ganar más dinero, tener más y más "Ójala tuviera dos pollas", piensa mientras su futura ex lo manda de compras. Es inmaduro, está aún viviendo a la sombra de su padre, Robert (Michael Caine) que ganó el Pulitzer, e intenta ser escritor como él, pero como escritor Dave es nulo. Al final borra la novela que escribía, y su padre le dice "En esta mierda de vida hay que tirar por la borda muchas cosas". Otra enseñanza del padre: "Ser adulto nunca ha sido fácil. Requiere siempre tomar el camino más difícil". Spritz se resiste a cerrarse posibilidades y a ponerse límites (a crecer encogiendo): está obsesionado con el éxito. Es tan egocéntrico que sólo piensa en sus escritos, o en sus perspectivas profesionales, y no en las enfermedades y problemas y preocupaciones de quienes le rodean. Aquí me reconozco yo, mira -- a ver si me sale una reseña autobiográfica. Bueno, en realidad está pensada la película para mostrar la incomunicación entre generaciones como un signo de los tiempos. En su trabajo, Cagespritz está alienado porque es "un payaso", no es meteorólogo sino un actor que presenta el tiempo contando lo que le dicen, sin tener idea, es sólo una imagen telegénica, y se cabrea cuando la gente lo identifica con su personaje. Nada tiene sentido, el tiempo es impredecible: "Viento. Todo es viento. No hay manera de saber dónde va" -- es la vida en esta película, o la vida de Cage: su padre era "Like a rock", como dice la canción. Pero ahora Spritz tiene que perderlo. Le hacen un funeral por anticipado, cosas de americanos, con discursos ante el futuro muerto, y hasta ahí hace el guión que la cague Cage: la relación con su padre Robert/Caine es incomunicativa, el padre está pasmado por la nulidad de su hijo, lo erróneo de sus prioridades, pero a pesar de todo sigue siendo un modelo para él. Sus hijos son una niña obesa (a quien nadie habla de poner a dieta) y un muchacho "que va en malas compañías"; Cage se pseudocomunica con ellos, los pasea a ratos, mal que bien pone un poco de orden: aunque no pone a dieta a su hija, le compra ropa que le siente mejor y no la ponga en evidencia, y le zurra al pederasta que quería ligarse a su hijo. Pero sus sueños de volver con su esposa resultan ser una ilusión, como su carrera de escritor. Al final consigue su supertrabajo soñado en la televisión nacional, pero seguirá siendo el hombre del tiempo, sólo una sonrisa convencional en una pantalla. Aceptará mantenerse a distancia, la nueva familia americana: nada tiene solución, hay que adaptarse a los tiempos que corren, vivirá en Nueva York y por lo menos no le montará números a su ex y la dejará tranquila con su nueva pareja. Así pues, la crisis de Spritz se resuelve adaptándose a sus auténticas circunstancias, aceptando sus limitaciones y no intentando soluciones que pueden parecer las ideales pero que ni es capaz de imponer ni está realmente dispuesto a hacer los sacrificios que conllevarían; por otra parte están fuera de su control, pues mal puede volver con su mujer cuando ésta ahora lo encuentra sexualmente repulsivo.

Zirtaeb Sanep, que siempre propone lecturas políticas de las películas norteamericanas, también ve esta película no como una historia de una crisis personal sino como una alegoría política. Tiene que ver la película con la macdonaldización de la sociedad. El padre representa otras maneras de hacer, otras relaciones sociales y profesionales que pueden ser las de Europa, o las de Nueva Inglaterra; Cage está atrapado de lleno en la América postmoderna de la imagen vacía y la alienación consumista. "Soy comida rápida", piensa -- todo imagen, es sabrosa pero una porquería, la gente la tira (de hecho el motivo central de la película es cómo la gente le tira todo tipo de comidas rápidas al hombre del tiempo conforme lo ven por la calle: McNuggets, Big Gulps, Frosties... ). Lo vemos en una pantalla dentro de la pantalla, la televisión en la pantalla del cine, mostrada como una ilusión, una pantalla; detrás de las cámaras todo es distinto, un vacío, el hombre del tiempo se mueve ante un fondo verde uniforme haciendo su danza que no tiene sentido más que en una cadena de montaje de imágenes. Hay que aceptar esta nueva América y buscar un sentido a la vida en las condiciones que ofrece, con sus ventajas e inconvenientes, y no creer que hoy podemos pisar roca cuando todo es viento. Cage ni se plantea dejar de ir al Burger King, a pesar de lo que le aterriza encima; y allí vemos imágenes de una gorda empapuzándose de hamburguesas, pero también de un negro, delgado, con aspecto sabio y muy parecido a Michael Caine/Robert Spritz. La hija de Dave será una gorda, su hijo no; será cámara, artista como el director de la película, no un simple actor como Cage. Quizá no todo esté perdido, there’s hope yet, y Cage hace bien su trabajo.

Una película pues sobre las desilusiones necesarias, sobre la aceptación de los propios límites, de la pérdida del amor y de la muerte. Pero optimista, optimista... hay posibilidades en América, y Spritz supera su crisis, aceptando que la vida es una crisis. Y en cuanto a la macdonaldización de la vida... "You don’t need a weather man to know which way the wind blows" (Bob Dylan, "Subterranean Homesick Blues").



