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Resumen

Ficción narrativa y evolución

20071001201954-imagen-1.jpgNotas sobre Steven Pinker, "Toward a Consilient Study of Literature" (PDF), una reseña de The Literary Animal, libro editado por Jonathan Gottschall y David Sloan Wilson, publicada en Philosophy and Literature 31 (2007): 161-77. Llego ahí a través del comentario y respuesta de Bill Benzon en The Valve.

Pinker aboga por una convergencia entre teoría literaria y teoría de la evolución, o más bien por una teoría de la evolución (una psicología evolutiva) que haga extensivas sus investigaciones a la centralidad de la ficción y la narración en la experiencia humana.

Al igual que otros aspectos de la realidad humana estudiados por la psicología evolutiva (el amor, la religión, la guerra, la moralidad...), nos dice, la ficción y narración parecen no tener utilidad biológica. Y aquí ya se echa de ver lo que será la limitación del enfoque de los darwinistas literarios (incluido hasta cierto punto Pinker): el reduccionismo biológico, saltándose alegremente todas las disciplinas de conocimiento que han venido reflexionando sobre estas cuestiones durante siglos, y despejando la mesa para la ciencia por el procedimiento de hacer un rebullón con el mantel, los platos y la sopa primigenia.

La cuestión es si estos fenómenos de la psicología humana (ficción, religión, etc.) son adaptativos, productos de la selección natural, o productos colaterales de la adaptación, o sea enjutas (spandrels) que las llamaba Gould—o bien resultados de procesos aleatorios como la deriva genética.

Confieso que la tercera posibilidad me parece irritante incluso plantearla en semejantes términos. En cuanto a la primera y la segunda, van tan unidas, y dependen tanto del punto de vista interpretativo en cuanto tratamos cuestiones culturales, que quizá sea vano intentar desenredar el ovillo. A título de ejemplo, hace poco discutíamos en la Narrative-List el valor adaptativo que puede tener la creencia religiosa en seres sobrenaturales, como extensión a la naturaleza de procesos de comunicación interactiva. Nuestra paranoia, en origen bien fundada, nos lleva a la religión. Esta proyección de intencionalidades a donde no las hay produce (o resulta de) una hipersensibilidad para la detección de intenciones que va ligada al comportamiento inteligente. Por supervivencia, atribuimos intenciones a seres que acechan tras signos interpretables—originalmente, posibles depredadores o víctimas; por extensión, o exaptación, proyectamos una intencionalidad divina al cosmos, en tanto que signo interpretable. Y esa interacción virtual ayuda al ser inteligente a sobrevivir, tanto en el Paleolítico como en la soledad urbana.

Pero volviendo a Pinker, se las promete muy felices con la ficción como una especie de burbujita experimental que muestre en estado puro, y presumiblemente aislado de interferencias distorsionadoras, una proyección de los intereses de la mente:

La ficción en concreto ofrece un don valiosísimo a la psicología evolutiva: podemos suponer que las personas y acontecimientos mostrados en los mundos ficticios reflejan las preocupaciones de nuestra especie, y proporcionan una fuente de datos ecológicamente válida sobre lo que nos importa. (163, traducciones mías)

Reduccionismo, como se ve: aquí no se considera la existencia de modas o convenciones literarias, ni el problema mismo de qué es exactamente lo que se muestra en un mundo ficticio, o cuál es exactamente el "dato" que observamos: porque lo que ve un ojo ahí delante como significativo, no era en absoluto obvio para otro. No niego que puedan salir datos mensurables de un planteamiento como el de Pinker... pero como en tantos otros casos, los gráficos que resulten tendrán una relación o trivial o tenue con aspectos más complejos de la realidad estudiada.

Pinker llega a los estudios literarios en plan renovador, y habla alegremente de "el actual estancamiento de los estudios literarios" por no estar abiertos a las ideas científicas. Esto es de traca, realmente. Nunca la teoría literaria ha sido más variada, dinámica y creativa que hoy. O, si lo ha sido, era sólo en proporción a las limitaciones de planteamientos anteriores. Nunca ha habido tanta interacción interdisciplinaria, ni tanto interés por los contactos entre ciencias humanas y otras ciencias. ¿Que aún son insuficientes para Pinker, y que aún va a haber más? Vale. ¿Que cada estudioso de la literatura tiene sus limitaciones, y que sumadas deben ser muchas? Pues también será cierto, seguramente. Pero primero habría que hablar con cierta prudencia, y no generalizar alegremente diciendo que el área de la teoría literaria está comprometida como un solo hombre con la idea de que la mente es un folio en blanco, o cerrada en banda a todo lo que no sea construccionismo social. (Un ejemplo, hala...: "Interacción internalizada: el desarrollo especular del lenguaje y del orden simbólico").

Esta convergencia de teoría literaria y evolucionismo sería para E. O. Wilson un paso hacia su ansiada consilience, la conciliación o unificación del conocimiento—Algo que podríamos relacionar con las reflexiones de Gell-Mann sobre consciencia, reducción y emergencia. Pero ojo con unificar o reducir demasiado el conocimiento: aparte de los detalles que se pierden por el camino, el conocimiento vive de la tensión y del debate ente perspectivas distintas, y de hecho no es de prever que vayan a faltar.

Una de las cuestiones fundamentales en este proceso de reducción es que las cualidades emergentes a un nuevo nivel de complejidad, precisamente, no se reducen, y han de ser tratadas con los instrumentos propios de su nivel. Poco me importa la composición química exacta de mi ejemplar de la Ilíada, por muy científicamente que se haya determinado, y por poner un ejemplo simplista. Necesito la crítica literaria—enriquecida por otras disciplinas, pero nunca reducida a ellas, o a una de ellas. Entre otras cosas, porque partiendo de la noción de que tanto la literatura como la crítica son en última instancia resultado de la evolución, precisamente esa evolución, en sus extremos más acabados, es la que ha hecho que surja la crítica como respuesta a la literatura, y que evolucione como lo ha hecho para cumplir su función comunicativa y social. La crítica ya es y siempre ha sido evolucionaria en el sentido de que presta atención a la función y evolución de la literatura como fenómeno cultural. Que pueda enriquecerse con injertos más directos nuevas ideas procedentes de las teorías evolucionistas en estudios biológicos y psicosociales? Pues interesantísimo va a ser, pero no es de esperar que transforme radicalmente el núcleo de la disciplina, que ya es evolucionaria en lo esencial, aun sin saberlo, por ser histórica.

La reseña de Pinker de Evolution and Literary Theory es favorable, aunque encuentra que es insuficiente todavía el desarrollo de la disciplina de la teoría evolucionista de la literatura—por ejemplo, la teoría psicológica que subyace a los ensayos de D. S. Wilson y Joseph Carroll sobre teoría narrativa es limitada; en ocasiones se peca de reduccionismo a juicio de Pinker, y el libro inaugura líneas de investigación que si bien son interesantes están sin embargo aún por desarrollar.

Sobre los ensayos del libro, según la noticia de Pinker:

E. O. Wilson coloca este proyecto en el marco de su teoría de la consilience / conciliación, estableciendo conexiones entre las disciplinas: la neurociencia cognitiva y la psicología evolucionaria ya han "integrado" a las ciencias sociales, y ahora llega el turno de las humanidades.

Frederick Crews señala el énfasis empírico y analítico de este nuevo campo, y observa que la conciliación científica de la teoría literaria deberá ir más allá de la psicología evolucionista.

Ian McEwan observa la unidad de la experiencia humana que permite apreciar las mismas obras literarias en culturas y épocas remotos.

La introducción narra los esfuerzos de Gottschall para defender una tesis "psico-evolucionista" sobre los motivos de los personajes de la Ilíada frente a una academia escéptica o llena de prejuicios ante unas ideas tildadas de racistas o de simplistas.

Dylan Evans critica las limitaciones teóricas de los departamentos de inglés, encerrados en el postestructuralismo/feminismo/postcolonialismo/queer, y cerrados a otras cosas.

Denis Dutton, en un postfacio, defiende la conciliación en teoría estética, y señala algunas bases evolucionistas de la estética visual.

D. S. Wilson propone una teoría de la evolución cultural que Pinker encuentra simplista por pretender explicar la evolución cultural con mecanismos demasiado calcados del seleccionismo biológico. Aquí refuta Pinker la teoría de los memes si se hubiese de entender literalmente como selección natural:

"Las ideas, al contrario que los genes, no se copian a través de las generaciones con alta fidelidad, y no mutan por procesos aleatorios y ciegos. En lugar de eso, son elaboradas por un cerebro humano con diez billones de sinapsis, guiado por una previsión de cómo las historias van a afectar a los cerebros similarmente complejos de lectores u oyentes" (165).

