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Aventuras en Bañales

Aventuras en Bañales

Hoy nos ha dado la ventolera y nos hemos ido de excursión domiguera a las Cinco Villas, con la idea de visitar unos restos arqueológicos del año la polca que por ahí guardan (mal señalizados, por cierto, pues en la carretera no había ningún cartel que indicase que metiéndose por tal camino, llega usted a las ruinas de tal ciudad romana).

La primera cosa excepcional que hemos visto ha sido una bandada de cientos de cigüeñas—pero cientos— posadas en tierra, delante de nuestras narices. Había oído que la especie iba a más, pero desde luego nunca había visto tantas juntas. Ni las volveré a ver. Luego nos hemos parado en el castillo de Sádaba, que estaba cerrado... y hemos hecho un picnic en una especie de mazmorra muy bonita que tiene delante (—"bonita, y lóbrega" puntualiza Álvaro). Siguiendo camino, nos hemos pasado de las ruinas romanas (por la falta de cartel) y nos hemos ido hasta Uncastillo ("otro castillo" que dice Otas), a donde nos hemos prometido volver con más tiempo; es un pueblo precioso con otro castillo, claro, iglesias románicas preciosas, una cantidad impresionante de caserones antiguos, y una judería que ocupa medio pueblo... se ve que prosperó durante la Edad Media, y más, todo lo que quiso.

Y luego hemos llegado volviendo camino a Layana, cerca de Sádaba, donde está la estela funeraria de los Atilios, en medio de ninguna parte. No se sabe si impresiona más la voluntad de perdurar, o el hecho de que haya perdurado, o el hecho de que todavía se pueda leer la inscripción dedicada por Atilia "al mejor de los padres" hace dos mil años. Lo que impresiona debe ser el conjunto, la combinación: la casualidad de este monumento aislado en medio del campo, sosteniendo su dedicatoria durante milenios, cuando de tantas otras cosas de su época no queda ni rastro. Nuestra interpretación del monumento, y de la inscripción: que Atilia, probablemente heredera soltera (pues no aparece etiquetada como "vxor" de nadie), al quedarse huérfana de padre, hizo erigir el monumento uniéndola a ella todavía viva a la memoria de su padre, y de su abuelo, seguramente grandes terratenientes, como a modo de cédula de propiedad y garantía de pedigrí, mostrando de dónde venían sus derechos a la propiedad, más cuestionables siempre para las mujeres. Lo cual no quita para que echase de menos a Atilio padre, claro...  Pero vamos, que hizo el monumento porque era mujer, y necesitaba sentar sus reales.

Cruzando Layana se llega a las ruinas de la ermita de Bañales, construida seguramente con piedras de las ruinas romanas (ruinas de ruinas, y llena de cuervos que escapan al acercarnos). Y lo que queda de la ciudad romana, de nombre desconocido (Bañales la llaman ahora, antes Atilia, antes quién sabe). Quedan los restos de la columnata del Foro... y un pequeño trozo que excavaron los arqueólogos de la Universidad hace veinticinco años, aunque de cualquier otro trozo excavado saldrían los mismos cimientos de viviendas, de hecho se ven por todas partes.

- ¡Mira, papá, hemos encontrado restos romanos!
- Sí, mira, aquí en esta roca está la cara de un romano.
- ¡Jaja! Pues sí que le han puesto cara de romano, mira el perfil... pero esto lo hizo, seguro, un estudiante bromista del Dr. Beltrán. En esa roca de allá también hay otra, se nota que las han tallado hace poco.
- Vamos a subir arriba, que allí está la ciudad antigua, seguramente esa era ya prerromana, y luego los romanos hicieron el barrio nuevo aquí abajo, cuando la cosa estuvo ya más calmada.
- Ay. Oscar me ha pegado una patada en la cara mientras trepaba.
- ¿Cuándo se extinguieron los romanos?