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Jarhead - otra másh

Retropost #699 (14 de enero de 2006): Jarhead - otra másh



Vista queda la que era la película más valorada de la cartelera, Jarhead, de Sam Mendes. (El de American Beauty, ya se veía allí que algo no le rulaba del todo al hombre en sus bajos instintos). Está basada en las memorias de Anthony Swofford sobre la guerra del golfo; no del golfo de Bush sino de su padre, Bush también (con lo cual ciertos problemas que podrían haberse planteado aquí quedan obviados, o mejor aún, disimulados, porque un golfo vale otro, todas las guerras son iguales, y así en esta nadie ha dicho mentiras... aunque bah, qué más da, lo que se diga sobre el enemigo siempre suena a mentiras, y siempre cuela lo suficiente, sobre todo si ganamos. Aquí lo que importa no es tanto la guerra sino el trato a gritos con el sargento y las palmadas en el culo a los colegas. Pues eso, MASH para los tiempos que corren: la crítica de RedAragón nos remite a Full Metal Jacket, a Platoon... también se me ocurre Black Hawk Down. Películas donde el idealismo patriótico o los motivos justicieros no aparecen en ningún momento por el horizonte, pero lo que sí pervive es la guerra como escuela de vida: ahí se hace uno un hombre. (Menos en la de Kubrick, donde uno se hace un cacho carne embrutecido como los de esta película). Aquí se restringe la perspectiva hasta hacerla coincidir con la manera en que vive la guerra un individuo que se ha alistado estúpidamente, y va descubriendo mayores niveles y abismos de estupidez y absurdo, desde dentro, como es debido, no en plan observador irónico. Y claro, a medida que va sumiéndose en la brutalidad rutinaria y el sinsentido, va desarrollando lazos homosociales más y más estrechos con sus colegas, otros skinheads a sueldo del gobierno, como él, y con los mandos... ay, chicos, es que de pensar en los mandos se me pone dura, tíos con tanta mili, es como pensar en el enemigo... mmm.... Vamos, que el orgasmo final de la película es cuando marcan a uno de los colegas a fuego, sujetándolo entre todos, con un hierro al rojo con las iniciales de los Marines. "Te lo has ganado, tío". Por favor, que me den el mando a distancia. Ah, no, que he pagado para verla. Bueno, pues también tiene escenas tipo "Los desastres de la guerra" en plan casi surreal, con el soldado meditando (poco) entre un grupo de iraquíes calcinados; un poco de "fuego amigo" que subraya el absurdo de la guerra, muchas escenas de pasatiempos desesperados, de vaciado de letrinas y mili a la española... tiene sus puntos, no lo negaré. El mensaje de principio y final es que después de tanto abrazar tu rifle, serás siempre un "cabeza de bote", un jarhead, llevas la mili dentro, toda tu vida, hagas lo que hagas... pero la ironía es que jamás le dispara su rifle a nadie, ni entra en combate; cuando está a punto de hacerlo, hay una contraorden y es la aviación la encargada de planchar al enemigo. Y el pobre marine que quería matar un iraquí, por favor, Sargento, déjeme... También hay crisis nerviosas, aburrimiento, muchas pajas, y amor, amor, amor callado al grupo de machos machotes, unidos por la ausencia de mujeres, máxime sabiendo que otros se las están tirando en casa, eso une más que jugar al fútbol en calzoncillos... si es que se me contagia, esto de la homosocialidad terminal es contagioso, pronto voy a empezar a contar mi mili; yo tampoco entré en combate y dispraré todas mis balas asignadas el mismo día, que había que hacer el número de disparos reglamentario, así que vete al desierto a vaciar cargadores tirando al vacío, eso hice yo, hale, que estuve en la mili más que este tío. Todas las milis son iguales, no sé para qué voy a ver semejantes películas. En realidad en las pelis de soldados el patriotismo guerrero siempre ha sido el trasfondo, nunca prominente, y lo prominente siempre ha sido la relación con el grupo. En este caso, la relación de solidaridad obscena en el grupo, obscena porque no tienen ninguna cualidad que les haga dignos de ser apreciados, como no sea el estar tan asqueados de la vida como uno mismo, y sobre todo obscena porque la solidaridad esa se monta sobre la base de crear un chivo expiatorio abyecto -- el enemigo, las mujeres, el novato... Vomitivo, vamos, y bien analizado aquí, como digo, desde dentro y con fe. Este ambiente es inmune a la autocrítica o a la reflexión -- ya les pueden pasar Apocalypse Now a estas bestias blancas (pocos negros veo, sólo mandos, je) que lo que hacen es vitorear, y chillar de placer mientras los helicópteros napalmean civiles vietnamitas al son de Wagner-- sin duda Mendes espera que su película también sea un éxito no sólo de crítica sino en los campos de entrenamiento, y que también chillen los reclutas de placer mientras un jarhead quema la mierda de las letrinas. Pues eso, muy buena la peli, pero francamente os la podéis ahorrar; a quien disfrute con esto le recuerdo que el ejército anda escaso de efectivos, y que en vista de eso han bajado un poquito más el coeficiente intelectual mínimo para entrar. El ejército en su salsa es la brutalidad organizada, una banda de skinheads vestidos de verde y pastoreados por chusqueros y quemaos de la vida. Cuanto más lejos de eso, mejor. A ver si resulta que es antimilitarista esta peli y todo... me parece que se ubica donde el militarismo y el antimilitarismo pierden su honesto nombre, y es que retratarlos es atacarlos para quien le ponen enfermo (como yo), pero homenajearlos para quien siente latir en su corazoncito el militroncho interior... anda ya...

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Retropost: King Kong

Retropost #691 (8 de enero de 2006): King Kong



Los remakes tienen una bonita dimensión retrospectiva-intertextual, en especial cuando están tan atentos no sólo a retomar la historia, sino a homenajear a la película original (en lugar de ignorarla, que es otra actitud posible). El remake nos hace ver cosas que no había en origen en la primera película, pero que se han ido agregando a ella por el trabajo de su recepción, de la crítica, y de la historia. King Kong era un falso mito en los años 30 (aunque las raíces ya estaban allí, claro...): setenta años más tarde la película, y el gorila, ya son un mito auténtico. Cosas que no había, vemos. Y cosas que había, quedan amplificadas, subrayadas, o atenuadas... la diferencia entre añadir y subrayar no es absoluta. No me acuerdo muy bien del primer King Kong, y no sé si tendré paciencia para volverla a ver (como si fuera Hitler). El segundo (años 80) ni lo ví. Otros que hay no los conozco ni de oídas, como se observará.

Mitos y textos y realidades que hay detrás de King Kong:

- King Kong

- El mundo perdido, de Conan Doyle: la tierra fuera del tiempo, los dinosaurios, las tribus primitivas coexistiendo con ellos... y el dinosaurio en londres de la película que se hizo en los años 20.

- Indiana Jones, y la moda retro de las aventuras de los 30 (Tarzán, Las Minas del Rey Salomón, etc.). Pero llevar al exceso a Indiana Jones, que ya llevaba esas aventuras el exceso, es... un exceso. De ahí la sobreabundancia de tiranosaurios, escolopendras gigantes, pterovampiros, y persecuciones y caídas rocambolescas. Esto es circo, divertido, y admirablemente hecho, pero un número cómico, básicamente.

- La bella y la bestia, claro... más en general, la oposición sexual hombre / mujer, el dimorfismo llevado al paroxismo, el hombre cuanto más peludo más hermoso, y la chica que sea rubia, y con ropa interesante.

king kong
 
- Adán seducido por Eva. Las mujeres nos traen problemas, nos sacan de la isla, y también sacan el gorila de nuestro interior. Pero son tan guapas. Al final resulta que la bella y la bestia van juntas, no hay una sin la otra, nacieron para ser pareja, y por eso también en el espectáculo teatral, y en los carteles, se los coloca como imposibles imágenes simétricas. También hay una chica sola en la cima del Empire State.