Es decir, sería una teoría de la cultura absurda por ignorar el papel de la mente. Obsérvese el papel que da Pinker a la anticipación, a la intencionalidad, y a la interacción comunicativa en su refutación de la memética mema.

Joseph Carroll sí tiene una teoría de la mente: demasiado modular, por cierto, al segmentar arbitrariamente las funciones en compartimentos estancos. (Acabaremos con la modularidad como en el aquel episodio de The Faerie Queene en el que se visitan una por una las estancias de palacio alegórico de la mente...). Y Pinker sugiere que sí son cuestionables (no dice racistas) sus ideas tomadas de J. Philippe Rushton sobre las diferencias en modalidades de inteligencia de europeos, africanos y asiáticos, à la Taine. (Tanto más cuanto Carroll sostiene la importancia de la 'inteligencia general' como entidad identificable–dudoso para Pinker– y critica por ello a la teoría mucho más matizada de modalidades y grados de inteligencia propuesta por los pioneros de la psicología evolucionista John Tooby y Leda Cosmides. La teoría, pues, parece decepcionante, tanto más cuando a Carroll le correspondía el honor de ser el fundador de la disciplina del darwinismo literario en su versión moderna, con su Evolution and Literary Theory (Columbia: University of Missouri Press, 1995). (Por cierto, no olvidemos recordar a evolucionistas literarios más clásicos, más metafóricos, y sin embargo también influyentes, como Ferdinand Brunetière ya en el siglo XIX). En Carroll sí aprecia Pinker el análisis de Orgullo y Prejuicio como un ejemplo de la psicología de la selección sexual: el conflicto entre el papel relativo que hombres y mujeres dan a belleza-juventud por una parte y status-estabilidad-influencia por otra. Pero también critica que lo esencial no son los impulsos básicos en sí, sino la manera en que están "exagerados y codificados en su tiempo y cultura" (167), y el conflicto básico es ente interés individual y demandas sociales, no entre interés individual e interés evolucionario. Los impulsos evolucionarios estarán por supuesto en ese sentido en el trasfondo de las acciones de los personajes en cualquier narración, pero "pueden estar más agudamente delineados, y ser así más indispensables para el análisis literario, en relatos ambientados en una cultura cuyos valores actúen en contra de esos impulsos, antes que en una cultura cuyos valores los asuman o los exageren" (167). En cualquier caso, los motivos humanos que siempre están en el trasfondo de una narración sí pueden ser entendidos mejor con las aportaciones de la psicología evolucionista.

Una cuestión de trabajo a la contra que habría que tener en cuenta a la hora del análisis, aparte de la señalada por Pinker, es si el análisis que proporcione el crítico evolucionista de tal o cual obra es un caso de crítica amistosa o de crítica sintomática y desmitificadora. Es de suponer que los mejores ejemplos y más característicos de este tipo de crítica, así como los más polémicos e irritantes para quienes no compartan estos puntos de vista, serán los que reduzcan una cuestión aparentemente compleja a términos muy simples —irresistiblemente simples y convincentes—introduciendo la explicación sociobiológica como un cortocircuito en la idea que la obra tiene de sí misma, o los personajes tienen de sí mismos, o los críticos tienen del personaje. Algo así como la explicación fisiológica que da Swift de las prédicas e ínfulas puritanas en The Mechanical Operation of the Spirit. La polémica está servida, con este tipo de crítica crítica.

Robin Fox examina la tensión que hay en épicas muy distintas (Gilgamesh, Beowulf, La Ilíada, Le Morte D'Arthur y La Chanson de Roland) entre la solidaridad masculina y agresiva de los héroes y los lazos familiares emocionales y afectivos—una constante en distintas épocas, y no un accidente social.

Marcus Nordlund defiende la universalidad del amor romántico como fenómeno sociobiológico de cortejo/apareamiento, contra la idea predominante en teoría literaria de que se trata de un constructo social. Los ejemplos vienen de las heroínas cómicas de Shakesepare, libres para elegir pareja e interpretar su carácter. Son comedias de apareamiento, en las que se ponen de manifiesto las tensiones contradictorias inherentes a la naturaleza humana. (No está tan lejos de esta noción el famoso ensayo de Greenblatt sobre "Fiction and Friction", aunque ofrece un modelo de análisis mucho más complejo, pasado por la historia cultural y las convenciones literarias, y donde la biología es sólo el material sobre el que se trabaja).


Catherine Salmon compara las distintas tendencias en el consumo de fantasías eróticas populares en hombres (pornografía visual) y mujeres (narraciones románticas, con el reciente desarrollo de la "slash fiction")—enfatizan así "el abismo psicológico que separa a los sexos", dicen—pero claro, escogiendo lo más exclusivo se han dejado por el camino lo más frecuente y común en los dos sentidos de 'común': las narraciones visuales del cine y la televisión que son disfrutadas por los dos sexos, aunque no siempre de la misma manera).

Parte de la convergencia con las ciencias, dice Pinker, debería resultar en el desarrollo de métodos experimentales por los estudios literarios, con hipótesis comprobables. (Lo cual no es lo mismo, espero, que la desaparición de los estudios literarios tal como los hemos conocido, en los que muchas veces lo más interesante y sugerente es lo que nunca podría ser objeto de comprobación experimental).

Así, Gottschall hace un muestreo estadístico de cuentos populares de muy diversas culturas, y llega a la conclusión de que las "estructuras patriarcales" denunciadas por la crítica feminista como resultado de una construcción social son de hecho universales. Y lo interpreta en términos darwinianos de selección sexual, en la que compiten y seleccionan ambos sexos. Los cuentos expresan los criterios biológicos de interés reproductivo de nuestra especie, en la que las mujeres se dedican más a la progenie, y por tanto tienden a elegir a hombres capaces de apoyarlas en esa tarea (por capacidad, potencia económica o dedicación a la familia), mientras que el sexo masculino, como sexo menos dedicado al cuidado de la progenie, hace primar el criterio de fertilidad a la hora de elegir compañera. El matrimonio, nos explica Pinker, no es una conspiración femenina para sujetar a hombres con tendencia a huir de los pañales, sino un pacto biológico a dos bandas, que intercambia la renuncia sexual con la promesa de que la pareja contribuirá a que primen y prosperen nuestros genes y no los del vecino. Lo cual no quita para que en efecto los hombres tengan más deseos (evolucionarios) de variedad sexual tanto antes como después del matrimonio.

También observa Pinker que las estrategias óptimas de relación sexual difieren en cuanto a relaciones breves o continuadas. En las relaciones esporádicas, las mujeres también priman a los hombres vitales, fuertes y agresivos; en las largas, a los estables y entregados al cuidado de la pareja y prole (cads versus dads)—lo cual también nos proporciona ciertos arquetipos literarios... y no literarios, claro, donde la fantasía interactúa con la realidad.

Pasa Pinker luego a discutir si el arte y la producción de ficciones son en sí mismos el resultado de una adaptación o no. Tiende a creerse vagamente que sí, que el arte y literatura cumplen (adaptativamente) la función de crear lazos comunitarios. Pinker no cree ni lo uno ni lo otro, y enfatiza la importancia de dejar claro esto a la hora de sentar las bases de una estética evolucionista.

Se tiende a creer que el arte (o cualquier otra cosa) es adaptativo en el sentido de que es bueno, que potencia la supervivencia humana —pero Pinker señala que lo adaptativo es moralmente neutro cuando no contrario a la moral: "las tendencias a cometer genocidio bien pueden ser adaptativas, mientras que la capacidad de leer casi seguro no lo es" (170). (Aquí una vez mas cae en el error de considerar estas cuestiones fuera del punto de vista del desarrollo de las culturas humanas—en las que la capacidad de lectura sí proporciona una capacidad muy superior de adaptación al medio, o aún más, de adaptación del medio, superior en su poder de actuación a la mera 'disposición' a cometer genocidio —si no se disponen los medios para hacerlo organizadamente).

Se demuestra que algo es una adaptación, nos dice Pinker, no porque "la gente lo haga, o le guste," etc, sino porque ese factor "es capaz de producir un resultado que aumente la reproducción en un medio ambiente similar a aquel en el que evolucionaron los humanos" (170)—Pero no parece caer Pinker en la cuenta de que con esta limitación se reduce al absurdo la misma idea de una teoría darwinista de la cultura. El desarrollo cultural no tiene lugar en un medio ambiente similar a aquel, sino en un medio ambiente cambiante, emergente y transformado por la cultura humana. Y lo que sea adaptativo a ese medio ambiente nuevo necesita parámetros totalmente distintos de los biológicos y de la mera reproducción de los genes. Y tampoco son memes lo que se produce y reproduce, sino combinaciones emergentes de ideas, tecnologías, procedimientos organizativos y procesos comunicativos.

