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Resumen

01/07/2007

Madre asfixiante

De El Tío Tungsteno: Recuerdos de un químico precoz, autobiografía del neurólogo Oliver Sacks (Anagrama, 2003, cap. 19).

Durante los años treinta, mi madre abandonó la medicina general y pasó a dedicarse a la ginecología y a la obstetricia. Nada había que le gustara más que un parto complicado—que un bebé se presentara de brazo, o de nalgas—con una conclusión satisfactoria. Pero de vez en cuando traía a casa fetos malformados anencefálicos, con unos ojos saltones en lo alto de sus cabezas aplanadas y sin cerebro, o con espina bífida, en los que toda la médula espinal y el encéfalo estaban a la vista. Algunos habían nacido muertos, y a otros mi madre y la comadrona los habían ahogado en silencio al nacer ("como un gatito", dijo una vez), pues les parecía que si vivían no tendrían ninguna vida consciente o mental. Deseosa de que yo aprendiera anatomía y medicina, diseccionó para mí varios de esos fetos, y aunque sólo tenía once años, insistió en que yo también diseccionara. Creo que jamás se dió cuenta de lo mucho que eso me afectaba, y probablemente imaginó que sentía el mismo entusiasmo que ella. Aunque yo, de manera natural, había diseccionado por mi cuenta lombrices, ranas y mi pulpo, la disección de fetos humanos me llenaba de repugnancia. Mi madre a menudo contaba que, siendo yo bebé, le había preocupado el crecimiento de mi cráneo, que las fontanelas se hubieran cerrado demasiado pronto, y que, a consecuencia de ello, me transformara en un idiota microcefálico. De este modo, vi en esos fetos lo que (en mi imaginación) yo también podía haber sido, lo cual hacía que me fuera más difícil distanciarme de ellos, e incrementaba mi horror.

Aunque quedó entendido, casi desde mi nacimiento, que sería médico (y concretamente, deseaba mi madre, cirujano), esas experiencias precoces me predispusieron en contra de la medicina, me hicieron querer huir de ella y dedicarme a las plantas, que no tenían sentimientos, a los cristales, los minerales y elementos químicos, sobre todo, pues ellos existían en un reino propio inmortal, donde la enfermedad, el sufrimiento y la patología eran desconocidos.



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Domingo, 01 de Julio de 2007 21:13. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Cómo somos Hay 2 comentarios.


02/07/2007

El día del Juicio

Visto para sentencia ha quedado, el juicio de la cátedra que desierta se dejó. Es la primera vez que estoy en un juicio, y vaya, por lo menos no he sido el reo, aunque sí parte interesada. Más interesada que la otra parte, ciertamente, pues en el caso José Ángel García Landa versus Universidad de Zaragoza el interés de la Universidad ha sido, hasta la fecha, ciertamente limitado. En respuesta a todos los recursos, denuncias, quejas y papeles que envié al Rector desde el día que se celebró el concurso, sólo obtuve una mísera notita dando a entender que si hubiera sabido defenderme los debería haber llevado a contencioso administrativo mucho antes.

Así que los llevé, los llevé. Con un éxito que se promete más que dudoso, pero era una cuestión de principios, el que por mí no vaya a quedar la cosa. Mi abogada se ha batido el cobre en los términos que ha juzgado más beneficiosos para la causa, y le ha contestado el abogado de la Universidad. Que esta vez sí se ha tomado la molestia de enviar un abogado al juicio, algo es algo...

Cada uno ha expuestos argumentos irrebatibles para un profano según los cuales es evidente que todo es irregular y debe anularse (según sostenemos con mi abogada) o que todo está fetén y conforme a los más rancios principios del derecho (según el abogado universitario).  Este último ha detallado con una cierta (sólo una cierta) exhaustividad la lista de mis escritos al rector, no con ánimo de apoyarme sino para dejar claro que este caballero protesta demasiado y con poco conocimiento del derecho: y es cierto que más vale protestar una sola vez con abogado que ciento sin asesoramiento legal, y que una protesta que dice "recurso" sin decir "de alzada" está jurídicamente out, etc.. Pero es que entonces hay que acudir a las oposiciones ya con el abogado puesto—y es lo que recomiendo a todo candidato. Sobre todo si ya ha recibido del tribunal, como los recibí yo, avisos de que hacía muy mal en presentarme porque infringía algunas leyes no escritas.

Claro que aquí nos hemos tenido que atener a lo escrito. Con lo cual, lo comentábamos en la caña post-Juicio, lo que es el proceso legal y lo que ha sucedido realmente son dos relatos que se cruzan casi sin tocarse, todo lo más en algún punto clave se intersectan para después seguir sus lógicas propias. Por ejemplo, la historia de por qué se retrasa tanto la interposición del recurso, hasta el punto en que es casi de Tribunal Constitucional saber si debe admitirse o inadmitirse. Evidentemente, si esperé y esperé, no fue por vicio (ni por viciar el proceso), sino porque el rector Pétriz se había comprometido a investigar detalladamente todo el asunto y a dar cumplida respuesta a mis denuncias y alegaciones. Lo que no aclaró el taimado Rector es que podía darme por cumplidamente respondido, a su juicio al menos, con el silencio administrativo.

Y eso que hasta se abrió un expediente informativo en la Universidad: me lo abrieron a mí el expediente, pues dijo el Rector que era la mejor manera de investigar el asunto, esperando quizá desanimarme—pero le dije: adelante, si la única manera en que se vaya a investigar todo esto es abriéndome un expediente, que se me abra. Y se abrió, y se cerró, sin condenarme a nada, pero también sin poner ni una línea por escrito de respuesta a mis denuncias. Es más: tras meses y meses de marear la perdiz, la contestación que se dio por fin cuando se exigió una respuesta a través del Defensor Universitario fue esa escueta notita, al efecto de que me podía dar por respondido o por no respondido (tanto da) desde el principio, retroactivamente. Menuda faena, pero de esas de las que no dejan huella visible. Claro, de todas las palabras del Rector, ninguna consta en ningún papel, y así parece que este lerdo del Sr. García se deja pasar los plazos porque es corto, o pardillo, sin más—mira que fiarse de la palabra del Rector, adónde va. Cuando lo aconsejable (según la propia Universidad) es llevarlos a juicio directamente y sin avisar.

Otra ficción legal, el tema del proyecto de investigación. Que si había que presentarlo, que si no... Y en lo que no entra nadie es que, frente a la declaración unánime por escrito de los miembros del tribunal de que no presenté un proyecto de investigación, allí están en el sótano del Rectorado, desde hace años, todos los documentos de la oposición, donde en los clasificadores 81 y 82 está el proyecto de investigación. Entre otros documentos que les entregué y que ni llegaron a mirar los miembros de la comisión juzgadora de la plaza. Son pequeños detalles materiales, de esos que sobrevuela velozmente la justicia, que tampoco tiene ninguna intención de agacharse a mirar a ver si en efecto está allí el proyecto dichoso, por ejemplo.

Vamos, que relatos posibles sobre lo que allí sucedió hay muchos. Pero relato bueno bueno, sólo uno: lo que va a misa es lo que consta en los papeles—y si no coincide con la realidad, pues ya se ajustará la realidad, oye, que lo contrario distorsionaría mucho el funcionamiento habitual de la Administración.  Ya se sabe: los performativos, how to do things with words...  ¡Tantos ejemplos de Austin vienen del ámbito jurídico!



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Lunes, 02 de Julio de 2007 23:51. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Cátedra No hay comentarios. Comentar.


03/07/2007

Mí no comprender

Último consejo de departamento del año. Donde otra vez los nervios están a flor de piel. Está claro que a nuestros catedráticos les saco de quicio: hay que ver cómo se ponían, qué voces y alaridos, sólo por exponer yo mi punto de vista: subiéndose por las paredes, vamos. Está visto que hay poca costumbre de disensión, y que el "sí bwana" gusta mucho más, a dónde va a parar. Parte de la estrategia de defensa de los catedráticos es sugerir que este que escribe es un tipo destructivo, o que le ha dado una calentura en la cabeza, o que sus motivos para protestar son resentimientos personales arrastrados de un remoto pasado—y no vulneraciones de derechos presentes, que esas conviene cubrirlas con un tupido velo.

En fin, que el punto único era la asignación de docencia y en mi caso y el de la Dra. Penas no se nos ha asignado, pues hemos solicitado una vez más docencia en el postgrado del departamento, recordando que la abusiva normativa interna por la que se nos venía excluyendo ha sido anulada ya dos veces por el Rector. Un momento difícil, ese, para la Dirección, el de decidir qué normativa aplicar ahora (aunque a la Dirección le da todo más o menos igual)—y para la Subdirección de Ordenación Académica (aunque en el caso de la Subdirección, con aferrarse a lo que le mandan hacer, lo que le mandan a nivel de departamento digo, solucionado).

Bueno, pues las respuestas ante esta encrucijada han sido varias y variadas. Primero unos aspavientos a voces del Dr. Collado, exponiendo que la gente civilizada no pide docencia que haya impartido otra persona antes, que a quién se le ocurre solicitar una docencia ya asignada. (Asignada el curso pasado contrariamente a derecho, le recordamos.... ) Y, además... añadimos—si no está asignada; si estamos precisamente asignándola. Bueno, pues que no, que no se puede, dice el Doctor; que si a él se le ocurre pedir mi asignatura, ¿qué? —Pues ahora es el momento de hacerlo, le digo. (Ya cogería yo la que él soltase, y punto).

En fin, que lástima que la noble voluntad del Dr Collado de "evitar el caos", según ha dicho, sea contradictoria con la idea misma de un Plan de Ordenación Docente (he tenido que explicar que un "plan" se refiere al futuro, no al pasado), y con la existencia de una normativa para dirimir conflictos de solicitud en la asignación de docencia.

Otra estrategia ha sido la seguida por la Dra. Onega: como viene haciendo últimamente, sencillamente ha declarado desconocer ninguna resolución del Rector anulando los criterios de asignación docente de "su" postgrado. Ni tenía noticia, ni la había leído. Nadie, por cierto, ha tenido la gentileza ni de apoyarla ni de corregirla: todos callados como muertos, incluida la Dirección. Así que los disidentes de siempre hemos pedido que se haga llegar una copia de la resolución del Rector a la Dra. Onega, aunque seguramente algún mecanismo de bloqueo mental le impedirá percibirla.