- Polifemo y Galatea. Los cíclopes eran, para Vico, representativos del primer estadio de la evolución cultural. Así pues, King Kong es también nuestro cavernícola interior. Y es especialmente ciclópea la caverna con osario, y la fuga en las barcas de los aqueos.

- Maridos celosos, violencia de género; qué brutos, abusadores, barbazules: tienen en el cíclope King Kong a su arquetipo. Pero King Kong se civiliza, no como otros. Años de filmaciones de gorilas y de antropólogos enseñándoles American Sign Language dejan huella también, y King Kong casi habla con la nueva Fay al final, "qué hermoso".

- Caliban y Miranda, en una isla de pesadilla, sin Próspero ni Ariel, sólo con el galán y los marineros borrachos, que quieren exhibir a Caliban en la civilización: "not a holiday-fool there but would give a piece of silver. There would this monster make a man. Any strange beast there makes a man. When they will not give a dolt to relieve a lame beggar, they will lay out ten to see a dead Indian".

- Gulliver, prisionero de su mono, primera imagen en Occidente de un humano diminuto capturado por un simio gigante. Ahora la chica le hace monadas al mono, como Gulliver a los de Brobdingnag; con el mono en persona Gulliver chillaba como Fay Wray. Que era mona, por cierto (el mono de Gulliver digo que era mona), y quería amamantarlo, ahí hay más sexo explícito. También le da de comer asquerosidades que se saca de la boca; si King Kong hiciese eso, la nueva Miss Darrow lo encontraría menos seductor. (Otra con mono violento: "Los asesinatos de la Rue Morgue" de Poe).

- También en las Mil y Una Noches hay un demonio gigante y celoso, con una diminuta esposa infiel que le hace bailes... El ogro de los cuentos suele estar casado con una señora normal, cosa que yo no entendía nunca.

- También es King Kong el macho subido de testosterona (el cíclope otra vez, falo personificado, claro - el cíclope es un gigantesco pene en erección que no atiende a razones, no ve las cosas estereoscópicamente sino con una idea fija). Por eso King Kong se sube a un rascacielos, contraste/identificación entre el macho primigenio y el falo pétreo del imperialismo americano, el capitalismo que penetra hasta lo más hondo de la selva y de los espacios cerrados. Bueno, fálico, pero no tanto; al final King Kong resulta ser sentimental como el dramaturgo existencialista. El sexo sólo es simbólico; a nivel de presentación superficial el gorila es viril pero casto. En cambio sí vemos pollas gigantescas y voraces surgir del barro y comerse a los exploradores. Aunque la escena es cómico-repulsiva, en estas pollas-vagina dentata también sale el inconsciente de la película a relucir... su versión histerizada de la dicotomía de los sexos. En Ingagi (vía BoingBoing), otra de gorilas de 1930, el sexo era explícito, y hasta nacían híbridos (de gorila y africana; con las blancas no llegaban a meterse).

- Sansón y Dalila. La fuerza derrotada por la belleza. En la película de Peter Jackson, muy deliberado, al hacer que Sansón esté, aunque no ciego, sí encadenado a las columnas: y derrumba el templo de los filisteos. Los filisteos somos nosotros, claro: la vulgaridad y autocomplacencia de los años 30 continúan casi sin interrupción visible, en la misma sala de proyecciones en que vemos esta película. King Kong destroza el patio de butacas, continuación del nuestro, y casi parece que viene a por nosotros. Nos lo merecemos. Pero estamos a salvo, monstruo, jaja -- a menos que explote una bomba en el cine (King Kong como el pánico urbano de masas, el terrorismo o revolución latente).

- Darwin. La distancia entre el hombre y el mono es menor hoy que en los años 30, pero ya los mundos perdidos de principios de siglo XX partían de un cierto interés por la evolución.

- El último mohicano. Contempla el crepúsculo de los dioses desde la isla, desde el Empire State, un mundo que lo desplaza. Por cierto, esta vez vemos que no era un caso único, sino el último de su raza, vemos las osamentas. Cementerio de los elefantes, dignos animales frente al innoble explorador-mercenario-comerciante-director de cine, que hace negocio trivializando el mito, a la vez que se flagela a sí mismo. Hacemos cine de masas, y a ellas nos debemos.

- Heart of Darkness. "No, Jimmy. No es un libro de aventuras". Pero la película sí, aunque también haya aventuras a los abismos interiores. King Kong también es una especie de Marlon Brando, o vice versa.

- Moby Dick. la persecución del animal mítico y gigantesco, inocente y cruel a la vez ("Dick Kong: The Moby"). No hay Ahab, sólo una especie de Orson Welles obsesivo y timador. Pero sí hay un cierto Pequod, con su comunidad multiétnica.

- Los negros. Empezamos con negritos bailando (genial la recreación del Nueva York de los 30, la depresión y los últimos coletazos del music-hall). Luego se invierten los papeles de negro y blanco, con el nuevo Queequeg a bordo del Pequod: el contramaestre negro ha recogido a un blanquito que lo idolatra, Jimmy; es su bwana negro. Totalmente siniestros son los nativos, al estilo de los 30, sin concesiones a la corrección política. Estos son negros de tam-tam e ídolo sangriento donde los haya, buenas piezas para el rifle del blanco. Claro, estamos en los años treinta, la película así (more postmodernista) a la vez señala a lo que critica en los 30, lo ve con distancia, y también lo reproduce; es una imitación de una peli barata de aventuras y tambien es una peli de aventuras barata (bien cara, por cierto). Podemos permitirnos el lujo de masacrar otra vez a Gagool, es intertextualidad. Pero a lo que iba: el negro mayúsculo es King Kong; en los años 30 aún es la pesadilla postesclavista, quizá ya se intuían los derechos civiles; desde luego Manhattan se les había llenado de negros. En las películas de Hollywood, y de post-Hollywood, como ésta, los negros representan el contacto con las fuentes de la vida y de la autenticidad, lejos de las falsedades e indirecciones de los blancos. King Kong es pues el negrazo monumental, no es Copito de Nieve, no -- aunque sí es el gorila meditabundo del zoo de Madrid. Hasta aquí ha llegado mi pueblo, y qué puede hacer un hombre en esta situación. En Hollywood, los negros mueren.