Mientras que hay mucho en los orígenes humanos y en nuestra base biológica que debemos conocer para entender la evolución de la cultura (el ejemplo de Pinker: por qué nos gustan los dulces), no podemos reducir el evolucionismo cultural a ese tipo de explicaciones primigenias y biológicas. El estudio de la adaptación a un medio cultural emergente requiere un tipo de planteamientos totalmente diferentes, que son los que estudian desde siempre las ciencias humanas.

Pinker sostiene que una teoría post hoc o retrospectiva de la evolución no es suficiente: "La pregunta es, por qué podría uno haber predicho, a priori, que las personas estarían constituídas de una manera tal que sucederían estas cosas"? (como gustar de la música, contar cuentos, etc.).—Realmente no veo posibilidad de plantear la cosa en esos términos apriorísticos. Los fenómenos emergentes sólo pueden estudiarse a posteriori—y la gramática misma de la pregunta de Pinker parece sugerir que esta supuesta pregunta a priori no es sino un experimento mental planteable sólo post hoc.

Con estos limitados planteamientos llega Pinker a su conclusión de que "muchas de las artes no tienen en absoluto una función adaptativa" (adaptativo-reproductiva, pues la cuestión se ha circunscrito a esos términos). Las artes serían en gran medida (biológicamente hablando, insisto) un producto colateral de mecanismos psicológicos desarrollados para otras funciones, a saber:

"sistemas motivacionales que nos dan placer cuando experimentamos señales correlacionadas con resultados adaptativos (seguridad, sexo, estima, entornos ricos en información) y la capacidad tecnológica de crear dosis purificadas y concentradas de estas señales (como las pinturas de paisajes, obras eróticas o historias de héroes). La ficción puede ser, al menos en parte, una tecnología del placer, una recuperación del lenguaje y las imágenes en tanto que tecnología de realidad virtual que permite a un lector disfrutar alucinaciones placenteras como explorar territorios interesantes, vencer enemigos, tratarse de igual a igual con poderosos, o conquistar parejas atractivas" (171).

Bueno, para darnos estos resultados ya estaba la teoría de Freud. También señala Pinker la función comunicativa virtual de la ficción, simulando el cotilleo, la información social imaginada sobre personajes virtuales—pues el cotilleo también tiene una función de supervivencia en el entorno social.

Ahora bien, la ficcionalidad en concreto sí tiene para Pinker un origen adaptativo, y ve la piedra de toque en el desarrollo de la inteligencia artificial (que proporcionará experimentos predictivos, y no sólo razonamientos post hoc). La ficcionalidad, el diseño de situaciones posibles, es una función útil para que los sistemas inteligentes traten con un problema, con situaciones cuyo resultado no es predecible de antemano.

"La ficción, pues, sería una especie de experimento mental, en el que se hace a unos agentes jugar una serie de interacciones plausibles en un mundo virtual más o menos sometido a leyes, y un público puede tomar nota mental de los resultados" (172)

—lo cual nos recuerda a la noción de la novela experimental de Zola, o la literatura realista, pero queda aún lejos de explicar otros tipos de escritura experimental y de por qué la representación misma y la noción de realidad en la representación están sujetas a evolución y reelaboración constante. Para eso necesitamos una teoría más atenta a la complejidad de la interacción social humana, no la interacción un tanto primate que Pinker parece tener en mente.

La ficción narrativa es pues, para Pinker, una especie de razonamiento práctico basado en casos, resolviendo así la distancia entre la norma abstracta y los detalles específicos de las situaciones reales: Algo que no deja de recordar al razonamiento de Sir Philip Sidney en An Apologie for Poetry, cuando situaba a la ficción poética en una posición ideal entre las abstracciones de la historia y los casos concretos pero caóticos de la historia. Un Sidney pasado por la psicología neural y la teoría de la computación, claro. Sería una explicación neurológica de una importante función social de la ficción narrativa—"la ficción cumple con frecuencia una función didáctica, enseñando implícitamente a los lectores las reglas de su entorno social y cultural".

En suma, la ficción sería tanto una adaptación (en tanto que instruye con un tipo de razonamiento basado en casos o permite experimentos mentales combinatorios) como un producto colateral (o spandrel) de la evolución, en tanto que deleita con simulaciones de realidad virtual y de cotilleo virtual. Las dos son razones por las cuales narramos, según Pinker. Volviendo a los últimos ensayos de The Literary Animal (—por cierto, poco énfasis se pone aquí en deslindar entre literatura, ficción y narración):

Brian Boyd se opone a las teorías según las cuales el arte es un producto colateral de la evolución, y sostiene que tiene la doble función de potenciar la cohesión social y captar una atención compartida—aunque no a modo de elemento de lucimiento del artista con fines de promoción personal y lucimiento sexual, como sostiene Geoffrey Miller. A Pinker le parece insuficiente la explicación de por qué el arte promociona la cohesión social, pero debería releerse su propio razonamiento dos párrafos atrás. Tampoco le parece convincente la ventaja evolutiva de captar atención compartida—pero eso parece despreciar la ventaja evolutiva crucial que dan al ser humano la comunicación y la organización social compleja. Si la comunicación social en todas sus formas (incluida la "gimnasia semiótica" de Eco) es importante para desarrollar la inteligencia propiamente humana, no es una cuestión sólo de que nos guste oír historias juntos alrededor de la hoguera.

Daniel Nettle se inclina más por la teoría del placer, con la ficción como una especie de droga comunicativa para animales intensamente sociales. Partiendo de este planteamiento, clasifica los tipos de conflicto social presentados en las obras de Shakespeare:

                                        Resolución positiva     Resolución negativa

Conflicto de status social              Drama heroico     Tragedia

Conflicto de emparejamiento sexual Comedia     Tragedia amorosa


Michele Scalise Sugiyama enfatiza por el contrario la función didáctica y socialmente útil de la ficción: para adquirir información, ensayar estrategias, resolver conflictos de objetivos. Pone más énfasis tanto en la teoría cognitiva como en el aspecto lingüístico de la comunicación narrativa literaria (las otras teorías, dice Pinker, podrían igualmente referirse a ficciones televisivas o cinematográficas).

Observaciones de Pinker para el mejor desarrollo de la teoría literaria "darwinista" y científicamente conciliada:

(1) Hay que deslindar el problema psicoevolutivo de por qué hacemos ficciones del análisis crítico de las ficciones. Quizá la teoría evolutiva no pueda aportar gran cosa significativa a la crítica literaria—y los teorizadores que sí aspiren a hacerlo deberán justificar qué es lo que aportan al análisis de las obras, y por qué es significativo. Y nuevas justificaciones adicionales de la utilidad de la crítica, esta vez desde el punto de vista de la psicología evolutiva....

(2) Las teorías requieren más desarrollo experimental, y eso quizá sea factible potenciando sus contactos con el desarrollo de la Inteligencia Artificial—diseñando sistemas inteligentes, y viendo qué valor tiene en ellos la funcionalidad del razonamiento mediante mundos hipotéticos o ficciones.

(3) Se requiere más convergencia con otras ciencias de la naturaleza humana: el cognitivismo, la lingüística, la genética del comportamiento, la psicología social... Hasta ahora, se han restringido las cuestiones "evolutivas" a problemas demasiado centrados en diferencias sexuales y selección sexual, cuando hay otros temas evolutivamente relevantes en literatura, "como conflictos padres/hijos, rivalidad entre hermanos, autoengaños, reciprocidad, tabús, psicología de las coaliciones, emociones morales" (176) (—vaya, ¡pero si no ha tratado de otra cosa la teoría literaria durante siglos! No en conexión con la familia primigenia de antropoides, cierto, pero sí en el ecosistema propiamente humano).

(4) Habría que centrarse menos en el arte elitista y el canon, para llegar a conclusiones estadísticamente relevantes, y estudiar productos de consumo masivo. Pues el arte de minorías precisamente busca contradecir los presupuestos y gustos del arte popular, y dará una idea distorsionada de la generalidad de la experiencia humana.

(5) La noción del argumento como combinatoria infinita de posibilidades debe relacionarse con la resolución de conflictos de intereses variados y sin fórmula previa. La teoría del conflicto, y la teoría evolucionaria de los juegos, deberían servir de base para el análisis de argumento y carácter. (Ver, por cierto, aquí un par de artículos sobre narratología mentalista, que ayudan a integrar el desarrollo argumental con la lectura mutua de las mentes de los personajes—y por tanto con la teoría de la interacción y comunicación social).