Y aún otra estrategia ha seguido el Subdirector de Ordenación Docente, Dr. Guillén. Tras admitir que sí había habido una resolución del Rector (¡bravo!) ha dicho no comprenderla, no entender a qué aspectos de la normativa departamental se refería, ni cuáles anulaba—y que hubiese agradecido mucho al Rector que le dijese (en lugar esa vaguedad asignar la docencia "conforme a derecho") qué párrafos en concreto eran los que había que tachar.

Le he sugerido que probase con eso de reservar la docencia en segundo ciclo a los miembros de los equipos de investigación. Debería el Subdirector releer, si no comprende en una primera lectura. Pero está visto que la Subdirección está decidida a subdirigir sin salir de sus dudas, pues tampoco se nos ha dicho que se haya pedido aclaración al Rectorado ante estas dudas: simplemente se ha ignorado la resolución del Rector, una vez más.

Ante lo cual hemos decidido los disidentes que vamos a impartir más o menos la docencia que nos dé la gana, y si no, ninguna—pidiéndole al Rector que dirima al respecto. Y luego, siguiendo el ejemplo que nos dan nuestros catedráticos, oiremos o desoiremos las respuestas del Rector según nos convenga. Como no pasa nada y todo da igual....

Si hacerse el tonto o el sordo va a dar resultado en la Universidad, y producir efectos académicos, es algo que conviene aprender a hacer pero ya.




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Martes, 03 de Julio de 2007 23:54. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Departamento Hay 2 comentarios.


04/07/2007

El sexenio fantasma

Otra cosa del Consejo de Departamento de ayer. Nos recordaron la Dra. Onega y el Dr. Collado que existe una normativa propia de la Universidad que requiere que todo profesor que imparta docencia en másteres oficiales debe tener un sexenio de investigación reconocido. Es útil saberlo, porque hay tantas normas por ahí, y se hace un uso tan abusivo de los sexenios éstos, que se nos puede haber escapado este detalle a algunos. Claro que la intención al recordárnoslo no era muy buena quizá, pues lo que intentaban era desautorizar la participación en un máster de una compañera que al parecer no debe tener sexenio. Pero en fin, el saber no ocupa lugar, y tendremos en cuenta esta normativa que desconocíamos. Lástima que ni la Dra. Onega ni el Dr. Collado pudiesen citar el lugar exacto donde se establece esta norma. Tampoco aparece, creo, en la normativa de estudios de postgrado de la Universidad. ¿Alguien podría arrojar alguna luz sobre este requisito? ¿Dar la referencia exacta? En la Academia, se agradece esta precisión. Porque si citamos así de memoria y a lo loco nos podrían acusar de sembrar confusión—como le dijeron a nuestra colega cuando aseguró desconocer la normativa esa. Y eso que tampoco tenía noticia de esa norma la Dirección del departamento.




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Miércoles, 04 de Julio de 2007 21:57. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Departamento No hay comentarios. Comentar.


06/07/2007

A bout de souffle

Vaya día que llevo. Con decir que es el primer día que no escribo en el blog desde hace meses o años... Y es que el fin de curso aprieta, aun sin ir mucho por la Universidad. A ver: asuntos organizativos del seminario sobre Lingüística y Comunicación Persuasiva, paseos por la ciudad con nuestra francesita invitada; los primos que vienen a visitarnos y hasta nos quitan el ordenador, compra de Kilos y Kilos de Libros (luego hay que leérselos...), reunión durante horas sobre el tema del Diccionario Conceptual Zirano, con su autor y antiguo maestro mío; moto paquí, moto pallá... coche paquí, coche pallá... Redacción, durante horas y horas y horas, de un nuevo recurso contra las arbitrariedades de nuestro Reino de Taifas en el Departamento de Filología Inglesa y Alemana. He estado en el MacDonalds, en la Librería París y en la Cálamo, en el Torreón de la Zuda, en el Deutsche Bank, en el Tubo, en el Café Universal. Y aún tenía previsto ir a la piscina y ver Parque Jurásico III; se ha quedado la cosa en ver un concierto de Sarah Brightman. Qué día, vaya. Y aún queda la noche por delante.


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Viernes, 06 de Julio de 2007 01:27. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Personales Hay 1 comentario.


Ocular proof

Hoy, como ver ver en plan ocular proof, hemos visionado en DVD el musical de Roméo & Juliette de Gérard Presgurvic. Le ha molado mazo a nuestra hablante nativa Myriam.

Me acabo de leer un libro sobre adaptaciones cinematográficas de Shakespeare, Shakespeare in the Cinema: Ocular Proof,  de Stephen M. Buhler (State University of New York Press, 2002). Es cierto que las adaptaciones de Shakespeare son todo un subgénero dentro del cine: tienen una  intertextualidad especialmente intensa porque se trata de una familia de películas procedentes del mismo texto literario, y que se adaptan y readaptan y varían una vez y otra, siempre por referencia inevitable al texto inicial, y también a la tradición dramática que lo ha mediado, y por supuesto a las películas anteriores. Es un caso bastante peculiar, sobre todo dado que parece previsible que continuará la ola de adaptaciones recientes, y que las versiones y versiones de versiones harán un mosaico cada vez más complejo, pues aunque la mayoría se ignoran entre sí (un tema este de la ignorancia que no da mucho juego hablando de intertextualidad) sí que hay una tendencia irresistible a que aparezcan fenómenos que cada vez complican más el producto final cuando al juego complejo entre textos se añade la interacción con la atmósfera cultural de cada momento y con los códigos culturales de personajes y situaciones (o ideas recibidas). Buhler analiza muy bien esta complejidad de factores que entran en cada película y que van más allá del texto original. Bueno, original... se pueden volver a repescar las fuentes, sean literarias o arquetípicas, del texto shakespeariano, en un rewind; o se puede hacer fast-forward y hacer esas reelaboraciones y resituaciones que llevan a Shakespeare otros ecos históricos, o lo sitúan en la actualidad—el caso más atrevido, el del Hamlet de Almereyda, y el del Titus de Taymor, dos de mis adaptaciones favoritas, si no las favoritas.

La idea de presentar a Shakespeare como un guionista avant la lettre et la caméra tiene una curiosa plasmación, observa Buhler, en el corto promocional Master Will Shakespeare de 1936, que acompañaba a los Romeo y Julieta avejentados de la Metro. Allí, "Shakespeare is cast in a prophetic role, preparing the way for the technology, techniques, and dominant presentational modes of Hollywood cinema" (38). Claro que podíamos decir que Shakespeare tenía una relación polémica con la configuración de ese realismo convencional—como puede verse en el prólogo a Enrique V, que puede leerse o como un anhelo de técnicas más cinematográficas, o como un manifiesto teatral de la convencionalidad de todo intento de ilusionismo. Otro que tenía una relación igual de ambivalente con la cámara era Laurence Olivier, que creía que Shakespeare había ido más allá de las limitaciones del teatro de su tiempo, y dice sin cortarse nada por el hindsight bias: "Shakespeare, in a way, 'wrote for the films' His splitting up of the action into a multitude of small scenes is almost an anticipation of film technique, and more than one of his plays chafe against the cramping restrictions of the stage." (Buhler 74). Bueno, si Shakespeare reaccionó contra las limitaciones del teatro de su época, también lo transformó inmensamente, gracias a esa reacción, con lo cual es difícil decir (resulta una especie de pescadilla que se muerde la cola) si ese teatro "de su época" tenía limitaciones, en Shakespeare, o si ya se abría con él al play unlimited.


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Viernes, 06 de Julio de 2007 23:27. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Literatura y crítica No hay comentarios. Comentar.


07/07/2007

Torpemán

Viajando a Biescas (siete en el coche, con Lizara y Myriam) al pequeño Oscar se le hacía demasiado largo el viaje al parecer, porque de repente ha exclamado: 

 "¡Dios, saca tu puñal y mátame!"

Qué niño. Siempre hablando de Satán (estilo "a mí me gustan los tipos musculosos, y Satán es musculoso") y luego es un encanto. Oliendo florecillas iba por el camino de la Conchada, todo concentrado en sus cosas. Todo imaginación, el chavalín. Su creación de hoy, para dar saltos a la piscina: Torpemán. "¡Allá va el salto de Torpemán!"

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Sábado, 07 de Julio de 2007 22:27. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Nenes No hay comentarios. Comentar.


09/07/2007

Souvenir

Y es que volviendo a ir por las afueras del pueblo de paseo vuelves a pasar por los mismos sitios, y te acuerdas de lo que te pasó ahí hace años... Y así íbamos de paseo con Myriam, Pibo y Otas por Arás, cuando Pibo me dice, un tanto desmemoriado para lo que es él:
- Oye, papá, ¿Aquí es donde salvaste a tu hermanito que se cayó al río?
- ¿Quéeee?? Pero si yo nunca he salvado a un hermanito que...
- Il te dit quoi?
- ¡Ah, ya! No, no, si no lo salvé yo, lo salvaron otros, Pibocho, pero mira que te acuerdas. Te lo conté aquí, ¿verdad? Heu... c'est une histoire que j'ai dû lui raconter la dernière fois qu'on est venus par ici, il a une de ces mémoires ce gosse. Alors, ça fait très longtemps; on était venus ici mon frère et moi, et deux copains à lui, pour nager dans la rivière. Tu l'as pas vu celui-là. Ben tu vois, alors on sautait d'ici en bas parfois, c'est très dangereux, et mon frère était en train de sauter. Moi je faisais pas cela souvent; j'étais allongé au soleil lorsque j'entends, ¡plac!, je me lève, "qu'est-ce qui arrive?", et je vois les deux copains à mon frère qui le portent, l'un des bras, l'autre des jambes, la tête pendante, brisée et pleine de sang qui ruisselait...
- Oh non! aïe!
- Et ouais—j'ai eu le coeur qui me fait baoumm! —¡Alfonsooo! — et j'allais courir chercher un médecin ou quelque chose, lorsque qu'ils lâchent mon frère, qui se relève, en riant, hahaaha, on t'a bien eu, haaha...
- Mais il n'avait pas de mal alors?
- Si, il s'était fracassé la tête contre un rocher, il avait une brèche grosse comme ça dans le crâne, et les cheveux et la figure pleins de sang... mais c'est un blagueur, et il s'est dit, voilà l'occasion d'effrayer mon frère pour de bon, on va profiter....
- Haha! Mais quelle idée, dis donc...
- Ben, c'est ce qu'il y a. C'était alors ou jamais, tu vois. C'était une vraie blague, mais une vraie brèche aussi bien entendu. Et alors je m'en souviens encore, naturellement. 