- La chica reconoce la autenticidad de King Kong. Y del dramaturgo intelectual, que es el guionista (¡pero si el guionista nunca se lleva a la chica!). Entre el hombre hipercivilizado y el monstruo está la elección. Menos mal que el guionista, contra toda probabilidad, también es heroico. Tras la caída de Kong su espíritu ha pasado sin duda al dramaturgo-guionista que besa a la chica.

- Y el espectador... el espectador está, como digo, en la posición del filisteo; es el que contempla a King Kong convertido en espectáculo de feria, o que paga para ir a ver al indio muerto, o al gorila de Madrid, o que se hace fotos junto al cadáver del monstruo, después de haberse proyectado un rato sobre él. Ya el alma deja el cuerpo del gorila y vuelve al nuestro, deseamos nuestra propia muerte al final de la vida, sobre todo si no hay otra salida; la película puede terminar.


King Kong el mito seguirá creciendo, o encogiendo, según manden los cánones de la época. En cuanto a los auténticos King Kongs,

Pas de comeback
Aucun remake
Faut faire avec...

gorillagorillagorilla

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Retropost: La Terminal

Retropost #689 (7 de enero de 2006): La Terminal

 

Es la película de Steven Spielberg, Tom Hanks, Sacha Gervasi, Andrew Niccol et al. (Dreamworks, 2004). Podría también llamarse El Castillo, o Bartleby, o Esperando a Godot, porque algo tiene de todo ésto, más un ingrediente de comedia romántica (frustrada al final) y pequeñas historias de cada personaje sumadas a la central. Que es la historia de Viktor Navorksi (Tom Hanks), un turista que se encuentra atrapado administrativamente en la terminal de un aeropuerto neoyorkino sin poder volver a su país en guerra ni obtener un visado para entrar a los USA. 


Navorski se lo toma con paciencia, espera meses en la Tierra de Nadie, en el espacio que no es ningún sitio, haciendo amistades, encontrando maneras de sobrevivir sin recursos, y evitando caer en las trampas administrativas que le tiende el malvado jefe de seguridad del aeropuerto, que quiere pasárselo a la policía para quitárselo de encima. Ante todo, planta batalla a la "irracionalidad de la racionalidad", según frase de George Ritzer en La MacDonaldización de la sociedad, pues es ésa la ley que impera en el aeropuerto. Acaba Navorski querido por todos, y hasta liga con una bonita azafata (Catherine Zeta-Jones), pero ésta está que se cuela por la pata pabajo por un piloto que nunca abandonará a su esposa, así que vive también en la espera, en un eterno triángulo vicioso.


Navorski espera las llegadas de Z-Jones con tanta ilusión como el visado que al final lo mande a alguna parte; el aeropuerto se organiza cuando viene Z como una geografía erótica que le permita seducirla, y lo consigue... por un rato. Luego cada cual sigue su camino; termina la guerra y Navorski vuelve a su país tras una breve visita a Nueva York (su misión original era conseguir la última firma de uno de los grandes del jazz que le faltaba en la colección de su padre - motor vital gratuito donde los haya). Luego se va, o vuelve, no sabemos a qué, a Krakozhnia o al cielo, pero habiendo logrado si no el amor, sí la dignidad humana y el cariño de todos los que le rodean en su pequeño Gulag. Ella en cambio se queda de azafata en tierra; Zetajones está hasta los, hasta allí, de su piloto, pero elige seguir en su espera imposible y sin sentido... pero qué joder, the fucking sex was so great. La estructura de comedia romántica se utiliza hábilmente, para frustrarla y dar a la pelicula un toque escéptico y desengañado dentro de todo el optimismo sentimental a la Spielberg... porque, desde luego, en mi terminal nadie se interesa tanto por nadie como la gente lo hace aquí por Navorski, o él por los demás.

Es pues una película sobre la espera y la esperanza ("Life is waiting"), sobre el sentido de la vida, sobre el poder de la individualidad y las relaciones personales frente a la burocracia deshumanizada. La terminal es, claro, una terminal, con todo detalle, pero también es una alegoría de la vida como lugar de paso. Quizá de paso hacia ninguna parte (no existe "Krakozhnia"), pero un lugar en el que hay que habitar, improvisar o ir tirando con lo que hay, y humanizarlo, frente a todas las presiones para que seamos sólo números de serie que circulen rápidamente sin obstaculizar el sistema. Una terminal es así el lugar postmoderno por excelencia, el lugar donde el capitalismo ya ha logrado su máxima expansión, y donde tras la parafernalia de letreros, superficies reflectantes y franquicias, hay un estricto control de seguridad que no es amable con los casos individuales. En una escena crucial, el jefe de seguridad negaba el paso a un inmigrante con medicinas cruciales para tratar urgentemente a su padre; Navorksi salva la situación diciendo que había un error de traducción, y que la medicina era para una cabra (con lo cual ya no se le aplicaba la legislación obstructiva). Así se tuerce la ley para atender al caso individual, algo que el jefe de seguridad no está nunca dispuesto a hacer. Es un judío estilo Shylock, que se atiene a la letra de la ley, y a sus intereses, sin importarle el coste para los demás. Por suerte, sus empleados se van volviendo contra él, y al fin su jefe de policía, negro, se hace deliberadamente el ciego para ayudar a Navorski (los negros, los inmigrantes, y los que van haciendo un poco de slalom con el sistema son los buenos de la película).





La terminal ofrece un modelo de sociedad macdonaldizada en fase terminal, nunca mejor dicho, pues su finalidad es procesar ("El Proceso") al personal rápidamente, que entren y salgan a la mayor velocidad posible, dando el menor número de problemas individuales, todos bien provistos de los impresos necesarios, y comprando lo más posible mientras pasan a toda velocidad y se pierden tras las puertas; sonrisa y patada en el culo. Como le dice el jefe de policía a Navorski al abandonarlo a su suerte en la tierra de nadie de la terminal, cuando éste le pregunta qué puede hacer, "sólo hay una cosa que pueda hacer aquí, señor Navorski: COMPRE." Frente a este consumismo frenético y alienante, Navorski luce recursos únicos, viejas tradiciones, habilidad manual, inventiva. Todo a la vez que parece un poco chiflado o subnormal por su manejo creativo del inglés, por ejemplo, hablando con Z-Jones, "he cheats", me engaña, se convierte para él en "eat shit". Todos sus recursos no le servirán, sin embargo, para conservar a Z. Aunque la consigue seducir, el interés erótico de ella por él es nulo. Navorksi le acaricia el alma, pero ella desea las caricias de otra persona, y un poco de castigo también. Así cada cual hace lo que le pide su cuerpo mientras dura la espera.