(6) Según Pinker, "los analistas literarios evolucionistas deberían ser mucho más escépticos con la idea de que la 'cohesión de grupo' sea un motivo humano básico y que se pueda explicar fácilemente con la 'selección de grupo'" (!!)—y arguye que la selección de grupo quedó obsoleta desde los años 60/70. Pues lamento disentir, pero por suerte creo que los razonamientos de S. J. Gould en The Structure of Evolutionary Theory a favor de la actuación diferenciada de la selección natural en múltiples niveles, del gen a la especie, pasando por el individuo y el grupo, está más en la línea de lo que pienso. Por supuesto no se seleccionan y heredan los rasgos de los grupos como se transmiten los genes... pero la historia de la globalización nos dice que unos tipos de organización social tienden a "reproducirse" y a potenciar sus características (aglomeraciones urbanas, especialización creciente del trabajo, etc.) y a arrinconar a otros tipos de organización grupal nómada o cazadora-recolectora o feudal. Y si no se expanden mediante memes, lo hacen mediante estructuras organizativas y sistemas ideológicos. Que tienen su propia dinámica evolutiva emergente, a no confundir con el éxito reproductivo—y es que los humanos primamos en realidad la reproducción de nuestras estructuras sociales (no quiero llamarlas memes, que parece que van a trozos) antes que la de nuestros genes. Y si no actuamos así nosotros en persona, ya lo hacen nuestras estructuras sociales por nosotros, con una lógica mucho más poderosa.

Frente a eso, sí me gusta el énfasis de Pinker en la complejidad de comportamientos y actitudes que tenemos frente al grupo social: con "cohesión social", dice, no se nombra adecuadamente "la mezcla ambivalente de motivos egoístas, nepotistas, estratégios y de autopromoción que en realidad animan los sentimientos de una persona hacia su grupo, y que la ficción nos dramatiza de modo delicioso"—un tipo de relación y unos conflictos que, con sus generalidades de base biológica, que nos puede ayudar a explicar la teoría de la evolución, siempre son únicos en sus circunstancias y combinaciones. Y para eso no necesitamos sólo una teoría evolucionista de la literatura, sino sobre todo una antropología—que integre en ella los conocimientos que tenemos de la evolución biológica y cultural, de la sociedad, de la historia, de la acción, del lenguaje, de la comunicación, de la narración y del arte—la eterna Ciencia Nueva de Vico, siempre por renovar y reinventar.



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Lunes, 01 de Octubre de 2007 20:19. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Evolución No hay comentarios. Comentar.


Mala como Zabaleta


 
Y chingás. La envidia sí que es mala, mala. 
  
 

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Lunes, 01 de Octubre de 2007 20:50. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Música No hay comentarios. Comentar.


Otra de oposiciones

La Universidad de Zaragoza llegando a la prensa y a los tribunales.

Desde luego, si con todos los mangoneos oposicionales actúan como hicieron en mi última oposición, intentando tapar todo, pues no me extraña que acabe así la cosa. El juzgado de lo contencioso administrativo, por cierto, también se lució en este caso, según parece.


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Martes, 02 de Octubre de 2007 10:13. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Universidad Hay 2 comentarios.


Patriotas y patriotas

Comentario de texto de una viñeta aparecida en ADN ayer, lunes 1 de octubre:

Patriotas

Es una viñeta política, con lo cual la polémica y el posicionamiento están servidos (aunque la viñeta parezca sugerir lo contrario). El humorista de la prensa busca ofrecernos sobre la situación política, aquí y en general, una mirada crítica con los partidismos; representa (o se coloca en el lugar de) la visión certera del pueblo llano, que no se deja engañar por los discursos de sus representantes. Ahora bien, el humor no escapa a la regimentación ideológica, y el humorismo de un medio suele estar en sintonía flexible pero coherente con la línea marcada por quien paga las judías.

No conozco bien la línea ideológica de ADN (presidido por José Manuel Lara Bosch); pongamos que no es un periódico obviamente partidista, y tomémoslo, quizá precipitadamente, como representante (no necesariamente certero) de la opinión pública media española. O sea, de un país en el que Rodríguez Zapatero es presidente por votación popular (mi voto, ay, entre otros), y en el que la mayoría de las cadenas de televisión y posiblemente la mayoría de los ciudadanos son favorables a la política del Gobierno. Eso como contexto general. Como contexto más preciso, hay que remitirse obviamente a la polémica de la nueva guerra de banderas y más generalmente al debate de estos días y décadas en torno al significado de los símbolos políticos de la nación española y de sus diversas comunidades autónomas—esto en un momento en el que los dirigentes vascos y catalanes optan abiertamente (abiertamente sin decirlo nunca, claro) por la secesión, y en que el gobierno da señales ambiguas (por ejemplo negociando de tapadillo con la ETA, o declarando que la ley de banderas es de imposible cumplimiento).

Para más cotexto textual, la portada de este número lleva un gran titular de política, relativo a la convocatoria anunciada de un referéndum por la "autodeterminación" del País Vasco: "Ibarretxe: 'No me temblará el pulso' / Zapatero: 'Ibarretxe se equivoca de siglo'" (—lo cual sugiere a la vez una equiparación "neutral" de la validez de los puntos de vista, y también una actitud determinada y serena por parte de Zapatero). Y la última página lleva un artículo de Lucía Etxebarria argumentando que "Rosa Díez ha iniciado su campaña desde el discurso de la provocación"—de la "provocación pepera" por más señas—; eso por declarar que no se sabe la letra del Eusko Gudariak.

Pongamos, pues, que en la polémica de la simbología sobre la que versa la viñeta, ADN está más próximo a los puntos de vista defendidos por El País o La Vanguardia que a los defendidos por El Mundo. Ya vamos más contextualizados.

En la viñeta vemos a dos patriotas opuestos pero idénticos, perfectamente idénticos hasta el punto de que incluso la bandera contrapuesta que los opone es la misma. Son intercambiables a todos los efectos. Esto quiere decir que son idénticos no uno para otro—naturalmente—sino idénticos para el autor implícito, llamémosle "Ernesto Rodera", que se hace cargo del juicio político expresado entre líneas por la viñeta. Formulemos ese juicio tentativamente: para "Ernesto Rodera" los patriotas son extremistas obsesos, siempre a vueltas con sus banderas, que no dejan a la población vivir tranquila; sus obcecaciones con esos trapillos son materia de viñeta. Las banderías patrióticas son actitudes mecánicas indignas de un ser pensante (ver La Risa de Bergson) y por tanto invitan a la contemplación irónica desde fuera de la viñeta: el espectador implícito se ve invitado a sumarse al sano escepticismo de "Ernesto Rodera" y a contemplar esta esquizofrenia vexilofílica como un ejercicio de patriotismo mal entendido: para "Rodera" y para "nosotros", como para Samuel Johnson, el patriotismo es el último refugio de un sinvergüenza, y debemos desconfiar por igual de los que izan como de los que arrían banderas. Toda bandera es mala, de hecho, si de verdad hemos de llegar hasta el fondo del asunto. Tal es la doxa popular de la que participan y nos invitan a participar "Ernesto Rodera" y ADN.

(Hay otra lectura posible, en la que el patriota es efectivamente el mismo mismísimo, en dos viñetas "secuenciadas" y no dos patriotas "simultáneos/contrapuestos". Pero esta lectura nos remite al mismo posicionamiento, pues el antagonista y alter ego del patriota está entonces presente in absentia, y dice lo mismo que él in absentia).

Esta es la lectura amistosa de la viñeta, la que saca a la luz y expresa el discurso ideológico con el cual sintoniza el autor implícito y la formación ideológica a la que representa—tal como éste quiere ser leído.

Ahora bien, pasemos a una lectura propiamente crítica, antagónica, o antipática, a la que yo soy mucho más aficionado, porque es más compleja. La lectura antagónica de un texto es más compleja, porque contrapone dos lecturas: a la ya vista, la manera en que el texto invita a ser leído, le opone una lectura no invitada, una lectura contraria al punto de vista ideológico del texto, que saca a la luz los aspectos de la referencia contextual, o del propio texto, que la retórica del texto intenta disimular; o expone las tensiones y contradicciones inherentes al propio texto—cuestionando así o desacreditando la coherencia ideológica de su proyecto.

En este caso, el efecto crítico equivale a lanzar una mirada irónica sobre la mirada irónica de "Ernesto Rodera" que va implícita en la viñeta.

