Vanity Fea



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Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2006.

Resumen

Voyage voyage

Plan de viaje para hoy: Zaragoza - Madrid - Galicia. Si todo va bien, llegaremos esta noche a Viveiro tras un bonito viaje. Si no, fue bonito mientras duró.

Northward ho

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Martes, 01 de Agosto de 2006 13:21. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Personales No hay comentarios. Comentar.


En el ciber

M-aquí en Viveiro, donde me despierto y busco inmediatamente un cibercafé por consultar el correo electrónico, y ver si hay noticias, si me han mandado un mail por ejemplo diciendo que Su Caso Se Ha Revisado, o en esa línea. Pero no, mi caso está cerrado al parecer. Me compré una extensión Wifi por si existía eso aquí en el profundo Lugo, pero no lo hay, y moriremos al palo de los cibercafés. No sería tan raro, oye, el año pasado lo tenían en la biblioteca de Cedeira, unos metros más allá. Aquí "no conosco". Decía Walter Benjamin que para conocer una ciudad a fondo había que visitar sus librerías de viejo. Como en este país casi no las hay, habrá que actualizar el dicho y pasarlo a las bibliotecas y los cibercafés. Me voy ahora a explorar el resto, que después de chequear el mail hay que comprar víveres. En Viveiro sin vivir en mí.

Lujo zaragozano

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Miércoles, 02 de Agosto de 2006 13:14. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Personales Hay 3 comentarios.


Vivir en Viveiro

Pues resulta por fin que sí que tienen Wifi en la biblioteca, aunque no lo sabían. Bueno, me voy apañando. El tiempo inestable, hay que aprovechar los ratitos de sol que hay e ir a la playa, yo aún no he ido. Hemos alquilado (mil euros por mes) una casita de pescadores, nada romántico con redes en la puerta, no os vayáis a pensar, más bien una de una fila de casas baratas hechas por el sindicato vertical franquista en los años 50. Y está en la cima de una cuesta. Asi que ejercicio asegurado aunque no nade nada. Ayer ya dimos un largo paseo de kilómetros, impulsados por nuestra animadora cultural, para verlo todo el primer día. Y ya están localizadas las cosas de urgencia: el ciber, el hiper, la biblioteca, la Opel. Y las Urxencias, que casi las estrenamos porque Otillas se desgració un pie nada más llegar. Pero bueno, mucha sangre y luego nada, enseguida lideraba la expedición y sin cojear ni nada. Veo que sale el sol. A la playa.

Secret sharers

Jueves, 03 de Agosto de 2006 18:14. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.


Leyes de Murphy de la interacción comunicativa

Está Álvaro leyendo con gran regocijo Leyes de Murphy para niños, de Arthur Bloch. El principio rector del libro es, naturalmente, que todas las expectativas se frustran, todos los planes fracasan, nada funciona ni sale como se esperaba, si algo puede salir mal saldrá, etc. Me recuerda las tesis pesimistas y un tanto caricaturizadas de la desconstrucción: la comunicación fracasará; el sentido profundo de la obra va a contradecir al expreso e intencional; el inconsciente sacará las vergüenzas a la luz, y el lenguaje patinará y expresará un sentido contrario al deseado. Aunque de las distintas secciones del libro no hay ninguna dedicada a los fracasos de la comunicación.

A cada uno de los principios del libro se les pone un nombre pintoresco: Primera regla de patología, Corolario de Jenning, Regla de Rune. (Esta es buena: "Si no te importa dónde está, es que no se te ha perdido"). He mirado por encima el libro, por ver si de todos modos algunos de sus principios son aplicables a la interacción comunicativa. Algunos hay, por lo generales. Por ejemplo, la Ley de Whistler: "Nunca se sabe quién tiene razón, pero siempre se sabe quién manda". Esta podría juntarse con la vieja Ley de Humpty Dumpty sobre el significado de las palabras -- que significan lo que dice el jefe. También esta otra tiene aplicaciones crítico-comunicativas: "Las únicas personas que encuentran lo que buscan en la vida son los criticones". O la Ley de Lieberman: "Todo el mundo miente pero no importa, porque nadie escucha".

Bueno, esto se ve que tiene posibilidades. Entre otras, posibilidades de exageración. Ninguna representación, ni siquiera la más pesimista, representa la realidad de modo adecuado; siempre nos da una versión provisional para uso local. De hecho, no puedo resistirme a enunciar ya el Corolario de García a la Ley de Murphy: "Ninguna Ley describe la realidad a la perfección, y todas fallan en el momento más inesperado -- y la primera, la de Murphy". Yo no me fío ni de mantener la Ley de la Gravedad, como para fiarme de la Ley de Murphy.

Pero viendo el mundo, y la comunicación, con el cristal de ese color, sí podemos buscar la aplicación de la Ley de Murphy a la comunicación. La podríamos enunciar adaptando la frase del Player King de Hamlet: "nuestras palabras son nuestras; pero a dónde van a parar, quién lo sabe". O, yendo más atrás, lo decía Sócrates sobre los discursos escritos en el Fedro de Platón: un escrito no se sabe a qué manos u oídos o entendimientos va a parar; el autor dice una cosa, pero vete a saber qué es lo que entiende el lector. Paul de Man lleva este escepticismo  con la comunicación textual a un extremo: todo es indecidible, todo sentido se vuelve contra sí mismo. Nada permite suponer que la comunicación cara a cara in praesentia (otra modalidad de la ausencia) escape a este principio de pesimismo.

O sea, que nuestras palabras no tendrán el efecto deseado, ya sean espontáneas o cuidadosamente calculadas. Expresarán también, al menos a buen entendedor, lo que no queremos decir, o lo que queremos ocultar o preferimos no pensar. O, a malintencionado entendedor, serán cogidas siempre por el lado que más quema. (Ya temo los comentarios a este post). Presuposiciones molestas saldrán a la luz, y serán exhibidas por nuestro interlocutor cogidas entre dos dedos y retorciéndose. Y estaban en lo que dijimos, y no nos habíamos percatado. O quizá nuestras palabras expresarán obscenidades involuntarias, o resultarán ser, vistas en contexto y reinterpretadas, un gigantesco desliz de la lengua, un lapsus calamidad, una metedura de pata monumental, un error de comunicación. Oídos críticos poco amigables descubrirán la cara de la moneda que pretendemos ocultar, inscrita y transparentada en nuestras mismas palabras que deberían ser el instrumento de ocultación. Y todo esto sucede de modo incalculable, imprevisible, impermeable a toda estrategia. El lapsus linguae, sólo visible retrospectivamente. Inmune a cualquier planificación teórica. Para praxis, la parapraxis. 

Por su naturaleza de acontecimiento a la vez imprevisible y congruente en visión retrospectiva, el lapsus linguae nos proporciona un tema ideal para una narración. Es algo eminentemente contable, la metedura de lengua de alguien donde no debía meterla. (Muchas veces aporta justicia poética).

Pero cuidado, que la narración de cómo la lengua fue metida no escapa a la Ley de la Inevitable Metedura de Pata, o linguopatología de la vida cotidiana. Así que ojo con la paja ajena, for what it's worth.

Y reojo, que a veces sí que nos entendemos. Cuando menos lo esperamos. Muchas veces de reojo.

Understanding misreading

 

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Viernes, 04 de Agosto de 2006 17:20. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Semiótica No hay comentarios. Comentar.


Bueno y malo

(Sábado, 5 de agosto de 2006)

 Oscarelo va haciendo sus rezos nocturnos bajo supervisión:

- Oh Virgen María, botón de clavel, mi mamá me dice que te ame con fe... Oye, de mayor voy a ser bueno, y malo. Las dos cosas. Porque hay que ser un poco de todo.

- ¡Pero hombre, no! ¿Cómo que bueno y malo? Hay que ser sólo bueno.

- Mejor bueno y malo. Un poco. La paginita de bueno, llena, y la de malo, hasta la mitad. Hem hem... pondré que he visto Padre de Familia. Y House. Y hacer guarradas. Ah, y unas cuantas muertes, jugar a matar.

Lo dejó bastante impresionado, creo, Álvaro leyendo lo de las leyes de Murphy. Luego andaba Oscar inventándose pequeñas leyes de Murphy para uso casero: "Si se pierde un peine, seguro que era el favorito de mamá." Y seguro que tomó buena nota de una que deriva del famoso Fools rush in where angels fear to tread de Pope, a saber: "Los necios entran a toda prisa... y se quedan con los mejores asientos". También se quedó meditando Oscar, creo, con este chiste de su libro de chistes:

- Papá, yo de mayor quiero ser imbécil.

- ¿Imbécil, hijo? ¿Por qué?

- Porque tú siempre dices: "ya está ahí el imbécil de mi jefe con su Mercedes", o "mira la buenorra de la vecina, qué imbécil de novio se ha echado", o "de dónde habrá sacado el imbécil ese para el chalé que se ha comprado"...

Lo que está claro es que, sean cuales sean las influencias filosóficas de Oscar, de momento no entra en sus planes el ser bueno a tiempo completo. Es más listo que la pana.

Dibujando guarradas

Lunes, 07 de Agosto de 2006 09:23. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Hay 2 comentarios.


Se changó la bibliografía

(Domingo 6 de agosto de 2006)

 Vaya, disculpas, parece  ser que se ha atascado el funcionamiento de mi bibliografía, me dice un oyente americano. Eso es que alguno de los administradores del servidor (servidor no es) ha pensado que había una cosita mal colocada y ha corrido a arreglarla, cuando en realidad hacía falta que estuviese "mal colocada" para que funcionase... En fin, que para ir por la vida hay que saberse la gramática y la gramática parda, y a veces ya es demasiada gramática. Y ahora en agosto vete a localizar a nadie para que lo arregle. Así que seguramente se interrumpe el servicio hasta septiembre. Y el de mi Blog de Notas también, porque tengo grandes problemas para conectar a la red mi portátil; la conexión wifi funciona sólo cuando lo estima conveniente, y es pocas veces y al paso la burra. Este Vanity Fea sí que lo iré actualizando todo el mes aunque sea a trancas y barrancas y con retraso (como se ve). En fin, agosto parece ser temporada baja bajísima en el uso de la web, así que el daño no será mayúsculo.