Hay otras frases memorables, y que traen ecos.... Z se queja a Navorksi, diciendo, contra toda evidencia aparente "I am 39!"... "Oh", dice Navorksi, (¡imposible!)- "I was 39 once"... Sólo le falta decir, "tranquila, ya se te pasará".... aunque la frase me recuerda también a aquella de Twelfth Night, "I was adored once"... Adorar no es suficiente, sin embargo, hace falta querer ser adorada. La película está cuidadísima, llena de detalles significativos o absurdos. Como la oficial de pasaportes puertorriqueña, trekkie ella, y simpática, pero inflexible con su matasellos: así es como funciona América. O, por otro lado, la historia Gupta, el viejo barrendero, inmigrante indio, que tras su aparición arisca acaba siendo encantador y saca también su corazoncito de oro.... Y se arriesga, pues tiene posibles problemas con la policía, y podría acabar en la cárcel por ayudar a Navorski. Gupta parece al principio un paranoico creyendo que Navorski es de la CIA y está espiándoles a él y a sus compañeros de póker... pero al final resulta que sus peores sospechas sobre la vigilancia están justificadas, aunque era el jefe de seguridad quien lo vigilaba y guardaba los trapos sucios de los empleados como un as en la manga, para utilizarlos en caso de que le fuera útil. Burócrata perfecto, el jefe de seguridad, está detrás de las cámaras de vigilancia omnipresentes, dirigiendo el aeropuerto al estilo de El Show de Truman, pero en la realidad nuestra, que es un show de Truman; son un toque metacinematográfico, esas pantallas dentro de pantallas, algo muy al gusto de Spielberg desde siempre, y aquí convertido en un arte metaficcional tan refinado que esconde el arte de la metaficción, si tal cosa es posible.


La realidad postmoderna de la terminal nos ofrece de hecho la vida como experiencia ya always already metaficcional: hay un desfase entre lo que el Sistema dice que somos, y lo que somos, vistos por otra cámara. La racionalidad terminal ya es aquí el trasfondo móvil, la materia bruta, la selva primitiva donde hay que inventar, cada día, en plan bricolaje —utilizando restos, rendijas, sobras, ratos perdidos— una segunda civilización, nuevas maneras de mantenerse, o hacerse, humano.  Y, como en la canción de Tim Rice, "any dream will do", una vez ha desaparecido nuestra Krakozhnia natal y nos encontramos perdidos en esta terminal.

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Retropost: Oliver Twist

jueves, 25 de febrero de 2016

Retropost #669 (26 de diciembre de 2005): Oliver Twist

 

Acudimos, huyendo del frío, a ver la celebrada película de Polanski, los niños por obligación dictada por sus superiores (hmm, muy a tono con la película: "y ahora, niños, silencio y a ver Oliver Twist, que ahí vais a aprender lo que es bueno y cómo las gastan con los niños que no quieren ir al cine..."). Yo por mi parte con curiosidad por ver si le añadían a twist to the old tale. Y bueno, siempre lo hay, pero básicamente por el procedimiento de que queda enfatizado lo que no se corta; en la novela entran naturalmente a hachazos, no hay otra manera...

Así, desaparece el parentesco de Oliver con sus benefactores, desaparece toda la historia de la madre, y la de Monks su hermanastro maligno, con el anillo y el medallón, y desaparece toda referencia a herencias y fortunas caídas del cielo; desaparecen otras casualidades demasiado casuales (no hay Noah Claypole en la banda de Fagin, se pierde de vista el señor Bumble cuando ya sobra, etc...). Lo que queda proporciona una muy buena adaptación clásica. La ambientación histórica está muy lograda, y algunas actuaciones son memorables: la de Nancy, la del perro de Bill Sikes, y en especial la de Ben Kingsley como Fagin. Pero es curioso, es básicamente el Fagin de Ron Moody, el del musical Oliver! el que recrea Ben Kingsley: claro que todo en aquella película era un gran acierto, y por tanto un reto difícil de ignorar -- así que de hecho esta película de Polanski da la impresión de ser un remake de Oliver! sin la música, más que una visión independiente de la novela de Dickens. El modelo realista elegido ya estaba logrado y superado en el musical, por tanto es un poco pobre volver a él sin más cuestión: la estética de la película es todo menos experimental, y eso que el material es excelente: un clásico sólo a medio explotar (y no me contradigo), más una tradición fílmica de Olivers como filón... La estrategia de adaptación contraria a la aquí seguida hubiera enfatizado las casualidades, los retornos obsesivos de personajes, las fortunas caídas del cielo, el surrealismo de Dickens más que su realismo, la voz narrativa incluso, por qué no, las ilustraciones de Cruickshank (aunque han inspirado a la iconografía fílmica, también ellas tienen más jugo por exprimir). En lugar de thrillificar el argumento (como se hace manteniendo a Oliver como rehén de Sikes hasta el final) sería más interesante un guión que sacase a la luz los puntos problemáticos de la historia, cosas que la novela contiene a su pesar pero que quiere esconder, como el origen de las misteriosas fortunas, la maquinaria social que destina a unos a mano de obra esclava y a otros a cómodas rentas... una maquinaria contemplada por Dickens con una mirada fascinada y horrorizada, mirada apartada en última instancia con gestos semihistéricos. Bueno, en ese sentido la película sí es fiel a Dickens, pues hace lo mismo que él, instalando cómodamente a Oliver en un orden social que se ha revelado como caótico e injusto: pero es lo que todos hacemos en Occidente, ¿no?

Me interesaba especialmente el tratamiento de la figura de Fagin, siendo judío Polanski y siendo Fagin uno de las representaciones abyectas de judios más emblemáticas producidas por el antisemitismo (claro que Dickens negó ser antisemita, y puso luego un buen judío en otra obra). Y sí que encontramos en la película un cierto énfasis en la figura de Fagin y su destino. A pesar de su maldad, pues malvado es, nunca pega a Oliver, y lo cura de su herida (visto que aquí falta Rose Maylie) con un ungüento "más viejo que el tiempo", tradición judía sin duda. Merece también Fagin que se conserve (y es un episodio subrayado aquí, por tanto) la visita de despedida de Oliver en la cárcel, cuando se le va a colgar como espectáculo público; y un cierto asomo de chivo expiatorio sí se le da al personaje en este momento. Además es una visita tanto más gratuita cuanto que el Fagin de la película no tiene ningún secreto crucial que revelar. No llega el blanqueamiento de este Fagin, sin embargo, al nivel del simpático Fagin de Oliver!, que es indultado por el guión y se pierde, a modo de John Silver, por el horizonte de nuevas aventuras, implausiblemente redimido. Aquí no: el judío ha de ser exterminado, y presentado como ente abyecto. Polanski no es averso a estas caricaturas chocantes (pienso en el final de El Pianista, con su confrontación estética entre un acobardado judío de manual antisemita y un elegante, artístico y noble nazi). Y tampoco es cosa sólo de Polanski: Spielberg, por ejemplo, otro judío, muestra la caricatura más abyecta de un judío jamás aparecida en el cine, en la persona de ese moscardón que era el amo del niño Anakin en el "episodio 1" de Star Wars (una figura que quizá deriva de Fagin, por cierto). Aunque ni en este caso ni en el del Fagin de Polanski se menciona la palabra "judío". Son curiosos experimentos, a medias quizá entre la tradición antisemita, el humor judío y una cierta voluntad de autoabyección. Todo lo cual es... curioso, y quizá el aspecto más experimental y arriesgado de esta película, con, insisto, una magistral actuación de Ben Kingsley, irreconocible y memorable.