Los dos patriotas son presentados por la retórica del texto como idénticos (en su antagonismo entre sí y en el rechazo por parte de la ética textual implícita). Son visualmente idénticos, y están simétricamente enzarzados en un absurdo y estéril círculo vicioso, que nos va llevar al aburrido espectáculo de subir y bajar banderas sin sentido ad infinitum. De lo cual se desvincula el espectador implícito: sale del marco de la viñeta para alcanzar su significado implícito, se coloca a un nivel superior irónico de observación, y escapa así del círculo vicioso, alzándose hasta la libertad de contemplación de los espíritus libres.

Vale. Idénticos insectos políticos, estos patriotas. Pero... no tan idénticos. Por ejemplo, si acudimos al contexto extratextual, podríamos deducir fácilmente que el primer patriota está arriando la bandera española por la fuerza, lo cual es ilegal, mientras que el segundo la está izando, lo cual es legal e incluso obligatorio a veces. Pequeño detalle—pero ay, si observamos eso nos convertiremos para el punto de vista implícito en uno de los dos insectos: tomamos partido, nos volvemos patriotas... incluso nos podría decir Lucía Etxebarria que nos dedicamos a la provocación pepera por el mero hecho de mentar las leyes.

Limitándonos al texto en sí, observemos otra diferencia (—puesto que los dos dibujos invitan por su mismo parecido a jugar al juego de las diferencias—aunque la gracia de la viñeta, en la medida en que la tiene, se basa en encontrar los parecidos... lo cual es un ejercicio ciertamente superficial en el caso del juego de busque las diferencias).

Esa diferencia es que el primer patriota—llamémosle abertzale por no liarnos—quita la bandera de los otros. Mientras que el segundo iza la bandera propia. Hummm...

Observemos que el abertzale no es que sea un enemigo de las banderas. Tiene su propia bandera, distinta para él (aunque "Ernesto Rodera" solo vea trapos idénticos). Y sin duda piensa izar esa bandera después de quitar la bandera de los otros.

Volviendo al punto de vista externo, vemos que la viñeta, en la medida en que (también) admira irónicamente la energía y empeño patriotero de los unos y los otros, se sitúa tanto fuera del ordenamiento jurídico invocado por unos—los abertzales, o sea la patria vasca in fieri—como por los otros—o sea, la Constitución española y las leyes de banderas que de ella derivan. "Ernesto Rodera" es libre—no tiene ni bandera, ni rey, ni ley, y nos invita a participar de esa infinita libertad intelectual. Allá se las compongan los unos con su Euskalherría / Polonia Libre, y los otros con su Constitución. (Fascistas, probablemente, estos últimos, según dictaminaba el agudo olfato de Polanco cuando veía mucha bandera constitucional).

Observemos que el segundo patriota, el exaltado pepero de extrema derecha según la sabiduría popular a la que apela la viñeta, tiene una actitud hacia su propia bandera—no la nuestra, válgame Dios, ¡nosotros los lectores NO TENEMOS BANDERA! – su bandera, digo, que, por cierto, es la constitucional, la que izan para irritación de los abertzales los provocadores peperos como la alcaldesa de Lizarza, mientras otras personas más equilibradas, razonables y brujuleadoras la mantienen sabiamente arriada, para no tensionar... El segundo patriota, digo, insiste en izar "su propia" bandera, pero hay que reconocer que no va arriando la del primero, menos aún por la fuerza. También es una significativa diferencia, vaya. A ver: no arría la del primero, porque la del primero también es (que sepamos) legal: la ikurriña, por ejemplo. Ni el PP ni la Constitución dicen que haya que "quitar" ikurriñas en las provincias vascas. Distinto es no izar lo que debe ser izado por ley, o arriar a la fuerza lo que otros han izado siguiendo la ley.

Observemos también que el abertzale no es alguien que meramente se limite a no izar la bandera que no le gusta, no: esa bandera ha sido izada (quizá por algún facha, optativamente, pero en cualquier caso, siempre y de modo obligatorio, por las autoridades encargadas de poner símbolos por ley). Y este espontáneo abertzale, que no es cargo público, sino patriota vocacional, va y la quita, con dos huevos. Ahora, ¡que no le quiten a él la suya! Porque quizá trabaje técnicamente fuera de la ley, pero sí sigue en cambio una ley inflexible (tan del gusto vasco, y ahora extensiva a nivel nacional): la ley del embudo, por la cual ha de imponerse mi voluntad sea cual sea la legislación vigente. La ley que haya, se seguirá o no, según convenga. Y de aquí pasamos al territorio comanche, donde ya se sabe quién dicta la ley más fundada: el que tiene el gatillo más suelto. No andan éstos lejos de los descolgadores de banderas.

Ah, pero déjenlos estar... nos invita a decir la viñeta. Y el Ministro del Interior.

El segundo patriota, patriota oficial de un Estado existente, si iza banderas, puede que sea como la alcaldesa de Lizarza, que quizá la ize por gusto y vicio, o quizá no, pero en todo caso al hacerlo sigue la letra de la ley (y así provoca, parece decirnos la viñeta). ¿Estamos mejor sin ley, quizá? ¿O con una ley flexible, que se cumpla o no según respiren los próceres locales, y los de la pistola?

Pero estas diferencias no son relevantes para "Ernesto Rodera": como decíamos, los dos patriotas son iguales, para él y para el hontanar de la sabiduría popular. Porque al pueblo, la Constitución y las banderas se la traen floja. Y el pueblo es sabio.

En suma: una viñeta falsa, de una mala fe que tira para atrás, pero muy adecuada para que la rían hoy por españa. Pues está basada en una posición política hipócrita, insostenible y autodestructiva—que es básicamente la del actual gobierno español, y posiblemente también la de la mayoría de la sociedad española, una sociedad dispuesta a venderse barato a quien más apriete, pues está libre intelectual y moralmente de compromiso con ningún símbolo ni ninguna ley.

Que la ley la cumplan sólo los convencidos, como dice la Vicepresidenta, sin imposiciones de las autoridades—y ya veremos lo bien que nos va a todos en esa utopía de la tolerancia y el falso buenismo.


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Martes, 02 de Octubre de 2007 14:13. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Política Hay 2 comentarios.


Leyéndonos la mente: Dos artículos sobre narratología cognitiva


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Para iniciar un coloquio sobre narratología cognitiva en Ohio, el 5 de noviembre (Project Narrative and the Working Group in Narrative and Cognitive Theory) se han colgado aquí las ponencias de Alan Palmer y H. Porter Abbott:
http://people.cohums.ohio-state.edu/herman145/CNworkshop.html

Pensamiento narratológico en curso; especialmente útil para desarrollar los conceptos de focalización y de fiabilidad en la narración—y muchas otras cosas, como pragmática e interacción, comunicación no verbal, etc. Pasa la noticia Anne Langendorfer por la lista de correo del Project Narrative.

Palmer habla de "Mentes sociales", la cognición socialmente distribuida—los aspectos públicos, intersubjetivos de la mente, y cómo se tratan en la narración. Nuestras mentes no son ilegibles mutuamente, sino que mediante la comunicación desarrollamos estrategias de atribución de estados mentales, especialmente en grupos sociales unidos. Y frente a los novelistas de la introspección solitaria, del indirecto libre o del stream of consciousness, Dickens es el novelista del mundo social, de las "exterioridades", que son sin embargo comunicativas y creadoras de mentalidad social. Otro aspecto al que señala Palmer aunque no desarrolla es que tampoco nuestra mente privada nos es accesible a nosotros mismos directamente y sin más.

Nuestro propio pensamiento es dialógico, y hay grados de accesibilidad a los demás (a según quien) incluso de muchos pensamientos que en principio se consideran privados y secretos. Gran parte del trabajo de una novela (aquí Little Dorrit) se dedica a trazar estos mapas de mundos mentales, accesibilidades relativas, hipótesis sobre ellos y su estructura cambiante: análisis de las cosas que llegan a conocimiento público y cómo, de las que se saben sin que nadie las diga, de las estrategias comunicativas elegidas por los personajes y su éxito relativo, etc. El análisis de estas interactuaciones comunicativas de los personajes, y sus estrategias respectivas, proporciona un puente crucial entre análisis de los caracteres y desarrollo narrativo, algo que venía descuidando la narratología.