Bibliografía, webliografía, blogblografía

Lunes, 07 de Agosto de 2006 09:41. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Hay 1 comentario.


Palabra clave

¿Cómo acceder a Internet en la biblioteca? Me apunté el año pasado y ya no me acuerdo de mi nombre de usuario ni de mi palabra clave. Y mi NIF, único cartucho, ya está quemado. ¿Cuál será mi password? ¿Cómo me llamo? ¿Tendré que operarme y adquirir una nueva identidad? ¿Cómo convertirme en un nuevo usuario? Antes esto pasaba sólo con contraseñas usadas entre espías, o en el monte Sésamo, que se te podía olvidar la palabra mágica... pero ahora vivimos todos en un mundo de claves mágicas, contraseñas secretas, voces fantasmales, y visitantes anónimos desde las sombras. Sí, sí, a vosotros me refiero, lurkers. Si alguno sabe cómo adquirir una nueva identidad provisional, que me lo diga, por favor. Ni aun yendo con mi supuesta identidad auténtica estoy inmune a la levedad del ser, a las identidades de quita y pon; la identidad auténtica es, se demuestra, una más entre ellas una vez entras en la red. Y el resultado es que tengo que utilizar otra identidad que me prestan un rato personas con identidad sobrante.

Bueno, en plan más positivo, voy logrando que me funcione la conexión a la red, y he colgado el Blog de Notas. También voy actualizando poquito a poco mi reseña sobre literatura y actos de habla.

Y entre col y col, la que acabo de preparar para la comida. "Hoy tenéis coles", les digo a los nenes mientras hacen los deberes. "Tenemos coles porque tenemos que trabajar", protesta Pibo cazando la idea.

Y también un ratito de callejear, otro de playa... aunque el sol no acompaña. Por lo menos lo que hay aquí son nubes, y no humo de incendios. El sur de Galicia arde, pero este año (primera vez) aún no hemos visto ninguno en directo, ventajas de estar en lo más húmedo del norte.




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Lunes, 07 de Agosto de 2006 10:54. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Internet Hay 3 comentarios.


Nos habremos ido

En medio de la noche, saliendo del river of dreams voy a otros paisajes que sólo se visitan a esas horas: al pasado. Abriendo los ojos a la oscuridad se vuelven a ver cosas que no veíamos desde hace tiempo. Esta noche se me aparece aquella buhardilla con la estufa de leña recién instalada; la carica de mi novia (the girl from the north country) cuando venía a esperarme a la estación de autobuses en Huesca. Tantas tardes juntos, hace veinte años. Y las reuniones con los amigos. Amigos de mi novia, serían, pues hace muchos años que no los veo, tras la separación. Pero aún los echo de menos. También de esto hace veinte años, me acuerdo que entre los juegos de salón para entretener las veladas en pandilla estaba el de componer un par de versos e intentar adivinar de cuál de los presentes eran. Una medianoche a oscuras alrededor de una mesita del salón, recuerdo que aparecieron unos versos tal que así (resultaron ser de María, la amiga de mi novia):

Mañana quedarán los cercos de los vasos en la mesa
Nada se oirá en la casa: nos habremos ido.

Qué plan sobrehumano, qué esfuerzo no se requeriría para volver a reunir a las mismas personas a quien la vida ha separado, alrededor de una misma mesa—ya no digo de la misma mesa—o para volver a encender aquella estufa que a saber cuántos años llevará apagada. Y así, cada momento nos rodean unas personas a las que apenas prestamos atención, pero de las que unos años más tarde no quedarán ni los cercos de sus vasos en la mesa. Y sería inútil intentar volver a reunirnos con ellas; sería como pretender revertir la marcha del tiempo. I wish I wish I wish in vain, que decía Bob Dylan. Nunca sucederá lo que ya sucedió: nos habremos ido, a saber a dónde. Y sólo el río de los sueños, o las noches de insomnio, nos llevarán otra vez, cuando venga el día de mañana, hasta lo que ahora tenemos delante de los ojos, abiertos o cerrados.

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Martes, 08 de Agosto de 2006 18:04. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Recuerdos Hay 4 comentarios.


Abo 12 años

20060809110010-beach.jpg

Hoy es el cumple de Abo. De regalo, le tengo guardado un modelito del Halcón Milenario, la nave de Han Solo en Star Wars. Y un libro a elegir en la mejor librería que encontremos en Viveiro.

Estos días también estrena su primer grano de acné, pobrecillo, ya adolece de adolescencia, aunque más bien es su cuerpo quien lo hace sin él. Él aún está a la orilla del mar de la infancia y jugando con las olas. Sobre todo estos días. Y que le duren...
		... those first affections,
Those shadowy recollections,
Which, be they what they may,
Are yet the fountain light of all our day,
Are yet a master light of all our seeing;
Uphold us, cherish, and have power to make
Our noisy years seem moments in the being
Of the eternal Silence: truths that wake,
To perish never;
Which neither listlessness, nor mad endeavour,
Nor Man nor Boy,
Nor all that is at enmity with joy,
Can utterly abolish or destroy!
Hence in a season of calm weather
Though inland far we be,
Our Souls have sight of that immortal sea
Which brought us hither,
Can in a moment travel thither,
And see the Children sport upon the shore,
And hear the mighty waters rolling evermore.

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Miércoles, 09 de Agosto de 2006 11:00. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Nenes Hay 4 comentarios.


Narración, Identidad, Interacción - Relectura

Será el título de la versión española de mi artículo "Rereading(,) Narrative(,) Interaction(,) and Identity". Cuelgo ahora el original inglés, que presenté en unas jornadas en Madrid en 2003, y que ha salido este año en el libro Interculturalism: Between Identity and Diversity. La UNED va a publicar una edición española de este libro, y con destino a ella autotraduzco ahora mi capítartículo, aquí: "Narración, identidad, interacción—relectura". Y también pasa a engrosar mi pseudolibro en red, o colección de artículos sobre narración y retrospección, Objects in the Rearview Mirror May Appear Firmer Than They Are.

 

 

Serfaty: Los blogs y la construcción del ciberyó



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Jueves, 10 de Agosto de 2006 10:27. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Semiótica No hay comentarios. Comentar.


La reforma de la reforma

Nos pasaron hace unos días los representantes de la coordinadora nacional en favor de un grado de Estudios Ingleses el siguiente

RESUMEN DE LA REUNIÓN CON EL DIRECTOR GENERAL DE UNIVERSIDADES EN MADRID, 31 DE JULIO DE 2006,

que pego aquí en tinta roja y comento cuando proceda en tinta negra.

La reforma de la LOU que el MEC pretende llevar a cabo afecta primordialmente a los artículos 34 y 35, y se puede resumir en los puntos siguientes:

1. Creación de un registro de universidades y títulos.

1.1. Desaparece el catálogo de títulos, y en su lugar se crea un registro de universidades y títulos.

La diferencia es que el catálogo se impone a las universidades, mientras que el registro simplemente anota lo que ellas implantan. Claro que se mantiene el catálogo detrás del catálogo, para los títulos realmente oficiales.

1.2. Se establecerán directrices para grandes ramas del saber (Humanidades, CC. Sociales, CC. Jurídicas, de la Salud, entre otras -probablemente, no más de ocho-). Por ejemplo, se podrá implantar un título que lleve por nombre Grado en Humanidades: mas lo que sea: Estudios Ingleses, Inglés y nuevas tecnologías, Literaturas comparadas, Literatura anglo-sajona,...etc. El límite lo ponen las propias universidades y las CC. Autónomas. Es decir, el dinero.

Grandes ramas del saber, hasta ahora macroáreas de conocimiento, que adquieren ahora mayor sustancia a la hora de estructurar los tipos de títulos. Obsérvese que, si no leo mal, no habrá un "Grado en Estudios Ingleses" (etc.) como se venía pidiendo, sino un "Grado en Humanidades: Estudios Ingleses2. Que no es exactamente lo mismo. Sí se suprimen así las discriminaciones introducidas entre distintas áreas de las Humanidades: que se previese un título en Filología Vasca, por ejemplo, pero no inglesa. (Politicos—politiquillos... qué peste). Quedará por ver si no se ha pegado con esto el gran tijeretazo a las Humanidades, en plan no querías café, pues taza y media, un solo grado de humanidades. Aunque esta era una solucion que defendían no pocos dentro de las Humanidades. Cuando el río va a misa, agua lleva.

2. Diseño de los nuevos grados.

2.1 Los nuevos títulos serán oficiales y tendrán validez en todo el Estado Español.

Sí, oficiales, pero unos más que otros, como se verá. Y ¿no debería decirse que tendrán validez en toda la Unión Europea? ¿No era esa la idea primordial de la Reforma Boloñesa? Será un lapsus calamitas. Menos mal que por lo menos no dice en la Nación Española, que esa ya ni sabemos dónde empieza y dónde acaba.

Cada cuatro años, el MEC evaluará los nuevos títulos (se habrán de cumplir ocho o nueve criterios)

Sólo se apunta más adelante el criterio de que tengan alumnos. Aunque se ha hablado también de mantener estudios de "interés cultural" (y siempre se piensa en este caso en las Filologías Clásicas, pero otros habrá).

diseñados e implantados en las universidades, a quienes, además de concedérseles completa libertad y autonomía, también se les atribuye plena responsabilidad, y se confía en su “sentido común” en lo que respecta al diseño de las nuevas titulaciones, a la asignación del profesorado para la impartición de las mismas, al uso de los recursos propios, etc.

Parece ahondarse así en la autonomía universitaria. Que eso sea compatible con Bolonia, se verá. También puede resultar ser muy compatible con los criterios ad hoc y con el sentido común localmente entendido.

2.2 Los títulos de grado tendrán 240 créditos.

Oséase que volvemos a la reforma de los primeros 90 anterior a la reforma de los últimos 90, títulos de cuatro años, pero ahora con un aligeramiento de créditos, no manteniendo el creditaje de los cinco años comprimido en cuatro, como había sucedido al menos en nuestro título de Filología Inglesa.