Por todas partes se ven montículos que son casas derruídas, a veces el trazado de las calles, hasta las habitaciones, bases de columnas, goznes de piedra para las puertas, aljibes, mesas de piedra o (quizá) un altar, esquinas... muchas piedras de las mejor talladas se han ido sin duda a Sádaba, pero quedan los restos de centenares de viviendas. Ni un habitante desde hace muchos siglos, por razones desconocidas. De sus huesos tampoco queda ni rastro; de sus palabras sólo la inscripción de Atilia hija. Las Ruinas, o meditaciones sobre las revoluciones de los imperios. Paseamos hasta las ruinas del acueducto, va lloviznando, no se ve a nadie en todo el horizonte,  y es amplio.

- Las ascuas de un crepúsculo morado.
- Mira cuantas huellas de jabalí.
- Pues ahora ya se hace de noche, mira que si viene uno y se lleva a Otitas colgado del colmillo.
- ¿Pasarías la noche en esa ermita en ruinas, Álvaro? ¿Con los cuervos?
- Ni loco. Igual me hablaban—me dirían "Nunca más." Bueno, eso lo diría yo si me quedase.
- Tú nos haces andar demasiado, mamá. Hemos andado más que en la plaza. Yo estaría muy bien como una ostrita jugando al Tzar con mi ordenador. Como una auténtica ostrita.
- Pues por eso os hacemos andar, hala.

Volvemos sin incidentes a Zaragoza, ya de noche cerrada a las siete. Pibo nos anuncia que va a comer como un tiranosaurio.

Románico y rompientes

Quién cada nueve de noviembre

Quién cada nueve de noviembre. Hace diez años que nos casamos la polémica pareja (polémica a veces de puertas afuera, otras de puertas adentro), y veinte años hace que nos conocimos. En Laguardia era (—prends garde à toi ).

Una foto




Hurtos, compras y ecos

Pruebo a bajarme música con el programa Transmission de un sitio descaradamente titulado The Pirate Bay, con la ayuda de JMC (graciankiu) y ¡funciona! Por primera vez me hago con música gratuita de la red que sea grabable (y, según dice una sentencia de esta semana, no robada). Ahora que entro en crisis financiera, por lo menos me gastaré unos euros menos en música, que he subvencionado a la industria con millones... y lo seguiré haciendo, me temo.

Y me compro Los trabajos de Persiles y Sigismunda, que me costó encontrarlo en el famoso año Quijote dios y ayuda. Por fin ha caído el primer ejemplar que he visto en venta en toda mi vida, tenga usted clásicos para esto. A ver si le hinco el diente, que esa será otra. También al último del último Nobel, Ohran Pamuk, aunque mi degustadora previa y devoradora de libros me dice que no es tan recomendable como dicen por ahí.  Han caído también últimamente a la bolsa (ay) El hombre sentimental, ahora que se reeditan en barateiro las obras de Javier Marías... y las obras de Winnicott, y las de Binswanger, uf... me pesan en las estanterías y en la conciencia, tantas cosas por leer de las que no podré leer más que una breve selección. (Aunque, para aligerar, hoy he terminado por fin mi reseña sobre Film Adaptation).

Leyendo leyendo, me voy leyendo, lo que más estos días, La misteriosa llama de la reina Loana, de Umberto Eco. Pura intertextualidad, claro, lleno de ecos, y para amantes de ellos. Y de la identidad problemática, y de la memoria que nos hace. Este ecchoing Eco es otro cuasi-sosia mío: si no en books, en conexiones mentales y hasta en looks a veces nos parecemos. ¿La prueba? Ècco: 

Umberto Eco

Yo, mi otro yo, y el de más allá 
 


Bajo la lámpara del dentista

Bajo la lámpara del dentista

...he pasado hoy varias horas, pero unas cuantas. Que, curiosamente, se me han hecho cortas, no largas, como sería de esperar. ¿Me estaré aficionando? ¿Volviéndome masoca? Mi dentista es muy bueno, ciertamente, pero nunca será para tanto. ¿O serían las drogas que me han dado? (Luego no se fiaban mucho de dejarme andar hasta casa solito...).