Este análisis también lleva a integrar más atentamente en el análisis narrativo el análisis de la comunicación no verbal: expresiones faciales y gestos, movimientos, posturas, analizados magistralmente por los narradores (Ver aquí un ejemplo mío sobre Nabokov: "Poética de la consciencia subliminal"). Es especialmente interesante el caso de los "sistemas privados de signos" desarrollados mediante la interacción continuada entre personajes que se conocen bien, y la manera en que esto se vuleve materia de análisis para el novelista. A veces la ausencia de un signo es un signo—y otras elaboraciones surgen. (Podría añadirse el desarrollo paralelo de estrategias de interacción verbal, de comunicación por debajo de la comunicación, extrayendo implicaturas sólo válidas en determinado círculo y contexto comunicativo). En Little Dorrit, novela de la mente social y de la observación mutua, es especialmente notable el desarrollo de un vínculo comunicativo ad hoc entre Clennam y el impenetrable Pancks.

Los personajes crean, pues, con sus lazos comunicativos, unidades intermentales superiores a los individuos, grupos con estrategias intersubjetivas y rituales comunicativos propios cuya constitución, historia o funcionamiento son descritas por el novelista—la "Sociedad" como tal en el lenguaje de Mr. Merdle es un grupo tal en Little Dorrit, un grupo especialmente atento a las apariencias establecidas.

La mirada (aparte del uso que se hace de ella en el análisis de la focalización) tiene una importante función intersubjetiva y comunicativa: puede expresar búsqueda de información, conceder información, avisar, agradecer, expresar curiosidad, crear lazos, intimidar, controlar… Y estas funciones pueden ser bien interpretadas o malinterpretadas por los personajes. (Aquí usa Palmer un bonito neologismo para designar a la persona mirada: "the lookee").

Otro concepto útil es del de cognición físicamente distribuida, que consiste en atribuir y adjudicar nuestras tareas cogniticas al entorno, con textos etc.—o convirtiendo lo que nos rodea en texto o "ayuda cognitiva" (Dennett). Un entorno familiar es cognitivamente más informativo: como dice Dennett en el caso de los ancianos, "sacarlos de su hogar es literalmente separarlos de grandes secciones de su mente"—algo que Dickens también analiza, nos dice Palmer, por ejemplo en el caso del Sr. Dorrit, tan acostumbrado a la cárcel Marshalsea que se desorienta cuando lo echan de allí—Una teoría semiótico-narrativa de la familiaridad cognitiva, pues.

Especialmente divertido (o patético, o trágico) es el esfuerzo dedicado por los personajes a fingir y comunicar la ficción de que no hay comprensión intermental. Algo que podríamos relacionar con los análisis de Goffman sobre las estrategias interaccionales para preservar mutuamente el rostro social propio y de los demás (en Interaction Ritual)—me extraña no ver a Goffman citado en un artículo sobre la interacción intersubjetiva.

Estos análisis de la perceptibilidad de otras mentes, y su carácter más o menos fiable, pueden ayudar a completar, dice Palmer, las discusiones sobre focalización (perceptible, imperceptible, etc.) o narración (fiable, no fiable…). En suma, ha de tenerse en cuenta en narratología el análisis de la comunicación intermental, y no sólo el de la mente introspectiva y cerrada a la percepción externa.

Frente a esta teoría intersubjetiva e interaccional sobre la mente, Porter Abbott pone un énfasis en las "Mentes ilegibles"—y a las mentes socialmente legibles de Palmer les opone Porter Abbott dos tipos de mentes ilegibles.

Especifica que no se refiere a interpretaciones mentales erróneas (misreading minds), que es otro problema de gran interés para la teoría narrativa, ya porque los personajes malinterpreten estados mentales de otros personajes, o porque lo haga el lector. (Otra cuestión insuficientemente diferenciada es si el lector tiene o no tiene interpretación privilegiada sobre esos estados mentales y malas lecturas—cuestiones de orientación de punto de vista).

Las mentes ilegibles pueden ser patológicas (como en las novelas de Mark Haddon El curioso incidente del perro a medianoche, o en Talk Talk de T. C. Boyle). El autismo, la sociopatía, etc. plantean problemas de interpretación (una cuestión a relacionar con los narradores no fiables, si estos personajes son además narradores). La atribución de locura es con frecuencia el resultado de la incapacidad de interpretar a una persona o personaje—otra cosa será que la obra, o el lector, sancione o contradiga las atribuciones de "locura" hechas por un personaje sobre otro. Distribuciones relativas de la ceguera o impenetrabilidad mental, vamos, como elemento a tener en cuenta en la interpretación y análisis de la novela. Es interesante la alusión de Abbott a una novela como Regeneration, de Pat Barker: allí la patología mental o "shell shock" sufrida por los soldados en las trincheras es diagnosticada por el médico Rivers como una reacción ética contra la demencia oficial de la guerra, una protesta que no puede hallar otro tipo de expresión en ese ambiente político y social.

(Me pregunto si no existe, por otra parte, un continuo entre las mentes ilegibles de Porter Abbott y las mentes mal leídas—pues la ilegibilidad o no legibilidad depende en parte del lector, y una ilegibilidad sancionada por la obra misma en la figura de su lector implícito puede transformarse en legibilidad para un lector "resistente" o disonante).

Más detalladamente comenta The Life and Times of Michael K de Coetzee (una K que alude a un ilustre precursor de la ilegibilidad). Es ésta una novela en la que se reconoce la simplificación inherente a "nombrar" o "entender" a alguien, a través del personaje del médico que busca contactar con Michael K: "El resultado es un monólogo esforzándose sin éxito por volverse diálogo, y curvándose continuamente otra vez hacia el sujeto en primera persona". Algo parecido sucede en Waiting for the Barbarians con la mujer bárbara, y en otras novelas de Coetzee—eso a pesar de los esfuerzos de los narradores, tan atentos al Otro como Levinas.

Otro ejemplo es "Bartleby el escribiente" de Melville—una narración "dickensiana" en la que irrumpe la ilegible figura de Bartleby y su inexplicable "preferiría no hacerlo". Bartleby también desafía nuestra tendencia a ascribir motivos y a categorizar a la gente en tipos, estrategias útiles para hacerlos comprensibles. (Observa Porter Abbott un precedente más "legible" de Bartleby en el casi inexistente escribiente Nemo de Bleak House). Tras pasmar a su jefe, Bartleby desafía luego los poderes de interpretación de los críticos, que también buscan atribuirle significado, alegorizarlo, hacerlo legible convirtiéndolo en un símbolo—pues en tanto que personaje es ilegible. Y si el cuento apunta una explicación o rumor—que Bartleby había trabajado en la Oficina de las Cartas Muertas—quizá exprese así la necesidad de normalizar o explicar lo ilegible.

Frente a estos ejemplos de ilegibilidad por empobrecimiento representacional, otra estrategia posible es crear ilegibilidad mental por exceso: personajes demasiado variados o con demasiada información asociada.

También se podría tratar la ilegibilidad no de la mente de un personaje, sino del texto—en tanto que sentido producido por un autor implícito que resulta ser impenetrable o enigmático. Quizá estas cuestiones de interpretación o "lectura" de personajes se desarrollen en culturas altamente alfabetizadas, mientras que los textos orales se presentan como todo superficie, sin nada que haya que interpretar.

Ahora bien, siempre es labor del lector encontrar lo que falta, y lo que hay, y descubrir no sólo lo que hay de legible sino lo que hay de ilegible en un texto. Muchos huecos no existen hasta que se abren un hueco en la experiencia lectora.

En suma, dos ensayos muy sugestivos y recomendables. En los que si echo en falta algo—bueno, se empieza a echar en falta en todas direcciones, de tantas ideas que sugieren para desarrollar—sería, en todo caso, un enfoque más sistemático a la hora de ver cuál es la dimensión específicamente narrativa de la ilegibilidad de un personaje. O de una persona. Que se vuelve un personaje, más o menos legible, desde el momento en que contamos una historia sobre ella.

La dimensión esencial que parece aportar la narración al problema de la legibilidad es, me parece, la retrospeccióncon lo cual quizá arrimo esa sardina a una ascua muy central—la diferencia que hay entre la legibilidad/ ilegibilidad del carácter en directo, y las complejidades de presentación de esos problemas de legibilidad vienen dadas la comprensión mayor, la ironía proporcionada por la retrospección: así, en general, hay una mayor legibilidad que surge con el paso del tiempo, que casi todo lo acaba trayendo a la luz, y casi todo lo hace en última instancia comprensible. Al menos en la versión que nos dan los narradores.

O bien puede perfilarse más claramente, mirando hacia atrás y con el paso del tiempo, una ilegibilidad que después de todo sigue desafiando la comprensión. O incluso una que se crea retroactivamente, abriéndose como un espacio en negro o un agujero blanco de impenetrabilidad en el seno de lo que antes creíamos entender.