Habrá dos tipos de grados:

(A) Profesionales (con reserva legal para el ejercicio de una profesión, i.e. maestro, ingeniero, médico, farmacia, enfermería, etc; esta reserva legal obedece a los criterios de la U.E., por un lado (Medicina, Arquitectura, etc.), y a la decisión del gobierno español de regular otras profesiones más, como la de maestro o profesor de educación secundaria).
(B) No profesionales (sin reserva legal para el ejercicio de una profesión, como es el caso de Filología Inglesa).

The mother of the lamb. Se reproduce y ahonda así la diferencia tradicional que venía existiendo entre estudios oficiales y estudios propios de las universidades. Eso sí, ahora se llaman todos oficiales. Pero unos conducen a capacitación profesional y otros no. ¿Alguien adivina cuáles van a ser los más demandados, con limitación de plazas, con exigencia de notas altas para entrar, etc.? ¿Y cuáles se van a devaluar al introducirse un título específico que capacita para la enseñanza en secundaria, mientras que las titulaciones de humanidades no lo hacen?

2.3. El Ministerio dictará dos tipos de directrices: (a) genéricas para los grados profesionales con reserva legal para el ejercicio de la profesión; y (b) generales para grandes campos del saber, como es el caso de Humanidades. En estas directrices se establecerán las materias (no asignaturas) que deberán conocer los estudiantes.

Me gustaría saber qué materias van a establecerse como necesarias para todas las titulaciones de humanidades. Actualmente no hay ninguna, y me extrañaría que se fuese en esa dirección. Debe ser algo mal pensado todavía, o mal entendido por los informadores.

2.4 El MEC dictará tres tipos de criterios: (a) criterios para la aprobación de los grados, (b) criterios para la implantación de los grados, y (c) criterios para la evaluación de los grados. El registro es, por lo tanto, condicional; puede suprimirse un título si no supera la evaluación o si se queda sin alumnos, pero esto último dependerá de la Comunidad Autónoma.

Perpetuum mobile de informes, acreditaciones, evaluaciones... ya lo veo venir. Como los másteres, que los tienen que proponer cada año. Ventajas debe tener cuando tantos expertos lo aconsejan, pero también lleva a regimentaciones, cuadriculaciones metodológicas, e incertidumbres sobre la estabilidad del propio trabajo y de la propia disciplina de estudio que no son en absoluto favorables a lo que se ha venido entendiendo como universidad hasta ahora.

3. Estructura del Grado.

Los nuevos grados comprenderán 4 cursos, a razón de 60 créditos por curso (30 créditos por semestre). El MEC contempla tres componentes: 1. materias (aparecerán en las Directrices), 2. asignaturas (vinculadas a las competencias, y 3. competencias (“saber hacer”). Estas dos últimas han de estar íntimamente ligadas, puesto que no se puede exigir lo que no se da. La Tabla 1 resume la estructura de los nuevos grados.

Se supone que aparecerán, como venía siendo habitual, las "troncales", o sea, las materias que ha de incluir el grado en cualquier universidad en que se imparta. Pero aquí aparece una contradicción con lo dicho antes. ¿No quedábamos en que habría un solo Grado de Humanidades? Con la dificultad que señalaba yo de definir "troncales" para semejante grado. Si las directrices establecen materias, ya tenemos el supuestamente abandonado Catálogo otra vez. Por cierto, que nadie nos ha aclarado aún qué ha pasado con el trabajo de todas aquellas Anecas, Libros Blancos, Subcomisiones y Recomisiones que sacaron una serie de "fichas" para los grados. ¿No se pretenderá volver a resucitarlas en estas Directrices de no se sabe qué grados? A mí no me casa una cosa con la otra.


Tabla 1: Estructura del Grado.

Estructura del Grado 240 créditos
Primer curso Materias generales y transversales (60 créditos)
Segundo curso Materias específicas (60 créditos)
Tercer curso Materias específicas (60 créditos)
Cuarto curso Materias específicas (60 créditos)

3.1 Primer curso (60 créditos): Las materias que se incluyan en el grado se deberán traducir en una serie de asignaturas, en las que se abordarán competencias generales y transversales. En la Tabla 2 se ilustra de modo gráfico el diseño del primer curso.

Tabla 2: Diseño del primer curso.

Competencia 1 Competencia 2 Competencia X
Asignatura 1
Asignatura 2 • •
Materias Asignatura 3 •
60 créditos Asignatura X • • •

Sobre el tema este de la invasión del lenguaje de las "competencias" frente al conocimiento no conviene perder de vista el demoledor análisis que hacía José Luis Pardo en este artículo.

El objetivo de este diseño de carácter general es facilitar el cambio de titulación a los alumnos que así lo deseen o estimen oportuno cuando hayan cursado estos primeros 60 créditos.

Los representantes del Comité Interdepartamental que asistieron a la reunión advirtieron al Sr. Vidal del peligro que este diseño excesivamente general podría entrañar, pudiéndose dar el caso, como en la actualidad ocurre en algunos planes de estudio de Filología Inglesa, que en el primer curso tan sólo se cursen dos asignaturas de la especialidad o de que los alumnos de primero tengan la sensación de estar repitiendo el segundo curso de Bachillerato. Con el fin de salvaguardar los intereses y formación académica de los futuros especialistas de Filología Inglesa o de cualquier otra especialidad, se sugirió que el MEC recomendara unos porcentajes, aunque fuesen mínimos, a saber, 60% para las asignaturas de la especialidad que los alumnos deseen cursar, y 40% para las asignaturas que permitan a los alumnos cambiarse de titulación dentro de un gran campo del saber, como Humanidades, después de haber cursado el primer curso (60 créditos).

Lo que yo no entiendo es cómo va a haber un 40% de asignaturas comunes a todas las titulaciones de "un gran campo del saber, como Humanidades." ¿40% de ... lengua española, latín e Historia? Aquí hay algo que alguien no tiene bien pensado, o bien entendido. Porque, insistamos, tal como se supone que está la cosa ahora, hay UNA directriz general para Humanidades, no una para inglés, otra para Historia, otra para Arte, etc. etc.


3.2 Segundo curso (60 créditos): Materias y asignaturas específicas. Su selección dependerá de cada universidad.

3.3 Cuando los alumnos hayan cursado 120 créditos, se emitirá un Certificado de Estudios Universitarios Iniciales (que no es un título ni una diplomatura), cuya función es dar a conocer al empleador los estudios que han cursado y los conocimientos y competencias que han adquirido. Uno de los objetivos de este certificado es que los alumnos que se vean obligados a abandonar temporalmente o definitivamente los estudios puedan acreditar alguna formación, aunque ésta sea mínima, y que puedan entrar y salir de la Universidad con facilidad.

Se entiende que el mero expediente académico no acredita nada, pues, aunque especifique los créditos cursados.

3.4 Tercer curso (60 créditos): Materias y asignaturas específicas. Su selección dependerá de cada universidad.

3.5 Cuarto curso (60 créditos): Materias y asignaturas específicas. Su selección dependerá de cada universidad.

3.6 En este segundo bloque de 120 créditos se habrán de incluir obligatoriamente varios tipos de actividades docentes, profesionales y/o de investigación: (a) prácticas, (b) estudios en el extranjero (para lo que se va a intentar arbitrar un sistema de financiación adecuado), y/o (c) trabajos de investigación.

3.7 Los cuatro años del grado han de ser coherentes. Por ejemplo, en un plan de estudios de un grado en Estudios Ingleses puro, prácticamente todas las asignaturas deberían ser de este campo, excepto en el primer año, en el que se introducirían otras materias y asignaturas de Humanidades.

Bueno, pero también se quieren fomentar los títulos mixtos, Inglés e Informática, o Derecho y Equitación, pongamos... (ver punto 4). ¿Alors? Por otra parte, enseguida se nos dice que los "campos" aludidos (y no puedo entender por tales sino las áreas de conocimiento) se suprimen. ¿Cómo se van a presuponer, entonces?

3.8 No se establecerán por directrices generales las pasarelas de una titulación a otra, pero pueden establecerlas las universidades.

4. Naturaleza y contenidos de los grados. Se abre la posibilidad de plantear el diseño de títulos puros y/o mixtos, y su implantación dependerá de los recursos de cada universidad y de la financiación que se reciba del organismo competente en cada Comunidad Autónoma. Muy importante:

4.1. Convalidación a nivel nacional e internacional: No se atenderá al ‘etiquetaje’ de lo cursado, sino a la acumulación (al número) de créditos cursados.

¿Número de créditos de qué tipo? Porque dicho así esto es absurdo. No van a convalidar créditos de Matemáticas por créditos de Enfermería, digo yo. Así que algún "etiquetaje" habrá, aunque no se considere el título de la asignatura (¿ni de la materia?) y se suprima el área de conocimiento. (Buf). ¿Equivalente todo lo de la misma "gran rama del saber", en este caso Humanidades? Perdón, pero ni eso me creo.

4.2 Habrá grados de maestro para música, educación infantil y primaria. Y quienes, habiendo cursado Filología Inglesa u otra especialidad, deseen presentarse a Magisterio, basta con que hagan el máster en formación del profesorado (que, dicho sea de paso, insistió el Director G.U., no figura por ninguna parte que lo tengan/vayan a dar los de Educación; ni siquiera figuran áreas de conocimiento). Será un máster ‘genérico’ atendiendo, en función de los medios, a lo específico.

Bueno, áreas de conocimiento malamente pueden figurar si se supone que las suprimen. (Un absurdo, repito). ¿O sea que el Máster de Educación no lo van a dar las Facultades de Educación? Pues ya lo que me faltaba por oír. Habrá que ver qué sucede si es nuestra Facultad de Filosofía y Letras, por ejemplo, quien se autopropone para implantar este Máster. ¿Y por qué Música es tan distinta a las demás materias? No lo entiendo, pero hay tantas cosas que no entiendo en esta reforma...

