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Cine

Retropost (2006): Scoop

   
Scoop

Publicado en Cine. com. José Ángel García Landa

La última de Woody Allen, y hasta con Woody Allen, cosa cada vez más infrecuente. Pero ésta no va a hacer historia: es flojilla, una película sencillita (al estilo del Manhattan Murder Mystery), un poco como un homenaje a un tipo de películas de detectives que se hacían, o se deberían haber hecho, en los años cuarenta, pero que siempre parecen un poco distorsionadas, parodiadas o retomadas en plan histerizado, una vez se les incluye a Woody Allen como investigador. (Y un periodista que se escapa nada menos que de la barca de la Muerte, para dar el chivatazo de quién es el asesino). En este caso, el asesino principal ni sale; es un asesino en serie, pero conocemos a un copycat killer, que se aprovecha de la serie de crímenes para colar uno más, y librarse así de una prostituta que lo chantajeaba... Vamos, que el lema podría ser que "aunque cojan al asesino, y no sea tu novio, tu novio también puede ser un asesino"—hasta EL asesino, y hasta TU asesino si te descuidas. No os fiéis de esta gente que anda por las country houses de los ricachos ingleses, Woody Allen se ríe del té con pastas pero está convencido de que hay muchos esqueletos en los armarios. Y de que llegado el caso, se llevan por delante a quien les amenace la pasta y el status, sin pensárselo dos veces.

Algo copycat, aparte del caso del "El asesino del tarot", es que la idea básica del argumento quizá derive de El Nombre de la Rosa (¿hay una lógica unitaria detrás de las muertes, o la inventamos, o se cruzan varias lógicas?). Pero sobre todo, la peli es un poco autocopiona: ¿son clásicos del estilo de Woody, o está metiendo la mano al fondo del tonel a ver si aún puede sacar algo? Los actores no están demasiado acertados tampoco, en especial el aristócratarot. Woody ya se sabe: a estas alturas no es que experimente precisamente con su saber star, y la cosa rechina cada vez más si no se innova en esto. Sea como sea, un planteamiento sencillito para una película que se ve bien pero que no va hacer titulares... y si os la perdéis, pues aparte de un rato medianamente divertido, poco se habrá perdido.
Ah, bueno, un chiste de los de Woody, hablando de religiones con una elegante pareja inglesa en un cóctel: "Ah, el cristianismo, claro, claro. Bueno, a mí me educaron en la religión israelita, pero luego me convertí al narcisismo". Este casi me lo podía haber inventado yo.


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Etiquetas: Cine, Allen, Intriga

 

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Retropost (2006): Hoodwinked by Aristotle



Hoodwinked by Aristotle

Publicado en Cine. com. José Ángel García Landa

Hoodwinked es un cruce entre Rashomon, Caperucita Roja, Agatha Christie, y Mentiras Arriesgadas (o similar). Aquí la han titulado La increíble pero cierta historia de Caperucita y el Lobo Feroz. Es una película de animación muy en la línea de Shrek (aunque Caperucita no es tan basta, claro, ni la animación tan fina).  También usa, como indica su título, la versión anterior "modernizada" de Caperucita Roja, Red Riding Hoodwinked (1955), una de Piolín y Silvestre. A los niños les encanta, y a los mayores también, a pesar de su animación no tan lograda ni acabada como las de Pixar. El guión es excelente, y el ritmo in crescendo de invenciones a cual más grotesca es lo suficientemente disparatado como para hacerte dudar del sentido de la realidad.

Lo que más me ha llamado la atención es la manera en que los pequeños han seguido maravillosamente bien una historia que va complicando el cuento de Caperucita incluyendo sucesivamente una rana detective, un lobo periodista, una abuelita campeona de deportes de riesgo, una cabra que canta hillbilly, y un conejito maligno que hace kung fu con las orejas. Lo complicado no sería esto, sino el planteamiento narrativo basado en la repetición de la historia inicial vista desde distintos puntos de vista, cada cual más completo y envolvente que el anterior, mostrando cosas que la percepción de Caperucita primero, del lobo después, del leñador luego, etc., habían pasado por alto: lo que parecía el cuento de siempre era en realidad el plan malvado de un ambicioso conejo, capitalista bucanero que quería hacerse con el mercado de pasteles y con el control de la realidad. Claro que hace falta que venga la rana investigadora para desentrañar el misterio.

La presentación de la misma historia desde distintos puntos de vista sucesivos, es decir, la simultaneidad secuenciada, es uno de los tipos fundamentales de estructura narrativa compleja. En términos narratológicos, se trataría de una estructura de relato consistente en una serie de analepsis (ya sea subjetivas, las unidas a la experiencia de un personaje, ya sea objetivas, las articuladas extradiegéticamente por la narración con su propia autoridad). La técnica de la simultaneidad secuenciada es en realidad una intensificación o reduplicación del proceso de lectura. Una relectura de la realidad, si se quiere: por parte del espectador, ayudado en esta ocasión por los distintos puntos de vista de los personajes. Pero en última instancia, toda narración es una simultaneidad secuenciada: al llegar al final, toda narración es releída (siquiera virtualmente) y vemos con otros ojos los acontecimientos que al inicio del argumento parecían tener un determinado valor: luego han sido transformados por el desarrollo de la narración. Quien llega al final de la narración tiene una perspectiva superior, irónica, sobre el tiempo y el punto de vista de quienes están atrapados en el mundo narrado.

A veces la presentación sucesiva de perspectivas simultáneas completa la perspectiva inicial ofrecida sobre la acción representada; otras veces queda relativizada de modo radical la posibilidad de llegar a una representación unívoca y fiable. En el caso de Hoodwinked, naturalmente se resuelve el misterio con los datos que faltaban al principio, y el final es satisfactorio no sólo por la derrota del Conejito ("me temo que hemos de arrestar a una cosita pequeña y peluda") sino porque se ha vuelto a estabilizar la realidad que las distintas versiones narrativas amenazaban con dejar en estado de virtualidad permanente. Los niños vuelven a descansar sobre terreno firme.

Las versiones literarias modernas de este tipo de configuración temporal (El Cuarteto de Alejandría de Durrell, As I Lay Dying de Faulkner) suelen ser más dañinas para la solidez de la realidad, que queda disuelta en los puntos de vista que la constituyen. Aunque también es clásica la utilización detectivesca de narraciones múltiples para esclarecer un misterio (The Moonstone de Wilkie Collins). En todo caso hablo aquí de narraciones verbales: a la narración cinematográfica le costó aceptar la imagen virtual entre los recursos legítimamente utilizables, sobre todo si se privaba a las imágenes "falsas", dependientes de un punto de vista y no autorizadas por la versión implícita de la realidad construida por la película, si se las privaba digo de signos visuales que indicasen su virtualidad: un toque nebuloso por los bordes de la imagen, por ejemplo. Hitchcock fue muy criticado por "tramposo" al presentar con la gramática de la realidad una secuencia que luego resultaba ser simplemente la versión elaborada por un personaje.

Claro que esta contaminación de la "solidez" de la imagen por la relatividad de la palabra estaba preparada por las raíces literarias del cine, por el mismo hecho de que se filmasen escenas de ficción, y más en concreto por el paso a la imagen que el cine clásico opera tras las introducciones narrativas y voces en off de las adaptaciones literarias.

Sea como sea, si una película como Ciudadano Kane ha sido durante mucho tiempo "la mejor película de la historia del cine" es en parte por este tipo de complejidad narrativa, basada en las articulaciones de la retrospección verbal y la representación en imágenes de "versiones" de la realidad, siempre teñidas de subjetividad y perspectivismo. La relativización de la solidez de lo que vemos es esencial, quizá más en el cine que en la literatura, pues todos venimos enseñados a no creernos lo que nos cuentan, sino lo que vemos... y hay que aprender que lo que vemos también está virtualizado por estructuras de percepción y representación. Me ha supuesto un gran placer la proliferación reciente de películas en las que la realidad flojea, y la aceptación definitiva de los recursos metaficcionales entre las herramientas estándar del cine.

Nos cuesta ver que una representación mimética como el cine es también una representación diegética: una narración. Nos cuesta ver que el cine es retrospectivo, puesto que la película parece moverse hacia adelante como una máquina, y sólo en ocasiones volverá explícitamente hacia atrás... Pero una película está construida desde su final, como cualquier narración artística. Todo lo que se incluye en la película está subordinado a una lógica de la narratividad (como la llama Philip Sturgess) que es eminentemente retrospectiva. Todo lo que se incluye deberá tener su función en el conjunto.

Esto suena a Aristóteles... y de hecho fue Aristóteles el que al crear muchos conceptos narratológicos merece el nombre del primer narratólogo; narratólogo de la mímesis también: la Poética es una narratología de la tragedia. Aunque Aristóteles, dando una de cal y otra de arena, también es el mayor responsable de que haya pasado desapercibida la narratividad del teatro. En la oposición que establece entre narración épica y drama, declara por ejemplo (un tema que aquí nos atañe) que sólo la épica puede presentar acciones que transcurren simultáneamente: las presenta sucesivamente, claro.  Y el drama no puede (dice).

Inmediatamente se nos ocurren refutaciones tan obvias como que las narraciones de los mensajeros en el drama también representan acciones que transcurren simultáneamente... claro que no las representan en escena. Está claro que la idea misma de una analepsis objetiva en el drama ofendía a la mentalidad griega, al menos a la de Aristóteles y a la de quienes escribían efectivamente las obras. Y hubo que esperar a Time and the Conways de J. B. Priestley, en el siglo XX, para encontrarse con una obra cuyo acto tercero transcurría años antes del segundo acto.