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Lunes, 09 de Julio de 2007 23:53. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Personales Hay 2 comentarios.


El día que perdí el juicio

Me lo dice mi abogada por teléfono mientras me paseaba por la Aljafería. Resulta que he perdido el famoso juicio de la cátedra—en el sentido de que se desestiman los cargos contra la Universidad. El juez ha admitido el recurso (casi parecía lo más difícil), pero ha desestimado explícitamente las cuestiones de fondo, entrando a rebatirlas. Superficialmente, claro. En fin, pocas sorpresas—perdido está el juicio y así queda cerrado el asunto por fin. Ya lo comentaré más detalladamente, que a estas horas tengo mejores cosas que hacer.


Lunes, 09 de Julio de 2007 23:54. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Cátedra No hay comentarios. Comentar.


10/07/2007

Puntualizaciones

Hoy hemos tenido la última reunión desagradable del año (Comisión de Postgrado del departamento), donde he hecho algunas puntualizaciones y otras se me han quedado en el tintero. Vamos a sacar unas cuantas.

- Primero lo más desagradable: las alusiones personales. No se priva la Dra. Onega de manifestar en esta y en otras reuniones que todas las complicaciones administrativas por las que estamos pasando se deben, sin más, a mi carácter destructivo—a saber, que mi única intención en el mundo es destruir lo que otros construyen. Así, literal y sin empacho. Dije en la reunión, y repito aquí, que no estoy dispuesto a tolerar que se me hagan semejantes character assassinations— y que yo también entraré a hacerlas si deriva por allí la argumentación. Ante esta "narrativa" de la Dra. Onega, yo también puedo ofrecer una narrativa alternativa—a saber, que por su voluntad deliberada y prioritaria de excluirme de "su" postgrado, la Dra. Onega se sacó de la manga una normativa ilegal, absurda, contraria a derecho (según ha resuelto el Rector)—una normativa que pretende prohibir la docencia de postgrado y la dirección de tesis a quienes no estén en un equipo de investigación subvencionado. Una normativa que jamás habría salido de ninguna otra cabeza en este equipo, aunque todos la apoyen por no decir que no.

Esta es una narrativa con más visos de realidad que esa otra según la cual yo soy una especie de Atila de la academia. Pero dejémonos de atribuciones de intenciones.

- Dice la Dra. Onega que un grupo de personas trabajadoras, dedicadas, competentes, etc.—han organizado un máster departamental (previa exclusión de otras personas y de un debate abierto, aunque eso no se dice). Y que si otras personas que no han hecho nada quieren tener su máster, pues lo pueden organizar —otro máster, se entiende— en el seno del mismo postgrado de Estudios Ingleses, que para eso se le dio un nombre más amplio que al máster. Bien, pues puntualizaré que esa diferenciación se logró con una batalla que se libró gracias a mí y a los pocos disidentes, cuando el grupo de la Dra. Onega se quería apoderar sin más de todo el segundo y tercer ciclo reformados de nuestro departamento. Aquí se cuenta la historia. Y ahora dice la Dra. Onega que se organicen otros másteres dentro del postgrado, pero cuando se ha hecho la propuesta efectiva de hacerlo, se ha opuesto en tanto que coordinadora—y nuestro Director le ha concedido la mayor, aceptando ese veto y proponiendo un postgrado diferente que no tenía ningún viso de llegar a realizarse. Pero claro, en las reuniones se habla muy alegremente, se dice lo contrario de lo que se hace, o lo contrario de lo que se decía hace dos días, o de lo que se piensa hacer dentro de dos lunas, y aquí no pasa nada. Memorias cortas, parece que tenemos—algunos. Y así sí que se puede reescribir la historia.

También tuvo la Dra. Onega el descaro de decir que yo dejé de participar en las reuniones de preparación del Máster porque me dio la gana. Eso después de haber introducido esa norma que me excluía, y naturalmente dejar de enviarme convocatorias para esas reuniones. Pero ahí queda: primero te excluyen, luego dicen que te has excluido tú, y tan frescos. Y todos callados como muertos, en las reuniones, pero eso sí, apoyando implícitamente todas estas falacias, como se ve a la hora de ver la postura de quién sale votada, y en el equipo de quién se está.

Qué práctico, decir una cosa o la contraria y luego hacer según convenga llegado el caso. Y aún se emplean palabros para decir que tengo poca "seriedad académica". La experiencia me enseña que es para echarse a temblar, cuando se empieza a invocar en este departamento la seriedad académica.

-
Otra cosilla. Que no investigo. Que yo antes investigaba, dice la Dra. Onega. Que me pida un proyecto. Etc. Lo escandalizada que se quedó, dice, cuando vio que yo no había conseguido el tercer tramo de investigación. Ante lo cual le puntualicé en la reunión que sí, que lo había conseguido. "¡Con años de retraso!" exclamó. Bien, pues no. Con un año de retraso. Porque me olvidé de pedirlo, qué se le va a hacer, no estoy pensando en mis tramos ni en mis sexenios todo el día. El caso es que suponiendo que los tramos midan los resultados de la investigación (y aunque sea mucho suponer), mi investigación es tan buena como la del vecino. Y eso sin subvenciones millonarias. O sea, rendimiento input-output, o inversión-resultados, infinitamente mejor a mi favor. Porque me dice la Dra. Onega que no tengo proyecto, pero ahí confunde proyecto con subvenciones conseguidas por presentar ciertos papeles en concierto con un grupo de dependientes. Y un proyecto es un proyecto; yo tengo proyectos, y resultados—aunque no subvenciones. Porque se pueden tener muchos proyectos que acaben en algo, o en nada, pero lo importante son los resultados, no los proyectos. Y me cansa repetir este razonamiento, por lo obvio.

- Ahora bien, ya que tanto me lo dicen. ¿Por qué no tengo proyecto? Pues, por ejemplo, porque las convocatorias de proyectos imponen unas condiciones excluyentes, abusivas, absurdas y, sobre todo, FEUDALES. Donde los proyectos están pensados ad maiorem gloriam Directorem. Todos bien aherrojaditos trabajando para el Dire, que es el Investigador Principal—oh, cerebro—y se les penaliza si abandonan el equipo. Los equipos han de agruparse en torno a su Investigador Principal, y auparlo como castellers, todos para uno, y uno sobre todos. Y luego, en las oposiciones, te exigen no investigación, sino dirección de investigación—toma ya. No me extraña que le encante el planteamiento a la Dra. Onega, que lleve a rajatabla las sugerencias de la ANECA o las suyas propias, y que esté feliz ahora que le dan otro proyecto por el mero hecho de haber dirigido muchos. A mí no me hace tanta gracia el sistema. También quiero recordar que el último proyecto que pedí me lo denegaron por no tener bastantes aragoneses en el equipo. Riau riau.

- En la reunión, dijo la Dra. Herrero, presidenta de la comisión de postgrado del departamento, que había conseguido una copia de la resolución del Rector sobre el Postgrado (es curioso, como si fuese una cosa tan difícil de conseguir, cuando la repartimos a todo el mundo en el penúltimo Consejo de Departamento, con la oposición del Subdirector de Ordenación Académica, por cierto). Pero que no entendía esa resolución, y había acudido al Secretario General a que se la explicase. Este le dio una interpretación—que se nos podía excluir del postgrado a los no pertenecientes a grupos de investigación, pero no de entrada, sino priorizando simplemente a los que sí pertenecen. Vaya—una tercera interpretación. A la que se iba a atener la Dra. Herrero, dijo, aunque supusiese un cambio en la postura mantenida hasta ahora por el Departamento, que era excluirnos de entrada.

Ante lo cual he puntualizado que era por tanto evidente que no había criterios claros en el Departamento sobre este punto (ni legales)—y que por eso habíamos recurrido al Rectorado.

- Así que la Dra. Herrero propuso que, al no haber presentado la Dra. Penas y yo los currícula que se nos solicitaban, sino en su lugar un recurso al Rectorado, procedía confirmar la propuesta docente del Departamento (o sea, confirmar a los que ya estaban "dentro del Máster").

Ante lo cual puntualicé que no era preciso confirmarles su asignación docente, pues de hecho ya se les había asignado esa docencia en firme, y no condicionalmente como a mí y a la Dra. Penas. O sea que ya estaba decidido todo de antemano. También lo prueba el hecho de, puntualizo, a nadie más que a mí y a la Dra. Penas se le pidió que presentara el currículum y toda la documentación a esta reunión (así en plan Oposiciones). Y no se le había pedido a nadie porque en esta reunión no se tenía ninguna intención de comparar los currícula, sino una vez más de continuar con el acoso administrativo a los disidentes, marear la perdiz, excluirnos de entrada y seguir defendiendo el corralillo contra los indeseables que vienen recordando sus derechos. Qué manía, los derechos, ¿eh?

Pero hoy en día este tipo de mangoneos tienen un recorrido muy corto. Están fuera de sitio. Y de puro empecinarse en Follow the Führer, aun cuando el jefe desbarre, se va a ir a pique todo el invento. Me temo.


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Martes, 10 de Julio de 2007 23:21. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Departamento No hay comentarios. Comentar.


Cena con velitas

A photo on Flickr

 

Con Patricia, Myriam y Mélissa—les gens d'Agen. Mañana se van a Madrid las tres, y luego vuelta a Francia. Oscar quería soplar las velas—para cumplir años, seguramente. Más fotos en mi Flickr .


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Martes, 10 de Julio de 2007 23:25. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Personales No hay comentarios. Comentar.