PS, noviembre 2007: Puede verse en la página web del Project Narrative el debate en Ohio tras la presentación de los artículos de Palmer y Porter Abbott: http://projectnarrative.osu.edu/events/video.cfm

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Miércoles, 03 de Octubre de 2007 14:11. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Semiótica No hay comentarios. Comentar.


El coleguita

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Pibo y Otas, los pequeñajos, no salen aún a la calle solos, pero a pesar de eso ya van apropiándose a su manera de los trayectos y del paisaje urbano de Zaragoza. Una de las maneras en que lo hacen es siguiendo la pista a un monigote de graffitti que algún artista callejero va dejando a modo de firma por distintas partes de la ciudad. Este monigote tiene cara de ser alguien zumbado por ver demasiado rato la tele, y aparece en actitudes variadas y en los sitios más inopinados, en tapias, en pegatinas, a veces fuera de alcance en la pared de un edificio (ya se lo curra el grafitero, ya).

Los falsos gemelos lo han adoptado, y lo llaman "El Coleguita"— se alegran enormemente cada vez que descubren uno nuevo, y se dedican a seguirle la pista por las calles por donde pasan. "’¡Mira! ¡El coleguita con tupé!" —"¡He visto un coleguita que dormía, y echaba zetas!" —"¡Uau! , mira! ¡Un supercoleguita tamaño gigante!"—"¡Qué majo es! Bueno, mejor, adorable." Hasta tienen pensado hacer un comic protagonizado por el Coleguita y otro santo de su devoción, el abyecto Fluvi. —"Papá, ¿sacarán peluches de El Coleguita?"

Ahora en seguida los recojo del cole, y tenemos que bajar a casa por la calle Hernán Cortés, para que Ivo le enseñe un nuevo coleguita a Otas. Bueno, pues que sepa el infatigable artista que su coleguita, que igual tiene un nombre auténtico que desconocemos, tiene fans por aquí cerca.

—"¡El coleguita sonríe con la barriga!"

 

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Jueves, 04 de Octubre de 2007 14:25. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Nenes Hay 2 comentarios.


¡Otro coleguita!

El colega Marco, pensando en sus cosas. Este sí que es más adorable que el de ayer, ¿eh? Enhorabuena a los tres... —cuatro! —Ocho. Cincuenta y siete. Agg....

Marco

Y al fotógrafo, que no soy yo.

 


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Viernes, 05 de Octubre de 2007 17:17. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Nenes No hay comentarios. Comentar.


Espejito, espejito

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Sobre vanidad de la escritura y en la escritura... hay un bonito artículo, "Literatura y cosmética",  reproducido en Apostillas Literarias. Irresistible para mí, que tengo por la vanidad un interés casi profesional. Le comento:

Los escritores son vanidosos (ellos, yo no), pero no se les tiene que notar: la vanidad ostentosa tira para atrás. Aunque tanto más taimada es la vanidad de los escritores "humildes", y para vanidad torticera la de los que no se llegan ni siquiera a enterar de lo vanidosos que son. Cree el ladrón, me dirá algún humilde observador.


Me ha gustado mucho el primer párrafo:

Es difícil no enamorarse por carta, por correo-e o por Messenger. Nada enamora más que la distancia, que la espera, que la impotencia, la imposibilidad de poseer al otro ahora mismo. El amor se nutre de los aplazamientos; el sexo puede detestar la impotencia, el amor es finalmente siempre una forma de ésta. Amamos lo que no tenemos, porque es nuestra única forma de tenerlo. O de sentir al menos por un segundo que lo tenemos. Amamos a la que se fue, porque a través de las cartas, de los Messenger, de la urgencia siempre aplazada de nuestros sentimientos, podemos mentirnos y pensar que no se ha ido. Amar es en gran parte una forma de salvar las distancias, de negar la muerte -esa distancia final.

Y siguiendo esa lógica, supongo que si amarse a sí mismo es como podría decir Wilde la más continuada historia de amor—el narcisismo del escritor es en parte una manera crear esa distancia necesaria para amarse, y también de intentar preservar el tiempo, de salvar la distancia que nos separará (también) de nosotros mismos. Pero esa distancia sin embargo ya nos separa de todo lo que hemos sido y de todo lo que hemos escrito, manchas de tinta o rastros de letras que vamos dejando por los días.



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Sábado, 06 de Octubre de 2007 15:27. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Literatura y crítica Hay 2 comentarios.


Dion en bilingue


Una canción de Céline Dion, "Zora sourit", de uno de mis discos favoritos en francés, S'il suffisait d'aimer:




Y otra bonita canción, en inglés esta vez, "To Love You More"—con un tema difícil para el directo,  pero bien acompañada: y ya querrían, ya, ser capaces de esto algunas que la llaman pijonauta y con eso se quedan. Lo que es la perfección...




Pour que tu m'aimes encore

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Domingo, 07 de Octubre de 2007 11:30. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Música francesa No hay comentarios. Comentar.


Hipertextualización total automatizada

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Acabo de ver que darme cuenta de cómo sigue en progreso la extensión universal de una idea lógica e inevitable: la hipertextualización global de todo el texto escrito—de todo el texto de la Red, al menos. Evidentemente, la World Wide Web es un hipertexto, y así una página que está en red siempre está en principio enlazada automáticamente con otras. Pero la manera estándar de hacerlo es establecer puntos específicos de enlace, que por tanto se destacan generalmente en un color distinto al del resto del texto. La hipertextualización automática total consiste en convertir toda palabra del texto en un enlace—con lo cual ya no se distingue por color (tipografía, etc.) lo que es un enlace de lo que no lo es, sino que se distinguen diferentes tipos de enlaces. Es una idea que hasta ahora sólo había visto aplicada de manera limitada en algunas páginas como la del New York Times—con lo cual la hipertextualización sería automática, pero no era universal más que en los límites de ese sitio web.

Ahora descubro lo que debe ser una nueva (nueva para mí) funcionalidad de Firefox: apretando la tecla "alt" a la vez que pinchas una palabra cualquiera del texto mostrado en el navegador, te lleva a un sitio web, Answers.com, que define la palabra en cuestión y te ofrece una serie de enlaces para seguir tu búsqueda. No conozco la relación entre Answers.com y Firefox: una manera de empezar a investigarlos será pinchar en la palabra Answers.com una vez cuelgue este artículo. Por reducirlo a un enlace "clásico": si en un texto que contiene la palabra "bibliography" pinchas "alt+bibliography" llegas a esta página de Answers.com: "Bibliography"

En el artículo enlazado al final de éste proponía yo una convergencia entre las funciones de búsqueda y enlace en el la web: el hiperhipertexto sería ese hipertexto potenciado con Google (pongamos), de modo que pinchar (o doble pinchar, o comando-pinchar) en una palabra (o frase seleccionada) te llevase a un resultado tipo "I'm feeling lucky" a través de un buscador incorporado al navegador—abriéndolo en una ventana emergente, por ejemplo. Sería una funcionalidad interesante pero evidentemente menos útil que ésta por la que se ha optado aquí: no un enlace "salvaje" obtenido por búsqueda, sino un enlace-tipo que lleva a una base de datos predeterminada, más organizada, sistemática e informativa—que luego puede seguir llevándonos a otros puntos de la red, por supuesto. Es algo parecido a lo que hacían en el New York Times, que te llevaba a un diccionario para explicar la palabra en cuestión—pero ahora potenciado con múltiples obras de referencia (incluida la Wikipedia), traducciones del término, enlaces asociados—y también cómo no, anuncios y ofertas. Utilísimo—y una idea admirable por la manera en que se ha desarrollado en Answers.com...

En nuestra mente, cada palabra es potencialmente un enlace que lleva a muchas otras. Ahora esa potencialidad se materializa cada vez más en la red, y todo texto va pasando poco a poco a su intensificación hipertextual. La búsqueda ya conecta unos textos con otros con principios objetivables desde que llegó Google, pero aún sigo esperando el desarrollo de esa herramienta que permita pasar directamente de un fragmento de texto a una búsqueda en la red, sin realizar la ceremonia de abrir la ventana de Google (aunque ya venga incorporada) y escribir o pegar allí el texto. El texto a buscar ya está escrito: en lugar de hacernos escribirlo otra vez o copiarlo, sólo falta hipertextualizarlo un poquito más.

El problema con un hipertexto total puede ser que la infinitud de caminos por seguir desde cualquier punto equivalga en cierto modo a la falta de camino. Quizá una mayor integración con la funcionalidad de la búsqueda sirva de hilo de Ariadna en este laberinto de enlaces.