Así pues, Aristóteles y la poética aristotélica en general contribuyeron a perpetuar el error de las identificaciones precipitadas y fijas entre modalidades narrativas: "es drama, luego no muestra una versión narrada de la realidad, sino la realidad"; "es drama, luego ha de respetar la secuencia cronológica". Etc. Hoodwinked by Aristotle, y mucho tiempo después de haber rechazado las "tres unidades".

De este modo pasan desapercibidas, en última instancia, la narratividad del drama (que algunos redescubren periódicamente), o la virtualidad de la escena teatral y de la pantalla. Algo que, a pesar de los experimentos metaficcionales de Shakespeare, o de Beckett, o de Amenábar, siempre está por reinventar y volver a explotar. Quizá el teatro, por ser "menos narrativo" que el cine (según se supone), sea un reducto más duro de pelar aún para los juegos con la temporalidad, el punto de vista, la simultaneidad, y la virtualidad de la imagen. Pero hoc opus, hic labor; y donde hay algo duro de pelar, ahí están las posibilidades a explotar de un género o arte. Y ahí están, como digo, Shakespeare o Beckett  para indicar lo que se puede hacer con el metadrama y la virtualización de la escena. Al público, por otra parte, no hay que subestimarlo. Si en tiempos As I Lay Dying o Rashomon parecían cosa compleja, los niños de hoy en día siguen perfectamente el cuento de Caperucita Roja, y se lo pasan en grande viendo cómo la realidad no es todo lo sólida y transparente que parecía ser.

La atalaya retrospectiva

 

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Retropost (2006): El diablo se viste de Prada

jovenzuela aspirante a periodista, que ha de encontrar la autenticidad (ay, la búsqueda de la autenticidad en el sistema de clases... pues no tiene tradición ni nada eso, en la novela inglesa). Esto es en Nueva York, ya se sabe, bright lights, big city, y de cómo nos deslumbra. Al final acaba trabajando en periódico tradicional e intelectual de la urbe, pero eso es tras pasar por una fase de secretaria en una revista de modas tipo Vogue (que ya se sabe que hacen perder la cabeza hasta a las vicepresidentas). La chica se las promete muy felices, pero para hacer carrera ha de vender el alma al diablo... cosa muy frecuente, claro, entre quienes quieren hacer cualquier tipo de carrera, especialmente meteórica, despegando por la runway hasta la jet-set de tu profesión.

El diablo que se viste de Prada es la directora de la revista—Meryl Streep, que está, como siempre, genial, en un personaje de los que le van, una jefa venenosa, con tensión interna acumulada, tiránica, perfeccionista y workahólica, que vive para su trabajo y para ser la top of the top, y tener a todos bailando a su son. Le gusta además ver cómo los demás se venden por las zanahorias profesionales que les ofrece; es en realidad, seguramente, uno de sus mayores placeres ver cómo para hacer carrera venden su integridad y traicionan a sus principios y colegas. El poder: la felicidad de ver a los demás hacer no lo que quieren (incluso lo contrario de lo que quieren), y verlos haciendo lo que tú quieres hacer con ellos. Lo dicho, el diablo sobre la tierra, y desde luego que puede vestirse de Prada, de hecho tiende especialmente a vestirse de Prada y a vivir en un mundo de pura imagen: que eso es el poder, el poder proyectar tus imágenes por todo el mundo hasta que desplazan a la realidad y la rehacen a su medida: un microclima donde el Jefe es el rey del mambo, el centro del universo.

Pero la chica periodista recapacita, ve la senda errónea que tomaba, y deja de contestar a las llamadas de su jefa. No como el brazo derecho de la Streep, que va a seguir siendo el factótum hasta el fin de sus días... Así que final feliz; se incluye en él el rechazo al indeseable galán tentador y sus cafeterías de diseño, y el regreso con el novio de toda la vida al que habia cambiado por el empleo megafashion (aunque este final queda un poco abierto, para que imagine el personal, caso frecuente últimamente, como en The Break-up o Eternal Sunshine of the Spotless Mind). También podrá volver la chica a llevar la talla 38, que es la que le pedía su cuerpo, en vez de la 36 que exigía la empresa; y Prada que compre el que quiera, o el que pueda, o el que quiera matarse por ello. Una historia de género, vamos, que se repite porque debemos tenerla mal aprendida, y se seguirá repitiendo cada vez más, supongo. Venderle el alma al trabajo es venderle el alma al diablo, y todos lo hacemos en una medida u otra. Como dice la Streep, si no llevamos Prada, llevamos la Prada de hace diez años atrás, rebajada y pasada por el mercadillo. Pero en fin, siempre aprieta menos que la talla 36 de pasarela.

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Retropost (2006): Time Fighters

Time fighters

Publicado en Cine. com. José Ángel García Landa

Me ha gustado la película Prime (dir. Ben Younger, 2005, con Uma Thurman, Meryl Streep y Bryan Greenberg). Je, el nombre del director tiene chiste, como veréis. En español la titularon Secretos compartidos. Va la película sobre una recién divorciada fotógrafa neoyorkina de 37 años (Thurman) que se enamora (mutuamente) de un jovenzano de 23 años (Greenberg), que casualmente es el hijo de su psicoanalista (Streep)—lo cual da para algunas situaciones divertidas, al ver el doble estándar que aplicaba la doctora mientras no sabía que se trataba de su hijo... En fin, ese argumento de la psicoanalista se desvanece gradualmente, y la película se centra en la pareja y en su imposible convivencia. Problemas de edad, de ahí el título: aunque Uma evidentemente está juvenil, tiene otros planes para su vida: estabilizarse, tener un hijo... y renuncia a la pareja al estimar (ella, no él) que él no está maduro aún para eso, que no es el momento. Vamos, que aunque los dos están enamorados y ambos están en su "sexual peak"... no están en su "prime" en el mismo sentido. Así que tras escenas, rupturas y reconciliaciones, la película termina de modo un tanto atípico con un encuentro fortuito un año después de su breve aventura; se miran con emoción pero no llegan ni a hablarse, y cada uno (presumiblemente) sigue su rumbo, aunque los finales abiertos están para que cada cual los cierre a su gusto.

El tema crucial es la diferencia de edad, cosa de broma y relax para la psicoanalista Streep mientras no descubre que se trataba de su hijo (bueno, el tema se complica también con que el muchacho es judío y su madre tiene ideas firmes al respecto, o sea que hay un cierto jungle fever por medio, o un adivina quien viene a cenar, con el tema de las parejas interétnicas). Pero lo que les lleva a romper, con dolor, es ver que están en dos momentos de su trayecto vital, él empezando una carrera de pintor, con mundo por ver, ella buscando ya una pareja tranquila y niños. El amigo sociópata del aspirante a pintor se escandaliza de su diferencia de edad: 37 años! ¡pero si esta tía está combatiendo a la edad! ¡una time fighter! she’s on the clock! Este amigo lo tiene clarísimo; las mujeres mayores que uno pueden servir para una sesión, pero no para asentarse en una relación comprometedora con ellas. La diferencia de edad no llega aquí, de todos modos, al extremo de Harold and Maude, pero a cambio se introduce el tema "niños", que en aquella otra pareja no era cuestión al ser Maude casi octogenaria.

Y es que en Prime se muestra, llevándolo un poquito a un extremo para mayor claridad, un aspecto de las relaciones modernas que está a la orden del día. Antiguamente, un hombre aposentado buscaba una esposa más joven. Hoy hay tendencia a más fluidez y variedad, con más parejas de la misma edad (lo más normal) o donde la mujer es mayor que el hombre. Pero... el reloj biológico no ha cambiado tanto, y eso lleva con frecuencia o bien a tensiones (los famosos hombres que no quieren tener niños) o bien a parejas sin hijos. O a la imposibilidad de encontrar una pareja, sin más, quizá por estar buscándola en un grupo de edad donde no están en oferta. Si las mujeres estudian y tienen carrera, lo normal es que empiecen a plantearse tener hijos a los treinta y muchos, o cuarenta y tantos (frecuente). Y... de ahí tantas adopciones y tantas chinitas en Aragón.

Siempre se ha presentado a las mujeres como víctimas de su reloj biológico, del tiempo que corre en contra de ellas. Ya lo decía Anne Finch, condesa de Winchilsea, en un poema feminista de hacia 1700, donde detalla los argumentos contra las mujeres con estudios o con carrera; una historia familiar sin duda:

They tell us we mistake our sex and way;
Good breeding, fashion, dancing, dressing, play
Are the accomplishments we should desire;
To write, or read, or think, or to enquire,
Would cloud our beauty, and exhaust our time,
And interrupt the conquests of our prime;

our prime... Ay, las mujeres, víctimas de la educación, no de la naturaleza, dice la Winchilsea; siempre alguien delante señalándoles el reloj, recordándoles que están on the clock, que están condenadas a ser time fighters.Víctimas del tiempo, o más bien quizá de los tiempos, porque una sociedad que considerase a los bebés como un bien necesario estaría organizada de otra manera. El caso es que necesarios necesarios no lo son. Se importan, en caso de apuro; para hijos, de China; para trabajadores (ya criados), de África o de Sudamérica. Y los europeos y las europeas nos dedicamos entretanto a seguir nuestros individuales cursos vitales y nuestra realización personal, trabajando nuestras parejas sin hijos (típicamente) y nuestras confluent relationships. Pero este discurso y circunstancias típicamente postmodernos están mezclados, claro, con otros muchos otros discursos y circunstancias que arrastramos del pasado. Como el cuerpo que también arrastramos, y que aún manda lo suyo aunque todos seamos time fighters hoy en día.