11/07/2007

Ur-Narrative

Response to a thread in the narrative list started by Michael Frank, on the subject of primeval narrative, or narrative before narrative:

The ur-Telling of events is of course a fascinating line of inquiry—but telling is just one aspect of narrative, because if narrative and narrativization are cognitive instruments, that cognitive work begins before the telling of the story: it begins with the perception, representation and organization of time. OK, not all kinds of temporal representation are narrative or narratives, but if we really go for the roots of narrative before narrative, we should begin with the ability to represent time at all, which is of course not a given but an evolutionary development. Or perhaps we should go to Stephen Hawking et al. with their histories of time? Before you rearrange time, you've got to have time to rearrange. Anyway, not to stretch matters too far, I'll suggest that perhaps narrative theory should begin "in the beginning", with evolutionary biology.  Here's an article on some experiences in temporal representation in the animal kingdom:
Zimmer, Carl. "Animal Time Travelers." The Loom 2 April 2007.
   http://scienceblogs.com/loom/2007/04/02/animal_time_travelers.php

Jose Angel Garcí­a Landa
http://garciala.blogia.com/2007/041202-tecnologias-de-manipulacion-del-tiempo.php



Frank, Michael escribió:
>
> nancy, porter, tony, bob, usw.
>
> i'm delighted by your responses to my inquiry – and perhaps just a bit overwhelmed by the unexpected richness of the kinds of work that have already been done . . . clearly i have some serious homework ahead of me, and perhaps the responsible thing would be to read all the recommended books and essays before pursuing the issue any further on list  . . . . . but since it is the easy livin' season, i wonder if i might press it just a bit more here . . 
> nancy points out that according to  "cognitive psychologists [and]  cognitive archaeologists . . .  ontogenetically and phylogenetically, narrativity (narrative thought) precedes language"  . . .  but porter, in a 2000 essay, says that "the telling of an event" is "the commonest definition of narrative," implying that telling — and thus language–are essential to narrativity  . . . moreover, i suppose that there will be those who argue that even an event itself does not exist until it has been formulated in language, leading to the inescapable conclusion that the very material of narrative -- "events" themselves " can't precede some sort of language . . .   this then is one area that seems to invite further comment . . .
>
> in any case, my own immediate concerns are with narrative/narrativity as precisely the **_telling_** of events, and with what we might guess would have characterized that telling in the eons before humans first wrote . . . nancy concludes with the speculation that "we can't think of narrative in prehistory in the same way that we think of it in literary cultureâ" and while that might be the case I'd be very interested to learn why it is or must be the case and, if pre-historic narrative is fundamentally different, what we might be able to say about it
>
> mike



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Miércoles, 11 de Julio de 2007 19:17. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Evolución Hay 2 comentarios.


12/07/2007

On the Road

20070712085014-foto-64.jpg

Y llegando a Viveiro esta noche, si el Tiempo no lo impide.

Más cosas: ¡Felicidades a mi sobrinica Elsa! –en su primer cumpleaños. Que los cumpla muuuy despacito.

Y un mensaje a mi abogada: vamos a recurrir la sentencia desestimando el recurso sobre la cátedra que vacante quedó. Confiando en la lotería de la interpretación judicial: es la ilusión de todos los días.

Estos días por Galicia

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Jueves, 12 de Julio de 2007 08:46. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Personales No hay comentarios. Comentar.


17/07/2007

To the Lighthouse

12/7/07

A photo on Flickr

 

Toujours à l'ouest, llegamos hasta la ría de Viveiro y ahí paseamos mientras los críos brincan por los muelles.

- ¿Te acuerdas del faro? Podemos ir hacia allí.

- OK—to the lighthouse. Pasando por Alfaro, y aún hemos llegado con luz. ¿Quién dijo miedo?

- Sabes, hace años, mi ilusión era tener un novio torrero. Vaya trabajo descansado, una vueltita a ver si todo funciona, tranquilidad oyendo el mar... Aunque ahora ya me quedo sin faro...

- Pues ves, le dices eso mismo a un francés, que querías tener un novio torrero, y no se iba a enterar en la vida: "Oh, l'espagnola, novió toguegó, clagó..."

- Jaja, pues era que una vez no me tal desde puedes aunque eso sí bzzz bzzz...

- Perdona, ¿decías? Es que se me ha ido el santo al cielo, estaba pensando contar eso del torréador en mi blog, y lo del faro.

- Los hombres siempre en lo vuestro, en lugar de concentraros en lo que estáis. Decía que mira qué puerto, qué tarde, etc.—luego se os pasa el tiempo, se os ha ido el santo al cielo, y adiós tarde. Pero tú a escribirlo en el blog, que queda más bonito; si no, te parece que no existe, o si no le haces una foto—a mí me da un mal, llegar a una playa como esta, con una tarde así, y tú con la cabeza en el blog—¿y ahora, se puede saber qué haces?

- Ahem—le estaba poniendo la pincelada final.


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Martes, 17 de Julio de 2007 10:25. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Personales No hay comentarios. Comentar.


Comentario de la sentencia

13/7/07

Comentario de la sentencia

Bien, ahora que ya ha pasado el juicio de la cátedra, que tenemos sentencia desestimatoria, que hemos decidido recurrirla, y que estamos con tiempo en nuestra casita de verano junto a la ría, vamos a comentar la susodicha sentencia. Para aclarar por qué es injusta, y recurrible. Antecedentes, aquí.

La sentencia la firma "El/La Sr/a. D/ña. JAVIER ALBAR GARCIA", magistrado-juez del Tribunal Contencioso/Administrativo nº 2 de Zaragoza. Se viene a llamar el caso "José Ángel García Landa contra Universidad de Zaragoza sobre Cobertura 1 plaza Catedráticos Universidad". Tiene la sentencia dos partes principales, una de cuestiones de procedimiento relativas a este recurso (a) y otra de fondo—en realidad también sobre la forma no del recurso sino de la prueba recurrida (b).

(a). Con la cuestión de procedimiento estoy de acuerdo, porque me da la razón—ojo, no porque sí, sino porque me da la razón y sus argumentos son coherentes. Viene a decir (en contra del criterio sostenido por el representante de la Universidad) que sí procede entrar a valorar el recurso, a pesar del tiempo transcurrido. Recuérdese que la Universidad no contestó a uno solo de mis recursos dirigidos al Rector—eso sobre el papel. Ni se molestó en comunicarme que se daba la resolución de la comisión evaluadora por buena (a pesar de esos recursos) y que podía interponer recurso contencioso-administrativo. Silencio total y absoluto, cosa que obviamente es un incumplimiento de sus obligaciones. Y denota, para mí, una clara voluntad de no entrar a juzgar el asunto, por el procedimiento de correr un tupido velo y hacerse el longuis. Sobre todo habida cuenta de que el Rector prometió contestar debidamente todas las cuestiones planteadas... —y luego simplemente esperó a que pasase el plazo previsto para recursos, con lo cual el asunto quedaba enterrado y ya no tenía que dar explicaciones. Creía. Claro que no es todo esto lo que dice la sentencia: las palabras del Rector no existen a efectos administrativos. Lo que dice la sentencia es que la Universidad incumplió su deber de informar, y que por tanto cabe interponer recurso contra la resolución, pues nunca se ha cerrado el plazo. Que era uno de mis argumentos. No es que se haya reabierto la cuestión, sino que como dice la sentencia, cito,

"el recurso de alzada interpuesto el 14-11-2005 (...) no puede hacer renacer la posibilidad de recurrir, es decir, no puede reabrir el procedimiento, pero ello es cuando el mismo se ha cerrado, no cuando sigue abierto, como es el caso, al haberse interpuesto un recurso en su momento, siendo de recordar que la confusión creada se debe esencialmente a la falta de adecuada notificación por parte de la Universidad".


Eso para quienes crean que soy yo el que anda liando los papeles. La Universidad, a incumplir todas sus obligaciones y encima a esperar que el silencio lo arregle todo. Pues mira, no. Y a mí me han perjudicado gravemente quienes han decidido incumplir así sus obligaciones, haciéndome perder mi tiempo, y el de otros, de manera miserable. Pero de esto no queda ni huella, ni se piden responsabilidades, qué va, todos con corbata al trabajo como funcionarios modelo, que al administrado este tan protestón ya lo torearemos bien. Qué cara más dura.

En suma, que se puede recurrir, a pesar del silencio de la Universidad (menos mal, faltaría más) porque

"la Ley no obliga al ciudadano a recurrir un acto presunto y [sí] a la Administración a resolver, de forma expresa, el recurso presentado. (...) —no puede (...) calificarse de razonable una interpretación que prime la inactividad de la Administración, situándola en mejor situación que si hubiera cumplido su deber de resolver y hubiera efectuado una notificación con todos los requisitos legales".


Ahora bien, una matización. Si la Universidad no ha contestado, no ha sido por vagancia. Sino que ha sido por no colocar en un compromiso y obligarse a sí misma a defender—una defensa difícil—a una comisión formada por una serie de catedráticos nombrados por el Rector. Lo cual para mí ya es un abuso de poder, un incumplimiento de la normativa, y un barrer para casa, ni se sabe para qué casa, auténticamente escandaloso. Claro que de esto tampoco sabe nada la sentencia. Pero en fin, me da la razón en lo importante en este aspecto: que la Universidad ha incumplido sus deberes al no resolver ni responder.

Y cuando creían los responsables de esto que el asunto estaba muerto de muerte natural, mira, resulta que tienen que salir a dar la cara en público por la actuación de esta comisión (menuda joya de la corona), y defender este expediente no metiéndolo en un cajón, sino ante un tribunal y de la mejor manera que puedan. Lo primero, intentando una vez más que no se hable más del asunto y se inadmita el recurso, aunque por ahí les ha vuelto a fallar la cosa. Vaya papelón.

Pero encima, ¡es que al final salen todos bien librados! Con lo cual algunos van a interpretar que en efecto ancha es Castilla.


(b) Cuestiones de fondo/forma. Aquí duele, pues el tribunal entra explícitamente a valorar las cuestiones de fondo por las que recurro, y las desestima. Veamos su razonamiento.