De momento no me apunto, como Martin Amis en Experience, o Nabokov en Speak, Memory, a la lista de quienes han descrito en detalle sus desventuras con los dentistas. Esperaré a tener más en común con ellos, aunque sólo sea más desastres.

Pibo va a la dentista
 

 



Excursión por el tiempo

Excursión por el tiempo

Hoy, aunque nos cuesta arrancarnos de la pantalla, aún nos ha dado tiempo de dar un viaje por el tiempo, o esa es la impresión que nos ha hecho. Hemos emprendido camino a San Juan de la Peña (tan cerca y tan lejos...) Tan lejos con críos, que exigen paradas técnicas de pises y mareos cada poco tiempo. La parada gastronómica, también exigida, ha sido en Ayerbe; y allí nos hemos metido a fisgar por lo que parecía talmente una judería, y allí estaba la casa donde vivió de mocete Santiago Ramón y Cajal.... vaya. Y su hermano Pedro, claro, que fue el que construyó la casa donde nosotros vivimos ahora, que aún pertenece en parte a sus descendientes. Así que nos la hemos visitado, convertida ahora en casa-recuerdo, llena de fotos y películas y objetos que te transportaban a finales del XIX. Entre los documentos de mano de Ramón y Cajal, un par de datos interesantes: que en su vejez cobraba 6000 pesetas, mientras que algunos de sus ayudantes cobraban 20.000 o 30.000, pero que renunciaba a pedir más, porque realmente no necesitaba mucho, decía. Otro: pide que lo entierren en el cementerio laico. Masón era, al parecer. ¿Judeo-masón? Posible, en familia de médicos... En fin, aprovecho para comprame un recuerdo: los tres volúmenes de Textura del Sistema Nervioso del Hombre y de los Vertebrados, por "S. Ramón Cajal", sic; esta semana precisamente hace cien años que le dieron al hombre el Premio Nobel. En la Universidad de Zaragoza no lo quisieron de catedrático... y ahora lo tienen presidiendo el Paraninfo, Lincoln-like. Vueltas que da la vida.

Seguimos camino hacia San Juan de la Peña, y pasamos al lado de los Mallos de Riglos, que dice Ivo: San Juan de la Peña"Uau! Es de alto como el Empairen Stein! Pero no: parece ser que (bueno, según se mida) el Empáirenstein es más alto que los Mallos. Pero no más impresionante.

Adentrándonos en el "Reino de los Mallos" pasamos por el Pantano de la Peña, por Triste (volveremos por Bailo), y damos vueltas y revueltas sin fin hasta llegar por fin, cuando ya se iban los últimos visitantes, a San Juan de la Peña. Donde dicen que, dicen que, hace mil años se guardaba el Grial. Lo que sí parece es que el lugar ha debido ser sagrado desde tiempo inmemorial. Sin turistas, y anocheciendo, todas estas montañas vacías, de camino a Santa Cruz de la Serós, parecían una fortaleza natural donde los monjes se hubiesen atrincherado durante siglos en un lugar que nadie les fuese a disputar.

La vuelta, a oscuras, se nos ha hecho un poco larga, y es que los pequeñajos se resienten de las excursiones domingueras. El susto ha sido cuando nos hemos encontrado con una pareja de jabalíes en la carretera. Jabalíes, o jabalís, o aun jabalines, que les dicen en mi pueblo. La jabalina (creo) aparta al jabato que la seguía, sacándolo de la carretera con un golpe de hocico decidido. Nos hemos librado, o se han librado, por poco. También un lironcillo que ha pasado corriendo y le ha recordado a Pibo el cuento de un lirón que se está leyendo, Gringolo.