La terminal


 

Etiquetas: Cine, Parejas, Amor, Younger
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Matar a un Rey (To Kill a King)

Matar a un Rey (To Kill a King)



To Kill a King. Dir. Mike Barker. Screenplay by Jenny Mayhew. Cast: Tim Roth, Dougray Scott, Rupert Everett, Olivia Williams, James Bolam, Finbar Lynch, Adrian Scarborough, Jake Nightingale, Julian Rivett, Jeremy Swift, Richard Bremmer, Patricia Kerrigan, John-Paul Macleod, Corin Redgrave, Melissa Knatchbull. Photog. Eigil Bryld. Prod. des. Sopie Becher. Prod. Kevin Loader for Natural Nylon Entertainment, Rudolf G. Weismeier and Christopher Petzel, coprod. Kathy Sykes. Assoc. prod. Bradley Adams y Dougray Scott. UK, 2003.*
IMDB: http://www.imdb.com/title/tt0302436/
_____. Matar a un Rey. YouTube 24 June 2013.*
https://youtu.be/I0QstexdQ3E?list=PLaZDlkL6Ra7PD4M1lK4Pt8nZ5dLUDwIg5


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Retropost (2006): In Good Company

In Good Company

Publicado en Cine. com. José Ángel García Landa

(Título español: Algo más que un jefe)- Comedia de empresa, género Wall Street de Oliver Stone, ésta escrita y dirigida por Paul Weitz (2004). No es propiamente "romántica" aunque hay parejita (el joven jefe y la hija de su maduro mano derecha, situación chusca que enfatiza el sentimiento del "suegro" al verse desplazado en su empresa por el jefecillo). El énfasis principal está en la ética laboral y la presión a que se ve sometida por el gran capitalismo, encarnado en la lógica del joven ejecutivo ejecutor y trepa que entra a saco en la empresa cuando lo ascienden a ocupar el puesto del padre de la chica: "I'm being groomed! Mark, thank you, thank you. I'm going to kick so much ass for you, I'm going to take no prisoners, I'm going to be your ninja assassin!"—vamos, como aquello de "Greed Is Good". 

Pueden verse resúmenes y valoraciones generalmente adecuadas en los primeros comentarios de su página en la Internet Movie Database.  Traduzcamos el primer comentario de esos (enviado por jotix100, de Nueva York):

La de veces que hemos contemplado la ascensión meteórica de un jovenzano en nuestro puesto de trabajo a un puesto superior, a un status para el que nos parecía que no tenía las calificaciones adecuadas. Esta es la base de esta encantadora comedia de Paul Weitz, basada en su propio guión.

Los cambios que se introducen en una compañía cuando se pone a dirigirla alguien que no tiene méritos apreciables es algo que sucede constantemente con la manera americana de llevar un negocio. ¿Cuántas veces hemos visto que estos jóvenes advenedizos hacen descarrilar una empresa por su inexperiencia? ¡Más de unas pocas!

A Carter Duryea [¡por favor pronunciar con cuidado!] lo selecciona su protector en la megaempresa donde su estrella va en ascenso, como elección lógica para ponerlo al frente de una revista que ha sido recientemente adquirida por el magnate Teddy K. Este Carter no tiene ni idea de lo que le espera. Despide a la mayor parte del personal más mayor, pero Carter no es tonto, y mantiene en su puesto a un hombre de talento, Dan Foreman, porque puede utilizarlo. Después de todo, Dan tiene poco más de cincuenta años, está casado, tiene un par de hijas universitarias, y deudas.

Carter no tiene vida personal. Su mujer lo deja plantado a pesar de su gran ascenso. Justo después, conoce a la hija mayor de Dan, Alex. Ella pronto se lo lleva a su habitación de la residencia universitaria. Dan Foreman no tiene idea de lo que está pasando delante de sus narices. Carter y sus maneras le repelen más que nada en el mundo. Por eso cuando descubre a los dos amantes en un modelno restaurante de Manhattan, se pone balístico.

El gurú de Carter experimenta una caída trágica, tras haber cumplido su papel y ser usado por Teddy K. Como resultado, Carter también pierde su empleo, porque al final Dan es reconocido por sus propios méritos, y no por ser el sí jefe que eran Carter y su superior. Después de todo, Dan es el único que hace las preguntas que nadie se atreve a hacer sobre la miopía de la gran empresa en su manera de llevar la revista.

Esta ácida comedia arroja una luz sobre la América de la gran empresa como no lo hace ninguna otra reciente. Dennis Quaid interpreta a un brillante Dan Foreman, el hombre mayor. Topher Grace nos da una interpretación sorprendente como el joven Carter. Scarlett Johansson interpreta a Alex Foreman, una joven sin complejos que se lía con el jefe de su padre.

Cuidado con esos superbólidos fugaces...

Para superbólido fugaz, el Porsche de Carter Diarrhea, que lo estampa nada más salir del concesionario. Símbolo de su carrera, claro. Es terrible la vergüenza ajena que se siente en su primer discurso ante la empresa, muerto de nervios... y aunque enseguida se recupera, vemos luego que en su falsa retórica de añadir "sinergia" a la empresa sólo estaba imitando a su patrono Teddy K. El discurso de Teddy K. es interrumpido al final por Foreman, haciendo preguntas molestas sobre cómo iba la empresa, preguntas que en efecto hacen reflexionar al empresario tiburón, y le llevan a deshacerse rápidamente de la revista.... felizmente, ésta pasa a un empresario que apreciaba más al parecer su manera tradicional de funcionar. Los planes de la multinacional de Teddy K. de usar sus empresas para apoyar con tácticas de publicidad unas a otras resultan ser un fracaso... porque las otras empresas competidoras hacen lo mismo, y los clientes que se ganan por un lado (?) se pierden por el otro por las reglas artificiales que introducen esos planes multinacionales en el funcionamiento espontáneo del mercado. Así pues, en un final wishful-thinking, Foreman vuelve a ser el foreman. La película defiende, dentro de una perspectiva capitalista tradicional, a la pequeña empresa individual que halla su "nicho" estable, por encima de la lógica de usar al conjunto de la empresa como ficha en una especulación a nivel superior; otra cosa será que el capitalismo no lleve ineludiblemente a esto segundo, y que el final pase a ser así producto más del deseo que de la observación de la realidad. Es en todo caso la afirmación de unas prioridades éticas: el compromiso de una carrera vital con el trabajo, con un público y una manera de hacer las cosas, sobre la lógica puramente economicista del beneficio inmediato. Ésta lógica lleva a recortes súbitos y reorganizaciones espectaculares pero engañosas del panorama empresarial, y a normas especiales dictadas artificialmente para fines especiales calculados previamente por quienes esperan sacar tajada aun a costa de sus compañeros de trabajo. (Como el pez de Dyurea, "Buddy", que se come a su compañero en la pecera). Reflexiones todas éstas que no sé si serán muy aplicables a la empresa privada, pero que desde luego sí suenan como un comentario adecuado sobre la relación entre una empresa con responsabilidad pública (y pienso en la Universidad Pública) y sus empleados, y su "público" y su razón de ser. La lógica del márketing espectacular, los planes de reforma estandarizados y los recortes de los "michelines" académicos que se nos prometen puede traer no sólo los resultados esperados y planificados, sino también otros que no entraban en los cálculos. Porque los cálculos economicistas siempre son optimistas por defecto (por defecto, digo): otro tipo de cálculos no pasan la selección natural de la reunión del comité de empresa.

Así que eso, cuidado con los superbólidos fugaces, que se estampan... y además normalmente se llevan a varios por delante también.

El hombre del tiempo


 

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Retropost (2006): M. Night Shyamalan, LA DAMA DEL AGUA

 

M. Night Shyamalan, LA DAMA DEL AGUA

Publicado en Cine. com. José Ángel García Landa

Qué película más mala, no se os ocurra ir a verla, a menos que disfrutéis con esa variante del cine de terror que son las películas que te hacen sentir vergüenza ajena por lo que rechinan por los cuatro costados y lo mal que combinan sus ingredientes.

Shyamalan se inventa una mitología ad hoc que hace la película arbitraria, y sus pretensiones de moralizar a la humanidad altisonantes desde el primer fotograma. Es una historia de náyades que vienen a ayudar a los humanos y son amenazadas por un perro-hiena monstruoso que a su vez es amenazado por monos monstruosos—en serio. El papel de los humanos es ayudar a las náyades a regresar a su mundo. Y es doloroso ver cómo el engranaje predeterminado para irnos informando de la mitología esa se va desarrollando a trompicones según la fórmula ideada por el autor, mientras los diversos personajes ven aterrizar sobre ellos una serie de roles (la curandera, el protector, el intérprete... etc.) que la historia ha predeterminado para ellos, y asisten con una paciencia infinita a este aterrizaje de mitología oriental en una comunidad de vecinos de Pennsylvania... una paciencia que sin duda sólo es comparable a la de productores y actores de esta película danzando al son disonante de la música de Shyamalan. Es un espectáculo grotesco, para quien quiera vivir emociones aderezadas con un poco de schadenfreude.

Remata la historia la propia presencia del director haciendo un papel como autor de El libro de cocina, (el título probablemente es malo, sí), una colección de pensamientos sobre "nuestros líderes" que cambiará la historia de América tras la muerte futura y violenta de su autor. Todo esto lo sabemos por los poderes proféticos de la náyade, de la que nadie duda jamás ("Ah, eres una náyade. ¿Y cuándo vuelves a tu mundo?", etc.). Quien venga a este blog buscando un display de egolatría, mucha mejor idea es irse a ver La dama del agua.