(Dicho y hecho: colgado este artículo, pinchado "alt+Answers.com", nos incluye un enlace a información sobre Firefox donde sí se menciona una colaboración de Answers.com con Firefox de hace dos años, cuando incluyeron su buscador en la barra del navegador.  Pero nada más reciente—que sin embargo existe, y es espectacular. Ahora el buscador de Answers.com ha desaparecido de la barra de buscadores de Firefox, integrándose al conjunto del texto: un pasito que es todo un paso).



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Lunes, 08 de Octubre de 2007 09:04. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Internet No hay comentarios. Comentar.


Abandoned Love

Seguimos canturreando. Aquí una casi desconocida canción de Bob Dylan, que es una de las que más me gustan, especialmente en la versión de los Everly Brothers. Dylan está propuesto para el Nobel de literatura: creo que se lo darán cuando a mí me den el Grammy.







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Lunes, 08 de Octubre de 2007 12:40. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Música Hay 2 comentarios.


Me clonan automáticamente

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Aquí hay una versión de este blog (bueno, de Vanity Fea) que aparece por generación espontánea vía RSS en un sitio llamado BonVote, por obra de quién no lo sé. Tampoco sé su grado de evanescencia. Ya conté una vez que me encontré una versión en catalán de mi blog minutos después de publicar un artículo. Me pregunto en cuántos multiplicadores automáticos de estos andaremos por ahí sin saberlo.

Voy a actualizar Vanity Fea, a ver cuánto tarda en cambiar...


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Lunes, 08 de Octubre de 2007 20:24. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Blogs Hay 2 comentarios.


Una de calidad y otra de arena

Mensaje enviado por la lista de distribución de AEDEAN (Asociación Española de Estudios Anglo-Norteamericanos), como apostilla a una circular de la Dra. Onega sobre el postgrado en Estudios Ingleses de Zaragoza.

Estimad@s colegas:

Con respecto a la información difundida por la Dra. Onega sobre el Postgrado en Estudios Ingleses y Doctorado con mención de calidad de la Universidad de Zaragoza, es preciso hacer alguna puntualización.

El mensaje alude a "tres equipos de investigación que imparten docencia en el máster." En efecto, en la organización docente de este postgrado se ha excluido arbitrariamente a varios doctores de este centro y departamento, por el motivo de su no pertenencia a equipos de investigación subvencionados.

Esta apropiación de los programas oficiales de estudio por parte de los equipos de investigación ha sido objeto de recurso ante el Rectorado de la Universidad de Zaragoza, que ha fallado por dos veces en contra de los criterios anómalos de organización de este programa de postgrado.

A estas alturas, no obstante, siguen sin aplicarse esas resoluciones del Rector a nuestro favor, por empecinamiento de los coordinadores de este postgrado. Estamos a la espera de que el Rectorado ponga fin a esta situación anómala e indeseable, pero de momento continuamos excluidos del postgrado los investigadores independientes que no nos planteamos ingresar en dichos equipos de investigación—criterio éste, la pertenencia a equipos subvencionados, que se aplica de modo excluyente sin tener en cuenta ningún otro criterio académico ni de excelencia ni de pertenencia a cuerpos docentes.

Parece que en este caso la "calidad" está reñida con la excelencia.

Es una circunstancia que creemos debe darse a conocer a nuestra profesión, pues las buenas prácticas y el respeto a la normativa general y específica universitaria han de estar en la base de toda mínima pretensión a la calidad.

Un saludo muy cordial

José Angel García Landa
Beatriz Penas Ibáñez
Universidad de Zaragoza


PS: Trascurren los días y ni la Dra. Onega ni los otros responsables del Máster envían respuesta alguna a este mensaje. Algunos colegas sí me escriben expresando sorpresa (o no tanta sorpresa) por la situación en nuestro postgrado. Pero este mensaje queda sin respuesta ante la comunidad académica de referencia para los estudios de nuestra especialidad (por más datos, la Dra. Onega fue presidenta de la AEDEAN durante varios años). Claro que responder hubiera requerido tener argumentos con qué hacerlo. Así que se ha optado por aguantar el chaparrón sin llamar más la atención sobre el asunto. En fin, escójase al gusto uno de estos dos refranes para describir la situación:
- A palabras necias, oídos sordos (—que es la respuesta implícita)
O bien:
- Quien calla, otorga.
 


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Martes, 09 de Octubre de 2007 12:14. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Departamento No hay comentarios. Comentar.


Do you think I'm Sixty

Nos vamos dentro de un rato a un concierto de Rod Stewart, el falso escocés, a quien venimos siguiendo la pista a ratos desde los setenta—que por cierto los cumplirá antes que volver a ver los sesenta. A ver viejos rockeros, mientras vivan.

Otras experiencias musicales de estos días: me he agenciado un disco excelente de canciones y arreglos de Karl Jenkins cantados por Kiri Te Kanawa: Kiri Sings Karl—de no perdérselo, o tú te lo pierdes. (Creo por cierto que la última vez que me acerqué por donde el concierto de hoy era para oír a la KTK).

Y asimismo he ayudado a subvencionar un tremebundo disco de arias de óperas de Vivaldi, Arie d'Opera, de esa serie de las portadas con chicas guapas o raras: con Sandrine Piau, Ann Hallenberg, Paul Agnew y Guillemette Laurens. Modo Antiquo / Federico Maria Sardelli. Música moderna, que ya querría haberla oído Vivaldi así en el diecisiete...

Y una película-concierto-homenaje: Leonard Cohen: I'm Your Man, de Lian Lunson. Mira, mientras sacamos tiempo para verla, aquí hay una versión increíble de "Who by Fire":



—con Sonny Rollins dándole fuerte hasta la bocanada final.



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Martes, 09 de Octubre de 2007 19:39. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Música No hay comentarios. Comentar.


Do You Think I'm Sixty 2

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Bueno, pues Rod Stewart también le sigue dando fuerte, por lo menos a los saltos, a las posturitas y al balón, pues nos hizo su clásico numerito de chutar balones al público, con éxito notable y sin víctimas aparentes. A la voz le pega un poco menos, y es que lo de llevar voz cascada de jovenzuelo vale, pero cuando de viejo se te casca la voz cascada... allí ya fallaba más el fuelle, y se arropaba bien a base de coros de señoras estupendas—tampoco faltó la rubia con piernas más altas que yo tocando el saxofón—y en general la velada fue un éxito, aunque a pesar de que los músicos son muy buenos hubo algún descuido y alguna vez falló el sonido o la coordinación, llegando al desafine total pero sin perder la compostura... Bueno, lo que es el público estaba entregado (la Doctora que me acompañaba, por ejemplo), y se sabían las canciones hasta el punto de corearlas a veces en plan masivo. No me sospechaba yo que siguiese teniendo Rod Stewart tal predicamento pero ya ven, los viejos fans del rock también son duros de pelar. Por cierto, que nos cantó sus éxitos de siempre con alguna versión de sus coetáneos (Cat Stevens, Bonnie Tyler, Van Morrison...) en lugar de los standards americanos que viene vendiendo últimamente. Pero en conjunto optó por el volumen atronador y el arrebato orquestado más que por la sutileza—es a lo que se presta el pabellón. Se le veía bien no sólo por el sistema de arrastrarse hasta primera fila, sino con el asunto de la pantalla gigante que te muestra lo mismo que la escena—y a veces vídeos de él de joven, sus padres, su hijo, su club de fútbol, su barrio... el hombre consigue hacerse simpático y comunicar, desde luego. Me gustó especialmente la idea de poner viejos vídeos de sus conciertos de hace cuarenta años, con camisas pretas de colores, pero igual de feo, y parte de la misma historia. El sistema del vídeo gigante tiene el pequeño inconveniente de minimizar al cantante real y maximizar su imagen virtual, ya no sabes si vas al concierto o a ver la tele; comparas una imagen con otra, sopesas lo que se ve en pantalla y lo que no se ve. Y en los riffs de saxo y guitarra eléctrica más extáticos pasa a veces que al cámara se le va la mano queriendo o sin querer y enfoca no sólo al músico de la escena sino a la imagen que tiene detrás, que es naturalmente el músico en la escena que está enfocando y proyectando, y se produce una mise en abyme o regressus in infinitum de la imagen que combina un tanto vertiginosamente con la música—no mal, pero desmaterializante, desmaterializante.

Parapraxis perceptual con desmaterialización televisada 

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Miércoles, 10 de Octubre de 2007 13:08. Autor: José Ángel García Landa. Enlace permanente. Tema: Música No hay comentarios. Comentar.


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