5. Financiación de los grados. La financiación dependerá del resultado de la negociación entre la Universidad y su Comunidad Autónoma.

Pues Universidad de la Formación Profesional habemus. Por capítulos, claro, y por lenta estrangulación de las Humanidades no estrictamente aragonesas, o riojanas, o lo que sea. En humanidades, Arte, Historia y Cultura de la Nación de Turno para arriba, lo demás para abajo; pronto habrá que llamarla la Localidad, en lugar de la Universidad.

6. POPS y títulos de máster oficial.

6.1 Los títulos máster, que podrán ser de carácter oficial o propio, serán considerados como un mérito adicional en el currículum del estudiante. En palabras del Sr. Vidal, ‘serán un mérito, pero no un requisito’.

¿O sea que no se va a exigir el título de Máster para ninguna profesión? Anda ya. Para empezar, ya están hablando del Máster de Profesor de Enseñanza Secundaria, como máster profesional reglado. Así que aquí alguien no ha entendido lo que se está diciendo. Tampoco se aclara, por supuesto, cuál será la diferencia en el caso de los másteres entre los oficiales y los propios (si la hay a efectos académicos y no meramente monetarios).

6.2 Doctorado. Los alumnos que deseen completar su formación académica con la investigación conducente a la confección de una tesis doctoral tendrán dos opciones: (a) haber cursado 60 créditos en algún curso diseñado por el propio departamento (no necesariamente máster) o (b) completar dichos créditos cursando parcialmente un máster oficial o varios (p.ej. 15 crs. en uno, 25 en otro, etc., dentro o fuera del departamento; en casa o en el extranjero).

Otra vez, ¿60 créditos de lo que sea? Porque si no hay áreas de conocimiento... Esto es un absurdo total. Supongo que la idea es que cada departamento ponga sus propios requisitos, pero semejante desregulación no tiene ni sentido ni futuro.

6.3 Habrá un Máster oficial en formación del profesorado de enseñanza secundaria que capacitará a los alumnos para ejercer su profesión docente. Dentro de este máster se incluirán materias y asignaturas de didáctica específica de la disciplina. El Director G.U., asegura que no consta en ninguna norma jurídica que lo tenga que impartir la Facultad de Educación; ni siquiera figuran áreas de conocimiento. Será un máster “genérico” atendiendo, en función de los medios a lo específico. Se le puso de relieve que existe un amplio descontento entre el profesorado de las facultades humanísticas y, en menor medida, de las de ciencias, con la actual propuesta de dicho máster, pero el Director General aseguró que no compartía las razones de ese descontento.

Habrá que ver si se requiere para las distintas especialidades de este Máster, si las hay, haber cursado Grados especializados o no, o si va a ser la continuación natural del Grado de Maestro. Todo esto parece estar totalmente en el aire.

7. Desaparecen las áreas de conocimiento.

La desaparición de las áreas de conocimiento, que sólo persistirá en las pruebas de habilitación y acreditación del profesorado, entraña importantes ventajas y desventajas para cualquier especialidad. El Sr. Vidal apeló al sentido común de las universidades, y a la evaluación final a la que todas ellas serán sometidas para velar por la calidad de los títulos y adecuación del profesorado propuesto para impartir las asignaturas.

No me creo nada. ¿O sea que las universidades no van a dotar plazas de determinada área de conocimiento, se entiende, sino sólo para impartir tal o cual materia? ¿O los departamentos no van a aglutinar una o más áreas de conocimiento? Esto de la supresión de las áreas de conocimiento ya lo oí hace tiempo, pero me hacen aún los oídos chiribitas cada vez que lo vuelvo a oír. Y es que no estamos, al parecer, a salvo de un iluminado tras otro que con una idea brillante nos viene a reformar la estructura completa del conocimiento de un plumazo. En fin, paciencia y barajar...


8. Calendario.

Noviembre 2006: directrices para las familias de campos del saber.
Diciembre 2006: directrices para las atribuciones de profesiones regladas.
Primavera 2007: Elaboración de los nuevos planes de estudio.

Panta reï. Comisiones habrá que se reúnan. Yo desde luego estaré en las menos posibles.


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Viernes, 11 de Agosto de 2006 18:03. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Universidad No hay comentarios. Comentar.


Ese emeese

(Sábado 12 de agosto de 2006)

s ms k mnds = no t llga d vlta. Lo mlo d tner 1 móvl ncndid s q sbs tdol rto si t llamn o no.

No hay incertidumbre. O la incertidumbre se desplaza más allá, mucho más allá. El teléfono callado parpadea. Lo miras y en efecto está vacío. El teléfono siempre presente y palpitando es la prueba de que nadie está llamando. Ah, bueno, igual llaman al fijo. Pero las sesiones de estar pendiente del teléfono ahora son ambulantes. Siempre es una liberación. La cuerda que nos ata al deseo de ser llamados es ahora infinitamente extensible. Sólo estamos atados a nosotros mismos.


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Lunes, 14 de Agosto de 2006 04:37. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Personales No hay comentarios. Comentar.


Disparando a las estrellas (shooting stars)

(Domingo 13 de agosto de 2006)

Caen las Perseidas; muchos años voy a verlas con quien esté cerca. Ha venido Chelo para estarse un par de días. A medianoche subimos en pandilla al monte detrás de casa; atisbamos por entre las nubes fugaces, y se oyen comentarios reflexivos mientras murmuramos mirando al cielo. Seen a shooting star tonight.
- Yo ya he visto una. Pero sólo da tiempo de hacer deseos retrospectivos.
- Yo deseo... ver otra estrella fugaz.
- Yo deseo verla aunque sea la única vez que vea una.
- Y yo deseo que no me duela el cuello.
- ¿Por qué se llaman estrellas fugaces?
- Porque se fugan, Ivo.
- ¿Y por qué se puede pedir un deseo?
- Bueno, por pedir que no quede. Otra cosa es que se cumpla.
- Dice Oscar Wilde que a veces, por burlarse de nosotros, los dioses hacen que se cumplan nuestros deseos. Por atormentarnos de manera más fina.
- ¿Habría que desear no desear nada entonces? ¿Es eso lo mismo que no desear nada, sin más?
- Pues yo deseo que se cumplan mis deseos.
- Yo deseo que nos caiga una encima. ¡Poooommm!
- Este niño y sus explosiones.
- Ay que ha pasado una. Tremenda. Una stella con estela, lo nunca visto.
Une passante, étoile filante. Una mirada fugaz: ô toi qui le savais.

Bob Dylan, Shooting Star

Seen a shooting star tonight
And I thought of you.
You were trying to break into another world
A world I never knew.
I always kind of wondered
If you ever made it through.
Seen a shooting star tonight
And I thought of you.

Seen a shooting star tonight
And I thought of me.
If I was still the same
If I ever became what you wanted me to be
Did I miss the mark or
Over-step the line
That only you could see?
Seen a shooting star tonight
And I thought of me.

Listen to the engine, listen to the bell
As the last fire truck from hell
Goes rolling by, all good people are praying,
It's the last temptation
The last account
The last time you might hear the sermon on the mount,
The last radio is playing.

Seen a shooting star tonight
Slip Away.
Tomorrow will be another day.
Guess it's too late to say the things to you
That you needed to hear me say.
Seen a shooting star tonight
Slip away.


Estrella fugaz

Anoche ví una estrella fugaz
Y me acordé de tí
Intentabas entrar en otro mundo
Uno que yo nunca he conocido.
Siempre me pregunté
Si al fin lo conseguiste.
Anoche ví una estrella fugaz
Y me acordé de tí.

Anoche ví una estrella fugaz
Y me acordé de mí.
Si seguía siendo el mismo.
Si por fin me convertí en lo que querías que fuese.
¿Me perdí la señal, o
me pasé de la frontera
que sólo tú veías?
Anoche ví una estrella fugaz
Y me acordé de mí.

Escucha los bomberos, escucha la sirena,
Mientras el último camión que viene del infierno
pasa rodando, todas las buenas gentes rezan.
Es la última tentación, el recuento final,
la última vez que podrías oír el Sermón de la Montaña.
Está puesta la última radio.

Anoche ví una estrella fugaz
escapándose.
Mañana será otro día.
Supongo que es demasiado tarde para decirte
Las cosas que necesitabas que te dijese.
Anoche ví una estrella fugaz
escapándose.


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Lunes, 14 de Agosto de 2006 04:39. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Personales No hay comentarios. Comentar.


Que florezcan cien flores

"Dejemos que florezcan cien flores, y que cien escuelas rivalicen"

—dijo Mao, anunciando una supuesta "apertura cultural" en 1956, la Campaña de las cien Flores, en la que invitaba a los intelectuales a plantear críticas a su régimen totalitario.

Cien flores no son muchas flores. Para 650 millones de chinos (por entonces), tocan a una flor para cada seis millones y medio de chinos. O una escuela para cada seis millones y medio de chinos. Para más inri, sólo rivalizaban las escuelas en hacerle la pelota a Mao... Y encima lo que vino a continuación fue la Revolución Cultural (léase Incultural) y la persecución no sólo a intelectuales críticos sino a cualquiera que tuviese estudios y educación. Parole, parole. No hay que fiarse jamás de los líderes de masas con carisma y adorados por el pueblo. Ni cuando dicen la verdad, literalmente. Menos aún si hablan de modo figurativo.

Por cierto, la mitad de los intelectuales europeos, mientras tanto, encantados con Mao—y gratis.


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Lunes, 14 de Agosto de 2006 05:01. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Ideología No hay comentarios. Comentar.


Guerra Civil: El vaivén de la memoria

El título alude a una reseña de la Revista de Occidente que colgaré pasado mañana creo. Hoy no esperaba ver un ciber abierto; es fiesta, llueve (mala combinación) y me he pegado la tarde viendo Bailando con Lobos.

(Bueno, por fin consigo colgar la reseña, tras varios días de problemas con la red... Aquí va).

Guerra civil: el vaivén de la memoria

Es el número de este verano de la Revista de Occidente. Tanto en los artículos sobre la guerra como en los otros se ventilan cuestiones interesantes desde el punto de vista de la narratología cultural.