Es una película del género ése como Bagdad Café donde una comunidad anómica y desintegrada se ve unificada, dinamizada con un propósito y un destino en lo universal por la llegada de un personaje que da sentido a sus vidas, que restaura la comunidad, vamos. En este caso, la comunidad desorganizada es un bloque de vecinos de Pennsylvania, en cuya piscina aparece la joven. La verdad es que los vecinos hasta se conocen, parece, con lo cual la cosa no era tan mala ni mucho menos. Pero el mito de la joven los convierte a cada uno en una figura de juego de rol, cosa que une mucho más. La casa de vecinos puede ser los USA, o el mundo, según se quiera, un microcosmos multirracial donde lo sagrado se desconoce, hasta que lo traen conjuntamente la protectora náyade y Shyamalan el escritor indio, con el Gran Cambio que provocarán sus obras. Hasta los judíos, encarnados en el portero, Cleveland Heep, que acoge a la joven y los va reclutando a todos para esta minisecta improvisada, lograrán superar el doloroso trauma de la exterminación de su familia. (Siempre le van a Shyamalan estos personajes heridos emocionalmente que se superan; aquí se juntan el hambre y las ganas de comer cuando a este portero lo encarna Paul Giamatti, el de Entre copas). Convencidos inexplicablemente por el portero Heep, todos los vecinos se unirán, al parecer, en un redescubrimiento del Sentido, que acabará fructificando en la transformación de los USA por los efectos de la obra visionaria de Shyamalan. Esto sí que es plantear la propia narración como una solución imaginaria a problemas reales, pero a un nivel de arbitrariedad tal que te cuelga la mandíbula.

La historia se desarrolla según previsto, tras una ligera confusión de los personajes al asignarse los papeles en el juego de rol, para distraer al personal. La náyade era una náyade especial, cosa que la abruma pero poco, y por eso está tan perro el perro y deben intervenir los monos sagrados. Uf. Si es que hasta la fantasía necesita un mínimo de prudencia. Pero al final, por suerte, se la lleva al fin a la chica acuática su águila gigante, dejando a todos investidos con el sentido de lo sagrado y del mito cocinado ad hoc. A todos menos a uno: un desagradable vecino, un crítico cinematográfico que expone en unas intervenciones metaficcionales las convenciones argumentales de la película, es devorado por el perro-hiena (aunque creía, contra toda lógica, que un personaje secundario desagradable no podría sufrir ese final, ahí patina por primera vez su lógica). Lamentablemente para Shyamalan, el perrohiena no se ha manifestado para devorar a sus propios críticos, por ejemplo el de Film Journal International, en esta realidad pedestre. Claro que para el Christian Science Monitor  y gentes New Age dispuestos a agarrarse a un clavo ardiendo para creer que nuestra realidad está vigilada por poderes trascendentales, las empanadas mentales de Shyamalan les resultan agradables y sugerentes. Pues nada, nada, a por ellas, todas para ustedes. Mitología barata, entretenimiento barato, filosofía barata, lanzamientos multimillonarios de semejantes productos... ay que tristes auspicios para el futuro de América tras el Gran Cambio.

Unlocking Million Dollar Baby

 


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Retropost (2006): United 93

United 93

Publicado en Cine. com. José Ángel García Landa



9/11

 Si llegamos a ir ayer a ver esta película... ya hubiera estado redonda la redundancia. Yendo hoy, nos han enviado a la S-11 (Sala 11) de los Palafox. Es, dicen, la mejor película hasta la fecha de entre las que han hecho como homenaje al once-ese ése, lo que los americanos llaman 9/11—para el cual sugiero el logo de la izquierda. Es  curioso que aquí no nos muestran el derrumbamiento de las torres en la película, sólo el impacto del segundo avión, y filtrado por una pantalla de televisión, para mayor verdad de la experiencia. Muchos personajes de esta película se interpretan a sí mismos, unos años más viejos... ninguno de los pasajeros del vuelo, claro. Es una película muy bien hecha, de ritmo trepidante con cámaras agitadas y grano gordo, simulando el documental; lo del ritmo merece la pena destacar porque realmente la mayor parte de la acción consiste en técnicos de vuelo desesperados intentando aclararse de qué avión están hablando. Comienza la película con los terroristas como protagonistas, en plan mártires de la fe, y no busca demonizarlos más de lo que se demonizaron a sí mismos con sus acciones, esas bestias pías. El final es descorazonador, con los pasajeros al fin decididos a atacar, muertos de miedo, rabiosos y no especialmente heroicos, haciéndose con los mandos justo demasiado tarde como para poder enderezar el rumbo del avión. Justo antes de la oscuridad súbita, escenas convulsas y recortadas, fanáticos musulmanes y occidentales desesperados sacándose los ojos en la cabina de pilotaje de este United 93, modelo a escala de nuestro planeta—es lo que hace pensar. Los servicios de emergencia, la Fuerza Aérea, el Presidente... no salen bien parados, pero de manera discreta. De todo se enteraban todos por la CNN: los altos mandos, los controladores, yo mismo... en fin. El funcionamiento de las cosas no estaba pensado para contar con las acciones estúpidas y criminales de gente con las prioridades tan mal puestas como para no apreciar ni su propia vida. Ahora sí, un poquito más. Los servicios secretos que supuestamente estaban investigando a esta gente ni se mencionan. Nada estaba, y seguramente ni está, tan bajo control como nos hacían creer. Por suerte. Un mundo tan complicado como el nuestro, y donde todo estuviese además bajo control perfecto, no sería un mundo humano. Ni siquiera el Patriot Act lo va a deshumanizar, espero. Pero a estos salvajes del turbante prieto dentro del cráneo no se les detiene con la Fuerza Aérea, como les quieren hacer creer Bush y sus lobbies armamentistas a sus votantes y contribuyentes. No se les podrá detener, de hecho, hasta que sean más aborrecidos por los musulmanes pacíficos que por los propios occidentales... cosa que aún está muy lejos de suceder. Mientras, se lo están trabajando sin descanso.

Salvaciones imaginarias, matanzas reales

 

Etiquetas: Cine, Terrorismo, 11-S

 

Retroposts

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Retropost (2006): Aeon Flux

 

Aeon Flux

Publicado en Cine. com. José Ángel García Landa

Esta película deriva de un videocómic, o sea que gentes no dispuestas a transigir con ciertos absurdos argumentales y convenciones, mejor abstenerse porque se podrían irritar gravemente. Está hecha con Charlize Theron en letras grandes; es muy visual y espectacular; vemos generosas dosis de la actriz, que hace honor a su papel estando de impresión como tiene que estar. El asunto va de una desagradable utopía futura, único habitáculo humano, ciudad ahistoricista amurallada, perdida en una selva mundial, que al parecer es tóxica, tras la extinción masiva de la mayoría de la especie humana en el lejano pasado. Todo es de diseño, muy bonito y futurista, pero el gobierno, como en las buenas distopías, controla, asesina y tiene horribles secretos. El secreto es que todos son clones, copias fabricadas generación tras generación de los pocos millones de supervivientes a la catástrofe de hace cuatrocientos años... que era nuestro tiempo. AeonFluxCharlize es AeonFlux, una terrorista/rebelde de la banda de los Monicans, que luchan por derrocar a la dinastía gobernante, los Goodchild, herederos de quienes encontraron la cura contra la epidemia. AeonFlux es la más gatuna y letal de las Monicans. Y va derrocando al gobierno con patadas y volteretas espectaculares que ya querrían otras Monicans, ayudada por una amiga cuadrhumana, y todo salpicado por unas sesiones de comunión virtual que tienen con la líder de la sectabanda Monican. Esta línea argumental se cruza con otro plot en el seno del gobierno, donde hay un hermano malo, un Badchild que quiere ser califa en lugar del califa para hacerse con el poder absoluto... y resulta que el Goodchild bueno (y benéfico líder) era, en la vida pasada, marido de AeonFlux, Christine que fue en nuestros días. Ahora ha descubierto la curación para que vuelva a haber nacimientos naturales, pero el hermano malo quiere perpetuar las clonaciones y su control gubernamental.... por suerte, es derrotado, y parece al final que de todos modos el bosque ya no es tóxico y los embarazos se producen de modo natural. Reunión de los futuros clones de Christine y su marido, aceptación de la muerte, encarnada en la imagen de un viejísimo Peter Postlethwaite que era el director de la fábrica de clones. Y tear down the wall, dulce reunión final.... (me dicen que esta justiciera moral esposa del Presidente poco tiene que ver con la anarquista de la serie original).

Los clones se presentan de manera un tanto acientífica como entes derivados, copias sin alma ni entidad auténtica, meras reproducciones vacías de ser, sobre todo si viven sin vivir en sí, que ni son ellos ni los que eran. Son como malas reencarnaciones, con el karma mal llevado. Están lastrados por quienes fueron en origen, y llevan una existencia de falsa conciencia. Así, AeonFlux vive su identidad como un trauma, interrumpido por flashes de memoria (característicos de los estados traumáticos) donde se le aparecen imágenes inconexas del pasado, fragmentos que no reconoce ni puede integrar en una narración vital—un poco en plan trauma, a la manera de Memento. Así pues, la recuperación de la autenticidad es también la recuperación de una historia coherente y de una memoria organizada. La realidad del futuro está traspasada de irrealidad: aparte de la ficción social en la que vive la comunidad (un poco a la manera de La Isla), están las comuniones mentales y reuniones virtuales de los Monicans, en una especie de ciberespacio mental. Frente a eso, la autenticidad está en derribar el muro (el muro del trauma que bloquea los recuerdos) y en regresar, en cierto modo, al pasado. Nuestro pasado, pero no del todo; hay un cierto toque años setenta u ochenta en flashback final que nos muestra la despedida de Christine y su pareja tras su primer encuentro amoroso. Nuestro pasado en los años setenta: más auténtico, lejos de tanta mediatización visual y realidad virtual. La película nos sumerge en un paréntesis virtualvisual, y nos promete que tras su fin regresaremos a nuestra realidad, que es la que era, más auténtica y sencilla. El futuro como trauma, pero el futuro que es un poco nuestro presente, donde la identidad ya es problemática, nuestro genoma está codificado, y nuestra interacción está cada vez más virtualizada, nuestros pasos más controlados por la vigilancia antiterrorista. El presente como trauma, interrumpido por recuerdos mal estructurados de lo que fuimos, o creemos que fuimos, en los setenta, esa reencarnación anterior.