Hay que recordar antes que, aunque al expediente judicial van todos los papeles relacionados con el asunto, los jueces se centran en las cuestiones planteadas en "primera línea", como quien dice, en el recurso interpuesto dirigido a ellos. Y eso es, dados los procedimientos y maneras judiciales, una selección de lo realmente sucedido—una selección de lo que puede entrar a valorar un juez. Por ejemplo, en este caso, la Comisión compuesta por los Dres. Susana Onega, Francisco Garrudo, Constante González Groba, Montserrat Martínez Vázquez (e, in absentia, Bernd Dietz) cometió diversos atropellos contra la Filología, pero ahí son soberanos por ley, al entender de la justicia, y los mayores despropósitos en cuestiones filológicas alegados por un recurrente serán desestimados por un juez como argumentos válidos, pues la Comisión tiene discrecionalidad técnica—que en el caso de una comisión decidida a utilizarla, es discrecionalidad para reinventar el conocimiento humano y la estructura del saber, si hace falta suspender a alguien urgentemente, pongamos por caso.

Así que estos argumentos de fondo, los más serios quizá para un filólogo, han de pasar a tercera fila, o desaparecer, en un procedimiento judicial. Tampoco aquí entraré mucho en ellos, por tanto, y me centraré en las cuestiones formales que son las que sí puede entrar a valorar un contencioso administrativo (de ahí lo de fondo/forma). Tales son: la composición indebida del tribunal, la inadecuación del perfil, la exigencia de proyecto investigador, la sobrevaloración antijurídica de la docencia sobre la investigación, y el amaño de las votaciones.

Composición indebida del tribunal.

Recordemos que inmediatamente tras la constitución de la comisión evaluadora, el Dr. Dietz presentó renuncia por escrito, alegando la muerte de un tío suyo (motivo no contemplado como causa de excusa)—Renuncia ésta que fue aceptada por la presidenta del tribunal, dándole de baja. El Dr. Diez no estuvo presente en ningún ejercicio de las pruebas, que no se retrasaron en ningún momento. No se solicitó el nombramiento de ningún suplente, aun sabiendo antes de empezar las pruebas que éstas iban a tener lugar con una comisión de cuatro miembros.

Bien, pues la sentencia reconoce que la ausencia del Dr. Dietz no se debió a una causa justificada. Pero concluye sin embargo, con la Comisión, que "estaba la Comisión válidamente constituida", pues argumenta que la renuncia del Dr. Dietz, precisamente por ser contraria a derecho, no puede considerarse una renuncia, sino sólo una ausencia. Anecdótica, vamos.

Esto sí que es ley del embudo. El hecho mismo de que se produzca un acto antijurídico se utiliza como justificación suficiente para respaldar otro—y las víctimas administrativas, que canten misa. Porque el realizar una oposición enteramente con cuatro miembros del tribunal y no cinco, sabiendo que hacen falta tres votos para que un candidato pase al segundo ejercicio, compromete seriamente las posibilidades de éxito para nadie, en el caso de una oposición reñida. Ahora bien, en el caso de una comisión que prefiera dejar la plaza vacante (como era este caso sin duda para quienes conocemos la intrahistoria de esta plaza)—el que se vaya un miembro es una auténtica bicoca. Puente de plata, como hizo la presidenta. Pero para el juez no existen, claro, por axioma, muchas cosas de las que existen para este recurrente.

Más grave es que se ignore el hecho de que una renuncia es una renuncia y produce efectos (para terceras personas) de renuncia, si se acepta como tal, por muy antijurídica que sea—y aún peor, claro, si no se procede a sustituir al renunciante y se trata la renuncia como una mera ausencia a esos efectos. Pero los daños al opositor pesan muy poquito en esta sentencia. Y los actos contra derecho cometidos por la comisión se evaporan, sin más, sin consecuencias. Esto sí es típico de la Administración: o tú pierdes, o yo gano. Lo que no valía con el silencio administrativo, según el juez, sí vale aquí, al parecer.

Sobre este tema, más cosas podría decir, pero sólo añadiré que, según consta en la sentencia, "no se aportó el justificante del fallecimiento ni del día en el que el mismo se produjo". Ni se aportará, claro.

Con relación a la inadecuación del perfil

El juez ha dado por bueno que la plaza llevase como perfil "Lingüística inglesa"—algo enormente general, en lugar de una materia concreta. Yo entendía, ateniéndome a la normativa propia de la Universidad, que lo que debía figurar en el perfil de la plaza era una materia: pongamos, "Historia de la lengua inglesa", o "Gramática inglesa", o "Comentario de textos", etc. Debo aclarar, algo que no parece captar bien la sentencia, que yo no estaba impugnando el perfil, sólo haciendo notar que a mi entender no se atenía a la normativa. Sea como sea, si el juez considera que es válido, tampoco se lo voy a discutir, y me doy por convencido.

El meollo de la cuestión, en lo del perfil, es que siendo tan éste amplio, no puede excluírseme como inadecuado para ese perfil, como hace la Comisión. Pues para eso tengo publicaciones avaladas en revistas y libros y editoriales de reconocido prestigio, sexenios de investigación, etc. Cuestiones que en ningún momento han sido entradas a valorar por la Comisión, que se limita a invocar una vaga "inadecuación" o "insuficiencia" vaporosa. Esto es contabilizable: por ejemplo, los números de artículos y de libros son contabilizables, y en lo referente a lo que entra o no en "Lingüística" hay criterios objetivos, internacionales, como son los de la UNESCO, y no establecidos sobre la marcha por una comisión con un fin en mente. Pero el juez juzga que todo esto ya es discrecionalidad técnica. Vamos, discrecionalidad para decir que la tierra es cúbica si hace falta. La Comisión considera que el análisis del discurso, la estilística, la teoría de la narración, la teoría de la interpretación textual, etc.—no son lingüística. Y a correr, que total todo va a colar; rellena el acta y vámonos.

Pero el asunto es más grave. Esta sentencia cita otra sentencia según la cual sí puede entrarse a corregir la valoración técnica de las Comisiones, a pesar de la famosa discrecionalidad técnica, en el caso de errores flagrantes, o cuando las comisiones "no han tenido en cuenta manifiestas condiciones de mérito del partícipe" (sexenios, pongamos por caso), o cosas contra el sentido común, etc. Vale, el sentido común es discutible, etc. Pero lo curioso es que esta sentencia, después de citar estos presupuestos, hace una quebrada mental y pasa a decir lo siguiente. Atentos que hay matices.

"En el caso presente, se pretende que se sustituya el criterio de la Comisión por el del Juzgador, que a su vez debería 'asumir' el del recurrente, pero ello debe ser rechazado, ya que podrá discutirse si debía o no de concretarse o especificarse más el perfil, pero ello es una decisión discrecional del Tribunal, que podía haber optado bien por admitir como plenamente aceptable el que la actividad y proyecto investigador y docente fuese de cualquier materia encuadrable dentro de la lingüística bien por entender que se debía de exigir unos conocimientos globales o generales relativos al mayor número posible de asignaturas relacionadas con la lingüìstica, coherentes con el presumible carácter polivalente que se quiso dar a la plaza con un perfil tan general, aunque resultasen menos especializados, en el conjunto de materias que están incluidas dentro de la 'lingüística'."


(Un inciso: en el juicio, el abogado de la Universidad dijo que en el plan de estudios del Departamento sólo había tres asignaturas—no dijo cuáles—que pudiesen considerarse de un perfil de lingüística. Esto provocó carcajadas del público, claro).

Bien, maticemos. Jamás he pretendido yo que se sustituya el criterio de la Comisión por el mío, según sugiere el Juez—antes bien, he apelado a que se consulten los criterios generales, universalmente aceptados, y establecidos por organismos internacionales, como la UNESCO, para determinar qué es y qué no es "lingüística"—en lugar de una misteriosa discrecionalidad técnica que de hecho es arbitraria al no estar basada en ningún criterio técnico reconocible ni contrastado. O sea, no mi criterio, sino el de la UNESCO. Que no somos la misma persona, ojo.

El párrafo citado sigue con un argumento un tanto dudoso, según se entienda su alcance. La discrecionalidad técnica de la Comisión o tribunal se extiende al parecer a redefinir el perfil, según el Juez. Cosa que en absoluto es así. El perfil estará bien dado, o mal dado (bien dado según estima el juez), pero la Comisión no puede (o más bien no debe) valorar la prueba como si de otro perfil se tratase. Es cuestionable que a una oposición con semejante perfil (Lingüística) fuese adecuado presentar un proyecto sobre una materia mucho más concreta—fonética, pongamos por caso—aunque el juez lo dé por bueno. Cuestionable, digo, y quizá entre en la discrecionalidad técnica de la comisión, al menos tal como aquí se entiende. Pero lo que nunca puede hacer la Comisión es hacer un gambito lateral y, teniendo que juzgar sobre un perfil de lingüística, hacer como si estuviese juzgando un perfil de gramática, o de fonética, excluyendo arbitrariamente los méritos que según criterios objetivables, internacionales, no subjetivos del recurrente ni de la comisión, etc.—son méritos relativos al campo de la Lingüística. Por todo lo cual, el razonamiento del Juez no es adecuado para el caso aquí presente, pues no centra bien la naturaleza del problema, ni responde a las objeciones que se presentan a la actuación de la Comisión. Y que son, en sustancia, objeciones a una actuación demostrablemente injusta. Si se atiende a la demostración, claro, y a los criterios de validez usados por la propia Administración (como son esas clasificaciones de materias de la UNESCO).

Eso en el caso de que no se quiera dar por válido el principio administrativo más general: que los méritos de investigación en el área de conocimiento, es decir, en Filología Inglesa, han de ser los determinantes en el primer ejercicio, ya que el perfil ("lingüística") en este caso, se refiere únicamente a labores docentes por realizar en el Departamento, y no a investigación realizada en el área.

Es decir, que el Juez nunca entra a valorar lo que aquí se recurría: es decir, si entra en la discrecionalidad técnica de la Comisión lo que yo digo que ni entra ni puede entrar: el dejar fuera de consideración, a su voluntad, el trabajo realizado en según qué tipos, ramas, o modalidades de "lingüística". Admitir la discrecionalidad técnica para hacer esto sería admitir que el perfil de la oposición lo fija la Comisión evaluadora, en lugar de ser algo establecido por la Universidad—y esto es algo que nadie ha defendido abiertamente, ni dispondría de argumentos legales para defender.