Santos Juliá ("Bajo el imperio de la memoria") observa que para las generaciones de posguerra, "la rebeldía contra el relato recibido adquirió el contenido de una rebelión contra los padres" en el caso de los vencedores. "En esa imposibilidad de crear una comunidad de memoria que implicara a padres e hijos en la misma celebración de un pasado de guerra radica, quizá, la razón de que al rechazar el gran relato contado por la Iglesia como agencia de creación de sentido, los hijos de vencedores y vencidos no lo sustituyeran por otro; no llenaran el lugar antes ocupado por la memoria impuesta por otra memoria colectiva, la de los vencidos; en realidad, carecían de una representación del pasado con la que sustiuir a la que se les había impuesto" (13). Quienes escribieron sobre la guerra civil tras la caída de Franco no pensaron en hacer una reivindicación y rehabilitación de los derrotados. Había al parecer una cierta actitud aséptica que podríamos intepretar, digo yo, como negación del trauma, como si fuese el trauma cosa de otras generaciones (o quizá temor al pasado reciente, o temor a la repetición). El caso es que ahora sí piden muchos la recuperación de la memoria histórica como algo que sí les afecta directamente, aunque señala Juliá que "la memoria jamás podrá ser única, ni tendrá por qué existir un centro de elaboración, más que recuperación, de la memoria: ya lo hemos sufrido, de parte de los vencedores. Si nos obstinamos en llamar memoria a lo que es representación construida del pasado, entonces habrá muchas memorias que tendrán que coexistir y, si fuera posible, convivir; pero también polemizar, como varias y enfrentadas son, y no pueden dejar de ser, las representaciones de ese pasado de guerra" (19). En cuanto a consecuencias jurídicas, "las guerras civiles sólo pueden terminar en una amnistía general, una conclusión a la que llegaron muy pronto" quienes hicieron la transición (19). Ello no quita, opino, para la oportunidad de elaborar esas narraciones o ceremonias que lleven al reconocimiento y superación del trauma, donde lo haya.

Francisco José Martín ("Acontecimiento y categoría de la Guerra Civil") la ve como una tragedia anunciada, aun negándose a verla como inevitable, ni a ver en la República el preludio fatídico de una guerra inevitable. (También observa que "los ensueños republicanos de hoy tienen muy poco que ver con la realidad efectiva de los años 30"(23)). Como acontecimiento trágico, la Guerra Civil es un foco de irradiación de sentido histórico, "impone su sentido a uno y otro lado de sí" (24) "Y en esta forma conferida todo queda reducido a conflicto. También el antes y el después del hecho bélico. Nada que quede fuera, y lo que no encaje en esa forma, o no se somete a su lógica, pierde peso y desparece de la escena, queda oculto entre los márgenes del discurso, relegado a las sombras y silencios de la historia" (25). Pero esto es para Martín, podríamos decir, una falacia perspectivística; el acontecimiento trágico nos ciega y no nos deja de ver el resto de la realidad que ahí está también. "Era, pues. Y lo que era, no era otra cosa que 'dos Españas' en lucha fratricida. Esta era la evidencia. La guerra sancionaba ontológicamente la escisión" (25). Se aplica así como categoría interpretativa ubicua y total, pero eso falsifica la historia: "la Guerra Civil da cuenta sólo parcialmente, y de manera insuficiente, de la realidad histórica de la España reciente" (26)—por ello, opino, quizá sea especialmente pernicioso para la percepción narrativa e histórica el guerracivilismo obsesivo de algunos sectores especialmente militantes de las dos españas (o así autodefinidos, claro): "No fue todo la guerra, no. Pero se impuso sobre la realidad y todo tomó la forma de la guerra. O, al menos, así parece. Así aparece, en efecto, en la forma histórica dominante, ese relato vencedor estructurado alrededor del centro, o eje, de la Guerra Civil. También la historia, al cabo, una contienda de relatos. No, no fue todo la guerra, pero acabó por imponerse y cubrir con su manto la entera realidad española. Pero era sólo una cobertura" (29). Enfatiza Martín la necesidad de evitar los dualismos absolutos, y repensar el papel de los intelectuales que se quedaron o volvieron tras la guerra (no necesariamente "nacionales") o de los ciudadanos pillados por accidente en cualquier bando, o en la España franquista—ya sea el "exilio interior" o la "tercera España". "En los márgenes del discurso histórico se asoma y se insinúa la realidad sepultada por sus categorías" (33). El análisis crítico del discurso y la narratología cultural ayudan a pensar, me parece, esta distancia entre realidad y sus representaciones ideológicamente inaceptables.

Eduardo González Calleja estudia en "La otra 'batalla de la cultura'" los esfuerzos de propaganda de los dos bandos en América latina. "La movilización de la opinión pública fue la gran baza de influencia del régimen republicano frente a la actitud de una mayoría de gobiernos latinoamericanos indiferentes o veladamente hostiles" (50). Por su parte, el franquisomo hacía diplomacia personalizada, con entrevistas personales y discretas con personajes influyentes. Entre caballeros, vamos. De todas maneras, González Calleja observa que en las campañas desarrolladas por un Estado en el extranjero, "la propaganda tiene un limitado potencial de cambio en la opinión pública y que, en general, sólo contribuye a reforzar las opiniones de los ya convencidos" (59).

François Godicheau examina "La política de orden después de mayo de 1937 y la reconstrucción del Estado" en el bando republicano (que siempre fue una jaula monos a pesar de esa "reconstrucción"). Los anarquistas fueron puestos firmes y llamados al orden, y los más radicales son detenidos, con la dirección de la CNT colaborando para evitar una sublevación general. El orden republicano se volvió más y más autoritario, con duras actuaciones judiciales basadas en leyes laxas, que condenaban a fuertes penas o a muerte a quienquiera expresase opiniones desfavorables al gobierno. "La censura prohibía toda crítica al gobierno, a su presidente, al presidente de la república" y a los aliados especialmente Rusia y Méjico. Para ser supuestamente el bando "democrático", "lo que resalta es la desaparición de toda discusión política y la búsqueda de la unanimidad, la reducción a la nada del espacio público" (75). O sea, otro estado totalitario, exactamente igual a su adversario de enfrente; así que no es extraño que la disensión, en cuanto la había, se expresase directamente a tiros entre distintas facciones republicanas.

Norberto Mínguez, en "Historia y memoria en el documental español contemporáneo" sobre la guerra civil nos dice que "España posee un pasado traumático que se acerca bastante a la definición que Hayden White elabora del acontecimiento moderno, aquel que, como en los traumas infantiles de ciertas neurosis, no puede ser olvidado, pero tampoco adecuadamente recordado" ("The Modernist Event") (81). "La transición española no sólo supuso la amnistía para los responsables de la dictadura, sino que evitó el reconocimiento y la reparación de sus víctimas. Este acuerdo injusto pero necesario favoreció una suerte de amnesia generalizada" (82). En las sociedades modernas, en principio, "la memoria ha sido conquistada e incluso erradicada por la historia" (33) pero ambas son selectivas, mediadas por signos, "Ambas realizan un trabajo de indagación sobre el pasado que permite acceder a un conocimiento más profundo de la propia identidad y, lo que es más importante, decidir lo que queremos ser en el futuro" (34). Examina Los niños de Rusia (Jaime Camino, 2001), Las fosas del silencio (Montse Armengou y Ricard Belis, 2005), Rejas en la memoria (Manuel Palacios, 2004), El tren de la memoria (Marta Arribas y Ana Pérez, 2005), Extranjeros de sí mismos (José Luis López Linares y Javier Rioyo, 2000), Entre el dictador y yo (Juan Barrero et al., 2005), La doble vida del faquir (Elisabet Cabeza y Esteve Riambau, 2005). Películas que merecen ser más conocidas. Valoran el testimonio y la experiencia subjetiva del pasado, la emoción; rechazan el olvido o amnesia de la transición, y dan al recuerdo una función terapéutica, además de proponer valores democráticos. "Estas películas consiguen rebatir a quienes creen que es mejor no mirar atrás" (99). Son textos necesarios los "que hablen del pasado y de su representación con rigor y honestidad: textos que reconozcan la dificultad de articualr memoria e historia, que entiendan el pasado no como un campo de batalla donde se dirimen los intereses del presente, sino como un espacio de reflexión y representación que nos ofrece la oportunidad de hacer del futuro un lugar más habitable" (99).

(Sobre el trauma o la amnesia, me interesa por implicación propia en traumas o amnesias. Mi abuelo murió durante la guerra civil, pero poco sabemos en la familia de esa historia. Quién lo mató, por ejemplo. Quizá haya que investigarlo. Durante toda mi infancia no vi una sola fotografía de mi abuelo, sólo hacia los años noventa salió una a la luz y está ahora junto a la de mi abuela, que tuvo que sacar adelante sola y en ambiente hostil a sus tres hijos pequeños. De mi abuelo mucho tiempo se habló sólo en voz baja—aunque luego le dedicaron una calle en Escuer, el pueblo que ayudó a construir. Y, claro, por supuesto ha habido trauma de guerra civil en mi familia, que ha estado marcada por ambas ramas, en una por el asesinato cobarde de mi abuelo y en otra por el exilio hasta la vejez o hasta la muerte de mis otros abuelos y mi tío. Si con eso no hay elementos para traumas en la familia... Y también desmemoria: aunque parezca mentira, las cuestiones más evidentes pueden pasar a la desmemoria. Por voluntad de salir adelante, supongo, y necesidad de adaptarse y hacerse una vida bajo el nuevo orden, o bajo otra bandera tricolor. Sánchez Dragó ha publicado recientemente una novela autobiográfica donde narra su propia amnesia y recuperación de la memoria tras una experiencia parecida. Ya he hablado algo de ella. Pero la manera en que Sánchez Dragó manifiesta involuntariamente su trauma, a la vez que intenta analizarlo, merece un post aparte).