AeonFlux. Dir. Karyn Kusama. Written by Phil Hay and Mat Manfredi, based on the characters by Peter Chung. Cast: Charlize Theron, Marton Csokas, Jonny Lee Miller, Sophie Okonedo, Frances McDormand, Peter Postlethwaite, Amelia Warner, Nikolai Kinski, Yangzom Brauen. Paramount Pictures / Lakeshore Entertainment, 2005.



El hombre del tiempo
Etiquetas: Cine, Theron, Trauma, Clones

 

Retroposts

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Retropost (2006): Cuando los Mundos Chocan



Cuando los Mundos Chocan

Publicado en Cine. com. José Ángel García Landa

Por alguna razón inscrita muy hondo en mi subconsciente, siempre me han gustado las historias tipo Arca de Noé, de supervivientes encerrados en un espacio artificial cerrado, y las historias de catástrofes cósmicas, así que este clásico de la ciencia ficción (prod. George Pal, dir. Byron Haskin, 1951) lo tiene todo. A los nenes, que han visto hace poco El día de Mañana, les han encantado las escenas de destrucción universal. Y además la película se presta, como todas las de ciencia-ficción de la época de la Guerra Fría, a ser interpretada en términos de política fantasmática.

Sinopsis del argumento: unos astrónomos descubren que un planeta desconocido va pasar cerca de la Tierra, provocando catástrofes, y que días después toda la Tierra será destruida por la estrella a la que acompaña el planeta. La ONU debate el tema, pero no hay acuerdo en la comunidad científica sobre la fiabilidad de la predicción; así pues, no se hace nada. Mientras, unos generosos empresarios con visión de futuro sí han creído al astrónomo (que es además el padre de la chica), y financian la construcción de una nave que lleve a un pequeño número de elegidos hasta el planeta intruso, donde puedan empezar una nueva civilización. Dos líneas argumentales complementarias son cómo la chica cambia de novio, y cómo éste tiene reparos de conciencia porque el suegro lo quiere incluir entre los elegidos por enchufe. Al final, consiente ir de piloto suplente, medio engañado por un gesto generoso del antiguo novio. Quien se queda en tierra es el suegro, voluntariamente, y también (a la fuerza éste) un millonario egoísta que había puesto como condición para su apoyo el estar incluido entre los elegidos. Tras un intento de asalto a la nave en el último momento por parte del grupo de rechazados, ésta despega y llega felizmente al nuevo mundo, donde por suerte y casualidad la atmósfera es respirable y la temperatura ideal. Llevan en la nave, cómo no, animales domésticos, semillas, tratados de agricultura e ingeniería, y, única concesión aparente al arte, las obras de Shakespeare. La Biblia no consta, pero a cambio abre la película, con citas alusivas no a Ajenjo y el Apocalipsis, sino  a Noé y el Arca. La catástrofe cósmica es pues un castigo divino y purificación de una humanidad pecadora e imperfecta.

El simbolismo de la Bomba está a flor de piel en la película. A nivel explícito, no hay la menor alusión a tensiones internacionales de ningún tipo (aunque la inutilidad de la ONU presidida por un indio sugiere épocas más actuales de escepticismo USA para con esta institución). Lo que sí se contrapone es la incapacidad de los gobiernos frente a la visión e ímpetu de la empresa privada, y esto es naturalmente un axioma del liberalismo y de la posición de USA. Oímos hablar de otras naves similares que se construyen en otros países, pero no sabemos nada más de ninguna. Parece ser que el Nuevo Mundo será americano (el protagonista parece ser inglés, o sudafricano, obviamente no negro, pero se embarca con los americanos—esta es una empresa anglosajona). También será blanco el nuevo mundo: la raza negra no parece haberse considerado digna de perpetuar sus genes en el más allá.

La ideología pro guerra fría de la película es subliminal; probablemente también para quienes la hicieron. La colisión cósmica es, naturalmente, una versión desplazada del holocausto nuclear. Aquí adquiere la naturaleza de lo inevitable: es una cuestión de órbitas y rumbos cósmicos, un cataclismo que ha de venir, que los humanos no pueden evitar, y sólo apenas pueden encauzar de la mejor manera posible. Los temores y ansiedades de la guerra fría buscan así imágenes desplazadas que ayuden a concebir escenarios hipotéticos y posibles soluciones para la destrucción impensable con la que se estaba aprendiendo a vivir. La función de las películas es la de ofrecer soluciones imaginarias a problemas reales, como diría Fredric Jameson. La solución imaginaria es la supervivencia (es más, la hegemonía genético-cultural) de los Elegidos norteamericanos, del american way of life en otro sistema solar, tras la purificación de la carne imperfecta a la que alude el comienzo de la película. Mediante la selección del punto de vista narrativo, se nos presenta como aceptable la destrucción de miles de millones de seres, y de todo el Planeta, a cambio de la supervivencia de nuestro objeto de identificación imaginaria: en una buena narración catastrófica (lo vemos en los periódicos a diario) la lógica es siempre a favor de la vida: "terremoto en tal sitio - mueren decenas de miles, ¿tragedia?- vaya, se encuentra una niña bajo los escombros cuatro días después - ergo, falsa alarma, final feliz, era comedia".  Tal es la lógica narrativa de la catástrofe, hace jugar la identificación imaginativa con el protagonista contra la mera lógica de las cifras. En este sentido, los esquemas narrativos comunes son inherentemente optimistas (quizá por el Principio de Pollyana del que hablaba Leech), e inherentemente falaces, instrumentos de manipulación política que sirven para justificar los medios por desmedidos que sean. La figura de quien no delega imaginativa y políticamente en los Elegidos es convenientemente demonizada y exorcizada, en la persona del millonario paralítico y egoísta; el espectador, en cambio, está en una posición envidiable: a la vez delega imaginativamente, y sobrevive.

Se me dirá que la película habla de choques de planetas, no de choques de potencias... y que está basada en una novela de 1933, cuando no había aún bombas atómicas... Bueno, pero sí había bloques, inquietud planetaria, revolución en el aire; y sea como sea, los sentidos cambian con las adaptaciones y con el tiempo; en 1951 el peligro de un choque de planetas no era, desde luego, una hipótesis contemplada; el de la guerra nuclear, sí. Por cierto, uno de los autores de la novela original, Philip Wylie, escribía en este mismo año, 1951, una historia sobre contrabando de bombas atómicas... tema siempre actual. Visión de futuro, y de actualidad, no le faltaba.

Ni visión de las obsesiones tradicionales. La llegada al nuevo planeta, tierra deshabitada y virgen, lista para la colonización de los Padres Peregrinos, es una reedición del mito americano de la Frontera y del Nuevo Mundo, un mito utópico que ya aparecía a su manera bien perfilado en el siglo XVII en el poema Bermudas de Andrew Marvell. Podría decirse que esta película legitima, a su manera, el holocausto nuclear en el que el propio espectador habrá de perder la vida, a cambio de la identificación imaginativa con la América perfeccionada que seguirá al triunfo atómico; un mundo, por fin, blanco, angloparlante, with God on our side, y joven (ser joven es aquí más profundamente americano; Europa es vieja). Una nueva América que ocupa todo el planeta,  — una América, además, corregida, limpia de indios y otros pieles rojas.


Alegorías de la Bomba

 

 

Retroposts

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Life as a Dream You Leave Behind

jueves, 11 de agosto de 2016

Life as a Dream you Leave Behind

El Gran Teatro del Mundo - Le Grand Théâtre du Monde - This Huge Stage
hace aproximadamente un año

True Detective (1s season) episode 3 - Life as a dream you leave behind: https://youtu.be/TlSiXPXcjpk

 

Retropost (2006): CARS con caras

Cars con caras

Publicado en Cine. com. José Ángel García Landa

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Hoy tenemos por fin planeado el visionado de Cars con los nenes y Chusi. En el último Mad Magazine salía un sendup divertido de Cars, presentando a los personajes rechazados para la película, por ejemplo un mercedes plateado hecho un acordeón llamado "Crumple, the totaled paparazzi-evader", o una furgoneta roñosa llena de mejicanos, "Don Pablo, the illegal alien-stuffed econo-van"; también "Flippy, the rollover-prone Suv",   o "Putrid Pete, the puke-filled prom limo"... y "Forgotten Frank, the leaf-flyer and pigeon-crap-covered Buick". El nuestro también necesita un lavado, y pagar unas multas. Y una revisión antes de irnos a hacer los kilómetros veraniegos de rigor. Otra cosa por hacer. Uf.