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Retropost: eXistenZ

miércoles, 24 de febrero de 2016

Retropost #666 (24 de diciembre de 2005): eXistenZ



Es esta película de Cronenberg (1999) una de esas ficciones sobre las que he comentado donde la realidad flojea . Es una película basada en un videojuego generador de una realidad virtual, "eXistenZ", donde los personajes han de seguir pistas que les permitan sobrevivir y adivinar quién está de parte de quien en un confuso argumento.

Juegan la creadora del juego y un "novato" que al principio ni siquiera se había implantado uno de los "biopuertos" necesarios para conectarse al juego, a modo de cordón umbilical. El novato resulta ser un activista miembro de un movimiento fanático antijuegos que quieren matar a la creadora del juego, por infectar la realidad con estas creaciones de realidad virtual. Casi la coge por sorpresa, pero ella ha sido más lista y lo elimina a tiempo, en una realidad poco diferenciada del juego al que han jugado, un mundo donde no puedes confiar en nadie y es una huida de todos contra todos por parajes de pesadilla.

Ahora bien, resulta que lo que se nos presentaba como realidad de base no lo era, y descubrimos los espectadores que ya desde el principio, antes de entrar a jugar, estábamos en otro juego, transCendenZ, que es replicado en abÎme por el argumento del juego en segundo nivel eXistenZ. Y cuando emergemos a esa "realidad" el creador del juego (hombre aquí y no mujer), que estaba presentándolo a un grupo de aficionados, es asesinado por uno de ellos, la que había adoptado en el juego el rol de creadora de eXistenZ... y ahora ya no sabemos si seguimos dentro de un juego o no; los terroristas antijuegos que eliminan a los fans de la realidad virtual se comportan como jugadores exterminadores de figuras en un entorno virtual, y la película acaba con la pregunta de una víctima, antes de que le disparen, preguntando si estamos aún dentro del juego...

En Cronenberg, aparte de los argumentos obsesivos o de pesadilla, acompañan los ambientes desagradables, sucios, y las actitudes compulsivas de los personajes. Esta película recuerda a Videodrome por las mezclas de tecnología y orificios corporales, así como de niveles de realidad (la mosca también combinaba carne y tecnología de maneras desagradables). Aquí hay abundantes imágenes oníricas, como la pistola hecha de restos de comida y husesos ensamblados a partir de un plato especial en el restaurante chino, y los dientes que se le sueltan al protagonista para proporcionar balas al arma orgánica... O el vivero de anfibios mutantes que luego son cocinados en el restaurante chino. Las pesadillas de Cronenberg después de cenar muchas ostras, sin duda, y tener sueños eróticos donde se combinan cableados umbilicales, puertos de ordenador infectados ensamblados en la espalda, y pene/traciones cibernéticas. O las consolas que son bicharracos vivos, luego infectados o diseccionados para mayor efecto... Quien disfrute con escenas elaboradamente desagradables, puede llevarse esta película tranquilo a casa; quizá viendo pesadillas despierto uno duerma luego a pierna ancha. En cuestiones de tecnología corporal, mejor no pasar del tatuaje o del piercing en el ombligo, visto lo visto aquí.

La película hace amagos de denunciar la confusión entre realidad y ficción que presenta, y el efecto amoralizador de los los videojuegos al fomentar nuestra inmersión consciente en actividades violentas o desagradables. Por supuesto es una denuncia ambivalente, al modo postmodernista, y la película participa de lo que denuncia. Son, por otra parte, muy similares la inmersión en la realidad virtual cinematográfica y en la de los videojuegos, y en ese sentido la película tiene una dimensión metafílmica, presenta una reflexión sobre la ambivalencia del cine como experiencia: a la vez nos da experiencia (virtual) y nos arrebata toda experiencia (virtualizando la experiencia real). Un efecto palpable en eXistenZ se ve en la manera en que, sin ningún recurso especial de manipulación de la imagen (al margen de unas ambientaciones abstractas o convencionales al modo de los videojuegos), los actores reales de carne y hueso acaban por parecernos imágenes generadas por ordenador. Las imágenes de pesadilla que combinan carne y tecnología, como los biopuertos inflamados, no son sino una manera más gráfica de presentar esta relativización de nuestra realidad, penetrada hasta la médula por las tecnologías de la imagen.

También es una reflexión sobre el terrorismo: quienes defienden una realidad tradicionalista a golpe de pistola están tan pillados en el juego como los otros, y han importado buena parte de sus actitudes y de sus procedimientos de esa realidad virtualizada a la que dicen querer destruir. Para Cronenberg, "il n’y a pas de hors-jeu". La vida quizá en el pasado tuvo mayor sustancia, pero hoy es sólo un laberinto de ficciones y de imágenes, y el amor y el deseo son sólo episodios y movimientos del juego de la existencia.

Y bueno, hasta aquí llegamos hoy, que ya se me inflama el biopuerto de la retina. Por cierto, habíamos quedado con los amigos en ir a cenar a un chino. No sé si coja el toro por los cuernos, pidiendo el plato especial de la casa, o lo deje pasar...