Sigue en la Revista de Occidente una entrevista con Anthony Beevor, autor de una historia de la guerra civil recientemente reelaborada (Crítica, 2005). Beevor sostiene que la verdad fue la primera víctima de la guerra; que la República estaba destinada a ser derrocada de una manera u otra desde que el PSOE eligió la vía de la Revolución por encima de la democracia. "Un aspecto que no ha sido tomado en cuanta al analizar las causas de la Guerra Civil es la sombra de la Revolución rusa" (105)(—hombre, que no haya sido tenido en cuenta... será que no se ha recalcado por lo evidente, en todo caso). Para Beevor, la propaganda exterior de la República fue desastrosa, mientras que los nacionales lograron el apoyo de inluyentes sectores conservadores empresariales. Y subraya también los prejuicios que a los españoles impiden el ver con claridad los hechos objetivos de la República y la guerra que sí son visibles para una mentalidad extranjera que no los vea como armas arrojadizas para su política.

Hay otros artículos en este número de la revista pero ya no versan sobre la guerra civil. Sí lo hacen las reseñas: una sobre los discursos de Miguel Hernández, donde el reseñista queda decepcionado por el enceguecimiento partidista y la violencia agresiva del poeta, comprensibles por el contexto de los discursos pero que no los hace más atractivos. Mejor olvidarse de este lado de Miguel Hernández, parece sugerir, aunque lo mismo podríamos decir lo contrario (es más educativo). Otra reseña comparando las obras de Stephen Koch y de Ignacio Martínez de Pisón sobre el asesinato de José Robles y la ruptura entre Hemingway y Dos Passos. Aunque Koch tiene una prioridad histórica, para el reseñista es bastante ignorante sobre las circunstancias del conflicto español, y se desinteresa de su tema central, José Robles. Martínez de Pisón escribe en cambio una obra sensible, emocionante, atenta a los matices y con valor literario. Sí se trasluce en la reseña también una antipatía del reseñista hacia Koch, o una cierta voluntad de enfatizar sus aspectos negativos. El que sí sale mal parado de acuerdo con todo el mundo a una es Hemingway, ególatra, oportunista, insensible e indiferente a las atrocidades cometidas por sus compañeros de viaje. Y hay otra reseña, sobre Ramiro Ledesma Ramos y el fascismo español de Ferran Gallego, "donde el autor redime al personaje de los tópicos bajo los que yacía sepultado para devolverle toda su frescura" (218). No sé si para Ferran Gallego tiene el personaje y su obra el atractivo que sin duda tiene para el reseñista, a quien no sólo no se le oye un asomo de condena al fascismo en la reseña, sino que (peor) no se le presupone. Para mí, la frescura de los fascistas tiene otros aspectos también dignos de reseña.

 

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Martes, 15 de Agosto de 2006 14:21. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Historia Hay 2 comentarios.


Estos días por Galicia

son lluviosos, por suerte para la racha de incendios, que este año han batido récords, se ha quemado más del 2'5% de la superficie de Galicia, y tienen al personal pasmado. Por aquí, sin embargo, en la puntita norte, seguimos sin ver ninguno, y menos ahora que llueve y nos tenemos que quedar en casa buenos ratos. Claro que aquí la norma es que cuando se ve un rayito de sol, pues corriendo a la playa, o si no a otra de al lado que puede que lo tenga, porque Viveiro parece tener un microclima que le pone una boina de nubes encima a perpetuidad. De ahí que no esté esto macroedificado, de ahí y de las comunicaciones, aunque ya vimos cómo construian la autovía que  en un periquete plantará aquí a todos los madrileños que quieran huir del sol. Ayer, pues, todo el día en casa. Otra vez releyendo mi artículo sobre la repetición y la relectura, y traduciéndolo. Y viendo Bailando con lobos, primera película que veo en la tele desde hace años, y me juro no volver a ver una, pues entre anuncios y metraje extra del director se nos fue la tarde entera, claro que llovía. Anteayer sí hubo más movimiento, fuimos a ver la fábrica de porcelana de Sargadelos, con visita al proceso de producción (sin que los nenes acabasen metidos en algún torno de alfarero, uf) y a las exposiciones y cómo no a la tienda de recuerdos, donde me compré, quién me lo iba a decir, los poemas ingleses, en dos volúmenes, de Pessoa, y una historia de la literatura medieval galega de un tal Pena (no pariente de). Y entre eso y la feria del libro de Viveiro van cayendo libros al bolso. Al cuerpo menos: me he terminado Muertes paralelas de Sánchez Dragó, sigo con Suite française de Irène Némirovsky, y he empezado a leer O incerto señor Don Hamlet de Álvaro Cunqueiro, comprado al lado de su estatua, en Mondoñedo. Pero leo poco. Y eso que en la playa me dedico desde luego más a leer que a bañarme, se me han pasado mis años bravos de bañarme en aguas heladas, y ahora soy el típico bañista de pega que sólo se moja los pies. O casi. Hoy hay fiestas aquí: como en Biescas; aquí la ermita es de San Roque, la tenemos en un monte encima de la casa, la priomera noche la tomamos por un ovni, superiluminada. Y de ahí la lluvia, de las fiestas, digo, en Biescas ya se sabe, aunque me decían que de momento se mantenía el tiempo y que los sobrínos habían hecho un desfile en carroza. Los pequeñajos aquí se dedican a saltar olas, básicamente, y a construir castillos y tirar bolas de arena al mar. Los pequeños socializan mejor que nosotros (que siempre vamos de vacaciones a sitios donde no conocemos a nadie ni al ir ni al volver). Se han hecho amigos de los niños del barrio de pescadores en el que vivimos. "Este niño se llama Jaido"-- bueno, es que Jairo no sabía pronunciar la D. las fiestas tranquilas, no tienen una marcha excesiva por aquí, y nos dejan dormir y transitar por las calles. Es un sitio tranquilo y agradable, Viveiro, y precioso, pero me parece que no será aquí donde se comprará nuestra compañera de viaje la casita en Galicia o segunda vivienda... seguiremos explorando. Plan para hoy, después de levantarnos a las once como es de rigor en día de lluvia... pues poco. Hoy se va Chelo, que ha estado unos días en casa; no parece que vayamos a tener otra visita. Los nenes se las prometen muy felices porque dicen que se van a gastar un euro en videojuegos en un ciber. Pues vaya plan. Pero bueno, ya se sabe que es vano decirle al prójimo qué es y qué no es lo que debe hacerle ilusión. ¿Y aparte? Pues bromas y juegos con los nenes. Y amores, broncas, desamores, abrazos, separaciones, reconciliaciones, añoranzas, ensoñaciones, fijaciones, y toda la parafernalia y tormentas de los sentimientos, y procesiones que van por dentro y por fuera. El verano de siempre.

El tajo de Ronda

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Jueves, 17 de Agosto de 2006 11:43. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Personales No hay comentarios. Comentar.


Planetas errantes, hechos brutos y realidades virtuales

Parece ser que una convención astronómica internacional va a revisar la lista de planetas, y en lugar de los que siempre hemos aprendido en la escuela, Mercurio, Venus, la Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón, va a dar cabida al menos a tres más: 1) al hasta ahora asteroide Ceres, entre Marte y Júpiter; 2) a Caronte, hasta ahora considerado satélite de Plutón, y que por su gran tamaño relativo pasa a formar con él un sistema planetario doble; 3) al planeta X (o sea, Xena, como lo llama su descubridor, y hasta ahora sin nombre oficial). Claro que hay otros planetas X parecidos a éste más allá de Plutón, como el publicitado Sedna, y otros pseudo-plutones, así que la lista podría alargarse... (Ver un artículo muy bueno sobre el tema en Por la boca muere el pez, ayer). [Actualización: Bueno, pues hay sorpresa. Tras el congreso, en lugar de alargar la lista de planetas, la han acortado, expulsando al pobre Plutón, y nos dejan con sólo ocho planetas, y una serie indefinida por ahora de "planetas enanos"...].

El quid de la cuestión parece ser que hasta ahora no había una definición oficial de planeta, o sea, de criterios para determinar qué es lo que es un planeta. La lista recibida de la Antigüedad ya se había ampliado con los descubrimientos debidos al telescopio, pero claro, ahí ya había cambiado el criterio por lo bajini (para los antiguos, un planeta era ante todo algo que se veía en el cielo, no algo que no se veía). Así que las definiciones implicitas o explícitas han ido cambiando según los progresos tecnológicos y el avance del conocimiento. Los planetas nunca han sido lo que eran.

Por otra parte, una definición oficial no hace sino proporcionar un ámbito institucional para determinar lo que es un planeta; y los nuevos planetas lo serán dentro de los discursos que se refieran a ese ámbito institucional: influyente sin duda, pero seguramente no exhaustivo. Los planetas serán unos para determinados fines y en determinados lugares, y otros en otros ámbitos de discurso. Porque al fin y al cabo su existencia no es un hecho bruto, sino un hecho institucional. Lo mismo podríamos decir de cualquier otro fenómeno: qué es y no es, por ejemplo, una mesa, o un blog. El caso de los planetas es llamativo por su carácter digamos público, allá arriba a la "vista" de todos, y por su magnitud y número aparentemente, sólo aparentemente, definido. Pero lo mismo podría aplicarse a los continentes, pongamos: así, podríamos decir que en realidad hay sólo tres continentes: Europasiáfrica-América (unidos por el casquete polar norte), Australia, y la Antártida. Por ejemplo.

La distinción entre hechos brutos y hechos institucionales la proponía John R. Searle en Actos de habla. Serían hechos brutos los que existen al margen de su representación lingüística; los hechos institucionales, por el contrario, son producto de algún acto de habla, de alguna convención comunicativa en el marco de una determinada institución. (Por ejemplo, un nombramiento, un matrimonio, una promesa, etc.).