Bueno, pues vista Cars; es menos para niños que otras de Pixar, más para mayores simulando ser niños, no demasiado acertadamente en este caso. Y eso que la historia tiene buena base, políticamentecorrectamente hablando: coche de carreras trepa, que descubre los encantos de la lentitud, y de los pueblos de mala muerte con vecinos car-acterísticos. Pero los gags no son muy allá. Es curioso, a los coches siempre les hemos visto cara, y a veces se les pone humorísticamente en publicidad sobre todo (—normalmente los ojos están en los faros, y la boca en el capó, aquí no; están los ojos en el parabrisas y la boca en el radiador o el parachoques, como yo me los solía imaginar de crío al verles la cara).

Lo curioso, digo, es que nunca hayan salido personajes famosos de comic o cine encarnados en coches. Y eso que los americanos son muy dados a identificarse con su coche, la religión nacional dicen algunos, o al menos la identidad pública o carrocería de su personalidad es el coche, antes que el blog de cada cual o su "face". Je, pues esa es la mayor diferencia entre la USA profunda de Cars (buena película para Americana) y la USA real: que en la de la película nadie usa coche... porque son coches ya. Pero la pregunta del millón la hace Abo, pregunta de retrovisión:

- ¿Cómo consiguen mirar por el retrovisor si tienen los ojos en el parabrisas?

Al nuestro le hinchamos por lo menos el pie, digo la rueda. A ver si mañana le toca la revisión.... Yo identificarme me identifico más con la moto; donde haya cuatro retrovisores que se quiten tres.

Hinokio


Etiquetas: Cine, Pixar, Cars, Coches

Retropost (2006): Korol' Lir

Korol' Lir

Publicado en Cine. com. José Ángel García Landa

Visionaje de la película de Grigori Kozintsev (1969), con música de Shostakovich y una excelente colección de interpretaciones. Comenzando por la interpretación que hace el director de la historia: consigue un clásico, la mejor película sobre Shakespeare según algunos, y no les voy a llevar yo la contraria: ahora que hay que matizar, en su género, que es el clasicismo del Realismo Socialista... no el género más apreciado actualmente, to put it mildly. Y muy dificultado queda el visionado por la mala calidad de las copias disponibles, con un subtitulado inglés prácticamente ilegible la mitad de las veces. Y paradojas del subtitulado a la lengua original, se pierde inmediatez, precisamente la que se había ganado al liberar al cine del lenguaje de Shakespeare... aquí lo recuperamos with a vengeance en los subtítulos.

Por volver a los orígenes por otra vía, aquí hay una edicion online de The Chronicle History of King Leir. La historia de la vejez y de cómo lleva a replantear las relaciones con los hijos, y a los "abuelos con bolsos" que dice el Bufón, seguro que a muchos les ha sonado desde siempre. Pero hace falta Shakespeare para mostrar de manera inolvidable lo que se tiene delante de las narices. Ah, y un toque metateatral en la versión "revisada" de Shakespeare. Pregunta Kent, al ver entrar a Lear con Cordelia muerta (cosa que no pasaba en "The Chronicle History"), "Is this the promised end?"

Y aún contesta en el drama Edgar "Or image of that horror"? Es decir, hasta el final queda la puerta abierta para restaurar el final original (como hizo Colley Cibber) y que Cordelia viva. ¿Será la muerte sólo una muerte aparente, una imagen del horror, una especie de drama, o una muerte real? Shakespeare, como siempre, hace teatro arriesgado, poniendo en evidencia las convenciones del escenario.

Se me hace especialmente promiente el Albany de la versión de Lear de Kozintsev. Quizá se quisiese congraciar Shakespeare con el rey de Albany de su momento. Y sigue chocándome que eligiese para el villano Edmund el nombre de su hermano y colega actor, Edmund Shakespeare. Vaya usted a hacer una teoría.

Me acuerdo de la primera vez que oí hablar del Rey Lear, en el libro de octavo curso de EGB. Aún hay otros que han oído hablar antes, claro. Ahora veía el vídeo encima de la mesa Pibo, y decía. "¿El rey Lear? ¿Ese es el del gran fracaso? ¿El de Shakespeare? ¿Es verdad que mueren todos todos?"

Verdad... según se vea, Ivo.

El Mercader de Venecia
 


Etiquetas: Literatura, Shakespeare, Cine, Kozintsev

Retropost (2006): La condesa rusa

La condesa rusa

Publicado en Cine. com. José Ángel García Landa

 Anda por los cines esta película de Merchant Ivory, The White Countess (2005), que sin embargo no pertenece al género heritage film, a no ser por el guión de Kazuo Ishiguro, ya una institución británica. Aquí Ishiguro nos muestra a sus compatriotas, precedidos por un siniestro facilitador, invadiendo China por capítulos. Esta vez le toca a Shanghai, donde entran al final a sangre y fuego las tropas japonesas rompiendo el complicado equilibrio que mantenía la ciudad entre Oriente, Occidente, el Kuomintang y los comunistas.

Entre lo que se llevan por delante está el negocio de un amigo del siniestro facilitador, el protagonista de la película, un antiguo diplomático y hombre de negocios americano, ahora ciego tras un atentado terrorista en el que murió su hija. (El tema terrorista no deja de ser una alusión a la historia que nos rodea velis nolis). Bueno, pues el americano nolis, y había decidido crearse una burbujita de irrealidad y ambivalencia sexual montando un cabaret con toda su fortuna: "La condesa rusa". Y contrata a una auténtica condesa arruinada, antes a dancer for money, que le sugiere a él misterio, tragedia, sufrimiento.

La condesa dispuesta a enamorarse de su jefe, sobre todo si es decente; y él la mantiene a distancia, a ella y a su niña, pues la condesa es viuda, y a sus parientes aristócratas arruinados. Todo esto sin sexo, ni rozarse.  Al final, enamorado de ella, le da dinero que ella necesita para comprar el visado y dejar la ciudad. Lo que no saben ni ella ni él es que sus posh parientes la piensan dejar atrás, por pijerío: se avergüenzan de la vida que ha llevado ella por los bajos fondos, y eso que ella los mantenía.

El ambiente de los exiliados rusos es el que se reconoce de las novelas de Nabokov, o de relatos como "A Russian Beauty". Aquí el final es menos tragedia banal y más comedia banal, pues al final el americano, ya arruinado, pide a la condesa a ver si pueden "ayudarse mutuamente", y ella acepta encantada mientras dejan en un junco a Shanghai siendo ocupado por los japoneses.

El americano había sido un conocido diplomático, ahora desengañado de la política; sólo sueña con aislarse del mundo (un poco personificación de los USA de entreguerra, en ese sentido); pero su burbujilla de perfección, el cabaret, sueño que compartía con su "amigo" japonés, demuestra la inutilidad o al menos lo efímero y frágil de esos proyectos. El "elemento artístico" que da el cabaret quizá pueda leerse como una alegoría de la propia película, que es la tercera Condesa Rusa que encontramos, un anacronismo aristocrático de tiempos mejores, quizá como todos los heritage films, escépticos quizá Merchant-Ivory de sí mismos, y hacen así una película más invadida por el paso militar de la historia. Un tema de leve interés humano (leve al ser el personaje tan deshumanizado) lo da el espía japonés que prepara la invasión pero querría sin embargo vivir con su amigo americano la fantasía de ese espacio fuera de la historia. "The larger frame" puede con ambos, pero es que no había relación, para empezar. Como ámbito de perfección, un cabaret con matones, commedia dell'arte gay y condesas contratadas tiene un techo tal que hasta aquí. Y vaya qué poco había aprendido el americano de la realidad en sus años de Realpolitik, si cree que lo que haga no tiene que ver con las circunstancias de alrededor. Especialmente patético su plan de añadir "tensión política" al pequeño mundo de puertas adentro con una combinación calculada de invitaciones a personajes indeseables de partidos contrarios.

Otro toque de historia significativo da el judío vecino de la condesa ("sucio judío" para sus parientes cuando se descaran con él). Él hace como que no oye los insultos antisemitas: explica que contento con haber logrado escapar de Alemania, se da por satisfecho con hacerse el sordo. (Ismail Merchant, por cierto, a pesar del nombre venía de familia árabe de Bombay; murió durante la producción de la película).

Buena escena por cierto cuando avanzan los japoneses en filas cerradas y bayoneta calada, estilo Acorazado Potemkin, y se tropieza con ellos el ciego buscando a su condesa:

- "Por favor, caballeros. Sólo quiero pasar"
- y el sargento ladra una orden y los soldados se apartan y lo dejan pasar.

Viva Occidente, viva el estilo con estilo, y el individuo, y vivan los sueños de perfección y nostalgia de lo que se perdió de modo imposible o de lo que quizá ni existió. La condesa sí era condesa, no obstante, ahora ya no sabemos si lo es o lo será. Pero las condesas rusas son un tema demasiado manido: hasta en Anastasia versión dibujos animados había escenas de nostalgia zarista parecidas a las de esta película, o mejores casi.

Y la película demasiado lenta, sin argumentos secundarios de sustancia y por tanto un poco obsesiva; derivada de una estructura de cuento o de novella más que de novela. En ese sentido un pelín cargante; y la vida asexuada del patrón del cabaret, bueno, porque nos lo dicen, hay que creérselo. Un poco planos, los personajes, supeditados a su función en el guión (por ej., no sex at all, lo que digo). Una cosa sí está impecable, logradísima, de modo que te teleporta a los años treinta: la ambientación. Nada más por eso vale la pena no perdérsela.