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Retropost: Narnia

jueves, 18 de febrero de 2016

Retropost #653 (12 de diciembre de 2005): Narnia

 

Narnia
 

- Bueno, muy cristiana ¿no? con ese león sacrificado andando por el monte de los olivos... Ahora que el ritmo está bien, parece que no va a pasar nada, y luego ya ves. Está bien llevada. Y qué música más bonita, oye.
- Y qué paisajes. Claro, es Nueva Zelanda, esas montañas tan preciosas, con la industria que han montado ahí.
- Huy, y Polonia, y Chequia, y Honduras, y....
- Y la realidad virtual, claro, que antes esto no se podía filmar, o no valía la pena para hacer el ridículo.
- Sí, como King Kong en la vieja que coge a esa chica gigante de veinte metros en la mano mientras aparta aviones que parecen moscas.
- Me ape ver la nueva (¿ape, get it?).
- Bah, hacen los tiranosaurios muy barrigones, y con patas muy cortas.
- Sí, ya, pero es queriendo; ahí en  los dinosaurios eso sí es un caso de retrospección complicado: imitan no ya a los "de verdad" sino volviendo más reales a la idea de los dinosaurios que tenían en los años treinta.
- ¿Qué es lo que más os ha gustado de Narnia, nenes?
- A mí el ataque del centauro ese que atacaba con dos espadas, así saltando, y aún le quedaba un espadón para la reina.
- A mí la muerte del león.
- Hombre, Pibo, no seas así.
- A mí los castoles.
- También el señor Tumnus era bonito.
- Bueno, más bien un poco feo. Pero sí que parecía un fauno.
- Y Papá Noel no estaba vestido de lojo.
- Bueno, por lo menos tampoco movía las caderas, ¿no?
- Agg, sí, son siniestros, ¿te imaginas que te persiguiese uno de esos por el pasillo, "Ho, ho ho!! Jingle bells!! Jingle bells!!", con sus ojos sin vida?
- ¿Y lo más feo? ¿Ese enano calvo?
- Jo, cuanto peor lo trataban más quería. Así les va, claro.
- Le quitaban la gorra para limpiarle el morro al niño. Y era gruñón, como todos los enanos. Los cíclopes sí que eran feos. Y la reina bruja, era como entre guapa y repelente...brrrr. Aunque para mí el peor era ese hombre murciélago, tan flacucho, y chillaba, "Uikkhhj, uikjjj" Qué asco, si aleteaba y casi no podía volar. ¿Para qué inventarán cosas así?
- A mí la lucha. La guela. Cuando luchaban.
- En el libro no había grifos.
- Bueno, pero no desentonaban. Y los aviones del principio lo mismo: aunque no salen, es porque la inventaron en tiempos de guerra, sabes. ¿Y el más poderoso quién era?
- Hombre, pues Aslan. ¡Se creían que lo podían matar, pero luego ataca, y zas, se le come la cabeza a la bruja!
- Es una lección para el niño mentiroso, que no era malo, pero cabezón sí, y al final traiciona por nada, por unas chuches.
- Sí, Judas; aquí lo perdonan, en el original no queda tan claro.
- Por unas delicias turcas.
- Hmm. Qué ricas parecían. Habrá que probar esas delicias turcas.
- Uf qué críos, por dios. Y cuidado con los armarios, ¿eh?


Retroposts


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Una mente maravillosa






 

A Beautiful Mind. Dir. Ron Howard. Screenplay by Akiva Goldsman, based on the Novel by Sylvia Nasar. Cast: Russell Crowe, Jennifer Connelly, Paul Bettany, Adam Goldberg, Judd Hirsch, Josh Lucas, Anthony Rapp, Christopher Plummer. Music by James Horner. Ed. Mike Hill and Dan Hanley. Prod. Des Wynn Thomas, Photog. Roger Deakins. Exec prod. Karen Kehela, and Todd Hallowell, Prod. Brian Grazer.  Dreamworks Pictures / Universal Pictures / Imagine Entertainment, 2001. Spanish VHS: Una mente maravillosa. Dreamworks Home Entertainment, 2002.* (On John Nash, paranoid mathematician).

Retropost #645 (7 de diciembre de 2005): La realidad flojea

Retropost #645 (7 de diciembre de 2005): La realidad flojea




Thou dost not see where thou hast lived so long,

The place is called the skull where thou dost tread.


(Jones Very, "The Prison")


Las representaciones hacen vacilar nuestro sentido de la realidad, de tal manera que nuestra atención se desconecta del aquí y ahora de nuestro cuerpo y nuestro mundo, y se sumerge en el mundo representado, experimentándolo ya sea a través de otros cuerpos allí representados, ya sea en un estado nebuloso de flotación, a modo de espíritu viajero por otras mentes y espacios, sin ubicación fija.

Si la realidad puede flojear, es porque ella misma es una representación. La neurología contemporánea ha mostrado cómo nuestro cerebro es un intérprete que genera la realidad (la realidad en tanto que representación) en la que nos ubicamos. La mente es, así, una especie de pequeño dios creando su cosmos (pequeño, porque se le escapa su propio proceso creador, y se engaña a sí mismo con sus creaciones). Y si esa realidad que genera nuestro cerebro es más auténtica que otras representaciones secundarias para nosotros, unas y otras son, hasta cierto punto, intercambiables; al menos nos podemos apoyar temporalmente en otras realidades virtuales.

La realidad virtual propiamente dicha sería la simulación perfecta, mediante la tecnología de la representación, de nuestra realidad de primer nivel. No existe todavía, claro: existen simulaciones o aproximaciones, como las ha habido siempre... desde que hay teatro, imágenes o ficciones. De hecho, es en una ficción como Matrix donde la realidad virtual puede alcanzar su pleno desarrollo: allí, al ser la realidad de base también una representación (generada por ordenador en parte), la realidad virtual generada por ordenador puede implantarse en ella sin que se vean las costuras. Pero experiencias análogas hay en nuestro mundo: la inmersión del espectador en la película, o la anulación del yo frente al televisor. La absorción en la lectura. Las charadas de la política internacional, en las que todos nos vemos atrapados. El deseo de las imágenes de la moda: de los chicos, de las chicas, de los maniquís. La máscara de nuestro papel necesario en la interacción social, la máscara que se pega a la cara (¿a qué cara? A otra máscara. A visor for a visor).