Quiero recordar, además, que en la oposición se me declaró "inadecuado" a priori por lo que el Dr. Garrudo llamó el principio de los "corralitos", cuando me dijo que yo no era de ese "corralito" (literalmente)—o sea, que estaba "predestinado" por alguna razón a no optar a ninguna plaza de la (inexistente) "subárea" de Lingüística. Y que de esta se me iba a excluir—con muchas felicitaciones por mi currículum, eso sí. Pero cero que te casco (bueno, uno y pico)—independientemente de cuál fuese mi labor investigadora en Filología Inglesa, e independientemente de que la mayor parte de ella se encuadrase, según criterios objetivables, en "Lingüística". Durante mi ejercicio, el Dr. Garrudo cogió una monografía mía sobre teoría de la narración, y leyó la solapa donde se me definía como especialista en teoría y crítica literaria— presentándo eso como la prueba del nueve de que yo no tenía nada que hacer en una oposición "de lingüistica". Y negando así el principio básico de la Filología, que es la interacción e interfaz entre lingüística y literatura. (Esta interacción es algo que se da de tortas, claro, con la teoría de las "subáreas" que tiene en la Dra. Onega a su mayor adalid. No es extraño que últimamente venga diciendo que la Filología es una disciplina decimonónica que se debe suprimir).

Pero el juez también pretende resolver la sustancia de este asunto sin que entren en consideración los principios básicos de lo que es la Filología, lo cual nos lleva a una petición de principio desde el momento en que la propia Comisión los ignora, y el juez declara esa actuación off limits para la Justicia, sin acudir a ningún criterio objetivable y de orden superior.

Con relación a la exigencia de proyecto investigador.

Admite el juez (a regañadientes) que en efecto no tenía yo ninguna obligación de presentar un proyecto de investigación como me exigía la Comisión, desconociendo la ley, sino únicamente un proyecto docente. Recordemos que estamos hablando del primer ejercicio, pues por supuesto yo tenía listos mis cinco proyectos de investigación encuadernados en pasta para presentarlos en el segundo ejercicio, relativo a un trabajo de investigación (aunque tampoco fuese estrictamente necesario, pues la ley exige exponer un trabajo de investigación).

Bien, pues los cuatro miembros de la Comisión hacen constar en acta que no he presentado proyecto de investigación, como quien hace notar una insuficiencia o irregularidad. Y el Juez pasa a defender su actuación, arguyendo que "el que no fuese necesario no quiere decir que no resultase posible, e incluso aconsejable, su presentación, prueba de lo cual es que el resto de los concursantes sí lo presentaron". Vale—o sea, que, por ejemplo, por usar una analogía, puede resultar posible, e incluso aconsejable, aunque no sea requisito legal, hacer la presentación del ejercicio en PowerPoint. Creo que se admitirá, sin embargo, que resultaría extraño que la comisión hiciese constar en sus actas que el concursante no ha presentado su ejercicio con PowerPoint.

(El ejemplo no es inocente: en la oposición de mi antiguo doctorando el Dr. De Juan, que también acabó como el rosario de la aurora, la misma presidenta de la comisión, Dra. Onega, hizo constar en un escrito dirigido al Rector que el Dr. de Juan, como parte de sus alegaciones sobre por qué lo había suspendido, que el candidato no había hecho su ejercicio en PowerPoint, sistema éste que calificó de tecnología de obligado uso en las clases, a pesar de que ella jamás la haya utilizado).

Pues de igual modo, el razonamiento del Juez aquí hace una deriva lateral de manera extraña para, en lugar de preguntarse por qué la Comisión desconoce las leyes que supuestamente está aplicando, pasar a argumentar contra el recurrente, diciéndole también ahora el Juez que debería haber presentado un proyecto de investigación que no le es exigido por la ley. Curioso.

Más que curioso, por lo que voy a explicar un par de párrafos más abajo.

El Juez gasta bastante tinta explicando que el proyecto investigador no se contempla como un requisito sine qua non, ni es determinante en el resultado final, etc. (No queda claro, sin embargo, por qué no considera que se ha vulnerado mi derecho a una evaluación justa al puntuar un requisito no contemplado en la normativa. O por qué a mí no me lo puntúan, y a otros sí).

Yo presenté un proyecto investigador, como explicaré a continuación, pero el Dr. Garrudo no se dio por satisfecho, y entró en una serie de disquisiciones diciendo que no era suficiente la presentación del proyecto ni del trabajo de investigación en el segundo ejercicio sino que debería haber presentado, además, una memoria de investigación—(distinta, supongo, de la documentación relativa a mis publicaciones y de mis participaciones en proyectos de investigación, documentación que sí presenté en el currículum y anexos). De hecho pasó un rato en la prueba el Dr. Garrudo haciendo una disquisición y diferenciación entre los proyectos, referidos al futuro, y las memorias, referidas al pasado. Y era la memoria de investigación lo que echaba en falta—al menos en ese momento. Porque luego hizo constar como todos los miembros del tribunal que lo que yo no había presentado era un proyecto de investigación.

También es inexacto que todos los concursantes presentasen un proyecto investigador a la primera prueba. (Aunque no dudo que lo hubiesen hecho, como yo también, a la segunda). Durante el ejercicio del Dr. Vázquez, realizado tras el durísimo enfrentamiento con la Comisión que tuvo lugar en mi ejercicio, me salté la normativa o etiqueta de la prueba en el momento en el que el Dr. Garrudo comentaba el proyecto docente del Dr. Vázquez. Lo hice para preguntar en voz alta a la Comisión por qué en este caso no se exigía al concursante un proyecto de investigación. No lo hice con el propósito de perjudicar al Dr. Vázquez, claro está—pues insisto en que no era requisito presentar ese proyecto—sino con el fin de enfrentar a la Comisión con sus arbitrariedades, ya que me exigían (exigían, Sr. Juez, no recomendaban, ni aconsejaban) un proyecto de investigación a mí solo, y no a todos los concursantes. Por eso pregunté en voz alta si en este caso no se exigía proyecto de investigación. Por supuesto, en lugar de responder a esta pregunta tan improcedente desde el público, la Dra. Onega ordenó al Secretario que no contestase y que se ignorase lo que se acababa de escuchar. "Creo, sin embargo, que todos me han oído"—volví a decir. Y es que donde no hay ley, no hay educación tampoco—¿saben?

El Juez, en suma, aun reconociendo que la ley no exige la presentación de un proyecto de investigación, da por buena la actuación de la Comisión en este punto, minimiza los daños hipotéticos producidos al exigírmelo, y pasa por lo tanto a aceptar como hecho bien establecido la valoración que la Comisión hace sobre este recurrente. Da así por muy bien fundado y procedente el hecho de que "además de ser más críticos los miembros de la Comisión con él que con el resto, especialmente la señora Ónega y el señor Garrudo, folios 112 y 113, en el informe final se explica que en su exposición se desvió de la cuestión objeto del debate, que su actividad investigadora y docente se aleja de las necesidades de la Universidad que se explican en la convocatoria y que sus conocimientos no son suficientes ni adecuados a la plaza"—nou cóment, que si no no avanzo.

A lo que voy, cuestión muy reveladora tanto sobre la actuación de la Comisión como sobre la del Rector y sobre la del Juez. Dicen los miembros de la Comisión, unánimemente y blanco sobre negro, que no presenté proyecto de investigación. Dejemos al margen la cuestión ya tratada de si era obligatorio exigirlo o no. Centrémonos en el hecho de que SÍ LO PRESENTÉ, en las carpetas 81 y 82 de la documentación listada en el currículum. Se trataba del proyecto en el que estaba trabajando, y que había presentado a las convocatorias nacional y regional de proyectos de investigación: se titulaba "Narración, Interacción, Interpretación", y aunque no obtuvo subvenciones oficiales—por aquello de no tener bastantes aragoneses en el equipo, etc.—sí dio lugar a numerosas publicaciones, y (supongo que habrá contribuido) a un sexenio de evaluación de la actividad investigadora. Este proyecto, encuadernado en pasta en cinco ejemplares y con las publiaciones aledañas y en curso, iba a ser presentado en el segundo ejercicio caso de pasar a él. Pero ya había sido incluido en la documentación muy voluminosa (ahí duele) del primer ejercicio.

Bien, pues ni la Comisión, ni el Rector, ni el Juez, tienen nada que decir sobre este punto. Sencillamente, lo ignoran. La Comisión declara unánimemente que no presenté un proyecto.... y es que mucho me temo que ni llegaron a examinar la documentación. Luego, en mi recurso, hago saber este hecho al Rector. Un error llámese material si se quiere, o mejor garrafal, o incontrovertible, por parte de la Comisión—o una falsedad si se prefiere... no, en todo caso, una cuestión de discrecionalidad técnica. Pero ¿cuál es el fallo del Rector sobre este hecho? ¿Pone en duda la veracidad o fiabilidad de la Comisión? ¿Va a examinar la documentación, a ver si está ahí el proyecto? No padre. La respuesta es el silencio administrativo, tan socorrido y tan útil para no saber si se va, si se viene, o si se está de vuelta de todo.

¿Y qué hace el juez, cuando mi abogada le vuelve a insistir en su exposición el día del Juicio, que al margen de que la Comisión exigiese o no indebidamente el proyecto de investigación, es falso que yo no lo presentase?

Pues otro silencio, sin más. De este asunto no hay ni media palabra en la sentencia, que da por sentado, ateniéndose a las actas de la Comisión, que no se presentó proyecto de investigación—sin la menor explicación ni alusión, ni a la exposición de mi abogada, ni a los recursos dirigidos al Rector donde exponía yo esta circunstancia. Concluye sobre este punto el juez que "el proyecto de investigación ni se consideró obligatorio (...) [¡toma ya!] — ni fue determinante ni de la puntuación de los demás, que sí lo presentaron, ni lo habría sido del recurrente, de haberlo presentado y haber obtenido la máxima calificación"—y del hecho de que sí lo presenté, y que lo ignoró el tribunal, y luego el Rector, y ahora el juez, ni media. Y todos tan frescos, que es sólo un señor el recurrente al que le gusta protestar al parecer, y el Juez lo tiene claro.