Pero esta distinción propuesta por Searle no se sostiene: todos los hechos del universo humano son institucionales, productos de una convención comunicativa. Por eso no sabemos cuántos planetas hay en el sistema solar, así en bruto. Tampoco se sostiene una distinción en cierto modo paralela que proponía John L. Austin al principio de How to Do Things with Words: la distinción entre actos de habla constativos y realizativos (o performativos), es decir, la distinción entre los usos del lenguaje que, respectivamente, meramente describen el mundo, y aquéllos que "crean" la situación a la que se refieren (por ejemplo, una promesa, un acto de contraer matrimonio). El libro de Austin es en cierto modo la historia de cómo esa distinción inicial entre lenguaje constativo y lenguaje realizativo se vuelve problemática o imposible (Más sobre eso aquí).

Un ejemplo que trata Austin es la frase "Francia es hexagonal". Esta frase, "Francia es hexagonal", es un ejemplo de lenguaje (al menos aparentemente) constativo: describe el mundo, o parte de él. Se supone que el lenguaje constativo está sometido, de un modo en el que no lo está el realizativo, a condiciones de verdad. Tiene sentido preguntar si las "constataciones" que hacemos sobre el mundo son o no ciertas. Ahora bien, ¿podemos decir, como habríamos de poder decirlo sobre una frase constativa ideal, si esta frase es verdadera o si es falsa? Según Austin, depende. Es verdadera o falsa ségún el contexto, o según para qué. Es suficiente para un general, quizá, pero no para un geógrafo. Esto lleva a Austin a una noción relativista de la verdad. La verdad, y los hechos constatables, son un efecto de discurso. Las cosas, o las representaciones que damos de ellas, no son de por sí verdaderas o falsas. Concluye Austin que

Es esencial darse cuenta de que "verdadero" o "falso" (...) no se refieren en absoluto a nada simple sino a una dimensión general de ser una cosa apropiada o inapropiada si se dice en tal circunstancia, ante tales interlocutores, para tal o cual propósito y con tales o cuales intenciones. (How to Do Things with Words 144)

Es decir, una cosa sólo es cierta o falsa con respecto a una determinada "dimensión de valoración" que dice Austin, o un determinado universo discursivo. Como señala Hillis Miller en Speech Acts in Literature, Austin acaba, quizás involuntariamente, reduciendo la realidad humana a efectos de discurso, y nos lleva a concluir que recreamos la realidad en la que vivimos cada vez que abrimos la boca.

Me gusta el comentario que proporciona Stanley Fish sobre Austin en Is There a Text in This Class? (198-99), y aquí lo traduzco.

A primera vista, la frase "Francia es hexagonal" es un ejemplo perfecto de enunciación constativa--una enunciación que se limita a referir, o describir, o informar sobre algo—y Francia es un ejemplo perfecto de hecho bruto, un hecho que existe independientemente de cualquier cosa que se diga sobre él, pero lo que Austin descubre al final de Cómo hacer cosas con palabras es que todos los enunciados son realizativos—son producidos y entendidos con los supuestos de alguna dimensión de valoración socialmente concebida—y que por tanto todos los hechos son institucionales, son hechos únicamente en virtud de la institución previa de alguna dimensión tal. Eso quiere decir no sólo que los enunciados afirmativos sobre un objeto serán evaluados (como ciertos, falsos, relevantes o irrelevantes) según las condiciones de su enunciación, sino que el objeto mismo, en la medida en que está disponible para referirnos a él y describirlo, será un producto de esas condiciones. Hay muchísimas cosas que se pueden decir sobre Francia, incluyendo el que sea o no hexagonal, pero la felicidad o acierto de lo que uno diga estará en función de su relación a una u otra dimensión de valoración—ya sea esa dimensión militar, geográfica, culinaria o económica—y, además, la Francia sobre la cual lo estamos diciendo será reconocible, y por tanto describible, únicamente en términos de esa dimensión.

[Aquí Fish se columpia un poco, porque lo interesante es precisamente, como dice más adelante, la multiplicidad de dimensiones o marcos de referencia que diría Goffman, y las maneras imprevisibles en que se solapan unas con otros o crean superposiciones de sentido paradójicas o conflictivas.]

Es decir, lo único que no puedes decir de Francia es lo que es realmente, si por realmente te refieres a Francia tal y como existe fuera de cualquier dimensión valorativa. La Francia de la que hablas siempre será el producto del discurso sobre ella, y nunca será accesible de modo independiente. (...)

Naturalmente, no todo el mundo cree lo mismo o, para ser más exactos, las percepciones de la gente no están en función del mismo conjunto de creencias, y así habrá no uno sino muchos relatos estándar en relación a los cuales el mundo se consituirá de modo diferente, con diferentes hechos, valores, maneras de argumentar, procedimientos para establecer la evidencia, y demás. Como resultado, lo que puede ser ficción para los personajes de un determinado relato estándar, será verdad obvia y de sentido común para los personajes de otro. La distinción entre lo que es verdadero y lo que es ficticio siempre se hará, pero se hará desde dentro de un relato (o dimensión de valoración) y por tanto siempre será una distinción entre lo que es verdadero y lo que no lo es desde el punto de vista de ese relato. Además, es una distinción que siempre estará sujeta a debate, poque no podrá nunca decidirse invocando a hechos independientes de algún relato.

Claro que podríamos preguntarnos si en ese caso no tiene una validez y realidad institucional la categoría de hecho bruto. Se llegua por aquí a un territorio un tanto metalingüístico y paradójico, pero parece ser que tal es precisamente una de las funciones del metalenguaje: anular (imaginariamente o convencionalmente) al lenguaje como marco productor de sentido, e instituir (o soñar) una dimensión de discurso en la que es posible la distinción entre hechos brutos y hechos institucionales. Pero obsérvese que se ha invertido aquí la relación entre ellos: no son los hechos institucionales los que se erigen un tanto arbitrariamente sobre unos cimientos de realidad bruta, sino que son los hechos brutos los que se asientan sobre unas convenciones metalingüísticas, los que aparecen, por tanto, como un determinado efecto de lenguaje (un efecto de autoanulación hipotética), un juego lingüístico e institucional delimitado discursivamente. E históricamente: ¿existían los hechos brutos antes de que Searle los invocase? ¿Existen más, o menos, luego, después de su teoría, y de la evaporación de su teoría a manos de Fish, de Derrida, de Hillis Miller—y hasta de Austin? Que viene a ser como preguntar, ¿existían los planetas antes de su descubrimiento? Más allá de los planetas, ya decía Borges que el "Universo" como tal probablemente no tenía otra existencia como objeto definido al margen de la que le daba esta ambiciosa palabra—"Universo". El Universo mismo es un hecho institucional y convencional, un efecto del lenguaje.

Interesantes dimensiones narrativas y consecuencias retroactivas tiene cualquier uso del lenguaje. Pero por hoy lo dejaremos aquí, y a los planetas, hechos brutos o institucionales, los dejaremos flotando en el vacío, y si hace falta, hasta girando alrededor de un centro de gravedad que es un punto virtual.

Qué es la verdad

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Jueves, 17 de Agosto de 2006 11:45. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Semiótica No hay comentarios. Comentar.


Crítica acrítica, crítica crítica

He terminado de traducir mi artículo sobre la relectura y la repetición. Ya sé que me repito, pero al releerlo me han dado ganas de separar en un articulillo aparte, y desarrollarla, mi distinción entre la crítica propiamente crítica y la crítica acrítica, que es uno de los temas que allí trato, en estos términos (autocito mi autotraducción):

La narración es, entre otras cosas, un drama de identidades, en el cual el autor y el lector interactúan de manera compleja, a través de una interaccion simbolizada entre diversos sujetos textuales: autores y lectores implícitos, narradores y narratarios, personajes. El lector es invitado, a veces mediante una compleja retórica de alocución a narratarios ficticios, a adoptar un identidad propuesta por la narración--a comportarse como el lector implícito. La posición del lector implícito es, pues, el lugar provisional para la instalación del lector en el intercambio discursivo--en tanto que lector, no en tanto que interlocutor plenamente autorizado. Desde el momento en que el lector se convierte en alguien más, en escritor, en crítico, etc., se plantea la elección entre dos alternativas: o bien seguir siendo un lector ideal que simpatiza con el texto, o bien delimitar una actitud fuera de los cálculos del texto, volviéndose un lector resistente (10). La lectura resistente conlleva delimitar la posición ideológica del lector frente al texto. La lectura resistente encuentra su espacio de expresión más propio en la escritura crítica: en realidad deberíamos hablar de crítica resistente o de escritura resistente. La lectura de por sí estimula la participación, la aceptación temporal de los presupuestos del texto (excepto en el caso de textos provocativos u ofensivos). Sólo la escritura tras la relectura invita a las modalidades más sutiles de análisis ideológico y respuesta crítica considerada.

Podemos ahora reexaminar desde esta perspectiva el concepto de configuración narrativa desarrollado por teorizadores como Mink y Ricoeur. Ambos insistieron en que la narración tiene una dimensión retrospectiva o aun retroactiva, haciendo resaltar un esquema interpretativo en los acontecimientos de la historia o de la experiencia personal. Así lo expresa Polkinghorne:

"La actividad del argumento consiste en extraer una estructura a partir de una sucesión, y supone un tipo de razonamiento que va y viene desde los acontecimientos hasta el argumento hasta que se da forma a un argumento que a la vez respeta los acontecimientos y los comprende en un todo. Hasta la 'más humilde' de las narraciones es siempre más que una serie cronológica de acontecimientos: es la recopilación de los acontecimientos para formar una historia con sentido". (Polkinghorne 1988: 131, trad. mía)

La perspectiva hermenéutica, que considera a la narración un modo particular de conocimiento, ha resultado en una revalorización del concepto de argumento. Para Paul Ricoeur, "el argumento puede aislarse de los juicios acerca de la referencia y contenido de una historia, y puede verse en lugar de eso como el sentido de una narración" (Polkinghorne 1988: 131). Naturalmente, el argumento de una narración es "el sentido" propuesto por la propia narración. El ojo de un lector resistente, de un crítico crítico o "disonante" con el texto, puede detectar la violencia que se ha usado con los acontecimientos para configurar el argumento. Este es el tipo de razonamiento que emplean aquellas tendencias de la hermenéutica narrativa que denuncian la "distorsión retrospectiva" (hindsight bias) y las ilusiones perspectivísticas que se imponen mediante la forma narrativa, como por ejemplo la ilusión de fatalidad o la imposición artificial de esquemas interpretativos trágicos o cómicos sobre la experiencia (Bernstein 1994; Morson 1994).