Historia de una geisha

Etiquetas: Cine, Ivory, Merchant, Arte, Realidad

 

 

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Retropost #964 (31 de mayo de 2006): La Mort en direct

martes, 31 de mayo de 2016

Poursuivant une vieille obsession avec la focalisation, avec The Lady of the Lake et, oui, avec la mort en direct, j’ai déniché ce film de Bertrand Tavernier (1980) que j’avais raté à l’époque. D’après la présentation du DVD, "c’est l’histoire d’un homme, Roddy, qui a une caméra greffée dans le cerveau et qui filme donc tout ce qu’il regarde. C’est l’histoire d’une femme, Katherine Mortenhoe, qui s’enfuit pour ’mourir libre’. Voulant échapper aux médias, en l’occurrence une émission de télévision, elle ne sait pas qu’elle est aidée dans sa fuite par celui qui la filme . . . "
On voit bien que c’est un film qui anticipe certains des développements les plus intéressants de la métafiction cinématographique contemporaine: l’envahissement de la réalité par les médias, l’usage réflexif de la trash-TV et l’ambivalence de l’image reçue par le spectateur, dont on ne sait pas au juste à l’occasion s’il s’agit d’un signal interne au film ou bien de l’image extradiégétique, avec de belles possibilités d’ambiguité. Ce n’est pas dire que Tavernier les exploite à fond, mais il y a là certainement bien d’éléments intéressants pour nous qui sommes friands de la virtualisation de la réalité par les médias. On trouve de belles idées qui pourraient aboutir à des directions telles que The Truman Show, ou bien eXistenz, ou encore Matrix. 
Ceci dit, il y a bien d’éléments absurdes dans le script, à commencer (ou finir) par la mort de l’héroïne. Y avait pas de quoi mourir et puis Romy Schneider, magnifique, n’arrive cependant pas à jouer la mourante, plutôt l’élégance dans la mort. Hélàs, elle allait mieux faire bientôt… c’est presque la mort en direct de ce point de vue, il y a des scènes un peu uncanny si l’on pense à Romy Schneider, bientôt suicide dans le film et dans la vie, en train de recevoir d’un docteur la fausse nouvelle, "Vous allez mourir", sous le regard des espions derrière le faux miroir, et derrière les faux yeux, et derrière l’écran… nous mêmes.
Il y a à craindre, aussi, que beaucoup de spectateurs trouveront à peine supportable le choix initial de présenter un hypothétique futur où "l’on ne meurt plus comme avant" sous l’habit d’un présent complètement plat, sans aucune concession au look sci-fi. Surtout lorsque ce présent-là devient un rétro-futur, vu un quart de siècle après… et, est-ce vrai que les gens s’habillaient et se peignaient ainsi en 1980? C’est bel et bien les seventies, ou encore les sixties.
Pour Harvey Keitel, c’est une expérience transformatrice que de jouer la caméra vivante dans cette charade, et il reviendra (comme Catherine) au passé, à sa première femme. Mais Romy choisit la mort plutôt que de vivre sous l’oeil de la caméra. Hélàs, il faut bien s’y habituer, bientôt on aura tous un webcam sous la paupière, ou devant elle.
La Mort en Direct. Dir. and coprod. by Bertrand Tavernier. Written by David Rayfiel and Bertrand Tavernier. Cast: Romy Schneider, Harvey Keitel, Harry Dean Stanton, Thérèse Liotard, Caroline Langrishe, William Russel, Vadim Glowna, Eva Maria Mbinere, Bertrand Wicki, Max von Sydow. Photog. Pierre William Glenn. Sound by Michel Desrois. Sets by Tony Pratt and Bern Lepel. Costumes by Judy Moorcroft. Ed. Armand Psenny and Michael Ellis. Music by Antoine Duhamel. Prod. des. Louis Wipf. Exec. prod. Jean Serge Breton. Selta Films / Little Bear / Sarra Films / Gaumont / Antenne 2 / TV 14 Munich, 1980. DVD. StudioCanal, 2005.*
Caché

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Visual saccades

domingo, 29 de mayo de 2016






Retropost: X-Men: The Last Stand

domingo, 29 de mayo de 2016

Retropost #960 (29 de mayo de 2006): X-Men: The Last Stand




Nos vamos con Alvarete a ver esta película, que es la tercera y la que más le gusta de la serie. A mí no, realmente; me parece mucho más eficaz la dirección de las primeras; aquí se aprecian fallos de ritmo, de continuidad y de coreografía en la acción múltiple de las batallas, por destacar los más evidentes. Pueden verse aquí además varias reseñas de fans descontentos por la manera en que se trata a los personajes; aunque una cosa es segura: no hay manera de dejar contento a la vez al público friki y al que ignora la relación con los cómics; en ese sentido esta película, como toda la serie, es más bien un éxito rotundo que otra cosa. Y, por supuesto, los efectos son magníficos, y hay escenas admirablemente logradas; en conjunto, para ser justos, pocas terceras partes fueron tan buenas.

Yo era fan de la "Patrulla X" ya en lo años 70; de hecho ya los conocía en su versión americana a través de comics que me pasaban los americanos de la base de Zaragoza, y me puse morado de dibujarlos, hasta me hacía mis propios cómics con los personajes, también con historias de Magneto intrigando y de rebeliones y guerras de mutantes secesionistas… el argumento estándar de los X-Men, a saber, el debate entre la integración y la confrontación entre las minorías estigmatizadas y el conjunto de la comunidad social.

Las historias de mutantes expresaban en los años 60, de forma desplazada simbólicamente, las luchas por los derechos civiles de la comunidad negra, y las dificultades de la integración. No es casual que vuelvan a convertirse en un símbolo poderoso hoy en día, con el debate abierto en frentes tales como el multiculturalismo, el terrorismo, la disidencia social y sexual, o las tecnologías del cuerpo (clonación, manipulacion genética, transplantes, etc.).
En un guión que tiene algunos pequeños fallos de tratamiento (quizá por querer atender a demasiados frentes y personajes) es sin embargo un acierto global el plantear como problema central de esta película, de la manera más directa, el debate sobre la integración como supresión de las diferencias ("la cura" que haría perder a los mutantes sus poderes y diferencia específica, y que lleva aquí al debate primero, a "la decisión" como dicen en la traducción española, la decisión de cada cual de someterse a "la cura" o no, y en última instancia, lleva a que prenda la confrontación pública y abierta, liderada por Magneto, el Bin Laden de los mutantes.

Me centraré en el asunto este de "la cura". Los mutantes son negros, homosexuales, sidosos, superdotados, deformes estigmatizados. También son agentes secretos, discapacitados (acordaos de Acción Mutante), musulmanes, adolescentes sociópatas, terroristas, miembros de una secta peligrosa, tribus urbanas. Son todo menos mutantes (que haberlos no los hay). Son un símbolo ambivalente, multidireccional, de la disidencia, el estigma y la exclusión social. El mismo cóctel que reúne categorías tan diversas es una manera (postmodernista, podríamos decir) de a la vez iluminarlas por interpretación mutua, y de recargarlas de abyección. Naturalmente, las dos alternativas se presentan superpuestas, y asociadas, la primera al punto de vista favorecido por la narración, el de los mutantes "buenos" partidarios de la colaboración con los demás humanos; el punto de vista abyecto, asociado a los mutantes de Magneto, partidarios no sólo de la secesión de comunidades, sino de la agresión abierta.

Está claro que para cada una de estas posibles lecturas simbólicas, y para cada uno de los personajes y grupos de la película, "la cura" representa algo diferente. Es un acierto de la película la manera en que se trata este tema. Hay muchos mutantes anónimos que eligen "la cura"; entre el grupo de los protagonistas, es la opción de Pícara, que se veía sexualmente impedida por sus "poderes". En este caso, la cura es una cura. Pero para el mutante que es como el miembro de una comunidad negra, "la cura" es un insulto, es como Michael Jackson volviéndose blanco. Para el mutante queer, la cura supone la amenaza de la uniformidad de la sociedad liberal-capitalista, que, a pesar de presentarse como abierta a todas las opciones, trabaja efectivamente por privilegiar unas y marginar otras. Los mutantes como superdotados sufren la tentación de la vulgaridad, de renunciar a su diferencia que les provoca aislamiento y sufrimiento a cambio de una superioridad de dudosa utilidad para la interacción social, pero "la cura" es aquí un empobrecimiento del potencial global de la humanidad. El terrorista ve en la cura la mayor amenaza, la que lleva a su integración sin problemas al orden establecido, y reduce al absurdo su proyecto de transformación por la fuerza; así, responderá a ella con la violencia.

Es sintomático que la película no favorece en absoluto "la cura" como una opción: los mutantes de Xavier son, y serán, una comunidad aparte, aunque en buenas relaciones con el Gobierno. Estados Unidos, en una lectura política del film, no quiere presentarse como un "melting pot" que reduce las diferencias étnicas, ideológicas, culturales, etc. a un proyecto cultural uniforme, sino más bien como un espacio público de comunicación en el que, respetando las reglas públicas del juego, cada individuo y cada comunidad puede mantener su especificidad sin humillaciones ni privilegios. Es el mismo proyecto que plantea la película para el orden mundial, como puede verse con el simbólico nombramiento de La Bestia como embajador ante las Naciones Unidas.angel

























Ahora bien, no se tolerará a mutantes con potencial de destrucción masivo y que no negocien su integración al orden general. Fénix ha de morir. Cuidado, Irán. (Hoy dice el New York Times que Estados Unidos está buscando cabezas de plástico no nucleares para sus misiles balísticos lanzados desde submarinos).

Pero tened cuidado también con Fénix. Como el retorno de lo reprimido, el fénix siempre vuelve a renacer en Oriente Medio.