Se pregunta uno si esto de que sí que presenté proyecto de investigación lo voy a tener que publicar en el Heraldo, o proyectarlo a las nubes en PowerPoint. Es, como poco, chocante—o escandaloso—que una cuestión de forma/fondo tan obvia, tan flagrante, tan clara—¿igual es precisamente por eso, por lo clara?—sea esquivada con una especie de ceguera selectiva súbita por los órganos juzgadores (Comisión, Rectorado, Juez) cuando hay que dictarminar sobre ella, y se evapora sin más de los papeles. Y lo peor no es ya que la Comisión valorase o dejase de valorar el proyecto en sí—lo más significativo es lo que indica esto de la nula atención con la que la Comisión examinó la documentación de los opositores, o al menos la mía. Claro que yo ya iba excluido de entrada por literato. Pero nada de todo esto es indicio de nada para el juez, que para mí procesa este asunto del proyecto sin que su cerebro llegue a procesarlo. Con estos mimbres, no es de extrañar que estas investigaciones judiciales acaben incluso felicitando al tribunal si hace falta. Vaya confabulación de chupatintas.

La última cuestión sobre la que se pronuncia el Juez antes de declarar que "no procede estimar el recurso" es "la afirmación de que se prima antijurídicamente la docencia sobre la investigación, en contra del art. 8.2 a del RD 1888/1984" etc. El juez estima que esto no es así, "ya que la prioridad no significa en modo alguno que el mérito deba computarse de forma mayoritaria, y en el caso presente se valoró la investigación en 40% frente al 30% de la experiencia docente o al 10% de la experiencia en la gestión. Por otro lado, se atribuye un 20% al proyecto docente e investigador, lo cual supone que, a despecho de la principal argumentación del recurrente—que consideraba que éste no era exigible ni tan siquiera presentable—que otro 10% correspondería a la investigación, si bien en este caso en su proyección de futuro, lo que le otorgaría un 50%".

A ver, a ver...

- ¿ni tan siquiera presentable, cuando yo mismo lo presenté? Ya será menos, Sr. Juez. Hay muchas cosas impresentables en este concurso-oposición, pero un proyecto de investigación no es una de ellas.

- Matemáticamente, mayoritario quiere decir prioritario. Hay otras posibles computaciones, pero puestos a hacer porcentajes priorizantes, un porcentaje prioritario tiene que ser del 51% mínimo. Que se lo pregunten si no a los políticos en el Congreso, quién tiene prioridad para formar gobierno.

- Y ahora, resulta que el juez da por buena la exigencia del proyecto de investigación, y por hecho que el proyecto que se ha de presentar al primer ejercicio es docente e investigador... cuando antes ha basado su argumentación en que en ningún momento se ha exigido proyecto de investigación. Pero ay, ahora necesita ese pequeño porcentaje para redondear su argumento, que si no se va a caer todo el edificio por este asunto de porcentajes.

Y voy terminando. Hay otra cosa más que el juez ha resuelto por el procedimiento del ignorémosla. Otra cuestion garrafal de forma/fondo, en la que insistí detalladamente en mis recursos, por lo cual malamente se puede creer que ha pasado desapercibida. Aunque ya no sé.

Se trata del amaño de las votaciones. En el acta final, la Comisión, no contenta con ofender a la Filología y al procedimiento administrativo, pasa al asalto de la Lógica. También demuestra, de paso, desconocer qué es una votación, o más bien estar más que decidida a ignorarlo.

En primer lugar, la Comisión acuerda, sin disparidad de criterio, una puntuación. Todos la misma puntuación dada a los candidatos. (Por ejemplo, a mí, un 1'8 sobre 10—esto con mis calificaciones máximas continuadas en la Universidad de Zaragoza y Brown University, mis premios de estudios e investigación, mis sexenios que alguno de ellos no tenía, etc. etc. Sin complejos todos, ¿eh?).

Acto seguido, la Comisión procede a votar a los candidatos, diferenciadamente a pesar de la puntuación dada a todos por acuerdo unánime. O sea, que a mí, con un 1'8, no crean, sí que tuve un voto, el de la Dra. Onega. Claro que eran votos rituales, una especie de minué o pas de deux de la votación, donde los votos se distribuían de manera que ningún miembro de la comisión dejase de votar a alguien, y donde nadie pudiera obtener más de dos votos. De esta manera se disimulaba (no sé por qué, por algún tipo de pudor administrativo quizá) el acuerdo previo y unánime de la Comisión de no proponer a ningún candidato.

Con lo cual el voto no es la valoración razonada que el candidato tiene para el miembro del tribunal. Más bien no tiene nada que ver con eso. El voto es una mera pantalla destinada a disfrazar la auténtica actuación de la Comisión (el voto detrás del voto), que ha acordado (por la puntuación previamente concedida) no proponer a ningún candidato, es decir, no votar a ninguno.

Este uso de los votos para disimular lo sucedido en una prueba, en lugar de para enjuiciar la valía de los candidatos, es un caso clarísimo de desvío de poder. Clarísimo, por el hecho de que una misma puntuación dé lugar tanto a un voto positivo como a uno negativo por parte de la misma persona. Es, como digo, una ofensa a la lógica, puesta al servicio de una ofensa a la normativa administrativa.

Pero—¿hay algún intento del Juez por defender este procedimiento, por entenderlo con arreglo a la discrecionalidad técnica de la Comisión, o a su buen hacer en todos los terrenos, o a su demostrado conocimiento de la normativa? ¿Algún intento de rescatar este proceder, por las posibilidades y margen de maniobra que ofrece a los tribunales para un bien quedar—bien quedar para quien se lo crea? Pues no, no hay ningún intento. Sencillamente se evapora esta cuestión de la sentencia, como si no hubiese sido nombrada. ¿Igual es que el juez considera obvio que es así como hay que usar el voto en un tribunal? Ya es que uno no sabe a qué atenerse.

Por todo lo anterior, no procede aceptar la sentencia, sino recurrirla ante un juez que, esperemos, tenga mejor criterio. O mejores argumentos— por muy tentador que sea para un tribunal apoyar las resoluciones de los tribunales, aun cuando desbarran.

 

 

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Martes, 17 de Julio de 2007 11:02. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Cátedra No hay comentarios. Comentar.


Deambulando por la Myst

14/7/07

Hemos vuelto al mismo mar de todos los veranos, y además a la misma casita del barrio alto de Viveiro, camino de la ermita de San Roque, en la que estuvimos el año pasado. Esta vez sólo para quince días; en Agosto estaremos en Zaragoza, que viene el abuelo a estar un año con nosotros, y es partidario de no moverse.

De momento por aquí lo esperable: La sensación esa de volver a terreno conocido, que ha cambiado menos de lo que debería quizá, o parece todo más pequeño esta vez. Bueno, como novedades, hay una plaga de escarabajos de la patata, y los niños no tienen al lado a su amiguito Jairo, al menos de momento, pero lo que es Viveiro, parecido. Calas neblinosas, selvas de eucaliptos, y playas despejadas. Bañarse, en cuanto ves un rayito de sol que asoma, o bien yendo a tu aire, no hacerle ni caso al tiempo, y bañarte con niebla y lluvia fina a la vez.


A photo on Flickr


Hoy hemos explorado un lugar que no conocíamos: el antiguo cargadero de mineral, ahora mitad instalaciones abandonadas, mitad parque de diseño posmoderno. Para Álvaro, que lleva su obsesión de Myst en la cabeza, era un decorado extraído directamente del videojuego—así que nos desplazábamos por los rincones como quien va orientando el paisaje con el ratón y los comandos del ordenador. Y luego nos hemos ido por el monte, metiéndonos por caminos medio borrados entre huces, eucaliptos, helechos, humedales y fiunchos, a ver dónde terminaban los caminos estos (y terminaban en un precipicio a pico sobre el mar, con vistas extraordinarias, eso sí). Para un día encapotado no ha estado mal. También hemos estado oyendo, con cuatro gatos más, a una banda local cantando unos boleros muy arrastraos. Lo hemos completado viendo Dirty Dancing Dos en la tele.

Y a medianoche pasada, ya tenemos a todos en la cama: Oscar me cuenta que ha tenido un sueño "con un exceso de sexo", cito; soñaba que ya era mayor, él y su amigo javier, y que la mujer de Javier salía desnuda paseándose en lo que llamaban "el desfile de las pieles", y todos desnudos a darse besos y abrazos. Aunque ha admitido que la continuación se la ha inventado luego él una vez despierto. Si es lo que hay que hacer, hombre.



 

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Martes, 17 de Julio de 2007 11:03. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Personales No hay comentarios. Comentar.


Encerrados en el Universo

15/7/07

Hoy hemos estado en la playa de Xilloi, frente a Estaca de Bares, con un tiempo que a ratos era sol y a ratos lluvia y a ratos las dos cosas, en plan pois depende, muy galego. Volviendo paramos el coche de mala manera frente a una panadería, bajamos un segundo... y Pibo nos anuncia orgulloso que nos acaba de encerrar fuera del coche, apretando los seguros para abajo y luego saliendo con un portazo: "¡Mira, papá, ahora se ha quedado cerrado y no podemos entrar!" Vaya, para una vez que suelto las llaves... Pibo nos encierra fuera. Se quedan dentro del coche los dos juegos de llaves... y las llaves de la casa, y el teléfono, y la cartera ... vamos, todo menos nosotros y los bañadores puestos, y las madalenas recién compradas. Y que hermético es un coche visto desde fuera.

Menos mal que de alguna manera habré llegado a este blog.

Y a última hora de la noche, asistimos a la narración de Pibo, que ya ha dejado de temblar, repasando su hazaña todo dicharachero otra vez: "Quién lo iba a decir, increíble, pero cierto, ¡se puede encerrar fuera! Lo podríamos contar, y pondríamos: '¡no se lo van a creer— yo, el que lo ha escrito, me encerré fuera del coche!'"


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Martes, 17 de Julio de 2007 11:04. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Nenes No hay comentarios. Comentar.


The Stone Diaries

16/7/07

Es ésta una novela de Carol Shields que me he leído con vistas a informar un artículo, bastante bueno por cierto, que se publicará (supongo) en el Journal of English Studies. La verdad es que ese artículo expresaba muy bien lo que es el planteamiento de la experiencia y la identidad humana según esta novela, al margen quizá de su énfasis principal, que buscaba en esta novela una experiencia temporal propia del cuento (modernista), de modo no muy convincente. Así que supongo que lo que sigue en parte asimila ideas del artículo (y de la novela, claro), y en parte las lleva a mi línea de intereses.