Sin más incidentes ni amagos de colisión hemos llegado a la autovía. Y cuando hemos estado otra vez entre las luces de neón y la publicidad en Zaragoza, parecía talmente que terminábamos de hacer un viaje a través del tiempo, y de bastantes siglos por cierto. Hasta un poco shockeados estaban los enanos creo... cuando he propuesto otra excursión a ver los mallos de Agüero, se han desapuntado, con grandes aspavientos.

(PS: cuando les pregunto qué les ha gustado más de la excursión, contestan los tres: "¡Los macarrones!").

Los Guardianes del Sueño

Y fotos que quedaron por colgar

de este verano pasado, en mi FOTOBLOG recién actualizado. Qué poco partido se le saca, y eso que tiene espacio para escribir posts y comentarios, sistema interno de mensajería, sistemas de control de actividad reciente, suscripción por feeds... buf... Superados estamos por los medios, sobre todo si ni nos molestamos en estudiar sus posibilidades, o siquiera echarles un vistazo. ¿No os tienta abriros el blog en flickr? Los que no ponéis comentarios aquí también podéis no ponerlos allí.

Ahora, que si queréis ver fotos buenas, mirad las de esta chica que me mandó un mensaje a cuenta de un artículo mío sobre la apofenia.

Esta tarde hemos ido a La Increíble (pero cierta) Historia de Caperucita Roja y el Lobo Feroz, y me comprometo a escribir una reseña de la misma mañana. Altamente interesante para ir en compañía de gente menuda, menuda gente. Y la voz de Caperucita la ponía Leonor Watling, vamos, qué queréis que os diga, nunca había oído una Caperucita tan tan ...  tan Watling.

La familia por la red
 





 
 



La familia por la red

Después de ser el único tío con blog desde hace tiempo en mi familia, tengo ahora una sobrina con blog, Blanquita, en http://superblan.blogia.com. Su hermana Lizara no se anima al blog pero se dedica a escribir "slash fiction" sobre Harry Potter (y sobre todo sobre su admirado Draco Malfoy). Aquí en Fan Fiction (donde firma como "Chil") podéis leer una bonita historia de amor homosexual, con filtro de amor y todo, entre Harry Potter y Draco Malfoy. Por lo que se ve (según la Routledge Encyclopedia of Narrative Theory) esto de las reescrituras homosexualizantes de personajes populares por parte de sus fans es todo un género bien establecido. Curioso. En fin, que la joven generación viene que arrasa por la red. Y próximamente también puede que arranque otro blog familiar en http://puntaescarra.blogia.com . Autoría aún desconocida, posiblemente anónima, posiblemente inexistente...

Alias, akas, mónikers

Nuevas antigüedades

Después de varios años de decirlo, hoy hemos ido por fin al monasterio de San Pelay. Está en el Paco de Gavín, cruzando el río Sia desde Biescas, en una pequeña llanada con prados que hay en el monte, y que debió ser despejada originalmente por los propios monjes, hace mil años. Pero luego el monasterio se abandonó, y desapareció del mapa y de la memoria, aunque algún documento creo que aludía a él. Cuando yo vivía en Biescas nadie sospechaba su existencia. Hace unos años lo descubrieron, y ahora está a medio excavar. Quién sabe qué otras antigüedades están alrededor, o más bien estarán en el futuro cuando se descubran. Y es que Biescas siempre ha sido un pueblo con culo de mal asiento, cambia perpetuamente a toda velocidad, no sólo en el presente (con una urbanización nueva cada vez que vas) sino también en el pasado. Todo fluye. Ni siquiera el pasado es lo que era. Nada cambia tanto como lo escrito en el Libro de la Historia. Si al menos el futuro se estuviese quieto hasta llegar... pero ni por esas, tampoco el futuro es lo que solía ser, ni en Biescas ni en ninguna parte.

 

Nostalgia por el futuro