La narración tiene una fuerza configuracional retrospectiva que puede llegar a ser incluso una especie de retroacción, ya que los acontecimientos pasados son "generados" en tanto que tales por las perspectivas actuales, y reciben la clase de identidad ideal que describía Hume. Lo que deberíamos enfatizar aquí es que la observación o valoración de una narración supone un nuevo tipo de reconfiguración, especialmente cuando la narración es recontextualizada críticamente. (11). Se genera un nuevo argumento, uno que incluye al observador o lector. Una de las principales tareas de la críticaa (incluso de la crítica hermenéutica "consonante" con la ideología del texto) es hacer explícito lo que estaba implícito. Pero esto implica también transformar, interpretar, deplazar el énfasis, apropiarse del sentido, dar una nueva configuración a acontecimientos y relaciones.

(Notas)

(10) El término es de Judith Fetterley (1978). Cf. las "lecturas sintomáticas" de Abbott (2002: 97ss.), y mi artículo (2004) sobre las transformaciones de las situaciones comunicativas triangulares cuando son interpretadas por un tercero (o por un cuarto).

(11) Cf. Kerby sobre las autonarraciones: "También aparece aquí8 una división o no-coincidencia en el sujeto debido a la naturaleza interpretativa de esta participación. Puede ser, por ejemplo, que uno no acepte la expresión como una representación adecuada de sí mismo, lo cual puede hacer que el ciclo continúe de nuevo. Este ciclo de significaciones nuevas no es, naturalmente, sino el marco dinámico en el cual tiene lugar el desarrollo personal" (1991: 108). Estas nociones de Kerby sobre la situación circular y hermenéutica del yo, interpretándose con sus propias expresiones, están también influidas por Taylor (1985).

Repito aquí los términos del binomio de actitudes críticas que opongo una a otra:

Crítica acrítica - Crítica crítica (términos míos)

(Lectura aquiescente) - Lectura resistente (Judith Fetterley)

Hermenéutica de la recuperación del sentido - Hermenéutica de la sospecha (Paul Ricoeur)

Lectura intencionalista - Lectura sintomática (H. Porter Abbott)

Friendly criticism - Unfriendly criticism (términos míos)

Crítica simpática - Crítica antipática (podría ser la traducción de los anteriores)

Crítica (ideológicamente) consonante - Crítica (ideológicamente) disonante

Crítica constructiva - Crítica desconstructiva (o hasta destructiva)

Con lo cual no quiero decir que sea propio de una mentalidad poco constructiva el dedicarse a la desconstrucción. Los términos podrían multiplicarse, como se ve. Una de las formulaciones más influyentes de este binomio la daba Ricoeur en su De l'interprétation: Essai sur Freud. Allí la actitud hermenéutica tradicional, en la que el intérprete se acerca humildemente a un texto considerándolo como un foco de autoridad y sabiduría del cual hay que aprender, cuyo sentido ha de recuperarse por bien del propio intérprete, se contrapone a las "hermenéuticas de la sospecha (marxismo, estructuralismo, psicoanálisis--tembién desconstrucción, feminismo, postestructuralismos diversos, etc.). Estas hermenéuticas de la sospecha son, además de suspicaces, un tanto orgullosas o engreídas, puesto que consideran al texto como ciego sobre sí mismo, y se erigen en tanto que intérpretes en depositarias de la verdad y la iluminación que ha de desentrañar los errores y cegueras del texto sobre el mundo y sobre sí mismo.

Los beneficios que reporta la humildad (crítica simpática) frente a la soberbia hermenéutica (crítica antipática) son mayores, parece sugerir Ricoeur. Pero a mí me toca romper una lanza en favor de la soberbia del lector escéptico, en favor de la crítica antipática, que es (como el término sugiere) la más propiamente crítica. Primero entender, luego criticar. Tras la hermenéutica, la crítica; no en vano la hermenéutica se asocia a la reverencia debida por la tradición a los textos sagrados, y la crítica se asocia más bien a la indagación filosófica sobre el mito, al humanismo que contesta las verdades reveladas, o recibidas de la autoridad de la Iglesia, y al escepticismo hacia los sistemas explicativos que pretenden dar una versión demasiado acabada o demasiado bonita y totalizante de la realidad. Un texto propone su sistema, su interpretación de la realidad (reducida a sistema); y es labor del crítico buscar los límites de ese sistema o las falsificaciones que ha habido que imponer a la realidad para reducirlaa a sistema, o a texto. Como diría H. Porter Abbott, en esta modalidad interpretativa dejamos de considerar el razonamiento o argumento del texto como tal razonamiento o argumento (tan cuidadosamente estructurado) y pasamos a considerarlo como un síntoma que espera nuestro diagnóstico; y la supuesta verdad revelada por el texto ya no es sino un síndrome intelectual, un delirio de la razón, una ideología por diseccionar.

La crítica contestataria, antipática y disonante tiene su lado de soberbia, insistiendo en la visión que tiene el crítico e intentando anteponerla al texto comentado ("Os comento a Shakespeare, que es quien os interesa; pero no le hagáis caso a él, hacedme caso a mí, él no se conoce, yo lo conozco, ergo es mi texto el que os interesa, ¡leedme a mí, no leáis a Shakespeare!"). Pero la otra versión de la crítica también tiene su soberbia, más insidiosa por humilde. A su manera viene a decirnos: no hace falta indagar más en la verdad. La verdad ya la conocemos, nos ha sido revelada, o nos la transmite esta Escritura (la Biblia, Shakespeare, Derrida, etc.). Podemos añadirle glosas aclarativas, pero no, por supuesto, un comentario que contradiga sus presupuestos básicos. Eso es destrucción de la Escritura. No necesitamos críticos de la Escritura, ya tenemos la Escritura. Y nosotros estamos de su lado. Cerrad la boca, críticos, vuestras verdades no son necesarias, la Verdad ya está dicha, no hemos de hacer sino aprenderla, entenderla y aceptarla.-- ¿No es eso siniestro, por muy humilde y respetuoso con el texto que sea?

Por suerte, esta diferencia entre la crítica crítica y la crítica acrítica es, como todas las polaridades absolutas, ideal más que real. No es que no se manifieste a veces en estado muy puro: las reseñas de encargo por un lado, y las reseñas destructivas, por otro, se acercan bastante a la pureza. También suelen ser las modalidades de la crítica menos interesantes de por sí (si bien la destructiva, especialmente, puede tener sus amenidades y ser muy divertida). El terreno más propio para la crítica reflexiva y considerada se hallará más bien en el terreno intermedio en el que la crítica, sin dejar de ser crítica, también sintoniza con las preocupaciones o argumentación del texto, en lugar de simplemente rechazarlo por irrelevante. Una crítica meramente negativa no aporta mucho al conocimiento, simplemente suprime el texto del autor y propone en su lugar otras preocupaciones, otra ideología, otra visión del mundo. Una crítica parcialmente sintónica, en cambio, puede suponer una síntesis entre la postura del crítico y la del texto. Una síntesis que es efectuada por el crítico, claro, en cuyo caso el crítico ocupa tanto la posición de antítesis com ola de síntesis (y se ha llevado a sí mismo a superar su postura inicial o a ahondar en ella). La síntesis entre ambas posturas, la del texto y la del crítico, la puede efectuar si no el lector, pero es entonces al lectora a quien se remite la función del crítico. La crítica más constructiva, aunque sea desconstructiva, tiene que hacer parte sustancial de ese trabajo de síntesis, si ha de ahondar en el pensamiento propuesto por el texto, y no meramente suprimirlo o declararlo improcedente.

Y en todo caso, lo que merece un crítico crítico es un poco de su propia medicina. Que le desconstruyan su texto; que le den una recepción antipática, que contesten sus presupuestos y sus conclusiones. ¿O esperaba el crítico crítico hallar interlocutores mansos y aquiescentes? Una vez roto el consenso en torno a la Escritura, no hay esperanzas de recomponerlo. Aunque constantemente se propongan nuevas Escrituras--"Silence once broken", decía Beckett en El Innombrable, "will never again be whole".

Disintiendo de los disidentes

 

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Viernes, 18 de Agosto de 2006 03:25. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Literatura y crítica Hay 1 comentario.


Paralelismos traumáticos

(Sábado 19 de agosto de 2006)

 Ya hablé en un post anterior de Muertes paralelas, de Fernando Sánchez Dragó, y de lo forzado que me parecía alguno de los paralelismos que sirven de base al libro. Me ha gustado, sin embargo, como libro sobre la guerra civil española y sus consecuencias y la memoria de la misma y sus traumas, ejemplificados en el propio autor.

Es el libro una self-begetting novel de las que decía Steven G. Kellman, un libro que cuenta la historia de cómo llegó a ser escrito, y que, aún más, cuenta cómo quien lo escribe llega a ser quien es mediante la escritura de este libro. Escribe Sánchez Dragó con el siguiente planteamiento: tras muchos años de ignorar la figura de su padre, asesinado por los falangistas al comenzar la guerra civil, se ha dado cuenta, por diversas coincidencias y señales procedentes quizá del más allá, de que el destino de su padre y el suyo están estrechamente entrelazados, de que su padre es la persona más importante de su vida, "el personaje de más importancia, sustancia y trascendencia en la vida de su hijo" (583). Así, el hijo se da cuenta de que ha de escribir un libro para sacarlo del olvido, o para sacárselo del cuerpo, o para terminar de metérselo en el cuerpo quizá. Hace un seguimiento paso a paso de los últimos días de su padre, y más panorámicamente de toda su vida, y de la propia, y de la de su familia entera, con el trasfondo del país en la guerra y la posguerra. Analiza la manera en que su propia personalidad es producto de la herencia y de las circunstancias traumáticas que marcaron su infancia, y en suma busca "desamordazar y regresar" al difu