The Stone Diaries es la narración de una vida, la de Daisy Goodwill, hija modosa y luego ama de casa, en Canadá y el norte de EE.UU.—con un viaje de bodas de pesadilla en Francia (muere el novio al caerse por una ventana), un segundo matrimonio con su "tío" adoptivo años después, y una jubilación en Florida, y un viaje a las islas Orcadas, siguiendo la pista a su (segundo) suegro, centenario, años después de la muerte de su marido. 

La novela no está escrita a modo de diario ficticio, contra lo que su título podría indicar. El relato oscila impredeciblemente entre la primera y la tercera persona, por razones que quizá escudriñemos. De diario poco tiene, menos la vida cotidiana. Hay una sección en la que se convierte en novela epistolar (y otra en álbum de fotos), pero el resto es narrado retrospectivamente, mayormente en tercera persona, y supuestamente por su protagonista. Y sigue el despiadado orden cronológico que indican sus capítulos: 1. Birth, 1905; 2. Childhood, 1916; 3. Marriage, 1927; 4. Love, 1936; 5. Motherhood, 1947; 6. Work, 1955-1964; 7. Sorrow, 1965; 8. Ease, 1977; 9. Illness and decline, 1985; 10. Death.  Una perfecta y convencional life narrative, de las que hablábamos hace unos días.

Las vidas en tanto que narraciones pueden ser narradas ya por el interesado, ya por otra persona. Es una diferencia significativa, no sólo por la diferencia de punto de vista, sino por el "pequeño detalle" de que la life narrative en primera persona siempre está in fieri: aunque algún narrador muerto haya, como el amigo Manso de Galdós, lo normal es que una narración autobiográfica carezca de final tan definido y una clausura tan evaluable como la que se puede proporcionar sobre un tercero—sobre todo evaluable ese tercero ahora que el interfecto está callado, y el narrador en tercera persona tiene la última palabra.

Esa diferencia parece que sea la que mina esta novela: soi-même comme un autre, hablando de sí en tercera persona, como si de Julio César se tratase, para mostrar que hasta el narrador morirá, y que su muerte vista de fuera es como la de los demás: el mundo sigue, y apenas dedicamos unos minutos a la muerte de los demás. Daisy Goodwill tiene problemas para reconocerse a sí misma en sí misma, quizá educada por la experiencia de la vida, quizá transformada por la experiencia de una profunda depresión (sorrow) de la que sale un poquito sin reconocerse en lo que había venido siendo, y sin embargo continuando con ello, a falta de otro personaje que asumir.

Sí, hay otro personaje: el del narrador. El narrador es, en los mundos narrados, un ente un tanto numinoso, que habla desde el cielo, ve a todos los personajes sin que lo vean; aun cuando no sea "omnisciente", gracias a su hindsight tiene insight, sabe de lo que van los personajes mejor que ellos mismos—la barba blanca le falta, vamos. El narrador está y no está. Su mera existencia produce un desdoblamiento del personaje, en yo narrado y yo narrador, y el yo narrado sigue siendo un pobre sujeto de a pie, con su visión limitada. De ahí a que el narrador se separe olímpicamente del yo narrado, degradándolo a personaje vulgaris, y nombrándolo en tercera persona. Sobre todo si la distancia entre los dos es tan grande como la de una anciana narrando su niñez. ¿Qué tenemos que ver con esos niños que fuimos? Todo, o nada, según se mire. Primera, o tercera persona—con la misma justificación.

El narrador, en tanto que autonarrador, es por otra parte un sujeto atípico, o una función atípica del sujeto. Todos narramos, sí, pero—¿una narración a fondo, de toda la vida, una narración exhaustiva, que le busque sentido, que la contemple desde fuera, para no se sabe quién? Eso es atípico. Los escritores, en tanto que escritores, asumen otra personalidad. Su vida cotidiana continúa como si tal—el escritor, con su autointeracción, queda al margen de las reuniones y conversaciones, trabajando en silencio. Henry James tiene un cuento donde literaliza este desdoblamiento de la personalidad. Quizá un exceso de reflexión nos saque siempre de nosotros mismos, y nos haga irreconocibles, o nos muestre a nosotros mismos como personajes atrapados en la comedia social, máscaras que no expresan totalmente lo que somos, o lo que podríamos ser, o lo que creemos ser. El narrador está out of character: no es de este  mundo de la interacción social: pertenece al mundo de la interacción literaria, que es un mundo de reflexión solitaria. La escritura puede transformarnos, tanto dependemos de las representaciones—como dice la hija de Daisy, Alice:

The self is not a thing carved on entablature. Not long ago I read—probably in the Sunday papers—about an American woman who got up one morning and started practising a new kind of handwriting (...) and by noon she had become someone else. (231).

Así pues, si Daisy Goodwill escribe su autobiografía, su acto de escritura aparece totalmente disociado de su vida—aunque el texto es prominente para el lector, su génesis no aparece entre los eventos narrados de la vida de Daisy el personaje—el personaje social, digo, en quien se reconoce sólo a medias. No es este el relato que debería venir de esta abuelita, "an edited hybrid version" (283). Y quizá no viene, quién sabe de dónde viene éste relato. La narración como un modo de trascenderse, o, si no es contradictorio, de aceptar lo que se es, o lo que se ha sido, por el procedimiento de contemplarlo desde fuera. Incluyendo la propia muerte de Daisy—que no sabemos si es real, o ficticia, o un poco de todo, como la realidad, que también tiene mucho de ficción, o como la ficción, que tiene mucho de realidad. Poco espera Daisy de la vida, y de la muerte, al final: contempla ambas con un ojo satírico, afectuosamente distante—ha decidido no invertir mucho más en ese personje que es, la abuelita de pantalones de colores brillantes que vivía en Florida, con hijas que no la entienden bien—y menos que entenderían esta narrative diary-er en la que se va convirtiendo, perdiendo la fe, alejándose de su personaje—casi ni se molesta en volver de tanto en tanto a la primera persona narrativa.

Tampoco es que esta nueva perspectiva sobre sí misma la vaya a encontrar Daisy más convincente que la simple vie quotidienne de ama de casa. La novela reflexiona sobre los engaños de la representación, de la visión de uno desde el otro (o desde sí), los trucos y falsificaciones de la narrativización y la historia. La autenticidad que tenga esta autorrepresentación vendrá precisamente de esta distancia reflexiva. "Other accounts are required, other perspectives" (37).

Lo de "stone" alude al nombre de soltera de la madre de Daisy, Mercy Stone, mujer gorda que se casa con el delgadito y taciturno picapedrero Cuyler Goodwill, no sabe muy bien por qué, aunque a él le encanta esta abundancia de carne y le hace descubrir otras personas dentro de sí: el enamorado, el artista...  Cuyler, como luego Daisy, también pasa por fases que hacen de él una serie de personas irreconocibles: de picapedrero sin educación a magnate de la construcción y orador florido—también pasa por una serie de etapas de austeridad casta y de sexo bacanal, primero con Mercy y muchos años después con su segunda esposa, una italiana que se trae de Europa. Para su primera esposa hace Cuyler una monumental torre de piedra tallada a modo de mausoleo—bonito, visitado (y destruido por los visitantes años después), pero realmente poco tiene que ver este monumento pétreo con la carnosa Mercy, que de Stone sólo tenía el nombre. Tampoco correrá mejor suerte una pirámide a escala que hace Cuyler tras su jubilación: allí en el fondo de la cámara central está el anillo de Mercy que iba a ser para Daisy, pero.. todo se pierde, y la pirámide queda inacabada, es lo último que ve Cuyler cuando muere de un síncope que le da en su jardín. Los monumentos aere perennius y la vida no tienen nada que ver, e incluso los textos más fluidos tienen este caracter pétreo que falsifica la experiencia de la vida—algo sin forma estable, y sobre todo algo que pasa y no queda. "The recounting of a life is a cheat, of course; I admit the truth of this; even our own stories are absurdly distorted" (28). Anótese pues el simbolismo de la piedra como un simbolismo ambivalente: aspiramos a la condición de piedra, a esculpir nuestro carácter, o a producir un trayecto vital ejemplar, claro, bien definido y narrable, pero la realidad va por otro lado.

Otro personaje que hace eco a la experiencia vital de Daisy: su "tía" adoptiva Clarentine Flett, madre de su segundo esposo. También ella cambia de vida, saca de sí posibilidades no previstas, abandona a su marido—y todo para que la pille un ciclista y se mate contra un bordillo. Claro que el ciclista le dedicará una institución en su nombre, pero para lo que sirven todos estos monumentos y pirámides, ya lo hemos visto. Hasta el viejo y antipático escocés que era su marido, el abandonado Mr Flett, sufre extrañas transformaciones. Vuelve a las islas de su infancia, y se convierte en el centenario que se sabía de memoria Jane Eyre... si es que la vida es un caos, todas. También la del viejo vendedor ambulante judío que pasaba por allí y ayudó a nacer a Daisy. También él cambia a algo inesperado, "We do irrational things, outrageous things" (72).

Decíamos al hablar de las vidas narradas que hay mojones importantes, que estructuran las vidas: momentos clave, decisiones, matrimonios, rupturas, elecciones... pero éstos parecen extrañamente erráticos en The Stone Diaries: por ejemplo los de Cuyler, "His brief marriage, his conversion—these seem no more than curious intersections in a life that is stretching itself forward" (73). A su segunda esposa, la italiana, le pasa lo mismo: desaparece y se transforma en algo impredecible. Y tanto más sucede con las etapas de la vida de Daisy, a la vez corrientes e incomprensibles, como los de cualquier vida si bien se mira: "Her autobiography, if such a thing were imaginable, would be, if such a thing were ever to be written, an assemblage of dark voids and unbridgable gaps" (75-76).

Aun los no escritores en cierto modo viven su vida como una narración, "written on air, written with imagination's invisible ink" (149). Y mientras está escrito en el aire, aún es fluido y cambiante. Pero las historias también nos pueden atrapar, en la forma del personaje que acabamos siendo para los demás. Que nunca es plenamente el real.

Daisy tiene "una historia" obvia cuando muere su primer marido de modo tan rocambolesco en un pueblo de Francia, y eso la marca, pero también queda atrás: "she's becoming more and more detached from her story's ripples and echoes and variations" (124). Luego... la historia de un amor, va como predest