Siempre me han atraído las ficciones de la realidad virtual y la reflexión sobre ella. La hipótesis cartesiana del genio maligno: quizá lo que tomamos por realidad sustancial sea realidad virtual, una ilusión generada por un genio maligno (es la hipótesis de Matrix, avant la lettre). Si la realidad tiene estructura mental, ya es una hipótesis aceptada de entrada. El mito de la caverna, por ir todavía más lejos. Claro que para Platón existía la posibilidad de salir de la caverna, posibilidad que en el estado actual de la reflexión queda descartada. Esse est percipi-- otro paso en la fenomenologización del mundo. Es importante, sí, la observación mutua. Todavía más cuando se interioriza, y nos constituimos desde dentro como resultado de la observación mutua, hecha ahora nuestra (porque quién vamos a ser, si no somos quienes nos han dicho que somos). Es lo que yo he llamado en alguna ocasión el yo relacional: un yo sin sustancia, mantenido en equilibrio enteramente por nuestra circunstancia (yo soy mi circunstancia, por así decirlo). Me gusta pensar que es una postura que tiene algo que ver con los postulados del interaccionalismo simbólico: generamos sentido mediante la interacción, y mediante la interacción interiorizada, los signos que según Blumer nos enviamos constantemente a nosotros mismos. También Goffman parece pensar en este sentido: un día de estos expondré lo que yo entiendo es su teoría de la génesis del yo mediante la interiorización estructurada de circunstancias y relaciones. Pero a lo que iba: la realidad flojea, unas veces más que otras.

Me gusta la moda actual de películas en las que la realidad flojea. Películas en las que la ilusión generada en la pantalla resulta ser dos ilusiones: la que creíamos real es doblemente ilusoria, el personaje ve cómo se le hurta la realidad en la que vivía, y que resulta ser un constructo cibernético, o psicológico, o mágico, o una simulación colectiva. Los ejemplos son muchos: he nombrado Matrix, quizá el caso arquetípico. Aquí van otros, cada uno con variantes: Total Recall, Sphere, Abre los ojos, Conspiracy Theory, The Game, Being John Malkovich, Adaptation (El ladrón de orquídeas), Los Otros, Infiltrado, La isla, Misteriosa obsesión, La memoria de los muertos,  Olvídate de mí (Eternal Sunshine of the Spotless Mind)... películas todas del género que Daniel Innerarity llamaba "cine cartesiano".

Aparte de sus raíces en la filosofía idealista, hay otras más inmediatas, claro, en la literatura y el teatro, que también han jugado con niveles de representación (de hecho si este fenómeno nos llama tanto la atención es porque no hacemos otra cosa en la vida que jugar con niveles de representación, marcos dentro de marcos que diría Goffman). Es un tema frecuente en la poesía amorosa soñar cómo se hace el amor con la amada, sólo para terminar el poema con el brusco despertar del poeta. Está en Petrarca, en Quevedo - y en Milton, que añade el detalle de que despierta a una vida real en la que está ciego, pues sólo puede ver ya en sueños. Nuestros despertares son brutales, apenas más en el sueño que en la ensoñación. Así pues son la imaginación y el sueño las primeras formas de realidad virtual, que todavía dejan chiquitas a las demás. La Vida es Sueño es un ejemplo magistral de uso literario de este motivo, combinando la charada (para el espectador) con la representación onírica (para Segismundo). Los sueños, sueños son... toda la vida es sueño para Calderón, todo el mundo es teatro para Shakespeare. Totus mundus agit histrionem: todo el mundo es un actor, o todo el mundo imita a los actores (o hace el payaso). Son dos perspectivas que tienen mucho en común: viendo el teatro también representamos nuestro papel de espectadors, llamados a colaborar con el actor según Shakespeare: "on your imaginary forces work". Y quién sabe en virtud de qué papel de nuestra vida social hemos ido al teatro, de espectadores. Cuando Shakespeare utiliza disfraces sobre disfraces, o utiliza imágenes sacadas del lenguaje dramático para infundirlas en la acción "real" de los personajes, está sacando a la luz, y a la vez intensificando, la teatralidad de la vida cotidiana, y el carácter convencional de las realidades en que vivimos. Tanto más cuando somos víctimas de un engaño o de una charada, esas ficciones de la interacción que envenenan (y constituyen) nuestra vida de modo tan real.seo

También en la narración me fascina la realidad virtual. Las realidades virtuales que aparecen en la ciencia ficción (Stapledon ya imaginaba un control social mediante la realidad virtual tecnológicamente generada, en Star Maker). Pero antes de la tecnología, magia para quien no la entiende, estaba la magia. En un famoso cuento de El conde Lucanor, Don Juan Manuel, Petronio y Don Illán el mago de Toledo confunden a la vez al lector, al conde Lucanor y al deán de Santiago: la realidad que éste último creía sustancial, y en la que era rico y poderoso, resulta ser una realidad virtual generada por el mago, para darle una lección de humildad. En "Asem", Oliver Goldsmith también nos lleva a una realidad mágica para dar una lección al protagonista, que intentaba suicidarse, y cuando termina la lección encontramos otra vez al protagonista al borde del abismo a donde le había llevado su desesperación, pero esta vez escarmentado por su experiencia -- que no ha tenido lugar en ningún tiempo ni en ningún lugar, aparte de la realidad virtual. Las realidades hipotéticas que aparecen en el Cuento de Navidad de Dickens (o en las variantes que ha inspirado, como la película Family Man) son también fenómenos de la misma especie. Y no deja de ser significativo que tienen mucho en común estas realidades inestables con otro tipo de realidad inestable y manipulable: la que aparece en el Libro de Job, donde las circunstancias de la vida de Job son fácilmente manipulables, elementos de un experimento o apuesta entre Dios y Satanás. Y yo me preguntaba, leyando el Libro de Job, si Job no echaría en falta sus esposas anteriores, y los hijos de su otra vida, aunque Dios o el diablo le hubiesen vuelto a cambiar las circunstancias. La realidad había flojeado, para mí si no para Job, y nada volvería a ser lo mismo.

Podrían hacerse muchas tipologías sobre este tipo de ficciones que utilizan varios planos de realidad: en cuanto a la importancia relativa de una y otra, su realismo o surrealismo respectivos, la motivación utilizada para introducir la realidad alternativa (tecnológica, interactiva, mágica, artística, narrativa...), o la sustancialidad relativa de una y otra realidad. Es importante, por ejemplo, saber si la realidad flojea sólo para un personaje o también para el espectador. Por ejemplo: ¿empieza el relato con un mundo sólido de base, dentro del cual un personaje es víctima de una ilusión, todo ello a sabiendas del espectador? O (como sucede en La Isla o Matrix) creemos estar instalados, como espectadores, en un mundo sólido, junto con los personajes, y caemos también junto con ellos por una trampilla en el suelo que nos lleva a otra realidad? (¿Y esa otra realidad, es estable?).

En última instancia, todas estas obras que usan la realidad virtual nos hacen dudar de la sustancialidad de nuestra realidad, nos muestran cómo está hecha de sueños intercalados, de ficciones en las que vivimos, de otras representaciones que se han solidificado y que tomamos, provisionalmente, por la realidad que nos aprisiona. Yo sueño que estoy aquí....

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