 

 

Hulk
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La construcción social de la realidad- Psicopolis

viernes, 20 de mayo de 2016

 





Retropost: Inside Man

miércoles, 20 de abril de 2016

Retropost #857 (14 de abril de 2006): Inside Man




Es el título original de la última película de Spike Lee, "Plan oculto" aquí, que ya tiene un artículo completito en la Wikipedia. Bueno, pues en efecto funciona muy bien el thriller, dentro de las limitaciones del género "criminal inteligente". Como siempre, todo está demasiado bien pensado, se calculan los movimientos del otro con una precisión imposible, se dan a conocer al espectador cosas que no tiene por qué conocer (así las confesiones innecesarias del viejo banquero ex-nazi) y se arriesga la vida de maneras gratuitas sólo garantizadas por la red de seguridad que da el guión. Luego se liman las aristas para que esta estructura de control de expectativas e información se tenga en pie y adquiera un aire de inevitabilidad. Esto son las reglas del género, que siempre suele distanciarse de los planes imperfectos de los criminales cotidianos mediante una serie de trucos que podrían exponerse. Más interesante es lo que hace la película en su conjunto con un guión que sin duda tiene numerosos agujeros. Y la verdad es que funciona muy bien llevándolo adelante. Logra mantener la tensión a la vez que nos informa, mediante flashforwards, de que todos los protagonistas siguen vivos tras el atraco. Hay un pequeño fallo de ritmo: la primera mitad de la película, el atraco hasta la liberación de los rehenes, parece casi una película aparte, y la segunda mitad (la solución del misterio, por qué no había habido atraco en realidad). El ambiente de terror del secuestro está recreado maravillosamente, y está muy bien llevada la manera en que se mezcla el asunto del secuestro con la histeria terrorista y los prejuicios raciales (como por ejemplo la historia del empleado Sij al que confunden con un terrorista árabe). O la manera en que se trata a las víctimas del secuestro como si fuesen auténticos terroristas. Aprovecha Spike Lee para meter sus pullas antirracistas, y también para atacar a los negros que tiran piedras sobre su propio tejado, como en el episodio del videojuego callejero del niño, con una estética gangsta-rap perniciosa. Pero sobre todo se desquita Spike Lee dando una patada al culo del sistema, presentando dos polis negros honrados, mientras todo el establishment, que es blanco y corrupto, intenta comprarlos: desde el banquero que hizo su fortuna con los nazis, pasando por el alcalde, hasta el jefe de policía. Es dudoso que en semejante ambiente un poli con problemas (Frazier, Denzel Washington) no ya resistiese tanto, sino que sobreviviese... pero es uno de los mensajes que quiere llevar la película, claro; que la justicia que logra hacerse se consigue con el trabajo de la gente honrada, y que el sistema está generalmente corrompido: en un fotograma, el frontispicio de un majestuoso edificio nos muestra una imagen de la justicia sosteniendo dos carteles, uno dice "Lex scripta" y el otro "Lex tradita": es decir, hecha la ley, hecha la trampa. Otra contraposición de actitudes muy gráfica se da entre la power broker Madeline White (Jodie Foster) y el poli bueno Frazier: ella se aplica la misma norma que hizo trepar al viejo banquero filonazi, "Cuando hay sangre en las calles, compra propiedades"; él prefiere decir "Cuando hay sangre en las calles, busca al culpable".

- Y la Jodie, menudo personaje, comprando favores de uno y pasándoselos al otro. Ahora que conoce la historia del nazi, le coge el cheque y además lo pone en su lista para que le avale el otro asunto que lleva: comprarle una casa en Manhattan al sobrino de Bin Laden.

Y se la comprará, claro, porque el dinero lo tiene, y los contactos.

- Ahí sí que muestra bien cómo se entienden entre sí los que tienen dinero.

- Cómo se entienden ellos, y cómo los entendemos los demás.

- Pero con el poli bueno lo que pasa es que no dan con su precio. Que si ascensos, que si me olvido de ese caso en el que metiste la pata... Les falta información. Si le llegan a decir: ¡Olvídate de nosotros, y te libramos del cuñao! Entonces lo tenían hecho.

- Sí, jeje, ahora sí que lo tendrá de cuñao, porque ya tiene un diamante para el anillo.

Además del otro anillo que le permitirá seguir la pista hasta el nazi. El judío mismo sólo quiere la documentación nazi del banquero para atarle las manos, que no los persiga. No actúa por justicia, sino por codicia. Pero hay dos personas que sí ven la necesidad de justicia. Son dos idealistas, el poli negro y el atracador blanco: el primero sólo roba un duro, como aquél viejo gordo del bolso de su tía. Y el criminal es otro idealista. Primero, porque actúa por estilo más que nada, "porque puedo": pero también reconoce en el poli negro a otra mente privilegiada, que ve detrás de las apariencias. Y no sólo le deja una pista, generosamente, para que la siga, sino que le regala, al chocar con él mientras sale del banco, un diamante. Esto sí es solidaridad interracial, el club de los cráneos privilegiados. Da para un optimismo limitado, dentro de un mundo regido por la gramática parda, pero es optimismo al fin y al cabo.


Plan de vuelo: Desaparecida


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Retropost: V de Vendetta

Retropost #848 (9 de abril de 2006): V de Vendetta


 

Me fui a ver la peli siguiendo la pista de los Wachowski, y como en Matrix se encuentra uno una reflexión bastante atrevida, ambivalente y a veces descarada sobre la relación entre sistema y terrorismo. Porque lo que es en Matrix los iluminados antisistema pueden encontrar casi una religión alternativa.

Bueno, pues aquí también va la cosa de Sistema y Terrorista, siendo el terrorista simpático, elegante, culto, con pasado atormentado y hombre duro que redescubre el amor, un cóctel imposible (pero bastante explosivo) del Conde de Montecristo, el Fantasma de la Ópera, el Zorro, Batman, y el Joker. Sobre todo si le pones la máscara de Guy Fawkes por encima a todo eso. Además es un terrorista inofensivo: sólo mata a matones del régimen, y sus voladuras controladas de edificios emblemáticos nunca causan víctimas inocentes. Vamos, que te lo ponen tan bien tan bien que la próxima vez que pilles a alguien con una camioneta de explosivos camino del Parlamento te dan ganas de decir, por favor, adelante, abra nuestras mentes, es lo que necesita el país. Hágalo de noche, que no hay nadie. Son bombas educativas; también las de la ETA y los aviones de Bin Laden eran instrumentos educativos, claro, sólo que les falta la elegancia y el savoir faire de este culto caballero, y además no coleccionan libros censurados. Las torturas tampoco elevan a las víctimas a un nivel mayor de conciencia en este sucio mundo real, ni los síndromes de Estocolmo son tan románticos y sentidos.

En resumen, la fuerza crítica y la mala fe de la película provienen del mismo origen: de la manera en que superpone la crítica a una tiranía fascista y la crítica a las democracias occidentales actuales. Presenta el régimen fascista del Líder como una alegoría del control del pensamiento a la 1984, pero eso junto con imágenes de usos de los medios para mentir, y para asustar a la población con gripes del pollo, que recuerdan a muchas de las cosas que pasan hoy en día en Occidente, y sobre todo en los USA. La película es hiperconsciente de la manera en que el Sistema y el Terrorista están mutuamente implicados; incluso lo muestra en forma de mise en abyme mediante un sketch humorístico filmado por un presentador rebelde (Stephen Fry, genial); Bush y Bin Laden han aparecido así en múltiples caricaturas y sketches. Pero esa consciencia de la película no le impide caer en errores de manipulación que vienen, básicamente, del género popular de superhéroes y supervillanos. Centra en exceso el mal y el bien en individuos (o en actitudes "de cada uno de nosotros") y no en estructuras de producción, intereses, dependencias y comportamientos que están mucho más imbricadas con la realidad de las cosas y son mucho más difíciles de cambiar. La toma de conciencia que produce el terrorista en las masas, con sus programas y sus voladuras de edificios, lleva a una revolución donde todos se disfrazan con su máscara de Guy Fawkes. Bueno, son cosas que pasan hasta cierto punto (la revolución naranja en Ucrania, quizá el caso más reciente). Pero la estética elegida aquí revela también la afinidad de estos movimientos revolucionarios con las técnicas de manipulación y despersonalización de masas que utiliza el Sistema. Acción y Reacción, otra vez, implicadas de una manera tal que la película comete seguramente las mismas falacias que denuncia.

V de Vendetta

Significativamente, el Ricardo III de Shakespeare era citado por el terrorista V, en su papel de controlador irónico de la situación; y la película también utiliza para caracterizar al Líder imágenes que aluden al tiránico Ricardo de la película de Loncraine/McKellen. Papeles divididos y compartidos a la vez entre el terrorista y el tirano. Claro que el tirano no se da cuenta de que nos recuerda al hitleriano Ricardo; es el director quien controla. En cambio, V sí sabe que cita a Shakespeare. Nuestros terroristas, en cambio, out here, no citan a Shakespeare, y ni el metro ni los edificios emblemáticos están vacíos. La película recomienda entender de manera inteligente las acciones de los terroristas como una lucha contra la tendencia del sistema a sistematizarse. Pero para eso ha de crear un terrorista imposible y un sistema que, a pesar de los parecidos, no es el sistema en el que vivimos; así se combinan de maneras impredecibles relevancia y arbitrariedad, ficción y realidad, efectismo barato y crítica inteligente, apología del terrorismo (inteligente-elegante-inexistente) y crítica al terrorismo (de Estado, sobre todo). Irritante y disfrutable, inmensamente falsa, y con una buena dosis de verdad y penetración también. Un producto altamente postmoderno, y muy pero que muy visible. Me he leído reseñas interesantes en La cosa húmeda y (via sua) en Howling Curmudgeons.

5 de noviembre

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